Maria Cecilia Rodriguez
unread,Feb 4, 2008, 6:06:13 PM2/4/08Sign in to reply to author
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to psicosociolista
La violencia en el trabajo afecta más a las mujeres
El 60 por ciento de las denuncias por violencia laboral fueron
realizadas por mujeres. Es uno de los resultados de un estudio
realizado por el Ministerio de Trabajo sobre más de 300 casos.
Ocho de cada diez casos son de violencia psicológica; uno es de
agresión y el restante corresponde a acoso sexual.
Por Elisabet Contrera
Laura conservó la categoría de empleada ?ejemplar? hasta el día que
llegó a la oficina su nuevo jefe. Como él no la consideraba eficiente
le arrebató los clientes de la firma que ella tenía a su cargo,
después de haberla humillado ante sus colegas. Como no estaba conforme
con su aspecto, cambió sus funciones para que no fuera la cara visible
de la institución. Y la obligaba a llegar al trabajo 15 minutos antes
que los demás. Su martirio duró pocos meses: los ataques de pánico, la
depresión y el estrés provocados por el maltrato constante la
obligaron a abandonar su trabajo. Laura es una de las más de 300
personas asistidas este año por la Oficina de Asesoramiento sobre
Violencia Laboral. Según un estudio de este organismo, dependiente del
Ministerio de Trabajo, cerca del 60 por ciento de las denuncias fueron
realizadas por mujeres. Tanto ellas como los varones acuden a realizar
la denuncia luego de meses de padecimientos y con enfermedades
producidas por la violencia.
La historia de Laura Amoedo es un caso que ilustra en toda su magnitud
el fenómeno de la violencia laboral en la Argentina. Aunque afecta
tanto a hombres y mujeres, son ellas las que sufren en mayor medida el
hostigamiento y quienes más se animan a denunciar la situación. Así lo
refleja el estudio Violencia Laboral: una amenaza a los Derechos
Humanos, elaborado por la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y
Oportunidades (CTIO), dependiente de la cartera laboral. Tomando como
base las 320 consultas atendidas este año, se pudo revelar que el 59,4
por ciento de los casos las denuncias fueron realizadas por mujeres,
mientas que en un 40,6 por ciento resultaron formuladas por varones.
Laura es una de las denunciantes. Ella trabajó durante casi una década
en una AFJP, en su filial de San Isidro, en el norte del conurbano
bonaerense. La oficina se convirtió en un infierno cuando a fines de
2003 llegó el responsable de su maltrato, su nuevo jefe. ?No sé si
cumplía con una orden de la empresa o si le caí mal desde un
principio, pero desde ese día comenzó a atacarme, a humillarme, a
sacarme los clientes de mi cartera, a insultarme?, contó.
En el caso de Tamara ?el nombre fue modificado pues ella prefiere
preservar su identidad y la confidencialidad de la denuncia?, haber
reclamado mejoras en las condiciones laborales fue motivo suficiente
para que se desencadenara la agresión hacia ella. ?Cuando pedí que me
blanqueen, mi jefe se puso como loco, no paró de gritarme y me dijo
que me iba a echar?, contó la denunciante, que trabaja como asistente
de cocina.
El estudio, realizado a partir de cuestionarios suministrados a las
víctimas, revela que en el 61,3 por ciento de los casos la violencia
se originó luego de un reclamo laboral. ?Aunque la muestra revela que
en un 91,7 por ciento se trata de personas con trabajo formal, una
parte de su labor está en negro y los problemas comienzan cuando ellos
piden recategorización de su tarea, aumento de sueldo, el pago de las
horas extra, los días de estudio?, detalló Nora Goren, socióloga a
cargo de la investigación.
?Desde que me caí en la obra, me sacaron los elementos de trabajo?,
contó Felipe, obrero de la construcción. ?Cuando volví de mi licencia
médica, mi jefe me dijo que era una inútil y desde ese momento no me
dieron más cosas para hacer?, relató Juliana, empleada administrativa.
Estos dos testimonios citados en el informe reflejan otras
circunstancias que motivaron la violencia hacia ellos: un accidente
laboral (en un 17,3 por ciento de los casos) o una enfermedad (en un
10 por ciento). Según explicaron las investigadoras, la víctima
percibe la pérdida de confianza por parte de sus superiores. Si eran
considerados empleados ?óptimos y eficientes?, luego del incidente
comienzan a ser cuestionados y se les encarga tareas de carácter
inferior.
Laura sufrió el descrédito y la descalificación durante largos nueve
meses. ?Yo tenía a cargo los principales clientes de la compañía. Mi
jefe comenzó a sacarme ese trabajo diciendo que era mucho para mí
sola, y a darme tareas administrativas para que estuviera todo el día
fuera de la oficina?, contó. Aunque se registró un porcentaje mínimo
(el 5,3), el embarazo continúa siendo un motivo para ejercer la
violencia hacia las mujeres y así propiciar la renuncia de las
hostigadas. Así lo denunció Juliana, vendedora de un pequeño
comercio: ?Cuando le anuncié que estaba embarazada me dijo que
entonces no iba a poder cumplir con mi tarea porque me iba a tener que
dedicar a los chicos?, relató la mujer.
La violencia psicológica lidera el ranking, con un 82 por ciento de
los casos, continúa la agresión física con el 10 por ciento y la
sexual con el 8 por ciento. Al analizar los datos de acuerdo con el
sexo de los denunciantes, las investigadoras pudieron reafirmar que
las mujeres sufren en mayor proporción los tres tipos de
hostigamiento. En el caso de la violencia sexual, las diferencias son
abismales: el 95 por ciento corresponde a mujeres y un 5 por ciento a
los hombres. El contraste disminuye en las otras dos situaciones, pero
manteniendo la predominancia del lado de las mujeres: el maltrato
psicológico afectó al 60 por ciento de mujeres y al 40 de hombres, y
la violencia física alcanzó al 56 por ciento de mujeres y al 44 por
ciento de hombres.
Ya sea por miedo, inseguridad o desconocimiento, las víctimas realizan
las denuncias después de meses, incluso años, de maltrato. ?Las
víctimas no son conscientes de estar sufriendo violencia laboral,
porque tienen naturalizadas la agresión. En el caso de las mujeres, a
veces ellas pasan de un ámbito familiar violento a un espacio público
también violento. En el caso del hombre, lleva la carga de ser el
sostén de la familia y eso lo obliga a soportar situaciones de
violencia para poder mantener su fuente de trabajo?, analizó Patricia
Sáenz, abogada que asesora a las víctimas que se acercan a la
oficina,que además participó en la investigación. ?Yo tomé conciencia
de que era víctima de mobbing (acoso moral en el trabajo) cuando una
psicóloga me explicó lo que era?, contó Laura Amoedo.
Las mujeres y los hombres llegaron a la oficina de asistencia no sólo
con el dolor de haber perdido el trabajo o con el miedo de perderlo al
hacer la denuncia: en algunos casos cargan con un cóctel de
enfermedades producidas por la situación de violencia. ?No es dato
menor que el 75 por ciento de las personas que concurren ya llegan con
alguna manifestación de haber pasado por un médico, psiquiatra o
psicólogo, lo que denota el tiempo de padecimiento?, explicó Goren. ?
Son todos síntomas derivados de la violencia que sufrieron, son sus
efectos?, acotó Matilde Garuti, psicóloga de la oficina.
Según la investigación, el 95 por ciento de las personas presentaba al
momento de la consulta alguna manifestación de síntomas físicos y/o
psicológicos, consecuencia del maltrato, y un 75 por ciento de ellos
tenía asistencia médica, psicológica y/o psiquiátrica. En este punto
también es mayor el porcentaje de mujeres que están bajo tratamiento
psiquiátrico: un 27 por ciento, contra el 18 por ciento de los
varones. Los porcentajes se invierten en los casos de asistencia
médica, punto en el cual los varones representan el 53 por ciento y
las mujeres el 44 por ciento.
A tres años de haber perdido de su trabajo, Laura continúa sufriendo
las secuelas del maltrato. ?Sigo enferma, no puedo trabajar, no puedo
dejar los calmantes, y a veces no tengo para comprar los
medicamentos?, relató. Su única gratificación fue saber que el
Instituto contra la Discriminación (Inadi), en un dictamen de este
año, calificó la conducta de su jefe de ?discriminatoria?, y que su
juicio laboral por mobbing avanza a su favor.
Hostigamiento y género
En el 60 por ciento de los casos, el hostigador laboral es un hombre,
mientras que en el 30 por ciento de las denuncias las mujeres fueron
identificadas como las responsables del maltrato, según el estudio del
Ministerio de Trabajo. Según explicó Nora Goren, socióloga a cargo de
la investigación, se trata de un porcentaje mínimo, pero que muestra
la violencia de género que existe en la sociedad. Según la
especialista, el desafío para las mujeres en puestos jerárquicos ?pasa
por animarse a saltar ciertas barreras y a empezar hacer de una manera
diferente?, propuso.
Las preferencias del acosador/a son distintas de acuerdo con su
género. Cuando la hostigadora es una mujer, sus víctimas son en mayor
medida otras mujeres, lo que constituye el 86 por ciento de los casos
registrados, y en menor medida elige a los varones, que representan
casi el 14 por ciento. Si el acosador es varón, las víctimas son en un
46 por ciento mujeres y un 54 varones. Otro dato arribado por la
investigación, realizada por la Comisión Tripartita de Igualdad de
Trato y Oportunidades, es que en un 10 por ciento de los casos de
acoso fue ejercido de manera simultánea por varones y mujeres.
En cuanto al puesto ocupado por el acosador, en un 88 por ciento de
los casos se ubica en lugar de mayor jerarquía que el acosado o
acosada. ?La violencia está ligada a sistemáticos abusos de aquellos
que son portadores de los distintos tipos de poder ejercidos en contra
de los más débiles, afectando su dignidad humana y su libertad?,
resalta el trabajo.