La Patologia De La Normalidad Erich Fromm

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Tatsuya Deals

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Aug 4, 2024, 1:26:42 PM8/4/24
to ramolajo
Charlainaugural del Seminario Internacional Nuevas Perspectivas de Intervencin y Retos en la Salud Mental del Siglo XXI organizado por la Universidad de Santiago de Chile y realizado el 11 de diciembre de 2023

En todos los casos, el susto se caracteriza por separar el alma del cuerpo. Lo interesante es que esta separacin, patolgica para los indgenas mesoamericanos, es constitutiva de la subjetividad normal en sus representaciones occidentales modernas psicolgica, psicoteraputica o psiquitrica. La existencia de nuestros saberes y tratamientos del psiquismo presupone, en efecto, la separacin de su objeto, el psiquismo, con respecto al cuerpo y al mundo. Cmo es que esta separacin ha terminado normalizndose entre nosotros y no entre los indgenas que habitan en Mxico y Centroamrica?


Los pueblos originarios han seguido su propio camino cultural e histrico, logrando resistir a su total asimilacin a nuestra cultura y a nuestra historia, y esto es lo que ha hecho que, a diferencia de nosotros, no padezcan masivamente la condicin del homo dplex moderno y puedan continuar diagnosticndola como una grave patologa. Nuestra extraa escisin entre lo anmico y lo corporal, como nos lo han enseado Marx y Engels, no se justifica sino por la divisin entre el trabajo intelectual del alma y el trabajo manual del cuerpo, divisin que a su vez proviene histricamente de la divisin de clases, divisin entre la clase dominante que acapara lo anmico y la dominada confinada en la esfera corporal. El esclavo antiguo al igual que el siervo feudal y especialmente el proletario moderno, el que slo puede sobrevivir al vender su vida como fuerza de trabajo, son cuerpos que trabajan para las almas de quienes los dominan.


Acostumbrndonos a ver las almas de los poderosos que deciden y los cuerpos de los oprimidos obedecindolas, hemos terminado convencindonos de algo tan disparatado, tan delirante, como que las almas y los cuerpos son seres diferentes y aparte. De algn modo los hemos diferenciado, apartado, separado. Esta separacin es una enfermedad que todos padecemos. Es, en la visin mesoamericana, un susto que todos tenemos. Todos hemos sido asustados por la sociedad de clases y por su acentuacin capitalista que nos quiebran, que nos disocian, que nos desgarran.


Desgarrar nuestro psiquismo, desgarrarlo de nuestro cuerpo y de nuestro mundo, nos produce las ms diversas experiencias patolgicas, entre ellas dos que fueron caractersticas de los siglos XIX y XX. La primera es la enajenacin proletaria en la que nuestro cuerpo se nos presenta sin alma o posedo por un alma ajena, el alma de la clase dominante con su control del proceso productivo, con su determinacin del consumo y con su ideologa que domina en la sociedad. La segunda experiencia patolgica de los siglos XIX y XX, igualmente resultante de la divisin entre el cuerpo y el alma, es la correlativa enajenacin histrica tpicamente burguesa en la que sentimos nuestro cuerpo sexuado como algo ajeno a nosotros, a nuestra conciencia y a nuestra identidad. Sabemos que estas dos patologas normales de la modernidad fueron tratadas respectivamente por Marx y por Freud, el primero ayudando a los obreros a recobrar su alma, impulsndolos a adquirir una autoconciencia, una conciencia de clase, y el segundo ayudando a mujeres burguesas a recuperar su cuerpo, haciendo consciente lo corporal inconsciente.


Despus de algunos xitos pasajeros, las herencias marxista y freudiana enfrentan una dura derrota, por decir lo menos. Los comunistas y psicoanalistas que an merecen tales nombres estn pasmados ante una situacin que es exactamente la contraria de aquella que intentaron crear. En lugar de que se haya restituido lo espiritual-anmico al proletariado y lo sexual-corporal a la burguesa, nos encontramos ante una enajenacin general de los cuerpos y de las almas en el sentido pleno de los trminos.


Aquello a lo que asistimos en la fase avanzada neoliberal del capitalismo, en efecto, es una suerte de aburguesamiento de los proletarios y de proletarizacin de los burgueses, unos y otros confundidos en una masa amorfa de sujetos que sienten sus cuerpos tan enajenados como sus almas, sin que esto haya significado una reconciliacin de lo corporal con lo anmico. Por el contrario, nunca las dos mitades en las que se nos quebr se han sentido tan ajenas la una a la otra: ni el cuerpo enajenado redime su espiritualidad a travs de antidepresivos, medicinas alternativas, servicios de coaching, libros de autoayuda, mercancas esotricas o iglesias lucrativas, ni el alma enajenada consigue reconquistar su corporeidad y su lugar en el mundo a travs de marcas de ropa, maquillajes, gimnasios, dietas, hormonas, prtesis, operaciones quirrgicas, avatares en videojuegos, editores de cuerpos y otras acrobacias imaginarias en redes sociales.


Nuestros esfuerzos para desenajenarnos tan slo sirven para enajenar cada vez ms nuestras existencias anmica y corporal, enajenndolas entre s, pero tambin con respecto al mundo. El resultado son patologas normales, normalizadas, como la condicin autista y narcisista generalizada, las disociaciones de personalidad entre la realidad y la virtualidad, la evitacin fbica del contacto de los cuerpos, la automatizacin mecnica perversa de la sexualidad y la pornografa exhibicionista-voyerista y a veces tambin sadomasoquista en redes sociales. Estas patologas y muchas ms igualmente pandmicas pueden ser interpretadas como expresiones sintomticas del susto sufrido por la mayor parte de la humanidad en el capitalismo avanzado neoliberal.


Todo tiene que estar bien para que los seres humanos puedan tener un buen vivir. Siendo este buen vivir el equivalente mesoamericano de la salud, no puede haber salud en una salud concebida como nicamente mental, individual y humana. Esto ha sido bien comprendido por los pueblos originarios de Mesoamrica y es por ello que no dejan de ser quienes mejor preservan la vida comunitaria y el ambiente natural en la regin. Se asemejan as a otros indgenas, como los sudamericanos, quienes tambin tienen sus conceptos de buen vivir muy prximos a los mesoamericanos, como el sumak kawsay quechua, el suma qamaa aimara, el ande reko guaran y el kme mongen mapuche, por mencionar slo algunos.


En los ltimos cincuenta aos, hemos asistido a la desaparicin de la mitad de las poblaciones animales y suelos frtiles del planeta, mientras que el calentamiento global se acelera y amenaza con destruir lo que nos queda. El mundo est literalmente acabndose a nuestro alrededor mientras nosotros nos reunimos aqu a reflexionar sobre salud mental, s, mental. Nuestro comportamiento, admitmoslo, es marcadamente patolgico.


No puede haber salud en el capitalismo. Hay aqu una imposibilidad lgica. Esta imposibilidad es la que se nos descubre sintomticamente en la salud mental que no puede ser de verdad salud al ser tan slo mental. Es la misma imposibilidad que se encubre en la misma salud mental que se presenta como posible, simulando su posibilidad al disimular su imposibilidad y las condiciones de esta imposibilidad, que son todos los factores que nos impiden estar saludables en el capitalismo neoliberal avanzado. Mencionemos algunos de estos factores, tan slo algunos, ya que son demasiados, innumerables.


No podemos gozar de salud en el sistema capitalista, en primer lugar, porque nos transmuta en sus mercancas, en sus apndices, en sus eslabones y engranes, en sus momentos y sus avatares, en capital variable o personificado. Al convertirnos en todo esto, el capitalismo nos enajena, volvindonos ajenos a nosotros, alienndonos en l. Esta alienacin ya es una alienacin mental.


No podemos estar saludables en el capitalismo, en segundo lugar, porque nos hace disociarnos de nosotros mismos para vendernos, para efectuar el trabajo del capital e incluso para encarnar el capital. Esta disociacin tiende a agravarse en la fase neoliberal en la que debemos publicitarnos y explotarnos a nosotros mismos al desempear simultneamente, como lo ha mostrado Michel Foucault (1979), los papeles del empresario y su empresa, el capitalista y su obrero, el explotador y su explotado, con roles e intereses contradictorios. El resultado es un sujeto disociado como el ilustrado por la pelcula Fight Club y el analizado por Marx en textos como la Cuestin juda y la Ideologa alemana. Sobra decir que esta disociacin de la personalidad, que todos padecemos de un modo u otro en el capitalismo, es perfectamente patolgica.


La salud subjetiva es imposible en el sistema capitalista, en tercer lugar, porque este sistema objetiva la subjetividad, neutralizndola, destruyndola como subjetividad para convertirla en objetividad, en objeto del saber cientfico, de la psicologa basada en evidencias y otras ciencias objetivas humanas y sociales, pero sobre todo en objeto del poder econmico y poltico del capital. Digamos que el capital monopoliza toda la subjetividad en el sistema capitalista, mientras que los sujetos nos vemos reducidos a la condicin de objetos del capital que decide en lugar de nosotros. Nuestra conversin en objetos del gran Otro capitalista ya es una forma social de psicosis que vivimos todos en el capitalismo, una suerte de paranoia normal, una experiencia persecutoria en la que somos perseguidos por las diversas cabezas de la hidra capitalista, ya sean las amenazantes cabezas crediticias, las severas cabezas evaluadoras, las seductoras cabezas publicitarias, las manipuladoras cabezas mediticas o las omniscientes cabezas algortmicas del Big Data. Es como si todo conspirara contra nosotros, pero es porque realmente hay una conspiracin contra nosotros, una gran conspiracin capitalista globalizada contra la humanidad, una conspiracin real que nada tiene que ver, desde luego, con el conspiracionismo delirante de la ultraderecha. Quizs no estemos delirando, pero no dejamos por ello de vivir un delirio incompatible con cualquier fantasa de salud mental.


No podemos estar saludables en el capitalismo y especialmente en el capitalismo avanzado neoliberal, en cuarto lugar, porque aqu, en el nivel ms concreto, el sujeto no slo siente una angustia permanente por sus deudas, por la amenaza del desempleo y por el futuro en general. Adems de sentirse angustiado, el sujeto vive deprimido por la falta de futuro, por la falta de un futuro diferente del presente, pues no hay alternativas, sino solamente la cadena perpetua en una realidad eterna de la que no puede escaparse. Este realismo capitalista, como nos lo ha enseado Mark Fisher, ya es un realismo depresivo inherentemente patolgico.

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