LA CLAVE ES EL EQUILIBRIO.

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Mari La Palma

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Sep 10, 2010, 10:20:29 AM9/10/10
to GRUPO CARISMÁTICO VIRTUAL: ISLA DE LA PALMA.
Pentecostés, 1979
L.J. Cardenal Suenens
Arzobispo de Malinas – Bruselas.
INTRODUCCIÓN
Por el Cardenal Suenens
1. UN DOBLE ENFOQUE
En principio, se ofrecen dos centros de perspectiva al cristiano que
quiere vivir y expresar su fe en el corazón del mundo.
En primer lugar, puede fijar su mirada en Dios, abrirse a su Palabra,
a su acogida, a su gracia, y esforzarse después por llevar a su vida
cotidiana la lógica de su fe, en todas sus dimensiones y
consecuencias. El camino va de Dios a los hombres.
Por el contrario, otro tipo de cristiano se sentirá interesado
primeramente por todo lo que pertenece al hombre y a la comunidad
humana. Se sentirá, prioritariamente parte interesada del mundo en sus
angustias y alegrías. El camino va de los hombres a Dios.
De esta opción nacen dos tipos de cristiano, según se ponga el acento
en lo espiritual o en el compromiso temporal. Esta diversidad está en
el origen de las dos tendencias más importantes que frecuentemente
oponen a los cristianos de hoy, y figura en la base de una
polarización dolorosa que, necesariamente, hay que superar.
2. SEPARACIÓN Y TENSIONES
La tensión entre el cristiano “espiritual” y el cristiano
“comprometido” es particularmente sensible en el mundo de los jóvenes.
La misma elección de uno de los temas del Concilio de los jóvenes de
Taizé: “Lucha y contemplación”, indica que el problema constituye
realmente el núcleo de sus preocupaciones.
Todos los que están en contacto con los jóvenes dan testimonio de su
difícil búsqueda de equilibrio en este campo. Para muchos jóvenes que
optan por el servicio social, la adhesión religiosa, y sobre todo
eclesial, es como una alienación, una deserción.
La misma tensión se encuentra también en múltiples sectores. Han
surgido interrogantes nuevos, poniendo en tela de juicio el sentido de
la evangelización en un país de misión.
Algunos se preguntan: ¿Tiene sentido todavía evangelizar cuando el
subdesarrollo de la población indígena reclama con toda urgencia
reformas sociales, económicas y políticas? ¿Se puede anunciar a
Jesucristo a pueblos que mueren de hambre?
¿En qué sentido es el Evangelio mensaje de salvación y de liberación?
¿Se trata, prioritariamente, de una revelación religiosa o de una
revolución política?
Se sabe que una tensión análoga amenaza la cohesión del Consejo
Ecuménico de las Iglesias. En él se dividen los cristianos según se
ponga en primer plano la ortodoxia (reflexión teológica sobre los
problemas doctrinales de la Unidad) o la ortopraxis (que quiere
encarnar la fe en Cristo en comportamientos sociopolíticos). El
enfrentamiento de las tendencias se acentuó debido a que las Iglesias
situadas en el hemisferio norte (y rico) del planeta se enfrentan con
las Iglesias del hemisferio sur, donde la opresión social es un
problema de cada día. El Comité Central del Consejo Ecuménico de las
Iglesias, reunido en Kingston (Jamaica) del 1 al 12 de enero de 1979,
resultó una sesión movida, buscando una síntesis difícil.
Esta misma tensión se encuentra también cuando se trata de apreciar
las corrientes espirituales que atraviesan actualmente las Iglesias,
en particular la Renovación en el Espíritu o Renovación Carismática.
¿Hay que rechazarla como un peligro de alienación, un factor de
estancamiento social, o hay que acogerla como una gracia poderosa de
resurgimiento, capaz de revivificar la existencia cristiana y de unir
profundamente a los cristianos?
La oración, que esta renovación ha rehabilitado tan vigorosamente, ¿es
deserción o, por el contrario, impulso para Dios en el corazón del
mundo? Dar de nuevo a los hombres el sentido del Dios vivo, ¿no será
el compromiso social por excelencia que necesita la humanidad para
reencontrar su eje y su equilibrio fundamental?
Éstas son otras tantas preguntas que no se pueden eludir, e
interpelaciones que nos invitan a buscar respuestas que tengan en
cuenta toda la complejidad de lo real, y las múltiples facetas de un
mismo Evangelio.
Monseñor Dondeyne, eminente pensador del Instituto Filosófico de
Lovaina llamaba la atención sobre el peligro de las exclusiones en
estos términos:
“Para subrayar mejor que la fe no es una coartada y que el creyente
moderno debe aprender a encontrar a Dios en la vida de todos los días
(lo que, manifiestamente, es algo magnífico), algunos pretenden que
hay que centrar la predicación y la catequesis ante todo en el segundo
mandamiento, (“Amarás al prójimo como a ti mismo”). “No entrarán en el
cielo los que dicen Señor, Señor, sino los que hacen la voluntad de mi
Padre” (Mt 7, 21). De estas palabras de Cristo se deduce que ser
cristiano consiste, sobre todo, en trabajar por la liberación del
hombre y la instauración de un mundo más justo”.
“Ciertamente, se habla mucho del hombre Jesús, pero es para ver en él
el modelo del amor a los hermanos y la piedra angular de la Historia.
Se olvida añadir que él es también el Verbo de Dios que, viviendo en
el seno del Padre, nos comunica a Dios. Creer en el reino futuro es
estar convencido que, porque existe Dios, el advenimiento de una
sociedad más justa no es una utopía, pese a todos los fracasos del
pasado”.
“La primera tarea de la Iglesia, como el pueblo testigo y portador del
mensaje, sería ayudar al mundo a hacerse adulto, pero parece que se
olvida que la misión propia de la Iglesia es también ayudar al mundo a
encontrar a Dios. En cuanto a la catequesis, su tarea principal sería
promover en los jóvenes el espacio de interpelación indispensable para
que el problema de Dios pueda surgir algún día y la palabra “Dios”
tenga un sentido. Se
subestima la importancia del anuncio explícito de Dios y de la
enseñanza religiosa propiamente dicha.”2
3. LA COMPLEMENTARIEDAD NECESARIA
El conflicto de las tendencias, del cual hemos señalado algunos puntos
destacados y sobresalientes, sólo se comprende bien a la luz de la
historia. Como suele ocurrir, un unilateralismo provoca otro. Una
acentuación demasiado fuerte da origen a una reacción a ultranza en
sentido opuesto. No se encuentra de golpe el punto de equilibrio. Lo
mismo ocurre con el conflicto, hoy particularmente sensible, entre el
“verticalismo” y el “horizontalismo”. La llamada tendencia
“horizontalista” nació, en parte, como reacción legítima frente a un
cristianismo “desencarnado”, de tipo “pietista”, demasiado olvidado de
las implicaciones sociales del Evangelio. En cambio, asistimos hoy a
la acentuación inversa que corre el riesgo, si no se equilibra, de
poner en entredicho la especificidad misma del cristianismo.
Lo señaló bien Etienne Borne (La Croix, 13 de noviembre de 1976): “Lo
grave es que el debate enfrenta no sólo cristianos a cristianos, sino
un cristianismo a otro cristianismo”.
Hay que evitar un doble escollo: el de un cristianismo desencarnado y
el de un cristianismo sin Cristo resucitado y viviente.
Ser cristiano es estar “injertado” en Jesucristo y al mismo tiempo en
los acontecimientos del mundo. Es estar abierto a Dios en la apertura
al mundo. Es ser a un tiempo hombre de oración y hombre de acción,
fiel a Jesucristo, Hijo unigénito de Dios y hermano de los hombres.
Cada bautizado es por definición miembro del Cuerpo de Cristo, llamado
a vivir en comunión con sus hermanos en la fe y también con sus
hermanos en humanidad.
Instaurar la justicia es un deber fundamental del hombre. Pero esta
justicia concierne a la vez a Dios y al prójimo.
Para ser justo, hay que respetar todos los derechos y dar a cada uno
lo que se debe. Dios tiene derecho a nuestra adoración, a nuestra
alabanza. “Realmente es justo y necesario, Padre santo, -decimos
nosotros en el prefacio eucarístico-, darte gracias siempre y en todo
lugar, por tu Hijo amado Jesucristo”. Y el Salvador mismo, al que
recurrimos como mediador nuestro ante el Padre, ¿no se ha convertido
en “nuestra justicia”, igual que se ha hecho “nuestra sabiduría” y
“nuestra liberación”?
Hay que respetar la justicia tanto en lo que atañe a Dios como en lo
que concierne a los hombres, indisolublemente. El pobre igual que el
rico
2 A. DONDEYNE – R. GUELLUY – A. LEONARD, Comment s’articulent amour de
Die et amour des hommes?, Revue Théologique de Louvain 4 (1973) 4
tienen derecho, en justicia cristiana, a ser alimentados con la
Palabra de Dios. La orden de “buscad primero el reino de Dios y su
justicia” abarca el cielo y la tierra.
Acusar a la ligera a los cristianos espirituales de pietismo y a los
cristianos “sociales” de secularismo, es desconocer a los unos y a los
otros. Ni verticalismo ni horizontalismo son términos adecuados. El
Cristo crucificado tiene la mirada fija en el Padre que está en los
cielos, y el corazón traspasado por el amor a los hombres. La cruz es
vertical y horizontal, simultáneamente.
Estamos destinados a acoger íntegramente este misterio en nuestras
vidas. El servicio de los hombres y la contemplación de Dios están
unidos. No podemos aceptar la deserción del mundo en nombre de Dios,
ni el abandono de Dios en nombre de los compromisos temporales. El
falso misticismo desencarnado sólo puede dar lugar a una fe política
sin referencia cristiana alguna. Nos jugamos nuestra verdadera
identidad.
El ex arzobispo primado de la iglesia anglicana, Doctor M. Ramsey,
después de haber descrito estos dos tipos de cristianos que a veces
tienden a oponerse, les dirige una llamada patética para que superen
esta oposición falaz, abriéndose los unos a los otros:
“El testimonio del cristiano activamente comprometido en lo social y
en lo político, exige desesperadamente su complemento, que es el
testimonio del cristiano en estado de oración y de contemplación”.
Nosotros no podemos menos de hacer nuestra esta enérgica llamada. Todo
el objetivo de estas páginas está ahí. Cuando se está abriendo un
túnel -yo pienso en el de San Gotardo que une Suiza e Italia- se
comienzan los trabajos de aproximación por cada uno de los lados. Lo
importante es que los dos grupos de trabajo se encuentren en un
preciso punto de confluencia que, sólo él, une los dos países: Sucede
lo mismo aquí. Tanto si se parte de Dios hacia los hombres, como si se
parte de los hombres hacia Dios, lo importante es que el encuentro sea
en un mismo lugar de comunicación. Se trata de abrir el camino de los
hombres a Dios y el acceso de Dios a los hombres. Con esta diferencia:
que la iniciativa viene de Dios y que es Él quien nos invita a la
colaboración humana. Con este espíritu es como Dom Helder Cámara y yo
hemos concebido este libro. El orden de los capítulos muestra
claramente la unidad que lo ha inspirado: De Cara a Dios. Al servicio
de los hombres. Apóstoles de Cristo. En el Corazón de la Ciudad.
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