Hace 3.000 años, en la época precolombina, las culturas aborígenes poblaron el actual departamento de Cundinamarca. Muiscas, panches, colimas, sutagaos y un pequeño sector de los muzos iniciaron su proceso de desarrollo basado en la explotación y el comercio de la sal.
Aquellos grupos ocuparon las planicies de la cordillera Oriental dentro de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca. Los asentamientos más importantes se encuentran en Bogotá, Zipaquirá, Nemocón, Sogamoso, Duitama y Chiquinquirá. El territorio muisca está ubicado entre 2.500 y 2.600 metros sobre el nivel del mar. Su relieve es medianamente accidentado, donde sobresalen los cerros de Guadalupe, Monserrate, y en donde existe una gran zona de páramos como los de Sumapaz, Pisba, Chontales entre otros. Su capacidad hidrográfica es importante pues se cuenta con los ríos Bogotá, Suárez, Moniquirá, Garagoa, Seco, Negro y Sumapaz. Las lagunas como Fúquene, Guatavita, Suesca, Iguaque, Chingaza y Tota, tuvieron una gran importancia dentro de su cosmogonía
Los muiscas habitaron el altiplano cundiboyacense, sobre las fértiles sabanas de Zipaquirá, Nemocón, Ubaté, Chiquinquirá y Sogamoso. Su economía, basada en la agricultura, se desarrolló óptimamente gracias al aprovechamiento de las laderas y a sus sistemas de cultivo, canales de sague y riego. Su producción de mantas, cerámicas y artesanías fue abundante, lo que les permitió destinar el excedente al comercio de la sal, las esmeraldas y la tributación