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Madelyn Grindel

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Jul 19, 2024, 7:28:46 PM7/19/24
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1. Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Snodo, reunido en el Espritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unin ntima con Dios y de la unidad de todo el gnero humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisin su naturaleza y su misin universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra poca hacen ms urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy estn ms ntimamente unidos por mltiples vnculos sociales tcnicos y culturales, consigan tambin la plena unidad en Cristo.

2. El Padre Eterno, por una disposicin librrima y arcana de su sabidura y bondad, cre todo el universo, decret elevar a los hombres a participar de la vida divina, y como ellos hubieran pecado en Adn, no los abandon, antes bien les dispens siempre los auxilios para la salvacin, en atencin a Cristo Redentor, que es la imagen de Dios invisible, primognito de toda criatura (Col 1,15). A todos los elegidos, el Padre, antes de todos los siglos, los conoci de antemano y los predestin a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que ste sea el primognito entre muchos hermanos (Rm 8,29). Y estableci convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza [1], constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusin del Espritu y que se consumar gloriosamente al final de los tiempos. Entonces, como se lee en los Santos Padres, todos los justos desde Adn, desde el justo Abel hasta el ltimo elegido [2], sern congregados en una Iglesia universal en la casa del Padre.

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3. Vino, por tanto, el Hijo, enviado por el Padre, quien nos eligi en El antes de la creacin del mundo y nos predestin a ser hijos adoptivos, porque se complaci en restaurar en El todas las cosas (cf. Ef 1,4-5 y 10). As, pues, Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inaugur en la tierra el reino de los cielos, nos revel su misterio y con su obediencia realiz la redencin. La Iglesia o reino de Cristo, presente actualmente en misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo. Este comienzo y crecimiento estn simbolizados en la sangre y en el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado (cf. Jn 19,34) y estn profetizados en las palabras de Cristo acerca de su muerte en la cruz: Y yo, si fuere levantado de la tierra, atraer a todos a m (Jn 12,32 gr.). La obra de nuestra redencin se efecta cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado (1 Co 5,7). Y, al mismo tiempo, la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est representada y se realiza por el sacramento del pan eucarstico (cf. 1 Co 10,17). Todos los hombres estn llamados a esta unin con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

Mas como Jess, despus de haber padecido muerte de cruz por los hombres, resucit, se present por ello constituido en Seor, Cristo y Sacerdote para siempre (cf. Hch 2,36; Hb 5,6; 7,17-21) y derram sobre sus discpulos el Espritu prometido por el Padre (cf. Hch 2,33). Por esto la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegacin, recibe la misin de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente va creciendo, anhela simultneamente el reino consumado y con todas sus fuerzas espera y ansia unirse con su Rey en la gloria.

6. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento la revelacin del reino se propone frecuentemente en figuras, as ahora la naturaleza ntima de la Iglesia se nos manifiesta tambin mediante diversas imgenes tomadas de la vida pastoril, de la agricultura, de la edificacin, como tambin de la familia y de los esponsales, las cuales estn ya insinuadas en los libros de los profetas.

En ese cuerpo, la vida de Cristo se comunica a los creyentes, quienes estn unidos a Cristo paciente y glorioso por los sacramentos, de un modo arcano, pero real [6]. Por el bautismo, en efecto, nos configuramos en Cristo: porque tambin todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espritu (1 Co 12,13), ya que en este sagrado rito se representa y realiza el consorcio con la muerte y resurreccin de Cristo: Con El fuimos sepultados por el bautismo para participar de su muerte; mas, si hemos sido injertados en El por la semejanza de su muerte, tambin lo seremos por la de su resurreccin (Rm 6,4-5). Participando realmente del Cuerpo del Seor en la fraccin del pan eucarstico, somos elevados a una comunin con El y entre nosotros. Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese nico pan (1 Co 10,17). As todos nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo (cf. 1 Co 12,27) y cada uno es miembro del otro (Rm 12,5).

Y del mismo modo que todos los miembros del cuerpo humano, aun siendo muchos, forman, no obstante, un solo cuerpo, as tambin los fieles en Cristo (cf. 1 Co 12, 12). Tambin en la constitucin del cuerpo de Cristo est vigente la diversidad de miembros y oficios. Uno solo es el Espritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia segn su riqueza y la diversidad de ministerios (1 Co 12,1-11). Entre estos dones resalta la gracia de los Apstoles, a cuya autoridad el mismo Espritu subordina incluso los carismticos (cf. 1 Co 14). El mismo produce y urge la caridad entre los fieles, unificando el cuerpo por s y con su virtud y con la conexin interna de los miembros. Por consiguiente, si un miembro sufre en algo, con l sufren todos los dems; o si un miembro es honrado, gozan conjuntamente los dems miembros (cf.1 Co 12,26).

La Cabeza de este cuerpo es Cristo. El es la imagen de Dios invisible, y en El fueron creadas todas las cosas. El es antes que todos, y todo subsiste en El. El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primognito de los muertos, de modo que tiene la primaca en todas las cosas (cf. Col 1,15-18). Con la grandeza de su poder domina los cielos y la tierra y con su eminente perfeccin y accin llena con las riquezas de su gloria todo el cuerpo (cf. Ef 1,18-23) [7].

Y para que nos renovramos incesantemente en El (cf. Ef 4,23), nos concedi participar de su Espritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la funcin que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano [8].

8. Cristo, el nico Mediador, instituy y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible [9], comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos. Mas la sociedad provista de sus rganos jerrquicos y el Cuerpo mstico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que ms bien forman una realidad compleja que est integrada de un elemento humano y otro divino [10]. Por eso se la compara, por una notable analoga, al misterio del Verbo encarnado, pues as como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvacin unido indisolublemente a El, de modo semejante la articulacin social de la Iglesia sirve al Espritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo (cf. Ef 4,16) [11].

Esta es la nica Iglesia de Cristo, que en el Smbolo confesamos como una, santa, catlica y apostlica [12], y que nuestro Salvador, despus de su resurreccin, encomend a Pedro para que la apacentara (cf. Jn 21,17), confindole a l y a los dems Apstoles su difusin y gobierno (cf. Mt 28,18 ss), y la erigi perpetuamente como columna y fundamento de la verdad (cf.1 Tm 3,15). Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia catlica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunin con l [13] si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad catlica.

Pero como Cristo realiz la obra de la redencin en pobreza y persecucin, de igual modo la Iglesia est destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvacin a los hombres. Cristo Jess, existiendo en la forma de Dios..., se anonad a s mismo, tomando la forma de siervo (Flp 2,6-7), y por nosotros se hizo pobre, siendo rico (2 Co 8,9); as tambin la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misin, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegacin, tambin con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos (Lc 4,18), para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19,10); as tambin la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; ms an, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Hb 7,26), no conoci el pecado (cf. 2 Co 5,21), sino que vino nicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificacin, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovacin.

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