Los modelos ms destacados de epstolas poticas se encuentran en las Epstolas de Horacio y, entre ellas, la ms importante es la Epstola a los pisones, ms conocida como Ars poetica. Luego, tomando como modelo la horaciana, la epstola potica evoluciona con Dante y Petrarca y, con los modelos italianos, ingresa a Espaa de la mano de Boscn y Garcilaso. [1]
De este modo, al entrar de la mano de poetas tan representativos, la trayectoria de la epistolaridad en Espaa fue muy literaria y, como apunta nuevamente Guilln, un poderoso impulso en el camino hacia la ficcin bien como epstolas de autoinvencin o bien de novelas hechas de cartas[2]. Sin embargo, esto no impidi que humanistas espaoles como Juan Vives o Juan Gins de Seplveda cultivaran la carta humanstica en latn.
Los rasgos distintivos de la epstola potica apuntan a una relacin de amistad verdadera entre un emisor y un receptor que se hallan separados fsicamente, pero existe una cercana afectiva entre ellos que se acerca al terreno de la confesionalidad; a un tema que involucra la alabanza de la obra de uno o de ambos autores; y a la posibilidad de motivar una respuesta que normalmente se ofrece en el mismo cdigo[3].
El 12 de octubre de 1534, Garcilaso de la Vega escribe su Epstola a Boscn, en versos sueltos y estilo informal cuyo tema es la expresin de la amistad. Al decir de muchos, es la primera epstola horaciana en espaol. Se instaura as, dentro de lo potico, una lnea epistolar familiar que ir a la par de otra lnea culta, tambin influida por Horacio, que fue establecida por Juan Boscn y Diego Hurtado de Mendoza. Ellos emplean el terceto en lugar del verso suelto garcilasiano y los temas son ms de corte filosfico. Luego, siguen cultivndola poetas como Gutierre de Cetina, Francisco de Aldana, Juan Verzosa, Hernn Ruiz de Villegas, Francisco de Pacheco, Pedro Vlez de Guevara, Rodrigo Caro, Juan de Robles, Jernimo de Lomas Cantoral, Bartolom Leonardo de Argensola, Lupercio Leonardo de Argensola y Andrs Fernndez de Andrada quien con su Epstola moral a Fabio, al decir de Elas Rivers, alcanza la ms perfecta expresin del horacianismo en Espaa, resumen magistral de la tradicin.
El Arte potica en romance castellano, de Miguel Snchez de Lima, Alcal, 1580, en el Dilogo II, seala diversas formas italianistas: tercetos, octavas, sonetos, odas, sextinas, esdrjulos, canciones, madrigales, verso suelto, glogas y redondillas, adems del ovillejo o maraa (rima in mezzo). Slo nombra a la epstola potica cuando se refiere a los tercetos por ser la forma estrfica predominante en el gnero y porque sirven para tratar larga materia[4]. Se expresa aqu el empleo del metro como criterio clasificador. En contraposicin a esta idea, en Philosophia Antigua Poetica de Alonso Lpez Pinciano, 1596, se rechaza la idea del criterio clasificador basado en el metro. Siguiendo a Aristteles, Lpez Pinciano asegura que las diferencias de las cosas siempre se toman, y deben tomar, de la parte ms esencial[5]. Luego, su clasificacin de cuatro especies de poemas principales: pica, cmica, trgica y ditirmbica, lo obliga a incluir a la epstola potica dentro de la pica.
En el siglo XVII, autores como Lope de Vega, Luis de Gngora y Francisco de Quevedo imprimen su estilo y temtica personales. Lope de Vega avanza en la temtica individual y el estilo confesional que pueden observarse en sus cartas a Lin de Riaza y tambin en la respuesta a Amarilis indiana, de claro carcter autobiogrfico[6]. Sin embargo, tambin se presenta un cambio importante a inicios del XVII que Begoa Lpez Bueno[7] vincula con los innovadores modelos potico-retricos sevillanos, donde el carcter lrico prevalece sobre las formas vinculadas con estilos llanos y coloquiales.
En la Amrica hispana, se encuentran interesantes ejemplos de epstolas poticas, en general, y horacianas, en particular[8], mas todas ellas presentan el esquema estrfico habitual en este tipo de composiciones: tercetos encadenados. Los temas y motivos s guardan cierta consonancia con la Epstola de Amarilis a Belardo, pues son los habituales tpicos mitolgicos renacentistas. En el Per, se conocen la Epstola de Amarilis a Belardo, publicada en 1621 y la Epstola de Pedro de Carvajal, poeta de la Academia Antrtica[9] escrita en tercetos encadenados y que tiene en comn con la Epstola de Amarilis a Belardo las referencias geogrficas al Nuevo Mundo y los tpicos mitolgicos habituales del Renacimiento. Posteriormente, se escribieron epstolas, pero en metro y forma estrfica diferentes: Juan del Valle Caviedes le escribi una epstola en romance octoslabo a Sor Juana Ins de la Cruz. Esta misma autora, por su parte, sostuvo intercambios epistolares en romance con Luis Antonio de Oviedo y Herrera, conde de la Granja.
"De poetas, no digo: buen siglo es este. Muchos en cierne para el ao que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a Don Quixote'. As se lee en un fragmento de una carta de Lope de Vega, fechada en agosto de 1604, donde se aprecian las desavenencias que existan entre los dos grandes genios de la literatura espaola, y el desprecio que tena el dramaturgo por el novelista espaol. Tambin demuestra, como reconocen algunos estudiosos, que existi una copia de la novela antes de su impresin por Juan de la Cuesta cuatro meses despus.
Esta carta, la nmero 32, es una de las 96 escritas por el puo y letra de Lope de Vega y que forman parte del primer tomo del muy abundante epistolario que el dramaturgo dirigi al Duque de Sessa, del que fue secretario, confidente y consejero amoroso; incluso le escribi poemas para sus amantes. Este primer tomo, que acaba de adquirir la Biblioteca Nacional (BN), consta de 117 documentos, de los que 96 son autgrafos y 21 son copias de cartas del dramaturgo que luego desaparecieron.
La Biblioteca Nacional posee 21 comedias autgrafas (de las 45 existentes) de Lope de Vega, entre ellas La dama boba, as como el Cdice Daza, uno de los tres volmenes en los que est recogido su poesa, mientras que slo tena una carta manuscrita. Con la adquisicin de este epistolario se completa el legado que la Biblioteca conserva de Lope de Vega, segn coment Javier Docampo, director del departamento de manuscritos de la BN. Todo este material puede consultarse pblicamente al estar ya totalmente digitalizado.
Lope de Vega conoci a Luis Fernndez de Crdoba y Aragn, sexto Duque de Sessa, en 1605 (la carta sobre Cervantes es anterior, aunque se incluye en este epistolario) y ambos mantendrn una estrecha relacin de por vida; de hecho, fue el el duque quien pag el entierro del dramaturgo en la parroquia de San Sebastin de Madrid. Lope fue su secretario, consejero, alcahuete e incluso confesor, cuando tom los hbitos, y mantuvieron una correspondencia larga y fluida. En estos textos manuscritos se puede descubrir al Lope ms ntimo y libre, ms all de las convenciones sociales. Y tambin, al hombre batallador. En la carta 57, fechada en 1612, Lope vuelve a hacer alusin a su enemigo favorito: "Las academias estn furiosas, en la pasada se tiraron los bonetes los licenciados. Yo le unos versos con unos anteojos de Cervantes que parecan huevos estrellados mal hechos". Lo que confirma, segn los estudiosos, que el autor de El Quijote tuvo problemas de visin en los ltimos aos de su vida.
El Duque de Sessa era consciente del valor literario de esta correspondencia, por lo que mand encuadernar las cartas en cinco volmenes: el primero es el que acaba de adquirir la Biblioteca Nacional por 400.000 euros, un precio inferior a su valor real, tal como reconoci su directora, Ana Santos, ya que haba instituciones extranjeras dispuestas a pagar sumas mayores. El segundo tomo se guarda en el Museo Lzaro Galdiano, de Madrid; el tercero se ha perdido; el cuarto lo custodia la Real Academia Espaola y el quinto se encuentra en Inglaterra.
El volumen recin adquirido no aporta novedades significativas, ya que en el siglo XIX, el acadmico y fabulista Eugenio de Hartzenbusch encarg una copia de los tres primero tomos. "Poseer el original sirve para examinar mejor la correspondencia de Lope de Vega, ya que en las copias a veces se cometen pequeas incorrecciones', seal Carlos Pea Lpez, experto en el dramaturgo del Siglo de Oro, y pone, como ejemplo, que en una carta se lee 'la putina del rey' cuando en realidad Lope escribi 'la pretina del rey'.
El primer tomo de las cartas adquirido por la Biblioteca Nacional lleva como ttulo, y as se lee en la primera pgina: Cartas y (billetes) de Belardo a Lucilo sobre diverssas matterias. Belardo es una de los pseudnimos que utilizaba Lope de Vega, quien consideraba estas cartas como una especie de nuevo arte de amar, por los consejos que el experimentado dramaturgo daba al joven duque en el asunto amatorio as como algunas alusiones obscenas, que tanto agradaban al aristcrata.
Lo que demuestra con un bello ejemplo cunto hay que desconfiar de los crticos literarios, especialmente si son coetneos. No por ser parejamente inteligentes estn libres de rencillas, celos y malquerencias, la mayor parte de las veces injustas y dainas. Aprendamos.
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