LA FASCIA SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA
Se puede decir que las fascias se encuentran en todo el cuerpo.
Podemos diferenciarlas en dos capas de fascias principalmente: la
fascia superficial y la profunda.
Estos dos componentes corporales tan importantes en este trabajo
cráneo-sacral son los que se encargan de la interacción entre las
tensiones locales y el conjunto de la compleja forma corporal.
Iremos observando y comprendiendo las sorprendentes conexiones
existentes entre el tejido fascial y todo nuestro cuerpo físico e
incluso nuestra estructura emocional y mental.
LA FASCIA SUPERFICIAL: La fascia superficial es un sistema fibroso que
envuelve todo el cuerpo por debajo de la piel, permitiendo la
transmisión de tensiones a través de distintas partes del cuerpo sin
que puedan ser descritas u observadas mediante un análisis de los
elementos anatómicos. Se encuentra unida a la cara inferior de la piel
y es un tejido fibro-elástico, tejido conjuntivo areolar y tejido
adiposo de confección holgada. Aquí encontramos grasas y estructuras
vasculares (incluyendo redes capilares y canales linfáticos) y
estructuras nerviosas, en especial los corpúsculos de Paccini, que nos
sirven de receptores cutáneos.
La piel puede desplazarse en todas las direcciones sobre las
estructuras más profundas gracias al holgado diseño de la fascia
superficial. Aquí hay espacio potencial para la acumulación de
fluidos. Gran parte de la grasa de las personas con sobrepeso se
almacena en esta fascia superficial.
Esta fascia cumple cuatro importantes funciones:
• Aquí se almacena agua y grasa.
• Protege frente a la perdida de calor, es aislante.
• Proporciona protección mecánica frente a los traumatismos.
• Constituye un camino por donde los nervios y vasos sanguíneos entran
y salen de los músculos.
Las anormalidades palpatorias de la textura tisular no son más que el
resultado de cambios en la fascia superficial. Esta fascia superficial
nos envuelve como una película y puede tener un grosor diferente según
el sitio donde se encuentre.
LA FASCIA PROFUNDA: En un nivel más profundo nos encontramos con que
las fascias envuelven y separan los huesos, los músculos, rodean y
aíslan las vísceras y contribuyen de manera importante a la forma y
función del cuerpo. Podemos llamar a estas fascias profundas, fascias
individuales de tejido conjuntivo denso e irregular.
Esta fascia profunda mantiene a los músculos unidos separándolos en
músculos funcionales. Esta fascia permite que los músculos se muevan
libremente.
La capa más externa que rodea a cada uno de los músculos es el
epimisio. El perimisio rodea a los haces musculares compuestas por 10
o mas de 100 fibras musculares. Penetrando a cada fascículo y
separando cada una de la fibras musculares de las demás se encuentra
el endomisio.
El epimisio, el perimisio y el endomisio se continúan y proporcionan
fibras de colágeno comunes al tejido conjuntivo, que une los músculos
a otras estructuras, como los huesos u otros músculos. Estos tres
elementos se pueden unir y extender mas allá de fibras musculares
formando un tendón, una cuerda de tejido conjuntivo denso que une los
músculos al periostio del hueso. Algunos tendones disponen de una
vaina tendinosa que permite que entre ellos se deslice con mayor
facilidad. Cuando los elementos del tejido conjuntivo forman una capa
ancha y plana el tendón recibe el nombre de aponeurosis. Esta
estructura también se une al hueso, a los músculos o a la piel. Un
ejemplo de aponeurosis es la epicraneal en la parte superior del
cráneo.
El peritoneo, el pericardio y la pleura, son elementos especializados
de las fascias profundas. Todos los órganos internos están envueltos
en un tejido fascial que les protege y les da forma y sustentación.
Esta fascia individual casi nunca termina exactamente donde el músculo
o el órgano tiene su inserción o su origen, sino que en la mayoría de
los casos continúa en otras fascias de otros músculos u otros órganos
u otras partes del cuerpo. Este dato es muy relevante para la terapia
cráneo-sacral.
Por eso los terapeutas de cráneo-sacral sabemos que liberando el
movimiento respiratorio primario en una parte del cuerpo estamos
ayudando y mejorando toda la función y estructura corporal.
Las fascias realizan la tarea de conectar, unir, vincular, separar,
nutrir, soportar y deslizar. Sin embargo el papel prioritario de las
fascias es el de conectador: recogen la información de un tejido y la
envían a otro, además de establecer conexiones con el sistema
sensorial, emocional y mental.
Otras de las principales funciones de las fascias son las de proteger
y sostener.
Parece claro que todos los órganos internos están sostenidos por un
tipo de tejido fascial (ligamentos) que evitan que estos órganos
caigan y se descuelguen por el efecto de la gravedad. Recordemos que
los ligamentos son fascias.
Las fascias dan soporte a los vasos sanguíneos y nervios de todo el
cuerpo, hacen posible que tejidos adyacentes se muevan y rocen entre
sí proporcionándoles estabilidad y contorno, y además es por el
interior de este tejido donde circula el líquido cefalorraquídeo.
Todos los órganos y vísceras tienen su forma determinada de la energía
Chi. Las fascias son acumuladores y distribuidores de la energía
vital.
La buena circulación de la energía Chi por las fascias significa una
buena simulación en todo el cuerpo. Las fascias sanas son sinónimo de
energía beneficiosa, de flexibilidad e integridad estructural. Las
fascias sanas parecen planchas tirantes de material delgado y
resistente que ofrecen escudo protector flexible.
SISTEMA CONECTIVO FASCIAL: Somos una fascia grande. Nuestros nervios,
músculos, capilares, huesos, etc. existen y pueden realizar sus
funciones gracias al orden y conexión que permiten las fascias. Este
sistema fascial mantiene al sistema nervioso en constante conexión con
todo el organismo, es decir, ayuda junto con los nervios a que todo
el organismo esté interrelacionado.
Las fascias proveen de líquido lubricante a las diferentes estructuras
con el fin de permitir el movimiento y la nutrición de tejidos y
órganos.
En los tendones y ligamentos las fascias presentan características
distintas, aunque comparten con la fascia general elementos como el
colágeno, fibras elásticas y otras sustancias celulares. En estos
componentes especializados de las fascias existen mecanorreceptores y
propiorreceptores que envían información a la médula espinal y al
cerebro sobre las posiciones corporales y los diferentes movimientos
que realizamos.
El tejido fascial también ayuda en la defensa del sistema inmunitario
ante cualquier agresión, sea ésta por impacto, por disminución del
aporte nutritivo o de oxígeno, por el aumento de gas carbónico y de
desechos metabólicos, proliferación de microbios o por la irritación
de los receptores nerviosos. En estos casos las fascias tienden a
inflamarse, enrojecerse, crear calor y producir dolor. Aquí tiene
lugar un proceso automático de reparación y cicatrización basado en
mecanismos complejos en los que el tejido fascial o conjuntivo juega
un papel muy importante gracias entre otros al LCR que circula en su
interior.
Las fascias son tejidos de protección y unión que envuelven a todos y
cada uno de los órganos de nuestro cuerpo. Hacen posible que nuestra
piel, músculos, huesos, todos nuestros órganos y diferentes sistemas
permanezcan unidos ofreciendo un escudo de protección y lubricación.
Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de
fascias.
Las fascias son estructuras de energía Chi a las que se puede
fortalecer y conservar húmedas y flexibles cargándolas con grandes
cantidades de energía. Son como finos conductos de energía que
circulan por el cuerpo. Los canales y meridianos de energía de los
órganos pasan por las fascias. Para mi entender las fascias son uno de
los más importantes conductos físicos por donde la energía, el alma y
el espíritu se mueven y habitan.
Cuando las fascias no tienen demasiada energía, se endurecen y vuelven
frágiles. Cuando la persona pierde su energía o ésta no circula bien
(como en el caso de una cicatriz), el cuerpo se endurece y los
movimientos pueden resultar dolorosos y poco armónicos. Sabemos que en
la mayoría de los casos de cicatrización el tejido dañado no recupera
su suavidad ni calidad original. Lo que predomina en estos casos es el
tejido fibroso responsable del aspecto rígido denominado fibrosis.
Además, esta cicatrización va acompañada por adherencias responsables
de diversas patologías como son irritaciones, espasmos o fallos
energéticos en dicha zona producidos por la falta de comunicación
eléctrica entre las células del tejido fascial y sus alrededores, así
como el acortamiento de tejidos (una operación donde hay cicatriz
siempre tendrá estos inconvenientes). Como ya hemos dicho, en el
proceso de cicatrización se produce un acortamiento del tejido fascial
que tiende a compensar dicho acortamiento ocasionando un exceso de
tensión en zonas distales que posiblemente cause dolor o malestar en
algún otro punto del cuerpo.
Vemos pues que a través de las cadenas musculares o fasciales estas
cicatrices pueden producir molestias en otras partes del cuerpo.
De igual manera, cuando una persona recibe un impacto en la cabeza su
sistema fascial intenta que el cerebro quede lo menos dañado mediante
ajustes elásticos. Intenta protegerle amortiguando dicho impacto como
si fuera un muelle, es decir, absorbiendo los impulsos del golpe y re-
dirigiéndolo hacia zonas menos importantes.
Es como echar una piedra en un estanque: las ondas circulares que se
forman tras el impacto de la piedra en el agua son simplemente un
sistema de amortiguación.
Este impacto se transmite por las fascias de las suturas craneales
externas, las fascias internas, las fascias longitudinales y
transversales y por los envoltorios musculares del cuello.
Aunque es difícil percibir este principio en el tejido fascial, es
cierto que tras un traumatismo existe un movimiento dinámico del
tejido fascial o aponeurótico ya que funciona como sistema protector
amortiguando el impacto.
Las fascias se caracterizan por su continuidad de una zona a otra,
recubriendo completamente todos y cada uno de nuestros elementos
corporales y llegando incluso a todas las células del organismo en un
sistema complejo pero unificado y unitario.
Al hablar de fascias hablamos de diferentes tejidos que tienen la
misma función. Dependiendo de dónde se ubique la fascia, de dónde esté
el tejido de relleno, recibirá un nombre u otro.
El tejido aponeurótico, el envoltorio que se encuentra entre músculo y
músculo, es una fascia.
El hueso tiene su propio envoltorio, el periostio, otra fascia que
protege y nutre al hueso.
Una arteria tiene diferentes hojas o túnicas que la envuelven y cuya
función es la de proteger y nutrir, pues bien, esto también forma
parte del tejido fascial.
El abdomen tiene varias capas de fascias, en realidad allí es donde se
encuentra la mayor concentración de fascias del cuerpo de ahí la
necesidad de mantener sano y energetizado todo el abdomen. En técnicas
orientales y en artes marciales mantienen esta zona, el punto hara
como el lugar donde almacenar la energía y donde sale el poder y
fuerza descomunal que un practicante necesita sacar en un momento
dado.
Mejorar nuestra energía equivale a mejorar nuestro sistema fascial,
especialmente si tenemos en cuenta que las fascias son los
distribuidores y almacenadores de la energía de nuestro cuerpo.
Las fascias sanas son como láminas tirantes de un material delgado y
resistente que ofrece un escudo protector flexible. Fascias sanas son
sinónimo de flexibilidad, de unidad estructural y de que disponemos de
un cuerpo sano y vigoroso. Son ellas las responsables en gran medida
de nuestro estado de salud y es ahora cuando nos estamos dando cuenta
de la importancia de este tejido.
Como ya hemos dicho, la fascia posee una elasticidad y ésta le permite
tanto mantener su forma como responder a la deformación.
La deformación elástica es la capacidad de la fascia para recuperar su
forma original cuando ha desaparecido la carga.
Sin embargo, aunque la fascia tiene la capacidad de dar de sí cuando
se la somete a una carga de estiramiento constante, si esta carga es
grande y se aplica durante un periodo de tiempo prolongado, la fascia
puede no ser capaz de recobrar su tamaño y formas originales pudiendo
dar lugar a una deformación plástica y pérdida de energía. A éste
fenómeno se le llama histéresis.
Tras la relajación que se acompaña a esta nueva adaptación del tejido
estirado, éste recibe un desgaste y posteriormente dispone de menor
resistencia a una segunda aplicación de carga. Éste fenómeno es de
importancia clínica para el terapeuta cuando se observan los efectos
del tejido conectivo o fascial provocados por lesiones agudas, micro-
traumatismos repetitivos o debido a una tensión constante.
Siguiendo el principio de “dañar lo menos posible a lo más importante”
y gracias a la inherente tendencia a la salud, supervivencia y
conservación del cuerpo, este tejido siempre intentará alejar el
trauma físico de las zonas más importantes.
EL TEJIDO FASCIAL ES RESISTENTE Y SENSIBLE A LA VEZ
Podemos decir que las fascias son resistentes a los traumatismos y
realizan un papel de protección, pero sin embargo son sensibles a las
energías de baja vibración o energías negativas. Este tejido se da
cuenta de muchas cosas que nosotros no nos damos cuenta, de muchas
energías que son o no son buenas para nuestro organismo. Este tejido
tiene su propia inteligencia y memoria y si ha sido dañado por
ejemplo por los cafés o el alcohol, cuando queramos o tengamos
intención de tomar algo de esto, el cuerpo entero se pondrá malo
incluso antes de haber tomado nada. Es la sabiduría natural del
cuerpo. El tejido fascial es extremadamente sensible a las influencias
energéticas del entorno y del interior.
La fascia está hecha de colágeno, elastina y ácidos. Esta constitución
la convierte en una estructura elástica, dura y resistente.
El tejido conjuntivo tiene la capacidad de responder a influencias
mecánicas o químicas realizando cambios en su estructura y forma.
Como ya hemos visto, una carga constante en el cuerpo hace que éste
modifique su configuración para acomodar dicha carga y como
consecuencia puede dejar rasgos permanentes en el cuerpo. Las
experiencias traumáticas pueden provocar el acortamiento de un músculo
y de sus fascias. Bajo tensión los músculos se contraen, pero si esta
tensión persiste, el acortamiento se puede hacer permanente ya que la
fascia empieza a unirse al músculo y a entremezclarse con éste en
patrones de acortamiento. Esto hace que el músculo se endurezca
causando al conjunto del cuerpo que se acople en una postura desviada
o asimétrica.
Si las influencias externas dejan rasgos permanentes en la estructura
del cuerpo, entonces deducimos que al realizar el proceso inverso
devolveremos al organismo su estructura corporal correcta.
Veamos qué puede suceder tras un trauma físico o psíquico.
Un traumatismo físico puede ser una lesión o golpe tras un accidente
de motociclismo o de cualquier otro deporte y un trauma psíquico puede
ser el ocasionado por un miedo intenso o por el enorme sufrimiento por
la pérdida de un ser querido.
Como consecuencia de un trauma lo normal es que la onda expansiva del
tejido fascial adopte una dirección determinada para protegernos y
aliviar el dolor y que luego vuelva a su posición inicial. No
obstante, ocasionalmente en el proceso de retroceso las fibras no se
alinean bien y se atascan. Debido a que las fascias están repartidas
por todo el cuerpo de forma continua y a que los músculos se
complementan y equilibran unos con otros, dicho traumatismo tensará y
acortará el músculo en la zona local, pero de igual manera se
producirá una tensión compensatoria en otra parte del cuerpo.
Al cabo de años o meses el sujeto puede tener problemas de pérdida de
olfato, de oído, dolor de hombro, molestias en el cuello, en la
cabeza, problemas respiratorios, fallo de memoria, etc. que
difícilmente podremos asociar con algo que nos sucedió hace 3 ó 4
años.
Por supuesto el proceso de deterioro provocado por un traumatismo es
reversible en la mayoría de los casos. El cuerpo se puede manipular y
dirigir a una posición mejorada, ya que el cuerpo es maleable. Incluso
los huesos están continuamente regenerándose y cambiando su
estructura.
La energía del terapeuta cráneo-sacral calienta y libera las fascias
de todo el cuerpo, ayudando al paciente a recobrar su mejoría.
Aquí prestaremos especial interés a la duramadre raquídea o médula
espinal.
La médula espinal es fuerte y resistente así como rica en fibras de
colágeno. Su débil rigidez proporciona cohesión entre las estructuras
del cráneo internas y externas, la columna vertebral, el sacro y el
cóccix.
Debido a tan estrecha vinculación entre estos componentes del cuerpo
humano, un problema en el sacro repercute en la columna y en el
cráneo, y viceversa.
Muchos problemas de origen psíquico, por no decir todos los problemas
emocionales, mentales y sentimentales que a lo largo de la vida
sufrimos, derivan en auténticos traumas que afectan a nuestras
fascias.
Por ejemplo, situaciones emocionales traumáticas con los padres, con
los hijos, con la pareja o cualquier otra relación, repercuten en la
tensión de las fascias de todo nuestro organismo.
Es muy posible que una discusión, una pena o tristeza, un enfado, una
depresión, una duda o incertidumbre, un no decir lo que uno quiere
decir, o cualquier emoción negativa, pueda producirnos tensión en el
tejido fascial y dolor en alguna parte del cuerpo.
Nuestras emociones entristecen nuestro cuerpo, alma y espíritu, y como
el tejido fascial interconecta estos tres pilares del Ser, es de vital
importancia el cuidado y relajación de este tejido tan especializado.
Es importante que seamos conscientes de que si nos vamos llenando de
pequeñas capas de energía negativa o traumática sin aprender a
liberarlas, al cabo del tiempo éstas se pueden convertir en una
distorsión psicológica y finalmente materializarse en una lesión
física. Sin embargo es muy posible que hasta que esto suceda
continuemos viviendo sin apenas darnos cuenta, sin demasiadas
molestias palpables. Quizá seamos un poco más infelices o tengamos
cierta dosis de ansiedad hasta que estos estados “soportables” deriven
en serios problemas, como por ejemplo en una esquizofrenia o un
cáncer.
Hasta la fecha aún no se han efectuado estudios que relacionen la
causa con el efecto, o lo que es lo mismo, lo psíquico-emocional con
lo físico. Aunque sabido es por la comunidad científica que casi un
80% de las enfermedades actuales son de tipo psicosomático.
TÉCNICAS DE LIBERACIÓN MIOFASCIAL
La técnica de liberación miofascial es una de las más recientes
adquisiciones de la medicina manual. Combina muchos principios de las
técnicas de partes blandas, de las técnicas de energía muscular y de
las técnicas cráneo-sacrales.
La liberación de las fascias ha recibido la atención de numerosos
terapeutas y osteópatas.
MASAJE ROLFING
Estos como Ida Rolf (1896-1979) que consideraba su terapia como una
nueva forma de educación corporal en la que un terapeuta instruye a
su paciente en nuevas fórmulas para organizar su cuerpo.
El Rolfing usa fuerzas de torsión en las extremidades y otras partes
del cuerpo para restaurar el equilibrio y la simetría de las fascias.
Mediante una presión profunda y el estiramiento de las fascias desde
la cabeza hasta los pies se consigue el ajuste del sistema músculo-
esquelético.
Ida Rolf mantenía que la fuerza básica que condiciona nuestra
configuración en el espacio así como el movimiento físico es la
gravedad. La gravedad es en realidad el terapeuta y maestros que nunca
duerme. Muchos de nosotros no somos conscientes de las poderosas
fuerzas que ejerce la gravedad sobre nuestro organismo, la vida se
puede describir como una constante y larga batalla contra la gravedad.
La gravedad suele ser la que sale ganando.
El Rolfing se centra en el sistema miofascial, configura el tejido
blando del cuerpo. Incluye los músculos y el tejido conectivo conocido
como fascias. La fascias es como embalaje del cuerpo ya que sus fibras
envuelven todos los músculos órganos y huesos del cuerpo y se
entrelazan con ellos. Es como una media que cubre el hombre por
completo, o una venda que enfunda y sujeta al cuerpo de la cabeza a
los pies. Muchas afecciones y dolores crónicos se pueden achacar a los
desequilibrios en la red miofascial
La fascias se compone principalmente de colágeno, que es duró, fuerte,
blanco y flexible y tiende a formar cordones en el cuerpo. Rolf
consideraba la fascias como el órgano de apoyo porque es lo que da
forma al cuerpo; sujeta a los huesos y los órganos en su sitio y
permite su movilidad.
Cuando la estructura del tejido blando del cuerpo se desequilibra, los
huesos, los músculos y los órganos pierden su posición y esto puede
desembocar en una mala alineación estructural. Rolf lo comparaba con
un abrigo cuyo forro ha perdido la forma. El desequilibrio miofascial
provoca dolores y disfunciones...
Para alinearse de forma vertical, se tira una plomada desde la cabeza
de un individuo hasta sus pies. Dicha línea debería pasar a por los
espacios intermedios de cinco puntos de referencia del cuerpo: las
orejas, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos.
De esta manera Ida Rolf trabajó el Rolfing con éxito, aunque esta
técnica exige una gran inversión de tiempo y de energía y a veces no
resulta nada cómoda. El Rolfing trabaja el cuerpo por segmentos y lo
lleva a la mejor postura posible. Los rolfistas mantienen que el
cuerpo es un todo y que toda función corporal es una expresión de la
estructura.
Por ejemplo, podemos vernos en el espejo y observar si tenemos un
hombro más alto que el otro, o si una pierna o las dos están giradas
hacia dentro o hacia fuera, el pecho hundido o no, si tenemos lordosis
en la zona lumbar, cómo se apoya la cabeza, etc. y luego observar cómo
se relacionan entre sí los diferentes segmentos de nuestro cuerpo.
Un rolfista no sólo trata el síntoma que padece en cada momento el
cliente, sino que también procura reorganizar íntegramente el
organismo para formar un todo adecuadamente estructurado. Una analogía
de esto sería una casa que está ladeada. Una forma de llevar a cabo la
reparación de esta casa sería levantar un lado. Los Rolf listas
consideraría en esta presión un parche y no una reparación a largo
plazo. Un rolfista miraría la casa y vería que debe reparar los
cimientos y llevar a cabo otros ajustes en toda la estructura para
ponerla en correcta alineación. Los rolfistas no se preocupan del
origen del traumatismo que inicialmente expuso al cuerpo en situación
del caos. Han ocurrido tantas compensaciones desde entonces que hay
que evaluar la estructura del cuerpo entero.
LA TECNICA ALEXANDER
La técnica Alexander y de es un sistema mediante el cual reeducan el
cuerpo y la mente para poder utilizar el propio ser de tal manera que
permita una postura correcta, facilidad de movimiento y un estado
óptimo de salud. Mediante un suave masaje acompañado por directrices
verbales y la, el profesor de Alexander enseña a ser consciente e
inhibir los movimientos innecesarios para conseguir una mayor
facilidad y eficacia al realizar esfuerzos físicos. Conforme el cuerpo
va adquiriendo un funcionamiento óptimo, el alumno suele experimentar
un alivio del estrés y del dolor crónico. Matías Alexander 1869-1955
el promotor de esta técnica resumió su sutil objetivo con una frase
elegante y simple: desarrollar una mejor utilización del cuerpo ser,
del propio ser.
La técnica Alexander es una de las terapias occidentales de cuerpo
mente más antiguas. Desde 1890 hasta aproximadamente 1900, Alexander
se observaba detenidamente delante de un espejo de tres cuerpos.
Advertía, mediante una observación empírica meticulosa y detenida, que
cuando perdía la voz estaba distorsionando su cabeza y cuello de una
forma muy particular, colocaba la cabeza y el cuello hacia delante.
La técnica Alexander está basada en principios simples, hay ciertas
formas de utilización de nuestro ser que resultan mejores que otras, y
la mayoría de nosotros hemos adoptado formas que no son optimas,
debido a una mala postura, nuestro funcionamiento no es el adecuado. A
edades muy tempranas solemos desarrollar patrones distorsionados del
uso del cuerpo. Los niños ya muestra en signos de mala coordinación a
partir de los dos años debido a una mala estimulación y una forma
equivocada de los padres de cogerle los en brazos. Para cuando la
mayoría de nosotros llegamos a adultos, hemos establecido patrones
únicos distorsión que nos han proporcionado nuestros hábitos
característicos individuales.
La técnica Alexander es un sistema de educación. El profesor de
Alexander enseña al alumno a hacer un uso más eficaz o adecuado sobre
el control primario y la relación de la cabeza el cuello y el torso.
Para emplear el propio ser de forma adecuada tenemos que progresar en
tres pasos.
1º- ser conscientes de nosotros mismos y de nuestra postura, de cómo
nos mantenemos y nos movemos;
2º- dominar la habilidad de inhibir los patrones condicionado de
movimiento antes de que se produzca, y
3º-conscientemente dirigir nuestras respuestas a la ruptura de viejas
costumbres y al establecimiento de nuevos y mejores usos de nuestro
cuerpo.
Esto puede parecer simple pero una cosa es comprender el
proceso intelectualmente y otra muy diferente conocerlos de forma
experimental.
La técnica Alexander se basa en que la mente del cuerpo es uno
y por tanto todo aprendizaje se ha de producir tanto en la mente como
en el cuerpo. Tenemos que desarrollar nuestras percepciones
cinestésico, el mecanismo interno que nos permite sentir la posición
de nuestro cuerpo en el espacio.
Estos son unos ejemplos de terapias que trabajan la liberación
miofascial.
El músculo constituye un gran foco de atención para la liberación
miofascial. Un traumatismo agudo provoca desgarros musculares,
trastornos en la unión miotendinosa y cambios en la inserción del
tendón en el hueso. Estas lesiones experimentan fibrosis como parte
del proceso de curación, ocasionando un acortamiento de los tejidos
con su consecuente tensión y a veces una pérdida funcional. Aquí y en
el conjunto de las fascias en general podemos encontrar el concepto de
tenso y laxo.
En nuestro cuerpo todo son cadenas musculares longitudinales que
conectan con el sistema nervioso central apoyadas por otras cadenas
musculares transversales. A las cadenas musculares las consideraremos
de nuevo como cadenas de tejido fascial.
Nuestro sistema motor e incluso todo el cuerpo está apoyado y guiado
por el sistema nervioso y a la vez éste se apoya en el movimiento
pulsátil del LCR que es el que gobierna todo nuestro organismo.
En el sistema miofascial “la tensión crea la asimetría y la debilidad
la permite”. Este concepto engloba elementos biomecánicos y
neuroreflejos.
La fascia que encontramos contracturada se acorta y, para su
acomodación, exige la laxación de la fascia en la dirección opuesta.
Como terapeutas utilizaremos el concepto fundamental de tenso-laxo. Se
trata de conseguir la liberación del tejido fascial para conseguir la
simetría morfológica y funcional. Éste es uno de los pilares básicos
de nuestro tratamiento cráneo-sacral.
Dado a que éste es un tema muy amplio de tratar y lo que
principalmente nos ocupa es la terapia cráneo-sacral, nos centraremos
aquí únicamente en la liberación de las fascias craneales, las de la
médula espinal y las del sacro, como principales, pero no únicos
componentes del trabajo que nos ocupa.
Ya que la visión del cuerpo humano y su salud la tenemos que realizar
bajo una visión holística, nunca deberemos de olvidar ningún músculo,
o ligamento, o hueso, o actividad psíquica o emocional, del cuerpo
humano y del Ser en general, para un buen tratamiento cráneo-sacral.
EL SISTEMA CRÁNEO-SACRAL
Es un sistema corporal completo, llamado cráneo-sacral y de reciente
descubrimiento científico. Este sistema corporal esta basado en el
ritmo cráneo-sacral que es un pulso fluido generado por el cerebro que
viene de la estructura central, de los ventrículos. Este movimiento va
de dentro hacia afuera y de arriba hacia abajo.
Upledger teoriza que el origen del ritmo cráneo-sacral es la
proliferación intermitente del fluido cerebroespinal por parte de las
células del plexo coroideo. Upledger identificó a las neuronas
propioceptoras desde la sutura sagital hasta los ventrículos como
sistema de control de esta función, en un mecanismo de
retroalimentación.
Así que el plexo coroideo en su funcionamiento crea una fluctuación,
que repercute en la presión hidrostática del fluido cerebro espinal
(FCE) que, por tanto, también fluctúa. Podemos llamar a este plexo
coroideo el corazón del cerebro.
Dado que la función de los plexos coroides fluctúa, la presión
hidrostática del LCR también lo hace a un nivel de 6 a 12 pulsos por
minuto. Esta onda gradiente de presión conduce la circulación del LCR
rítmicamente a través del tejido cerebral desde los ventrículos hacia
el espacio subaracnoideo.
La presión existente dentro de los ventrículos es mayor que la del
líquido extracelular cerebral y la del espacio subaracnoideo.
Este líquido cefalorraquídeo tiene un gran poder energético,
nutricional y posee una gran inteligencia. Es el fluido de nuestro
sistema nervioso, por tanto trabaja estrechamente con él.
Podemos decir que el impulso rítmico craneal representa un estado
ampliado de la actividad del cerebro, formando parte del gran circuito
del sistema nervioso.
Cada cabeza tiene su propio ritmo, un movimiento de expansión y otro
de contracción un latido primario que existe en todo el cuerpo, al
igual que cada uno tiene su propio código genético.
Si escuchamos nuestra cabeza percibiremos nuestro propio impulso
rítmico craneal (IRC) y esto lo podemos hacer en una posición cómoda
y colocando nuestras manos alrededor de nuestra cabeza o en especial
en la zona de la sien, donde se encuentran las alas mayores del
esfenoides.
Gracias al mecanismo membrano-sutural del cráneo compuesto de
membranas, fascias y suturas craneales, el volumen en la cavidad
craneal, es decir, la presión homeostática del cráneo pueda recibir
variaciones.
Estas suturas craneales forman una articulación y, como cualquier
articulación, tienen determinado su movimiento según su forma,
facilitando ciertos movimientos y limitando otros.
Sabemos que es bueno separar las suturas craneales traccionándolas con
nuestras manos y llevándoles líquido cefalorraquídeo con nuestra
intención.
En el interior del cráneo tenemos un sistema membranoso adherido por
dentro a los huesos craneales y que es responsable de distorsiones
mecánicas que puedan existir.
El sistema sacro-craneal en sí mismo esta compuesto de:
1 El sistema de membranas de tres capas llamado las meninges.
2 El fluido cerebro espinal que se encuentra contenido en el interior
de estas membranas.
3 Las estructuras dentro del sistema de membranas que controlan la
entrada y salida del fluido en el sistema.
Lo que acabamos de describir se comporta como un sistema hidráulico
semi-cerrado, que a través de las meninges circula el líquido
cefalorraquídeo que hace de componente hidráulico del sistema.
La entrada de este fluido cerebro espinal que hace la función de
fluido hidráulico se realiza por el sistema coroideo que se encuentran
dentro de los ventrículos del cerebro y la salida por se realiza
mediante un gradiente de presión por el aracnoides, que es la zona
media de las meninges o fascias.
Una de las grandes influencias que el sistema cráneo-sacral ejerce
sobre la función corporal completa es debido a que este sistema
encierra al cerebro y a la médula espinal así como a la glándula
pituitaria y pineal.
El cerebro y la médula espinal son los directores del sistema
nervioso, por tanto es fácil comprender porque este sistema cráneo-
sacral tiene una gran influencia sobre casi todas las funciones
corporales. También es de resaltar la influencia que este sistema
cráneo-sacral tiene sobre la glándula pituitaria y pineal, ya que
estas glándulas en especial la pituitaria hace el papel de directora
de la función del sistema endocrino y por tanto de las hormonas que
segrega.
Después de lo anteriormente expuesto y de varios años de
investigación, hoy en día sabemos con certeza que cada uno de nosotros
tiene en su interior un sistema cráneo-sacral que está moviéndose
rítmicamente todos los días de nuestra vida.
El terapeuta cráneo-sacral aprende a sentir y percibir este ritmo
cráneo-sacral a través de sus manos en todas las partes del cuerpo
humano, en los brazos, en las piernas, en el tórax, en la pelvis, etc.
Veamos otros de los motivos del porqué del movimiento rítmico cráneo-
sacral por todo el organismo.
Como el tejido corporal en el ámbito microscópico está formado
principalmente por membranas y por líquidos es de suponer que el ritmo
cráneo-sacral se transmite a través del cuerpo por las membranas y
por el líquido.
Veamos algunos axiomas sobre la transmisión del impulso rítmico
craneal:
Transmisión de onda líquida: La onda responsable del ritmo cráneo-
sacral es un gradiente de presión que se mueve a través del agua,
medio líquida de la que nuestro cuerpo está formado en un 90%.
Tensión de la membrana: a través de la membrana del tejido blando (una
fascia) se puede transmitir una onda de fluido aunque también tiende a
tirar, ofreciendo resistencia a la movilización suave. El tejido duro
(huesos y cartílagos) empujan. Suelen actuar como palancas y ofrecer
engranajes a otros huesos. El movimiento es un impulso de presión y
los tejidos que también ofrecen resistencia actúan por medio de la
presión y de los gradientes de tensión.
El vehículo de transmisión de ese impulso rítmico son las fascias. Si
ponemos las manos en la cabeza percibimos ese ritmo. En la columna
vertebral sucede igual, en los brazos, las piernas, en todo el cuerpo
se percibe este ritmo.
El problema está en si lo percibimos en la cabeza o en los brazos,
pero no en las piernas. Pueden pasar dos cosas, que la memoria
traumática sean física o psíquica.
Un problema psíquico como el que representa el miedo, puede provocar
una reacción que se somatice en los riñones, que están envuelto en un
sarcorema fascial, que se acorta y se encoge tras este repentino miedo
y produce una reacción en cadena, que puede degenerar en un dolor
lumbar, estomacal, o de otro tipo y en otro lugar.
Los riñones son los que producen la adrenalina que hace que el sujeto
reaccione más rápidamente, en caso de necesidad. Una emoción como la
del miedo se ha podido somatizar en un dolor lumbar, de columna o
cualquier otro.
A una persona que ha perdido el ritmo del líquido cefalorraquídeo en
alguna parte de su cuerpo le pueden pasar dos cosas, que esté en la
fase de materializar el síntoma, o en la fase de salir del síntoma.
El cuerpo con su inteligencia innata es capaz de superar un trauma y
volver a su armonía interna, o no, dependiendo de muchos factores,
como por ejemplo el tipo de traumatismo. Nosotros ayudaremos a que el
cuerpo mejore con una correcta actitud psicológica y una buena
respuesta corporal, como la relajación.
Incluso nos será de gran ayuda el colocar nuestras manos en la zona
lesionada y hacer unos movimientos de frotación.
Gracias a nuestra percepción del ritmo cráneo-sacral podemos percibir
en que parte del cuerpo se ha producido el traumatismo, psíquico o
físico, pues el IRC es desordenado o inexistente.
Aquí es donde actuaremos y devolveremos la perfecta secuencia del
ritmo cráneo sacral, que tanta importancia tiene para nuestra calidad
de vida.
Es como los médicos que a partir del ritmo cardiaco o del ritmo
respiratorio realizan deducciones sobre el estado del paciente.
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Autor: juan carlos LLuch