La felicidad según el psicoanálisis

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Maria Cecilia Rodriguez

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Feb 3, 2008, 1:40:43 PM2/3/08
to psicosociolista
La felicidad según el psicoanálisis

El reconocido médico psicoanalista argentino intenta responder algunas
preguntas clave en nuestra vida. ¿De qué se trata la felicidad?
¿Existe? ¿Llega de forma azarosa o como resultado de una búsqueda?
¿Hay una felicidad posible? Lejos de fórmulas simplificadoras, Abadi
asume el desafío de repensar conceptos y propone combinar
armónicamente lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace. Un
texto inteligente y riguroso en el difícil camino en la búsqueda del
bienestar.

Por José Eduardo Abadi*


A fines del siglo XIX florecieron algunas de las revoluciones
científicas y humanísticas que transformarían radicalmente la visión
del hombre. Freud fue contemporáneo de Einstein, quien con su teoría
de la relatividad modificó la noción de tiempo y con ella la Física
del momento. También se nutrió de la revolución científica que implicó
la teoría darwiniana de la evolución de las especies. Y si bien el
psicoanálisis fue parte importante de lo nuevo, de lo estructuralmente
transformador, fue también el resultado de un tiempo histórico signado
por grandes cambios en el pensamiento del hombre.

Como todo individuo que fractura saberes congelados, Freud fue
combatido y muchas veces se lo apartó de los espacios donde convergían
los oficialmente llamados "investigadores". ¿Por qué? Porque su
teoría, que ponía en un plano manifiesto la sexualidad infantil, el
complejo de Edipo, lo inconsciente, la represión, provocaba un
descentramiento del hombre en su condición de rector de su vida, y
esta angustia llevaba a defensas como la descalificación, no solamente
de la teoría, sino también de Freud como persona.

Desde un enfoque filosófico, sería heredero del Iluminismo del siglo
XVIII. Algunos lo llaman "el último filósofo", le dernier philosophe,
adscribiéndolo a un movimiento intelectual (Voltaire, Rousseau) que
confiaba únicamente en el poder de la razón y que excluyó el
absolutismo, y Freud se sentía un heredero de este Iluminismo.

Escuchar al paciente es para Freud escuchar esa otra melodía que está
detrás de las palabras: la palabra escuchada, la palabra enunciada, la
palabra constitutiva del sujeto, la palabra.

Por tanto, el sufrimiento y el dolor de esas personas, y el
desconcierto y la ineptitud de las teorías hasta entonces vigentes se
vieron superados por una nueva posibilidad. Esta escucha comenzó a
mover toda una serie de conjeturas y descubrimientos que terminaron
convirtiendo al psicoanálisis en una propuesta técnica, metodológica,
y en una teoría psicológica acerca del hombre y sus padecimientos.

El desarrollo posterior del psicoanálisis llevó a que el trabajo de
Freud no se limitara solamente a la problemática psicopatológica, sino
que posibilitó una completa investigación acerca del funcionamiento
del psiquismo, y también dio lugar a todos los trabajos del
psicoanálisis aplicado, y otros ligados a la Antropología y a la
Filosofía.

Hoy en día, cuando revisamos la noción de "psicoanálisis" y buscamos
alguna formulación que sintetice parte de lo desarrollado, leemos que
está definido como una técnica terapéutica, un método de investigación
y una teoría psicológica. Con esta teoría el psicoanálisis ilumina o
abarca, no solamente el sector de la psicopatología, sino también
áreas que tienen que ver con los comportamientos colectivos y
sociales, y con determinadas concepciones antropológicas y
filosóficas.

El psicoanálisis le propone al hombre que se convierta en descubridor
de la trama de situaciones de la que es efecto y logre transformarse
en el constructor de su propio universo, o por lo menos en conocedor
del universo del cual es protagonista.

El sujeto nace con un rol asignado y dentro de un argumento que se le
ha anticipado; parte del análisis consistirá en ir descubriéndolo,
para que pueda dejar de ser sólo actor y devenir coautor. Lo
importante no es la asociación conciencia-saber como el centro de la
vida del hombre, sino ese espacio inconsciente que tiene que ver con
el desconocimiento y con la incompletud, y que es determinante de su
conducta. En ese sentido, se opone al cogito, ergo sum, "pienso, luego
existo", cartesiano, que define a la modernidad.

Previamente se entendía al hombre como un individuo monolítico,
monocromático, con una conciencia rectora de su conducta y un saber
que se apoyaba exclusivamente en la razón y la conciencia. Por el
contrario, el psicoanálisis supone un sujeto dividido,
plurideterminado, con una historia y una biografía -no sólo propia e
individual sino también del mito familiar que lo antecede- que marca
lugares, posiciones y mandatos.

La felicidad humana es el resultado de la decisión de emprender un
viaje que le permita lograr una mayor libertad y un mayor alcance de
creatividad y placer. Esto en movimiento constante y admitiendo una
cuota de sufrimiento, que parece ser un acompañante inevitable de la
vida de todo ser humano.

¿Cuál es una de las formas más frecuentes en que la conducta del
hombre expresa dicho sufrimiento? A través de los síntomas neuróticos.
¿Cómo los conceptualizamos? Como aquello que es incomprensible,
incoherente y repetitivo más allá de la voluntad consciente del
paciente.

Hay un malestar que lo desconcierta, que lo ubica como protagonista de
conductas que siente ajenas a su voluntad y a su "verdadero yo", y
suscita la pregunta acerca del para qué, a qué se deben aquellas
conductas (intencionalidad) que, aun cuando las siente ridículas e
innecesarias, lo atrapan.

La meta final a la que debe tender todo individuo que se dedique
durante gran parte de su vida a analizarse o a hacer una terapia es
poder llegar, como última etapa, como estación final del recorrido, a
escribir su propia autobiografía, su narración, su relato.

Uno de los grandes aportes de Jung, el discípulo disidente de Freud,
fue haber enfocado los síntomas de sus pacientes de modo que el
objetivo no fuera sólo establecer la génesis de un síntoma en general,
sino determinar su carácter precursor con respecto a algo que habría
de suceder luego.

La idea es que el paciente consiga no sólo comprender su vida pasada y
pueda contarla, es decir elaborar un relato, sino que deshaga su
síntoma hasta transformarlo en una narración de su pasado y en un
esbozo del futuro que tiene en mente.

La finalidad del análisis es crear sujetos con autonomía y con la
posibilidad de interdependencia. El psicoanálisis es una disciplina
que conjuga el arte y la ciencia, y cuya efectividad y eficacia
terapéutica han quedado corroboradas. Y es también la posibilidad de
ir descubriendo juntos, analista y paciente, aquello que ha motivado
una conflictiva.

Erich Fromm destaca algunas consideraciones interesantes de Freud con
respecto a la relación analítica. Según señala, para Freud ésta debe
desarrollarse en un clima de verdad y confianza, un ambiente ajeno a
la hipocresía y a la mentira, donde el sujeto advierta que puede
hablar francamente, para poder solucionar sus conflictos y saber más
de sí mismo. El analista intenta vislumbrar algo que realmente tenga
que ver con lo que está dentro suyo.

Uno de los descubrimientos fundamentales del psicoanálisis es el
inconsciente. Hoy, este espacio psíquico forma parte de los referentes
básicos, no sólo de psicoanalistas, sino también de estudiosos de
otras disciplinas, y es universalmente considerado como tal en nuestra
cultura.


Pero en Viena de aquel entonces, no fue aceptado tan fácil ni tan
rápidamente. Ya antes de Freud, hubo médicos y psicólogos (bastante
discutidos muchos de ellos) que habían hablado de doble conciencia, o
de un estado ajeno a la conciencia, pero ninguno efectuó la
sistematización que hizo Freud en torno a la noción de inconsciente.

Hasta ese entonces se pensaba que la identidad de un individuo era su
conciencia. Me refiero, como dije anteriormente, al sujeto comprendido
desde la filosofía cartesiana, desde el cogito, ergo sum, el "pienso,
luego existo", donde todo remitía a un conocimiento consciente. Antes
se tomaba a la conciencia como la depositaria de la identidad, del
conocimiento y de la razón de ser de las cosas.

Freud comprende que para descubrir los significados inconscientes de
los actos psíquicos es necesario trabajar especialmente con ciertos
actos que se prestan a ese operativo de desciframiento. ¿Cuáles son,
se pregunta Freud, las cosas que más fácilmente permiten un proceso de
descodificación?

Confecciona una especie de lista y las llama "formaciones del
inconsciente". Se trata de puntos donde se abre una brecha en la
coherencia del discurso manifiesto, donde una nota desentona con el
resto de la melodía.

Estas formaciones no son inconscientes. Todo lo contrario, son
conscientes, pero constituyen los puntos de décollage, de despegue,
para que el proceso de descodificación se oriente hacia lo
inconsciente. Una de las más importantes formaciones son los sueños.
Los sueños son conscientes, por eso los recordamos y los contamos a
nuestro psicoanalista; traduciendo los sueños, llegamos al
inconsciente.

Las formaciones que menciona Freud son: los actos fallidos, los
chistes (todos los chistes que hacemos tienen un significado además de
hacernos reír), los juegos y la creación artística, los sueños, la
transferencia, los síntomas neuróticos, los delirios psicóticos. De
ellas nos ocuparemos enseguida.

Dar, ofertar, generar felicidad. Algunas veces el sentimiento de culpa
conspira contra el logro de esta búsqueda.

Requiere una afiliación simbólica con un creador reconocido, con un
padre cuyo orden debe ser incorporado para luego ser refutado. Sin
esta relación que implica filiación y cierto modo de superación
posterior, no hay sujeto y, por lo tanto, no hay espacio creativo.

La creatividad necesita soportar el caos inicial para forzar un
sentido al silencio. Implica entonces una lucha dentro de la persona
entre el pensamiento consciente, el orden racional ya estructurado y
la intuición por nacer.

Esta oposición, este conflicto, genera la emergencia de afectos
encontrados, como la culpa por destruir la conformación de
representaciones previas, el sentimiento de transgresión por desarmar
el mundo congelado depositado en el yo (Picasso solía decir: "Todo
acto creativo necesita o va anticipado de un proceso de destrucción").
Observamos también la ansiedad frente a la soledad, la que luego puede
convertirse en el bastión donde ser, pensarse y ofrecer.

Soledad, libertad, identidad y felicidad están imbricadas. La alegría
y gratificación frente a la belleza y armonía de lo nuevo forman parte
de la labor creativa.

Henri Poincaré, un célebre matemático del siglo XIX que desde su
óptica trabajó mucho este tema, caracterizaba la inspiración como el
primer tiempo del trabajo psíquico creativo. Anzieu, que investigó en
ese sentido, sostenía que el trabajo psíquico creativo era uno de los
tres trabajos psíquicos fundamentales.

El hablaba del sueño, el duelo y, por último, el trabajo creativo, que
reconoce un momento de inspiración, de intuición, cuya irrupción dura
unos pocos segundos; luego la armazón de la trama, que puede durar
varias semanas, y finalmente la realización completa de la obra, que
puede llevar varios años.

La intuición ligada a la inspiración, ese primer momento del trabajo
psíquico creativo, es un estado repentino, súbito, que enfrenta
contenidos anteriores; es breve, conciso, adquiere una experiencia de
certeza inmediata y se da en un descanso de la alternancia trabajo-
relajación. Se produce en un espacio intermedio donde irrumpe esa
intuición de modo repentino como primer paso de todo lo que será la
futura obra creada, el acto creativo.

"¿Qué provoca que surja una combinatoria y no otra?", se preguntaba
Poincaré. No es ni su precisión ni su utilidad concreta, sino en
cambio -y es interesante anotarlo- su armonía, su belleza, su forma.
Lo que hace que una determinada combinatoria de elementos conmueva a
la conciencia es su aspecto estético. Los conceptos de belleza y
armonía son un punto central en lo que es, en filosofía, la búsqueda
de la verdad. También, pensamos, de la felicidad.

Entre los objetivos del tratamiento psicoanalítico, lo creativo tiene
un lugar principal. Cuando pensamos en términos de cura, tenemos que
pensar en acompañamiento afectivo, contención emocional, confrontación
de ideas, propuestas de preguntas y enfoques diferentes,
enriquecimiento de la problemática del paciente y oferta de
alternativas. Hay que tener en cuenta también la disolución de falsos
enlaces y estructuras sintomáticas que empalidecen la vida cotidiana
del sujeto.

La cura psicoanalítica tiene que ver con la mejoría de la salud. No
solamente es la prevención a través de una serie de normas y de
situaciones educacionales para evitar ciertas patologías; no sólo es
reparar lo que está herido y disolver lo que está presente de un modo
negativo.

La cura en psicoanálisis está vinculada además con algo del orden de
la mejoría de la salud, entendiendo por salud las posibilidades de
enriquecer, a través de alternativas, las situaciones de bienestar y
productividad, de progreso, cambio, transformación, enriquecimiento.
Felicidad.

Una noción de salud que instala de otro modo el mañana dentro de la
mirada del sujeto. De ahí que el psicoanálisis tenga tanto que ver con
el "proyecto", que etimológicamente significa "lanzamiento hacia" (pro
iaceo).

El psicoanálisis aparece como un método para producir un cambio
psíquico, cambio del cual ambos, psicoanalista y paciente, puedan
declararse satisfechos en virtud de que se han logrado ciertos
resultados, que no tienen por qué ser los mismos para todo el mundo
pero que apuntan a un denominador común: la felicidad, una felicidad
relativa posible, es decir, humana.


*Médico psiquiatra, psicoanalista, actor y dramaturgo. Fragmento
extraído de su flamante libro De felicidad también se vive, editado
por Sudamericana.
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