reflexion Lunes 07 de Diciembre

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Carol Rojas

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Dec 7, 2009, 11:39:08 AM12/7/09
to Radio Maxima Carol Rojas
EL HOMBRE DE HIELO
Y EL PÁJARO DE FUEGO


Y EL HOMBRE LLORÓ SOBRE LAS ÁSPERAS PIEDRAS...

Érase un hombre de hielo. Habitaba un desierto adonde había llegado
huyendo de la muerte. Los amaneceres y los crepúsculos se alternaban
allí con la claridad lunar de interminables noches. ¿Cuántos años se
sucedieron?

El hombre desandaba un paisaje detenido, cautivo de sus días. Y él,
que había huido de los grandes pájaros de fuego, quiso poseer uno que
reuniera en su plumaje los colores de la vida.

Lo buscó en el desierto circundante, pero solo halló aves rapaces de
corvos picos y horripilantes graznidos, que le recordaron los campos
de batalla; y el hombre lloró sobre las ásperas piedras...

Cierta vez lo vio crecer sobre el único árbol del paraje, y lo creyó
irreal; pero al rozar con sus dedos el sedoso plumaje, supo que ya no
estaba solo.

Entonces, el pájaro se posó en su hombro, le cantó al oído; y él supo
que la guerra continuaba; pequeños países eran invadidos, pueblos
enteros aniquilados, y supo que ese pájaro de luz tenia una misión:
pedirle a cada habitante que sume su voz, a un solo desesperado grito
universal...¡Baaaasta!

Una tarde calurosa y amarilla, en que el viento formaba con las arenas
remolinos blancos, el pájaro se quedó muy quieto sobre el árbol
deshojado; había escuchado el clamor de todas las almas angustiadas y
se le fue enrojeciendo el plumaje. Abrió las alas, remontó vuelo, y se
alejó.

Unos hombres que lo vieron, lo derribaron. El cuerpecito se abatió en
la desértica inmensidad.

El hombre lo buscó y al no encontrarlo recorrió el desierto. Lo halló
al caer la tarde y lo recogió: un cuerpito chamuscado, en su enorme
mano.

Entonces el hombre, cuyo corazón ya no era de hielo, pudo escuchar el
mismo grito que oyera el pájaro: ¡Basta..., baasta..., baaaaasta...!
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