Mario Emmanuel Villalba Ferreira
Politólogo y documentalista
Asunción Nos Une, Equipo Técnico
University of Richmond, Class 2010
Red Cross Nordic UWC, Class 2006
Estimados líderes: Creo firmemente que es importante conocer el pasado para aprender de los errores, pero es más importante mirar el presente y el futuro, porque allí es donde la incidencia de ustedes como jóvenes se plasmará, es momento de que los jóvenes asuman el rol de constructores del país, con acciones concretas, les invito a que con el entusiasmo y el dinamismo que les caracteriza, este grupo en red formado para el Paraguay 2030 proponga e implemente actividades para este año 2011 de construcción de la agenda país, así como dice el artículo necesitamos de líderes jóvenes con visión de estadistas.
Les deseo a todos un buen año 2011
Verónica Rodríguez
Grupo Impulsor Agenda 2030
De:
py2030-...@googlegroups.com [mailto:py2030-...@googlegroups.com] En
nombre de Mario Emmanuel Villalba Ferreira
Enviado el: Domingo, 09 de Enero de 2011 07:40 p.m.
Para: py2030-...@googlegroups.com
Asunto: Re: [py2030:88] Muy interesante artículo...
Muchas gracias por el articulo!
El 9 de enero de 2011 18:42, Diego Cuevas <diegora...@gmail.com> escribió:
ESTIMADOS
VALE LA PENA DIFUNDIRLO Y COMPARTIR CON UDS.
Nuestro país sufre hoy una crisis de líderes genuinos, es decir, de mujeres y hombres con autoridad y legitimidad, con ilustración y trayectoria, con perspectiva y visión de estadistas, pero sobre todo con la entereza ética necesaria para emprender las grandes transformaciones que se requieren para sacar al Paraguay del atraso, del subdesarrollo y de la severa postración moral en que dejó sumida a la República la interminable era de corruptos gobiernos colorados, entre los que descolló por su impúdico enviciamiento el del dictador Alfredo Stroessner. De allí que sea sumamente importante que los jóvenes que hoy tienen entre 20 y 40 años ya se presenten para asumir responsablemente el desafío histórico de conducir al Paraguay en los próximos años. De su esfuerzo, de su dedicación en formarse dependerá que nuestro país tenga líderes genuinos en los próximos 10 años; muchachas y muchachos surgidos de las universidades y del trabajo, consustanciados con las luchas por la justicia, interesados en defender la causa de la libertad y del progreso colectivo de sus conciudadanos, y que tengan siempre como premisa fundamental el sentido de responsabilidad y la reivindicación de la ética como base para la reconstrucción moral y material de la República.
Nuestro país sufre hoy una crisis de líderes genuinos, es decir,
de mujeres y hombres con autoridad y legitimidad, con ilustración y
trayectoria, con perspectiva y visión de estadistas, pero sobre todo con la
entereza ética necesaria para emprender las grandes transformaciones que se
requieren para sacar al Paraguay del atraso, del subdesarrollo y de la severa
postración moral en que dejó sumida a la República la interminable era de
corruptos gobiernos colorados, entre los que descolló por su impúdico enviciamiento
el del dictador Alfredo Stroessner.
De este bien puede decirse que castró a dos generaciones completas de
paraguayos, mediante la instauración de un régimen político despótico de terror
y un sistema económico dominado por todo tipo de irregularidades, el
contrabando, la triangulación y la piratería, lo que generó la conformación de
un tejido social gravemente inficionado y sustentado en la corrupción
generalizada, que creó en la ciudadanía un pernicioso acostumbramiento a la
ilegalidad y el fraude.
En esa época, para ser “líder” bastaba con infiltrarse y asociarse
al vasto mundo de la informalidad, o bien colgarse al cuello un pañuelo
colorado y hacer hurras para demostrar adhesión con el tirano, y sentarse a
aguardar el recibimiento de sus favores y privilegios. Obviamente, la necesidad
de prepararse intelectualmente y de contar con legitimidad honesta para buscar
el respaldo popular no significaba absolutamente nada en aquel entonces. La
única trayectoria política posible era la que estaba certificada por la
inalterable adulonería al déspota; muchos herederos de esa genuflexa e
inescrupulosa conducta hoy están tranquilamente actuando en la cartelera
política.
Dominaron entonces la escena los “líderes de papel”, un siniestro y
nutrido conglomerado de individuos oportunistas, aventureros y aprovechadores,
integrado por personas que irrumpieron en el mundo de la política no para
servir al pueblo, sino para servirse de él y enriquecerse rápidamente a
expensas de los demás.
Resultado de ese oprobioso sistema de vida –del que mamó como de su
fuente– aparecen hoy ante los perplejos ojos de la ciudadanía
“liderazgos” políticos construidos a imagen y semejanza de aquellas
épocas, de aquellas prácticas nefastas, hasta el punto de que ni en los
partidos ni en las organizaciones intermedias puede percibirse la existencia de
figuras realmente comprometidas con la decencia y el engrandecimiento del
Paraguay. La mediocridad y el pasado tenebroso es la regla general, y rige por
doquier.
Es sumamente penoso constatar en el seno del centenario Partido Colorado, por
ejemplo, la existencia de grupos que pretenden apoderarse de los resortes
partidarios para instrumentar en beneficio propio la estructura política, a fin
de que ella responda a intereses ajenos a los de las amplias mayorías que la
integran. El grado de deterioro moral se ha profundizado de tal manera que
existen sectores que pretenden construir “liderazgo” sobre la base
del reparto de prebendas y de dinero contante y sonante.
Lamentablemente los liberales, que en su momento surgieron como una
alternativa, integrando la Alianza Patriótica para el Cambio, han terminado por
cometer también los mismos errores que en el pasado tanto criticaban a los
colorados, como el prebendarismo, el cuoteo político y los actos de corrupción
de sus partidarios. Están sin figuras preponderantes y de relieve que ejerzan
un verdadero y legítimo liderazgo al interior del Gobierno que ellos mismos
integran; y además, cual eunucos, se dejan atropellar por la corriente
bolivariana debido a su falta de carácter y valor
cívico.
¿Quién saca ventaja con este deplorable estado de cosas? En primer término, los
delincuentes y el delito, los corruptos y los avivados, que mediante el
extendido reinado de la vulgaridad y de la informalidad pueden continuar
lucrando incesantemente sin mayor obstáculo merced a la impunidad con la que
perpetran sus ilícitos.
En segundo lugar, los populistas de ayer y de siempre; esos que hoy se hacen
llamar “bolivarianos” del siglo XXI, de fachada seudoprogresista,
que se solazan y benefician con el sostenido declive de los partidos políticos,
buscando catapultarse al poder aprovechando la inmoralidad y el descrédito de
los mismos. Sin lugar a dudas, la debacle de las nucleaciones tradicionales
viene de perilla a los castro-chavistas del gobierno de Lugo, ya que en las
próximas elecciones exhibirán la degradación institucional y moral de los
partidos Colorado y Liberal como prueba de que los mismos deben ser
reemplazados por los grupos que proclaman su anacrónica corriente ideológica
castro-chavista.
Por último, y que también es gravísimo, beneficia a nuestros dos principales y
poderosos vecinos, Argentina y Brasil. A ellos no les conviene ni medio que en
el Paraguay emerjan y se consoliden liderazgos patrióticos genuinos, porque en
ese caso se verían forzados a reconocer el histórico latrocinio que han
cometido a lo largo de la historia en perjuicio de nuestro país,
fundamentalmente con el miserable precio que nos pagan por la energía eléctrica
nuestra que se produce en Yacyretá y en Itaipú. Por esta oculta y vil razón,
tradicionalmente han apostado al sostenimiento de regímenes corruptos, como el
de los colorados, o políticamente endebles, como el que encabeza actualmente
Fernando Lugo, de forma tal a evitar el surgimiento del más mínimo reclamo ni
la sustanciación de las legítimas reivindicaciones que el Paraguay y los
paraguayos les deben exigir.
Por ello, es de capital importancia que los partidos políticos,
fundamentalmente aquellos de mayor arraigo popular, como el Colorado y el
Liberal que citamos más arriba, estén advertidos del grave peligro que se
cierne sobre ellos y sobre el país si no se sanean moralmente, si no deponen
actitudes mezquinas y pequeñeces sectarias, si no permiten surgir a las nuevas
generaciones. De lo contrario, cuando menos se lo imaginen, los populistas
darán su golpe definitivo y con los votos –como Hugo Chávez, Correa y Evo
Morales lo hicieron en sus respectivos países– les arrebatarán el poder
que no han sabido honrar, sumiendo a nuestra gente en la desesperanza y en la
pobreza. De allí que sea sumamente importante que los jóvenes que hoy tienen
entre 20 y 40 años ya se presenten para asumir responsablemente el desafío
histórico de conducir al Paraguay en los próximos años.
De su esfuerzo, de su dedicación en formarse dependerá que nuestro país tenga
líderes genuinos en los próximos 10 años; muchachas y muchachos surgidos de las
universidades y del trabajo, consustanciados con las luchas por la justicia,
interesados en defender la causa de la libertad y del progreso colectivo de sus
conciudadanos, y que tengan siempre como premisa fundamental el sentido de
responsabilidad y la reivindicación de la ética como base para la
reconstrucción moral y material de la República.
Slds,
--
Diego Raúl Cuevas Giardina