inseguridad
unread,Dec 2, 2008, 11:01:57 AM12/2/08Sign in to reply to author
Sign in to forward
You do not have permission to delete messages in this group
Either email addresses are anonymous for this group or you need the view member email addresses permission to view the original message
to PRESENCIA BIODINAMICA
Consuelo MARTÍN
La Advaita,
la Trascendencia del Conocer y Apertura
a una Nueva Metafísica
I. ¿ES POSIBLE TRASCENDER LA RELATIVIDAD DEL CONOCER?
"El conocimiento es una modificación de la mente, e irreal por
naturaleza", dice Sankara . Conocer es ampliar las fronteras de
nuestra conciencia. "Todos los hombres están interesados en
conocer..." comienza el libro de Aristóteles sobre metafísica, el
primero con este nombre por su anecdótica situación transfísica. Y ese
interés se ha centrado en múltiples conocimientos científicos o
filosóficos valorados de diferente manera en las distintas épocas.
Pero pocas veces se ha advertido la coincidencia de tantos modos de
conocer en la limitación radical de una conciencia fragmentada. Todo
conocimiento es dual y lo conocido no es sino compuesto fenómeno de
componentes percibidos y maneras de percibir del perceptor. Así la
llamada realidad objetiva no puede ser sino algo relativo a un sujeto
cognoscente. La disyuntiva entre sujeto y objeto tantas veces pasada
por alto en las ciencias, hace relativo todo intento de descubrir la
verdad como realidad. Quien investiga sobre lo real ¿se conformará
acaso con una adecuación formal de lo percibido a las reglas lógicas
de nuestro intelecto?... Como decía Sankara en la frase con la que
comenzamos, ese conocimiento no puede ser real. Una investigación de
lo real tiene que explorar abriéndose a horizontes más amplios.
Teniendo esto en cuenta en los textos advaitas sankarianos además de
la percepción empírica del ámbito de "manas" o nivel mental sensorial,
encontramos dos modos de conocer la verdad. Uno es "jñana" el que se
aprehende de las escrituras o el maestro, conocimiento del nivel
"budhi", nivel mental superior racional e intuitivo. Y el otro es
"vijñana", la inteligencia que toma conciencia de la verdad
directamente.Este último no es intelectual en el sentido que damos
habitualmente al término. Lo llamaremos sabiuduría para destacar su
calidad de inteligencia directa, frente al mero conocer formal. En él
se da una visión totalizadora desde la unidad. Y el resultado de ese
conocer con sabiduría es discernimiento (viveka). Si bien el conocer
de "jñana" no pude salir de la dualidad aunque tenga la posibilidad de
intuir la unidad que le trasciende, el segundo "vijñana" brota del
estado unitario de conciencia. Y esta es la novedad que los textos
"vedanta advaita" aportan a quien esté dispuesto a verificar sus
afirmaciones. No es que la filosofía occidental haya ignorado por
completo esta visión gnoseológica que implica la realidad, el conocer
y el ser. Esto se ha explicado ya de alguna manera a lo largo de la
historia de la filosofía. Se ha hablado de distintos niveles de
conocimiento desde los griegos, distintos conocimientos que no sólo se
diferencian por el objeto conocido. Platón llamaba "eidolon", a los
objetos del conocer sensorial y racional y "eidos" a los objetos del
conocimiento dialéctico. Y distinguía diferentes modos de conocer
verdadero, separando la "pistis" o creencia cuyo objeto eran los
"eidolos", entes naturales o artísticos, la "diánoia" o conocimiento
de los "eidolon" por hipótesis cuyos objetos eran los entes
matemáticos , de la "noesis" conocimiento dialéctico referido al
ámbito del ser. Según esto las cosas naturales serían copias de los
entes matemáticos. Lo que concuerda muy bien con la nueva física
reducida en último extremo a formas o fórmulas. Y estos símbolos
matemáticos serían copia de los "eidos" o esencias eternas. Con un
trasfondo ideológico diferente, en la Edad Media se mantienen las
distintas maneras de conocer. Hugo de San Víctor señala la "cogitatio"
o pensamiento basado en los sentidos y la memoria, la "meditatio" o
reflexión que aclara lo que está oscuro, y la "contemplatio" que es
visión directa y total. Y Ricardo de San Víctor habla de tres ojos,el
de la carne, el de la inteligencia "cogitatio" y el espiritual
"contemplatio". Esta última visión descubre la dimensión de lo
trascendente. Hugo describe así esta aventura:"El que al entrar en sí
penetra dentro en sí mismo, se trasciende y se eleva hacia Dios". El
llamado en nuestros días "filósofo de la conciencia", Ken Wilber,
recuerda esta teoría del conocimiento y siguiendo la metáfora de los
tres ojos en su libro "Eye to eye" dice: "El ojo de la contemplación
es al ojo de la razón lo que el ojo de la razón al ojo de la carne.
Del mismo modo que la razón trasciende a la carne,la contemplación
trasciende a la razón. Así como la razón no puede reducirse al
conocimiento carnal ni originarse en él, la contemplación tampoco
puede reducirse ni originarse en la razón. El ojo de la razón es
transempírico pero el ojo de la contemplación es transracional,
translógico y transmental". Y explica como un nuevo paradigma de
ciencia debe integrar no sólo el conocimiento empírico y el racional
sino tambien el contemplativo que los trasciende. En varios lugares de
los textos Upanisádicos encontramos esta invitación a trascender lo
que no tiene forma ni física ni racional. El Katha por ejemplo dice:
"No existe su forma entre lo visible. Nadie le vé con sus ojos" . Ni
con los ojos de la carne ni con los de la razón, habría que completar.
Y Sankara comenta, como podríamos hacerlo ahora, que muchas personas
niegan la realidad no-dual de su ser (atman) porque creen que no puede
conocerse lo que carece de forma. "Así es en verdad, dice, para los
que están demasiado involucrados en las cosas externas para poder
dedicarse con interés a los medios adecuados para encontrar el
verdadero conocimiento". La posibilidad de ser consciente de esa
realidad que trasciende lo dual "atman-Brahman" es la única salida de
la relatividad del conocer dual. Es el paso de lo conocido a lo
desconocido y sin embargo verdadero. Un verso del Bhagabad Gita dice:
"Aquello que es noche para todas las criaturas, es día para el dueño
de sí mismo, y lo que es día para aquellas es noche para el que vé,
para el sabio". Y Sankara lo explica así: "La noche de la ignorancia
que consiste en la separación de sujetos y objetos, en la que las
criaturas que están en verdad dormidas se dice están despiertas,
aquella en la que se encuentran como los soñadores en el sueño, es
noche para el que vé, para el sabio, para el que capta la Realidad,
meta suprema". ¿Existe una realidad que pueda contemplarse más allá de
la relatividad del conocer dual que sólo crea realidades relativas?
Sería la realidad que puede coincidir con la verdad absoluta,
"Brahman". Pero no podría ser ningún objeto conocido ni por conocer,
sino un estado de conciencia lúcido, "turiya" se ha llamado en la
Mandukya Upanisad . El acceso a la realidad se produciría entonces en
un nuevo estado de conciencia. Sólo al despertar del sueño nocturno
reconocemos su irrealidad, no antes. Así sólo al despertar del conocer
limitado, propio del estado vigílico, reconoceríamos su irrealidad.
Aún antes es posible intuir la belleza de lo ilimitado e
incondicionado Brahman, para los advaitines, Dios, Tao, etc. en otras
tradiciones. Pero sólo al vivirlo como estado de ser se comprende el
gran misterio que encierra el conocer. La conciencia absoluta no es
una realidad objetiva ni subjetiva. Si la luz, la lucidez, traspasa
los distintos niveles mentales sin distorsión, es decir, sin la
creencia en que los objetos proyectados son reales, sin identificación
con lo visto, entonces todo el conocer relativo queda iluminado,
trascendido por la claridad de la luz única. Leemos en un Upanisad, el
Svetasvatara: "Es la divinidad única, escondida en todas las
criaturas, el ser interno que todo lo penetra. Es el alma de todo, el
que impulsa las obras, el testigo que todo lo contempla. No tiene
atributos. Es la conciencia incondicionada".
II. LA VOCACION METAFISICA Y LO INEXPRESABLE.
¡Que sorprendente me parece esa opinión, en estos días generalizada,
de que la metafísica, meollo de la filosofía, no tiene nada que decir,
o que ya lo ha dicho todo y no ha sido comprendida. Nunca termina la
vocación por inquirir en lo real tras las apariencias. Unas maneras de
filosofar dan paso a otras mientras la necesidad de descubrir lo que
es real por sí mismo subyace siempre bajo diferentes formas. Siempre
consideré que filosofar no era memorizar ideas y repetirlas para
alimentar ese fantasma social llamado cultura. Ese es un objetivo muy
limitado ante la apasionada urgencia del filósofo por comprender la
realidad. E impulsada en todo momento por esa pasión, he dedicado mi
vida a investigar sobre lo real, no en los libros, aunque leyera
algunos, sino en la conciencia misma, no en las representaciones
pensadas, sino en la luz misma que las hace posibles. Así fué como me
sentí unida a aquellos filósofos de la India, a los advaitines, para
los que hacer metafísica era dejar constancia racional del
descubrimiento del estado de unidad de conciencia, evidente para mí.
Cuando se reflexiona por necesidad vital de descubrir, la reflexión
desemboca naturalmente en contemplación y de ahí al vacío de lo
conocido y la plenitud de lo real no hay ni un paso, sólo inspiración.
Cuando la investigación es movida por auténtico interés existencial no
se detiene hasta llegar a la evidencia de lo verdadero. Que recuerde
con sinceridad el escético donde se ha detenido su inquirir... Es
evidente que el pensamiento lógico es mero instrumento, cual mecánico
ordenador, incapaz de contemplar directamente la verdad. Y de sus
rodeos impotentes surge la opinión, muy común, de que las verdades son
relativas. En efecto con el instrumento lógico pensante se puede
demostrar una idea y la contraria con todo rigor lógico y científico.
¿Quiere esto decir que la verdad absoluta no existe?Unamuno, en nombre
de muchos se preguntaba: "¿Es sólo verdadero lo racional?, ¿no habrá
una realidad inasequible por su naturaleza a la razón y acaso opuesta
a ella?" . Porque su intuición le abría las puertas a ese ámbito
presentido que él llamaba "lo vital" y que le mantuvo siempre en
creativo descontento con lo conocido. El filósofo cuando es auténtico
es "filosofante" según el término utilizado por Platón. En su vital
demanda necesita hacer metafísica, comprender la realidad como un todo
único.Y hacerlo en cada instante de nuevo sin conformarse con los
esfuerzos de otros. Sin embargo, pensaremos que cuando no se traspasa
el nivel lógico como parece haberle sucedido a Descartes y a tantos
filósofos conocidos y desconocidos, ese intento puede acabar en la
construcción de fragmentadas doctrinas explicativas, fruto de una
demanda insuficiente de verdad. Kant denunció los límites del conocer
racional sin sospechar una evidencia detrás, aunque aludiera a una
objetiva realidad nouménica. La mente es creadora de realidades
objetivas. Pero más allá de lo conocido, la inteligencia continúa
hasta su origen como contemplación sin división ya entre los opuestos
sujeto conocedor y objeto conocido. Los textos advaita de la India
tienen algo muy importante que aportar a la investigación auténtica
filosófica tal como la estamos considerando, la que al inquirir por la
realidad efectúa la comprobación de las verdades metafísicas en la
misma conciencia del que investiga. Y la conciencia no es individual
ni privada, pues toda separación queda trascendida en el acto del
contemplar. Es la conciencia única más allá de la dualidad mental.
Marx quiso cambiar el sentido de la filosofía denunciando que no
bastaba con explicar el mundo., que habría que transformarlo. Y muchos
se pusieron manos a la obra para tratar de transformar la vida humana
desde el exterior. Los resultados ya los conocemos. En la filosofía
advaita se nos propone la transformación de la conciencia. Y si esto
es realizado por uno o muchos seres humanos, desde ahí surgirá toda
expresión innovadora, toda inspiración o creatividad. La vivencia de
esta dimensión nueva que se expresa ya y se expresará con más claridad
en el futuro próximo, según indicios, no es el efecto de ciertas
causas histórico-sociales. Está fuera de la causalidad y tambien de la
temporalidad aunque aparezcan los signos en ella. Es ahistórica, tanto
vale para la época de Sankara, como para la nuestra, como han
demostrado en su quehacer los advaitines actuales. Y no depende de una
cultura particular, ya que, en todos los casos, sólo se produce
sobrepasándola. Es por tanto algo inexplicable en conceptos
convencionales. Diremos que es una toma de conciencia de lo que Es.
Del ámbito racional, agotados sus pasillos lógicos, brota una protesta
que podría sintetizarse en aquellas célebres palabras con las que
Winkestein termina su "Tractatus lógico-philosophicus". "De lo que no
se puede hablar mejor es callar". Sin embargo paralelo a este clamor
de impotencia, lo inexpresable se ha expresado, se expresa y seguirá
haciéndolo. La llamada filosofía perenne, de todos los tiempos, tan
apreciada hoy en día por un sector creciente de investigadores
sinceros, lo atestigua. Y es que cabe la posibilidad de que aquello
inexpresable sea precisamente lo verdadero, lo real tras las
apariencias, capaz de dar sentido eterno a la vida humana. Quizá por
eso Unamuno decía: "Es menester decir una y otra vez lo que no debe
decirse". Cuando alguien sospecha que esto puede ser así, surge en él
una vocación irreprimible por investigar sobre aquello intuído. Porque
la intuición, no la sensible pre-racional, sino la transracional,
existe. Y su existencia apunta en dirección a una vivencia no-dual
Allí donde conocer y ser se identifican. La verdad antes de ser
formulada es un estado contemplativo que diluye la dualidad. La mente
representativa reconoce a veces esta intuición, este "intus", este
entrar dentro, y la explica en términos duales. Y en el filosofar como
en todo conocimiento, las palabras representan pensamientos, símbolos
de visiones parciales o verdades relativas. Todo ello son fragmentos
conocidos de una verdad irrepresentable, impensable, a la que
únicamente se llega por una toma de conciencia real. Y allí lo que se
vé se es. Dice el Kena Upanisad: "Lo que no puede expresarse en
palabras y sin embargo es por lo que las palabras se expresan, sabe
que eso es en verdad el Absoluto y no lo que las gentes adoran." . Una
investigación como ésta es una aventura inusitada hacia dentro. Podría
decirse que es un adentrarse en lo desconocido. ¿Se puede descubrir
algo más allá del pensar siguiendo la misma senda de la inteligencia,
esto es sin desviarse por el sentimiento? Las explicaciones que se han
dado en este sentido, como la metafísica advaita, denotan una clara
convicción hija de la evidencia. Es posible una expresión racional
como la del gran filósofo advaitin Sankara. Pero en general los textos
advaitas o aquellos que parten de la vivencia no-dual, aunque no sean
hindúes, requieren para su comprensión una ampliación de las leyes del
pensamiento conocidas hasta incluir los opuestos. Escapará así a los
caminos trillados de la lógica establecida. Por ello sus explicaciones
no se dan para convencer sino para animar a emprender el nuevo camino
desconocido. Y para facilitar el que cada ser humano lo descubra por
sí mismo. Tratar de convencer de algo sería introducir en lo
condicionado lo incondicionado, lo que no tiene ningún sentido. Para
hacer eso desde luego mejor es callar. "Lo Absoluto incondicionado es
silencio" dice Sankara en los Brahma Sutras . Estamos haciendo alusión
a un estado inexpresable y afirmamos, a favor de tantos textos con
esta misma pretensión, que conviene y se ha hecho y se hará una
ciencia de lo impensable, construída claro está de pensamientos. Esta
clase de ciencia de la que es un ejemplo la metafísica advaita hindú y
tambien la actual psicología transpersonal, apunta a la realidad que
es origen y fin de todo pensar condicionado. Pero sólo la evoca y
favorece su intuición. Mientras Aquello, lo Absoluto, Brahman,
permanecerá desconocido por su misma naturaleza incondicionada, tras
las representaciones pensadas. Lo que se debería evitar es pedir a esa
ciencia metafísica pruebas sensoriales de lo que sobrepasa los
sentidos e incluso pruebas lógicas de lo que ha trascendido la razón.
René Guenon dijo hablando en la Sorbona sobre esta metafísica
vivencial: "¿Qué pruebas pueden darse? Es verdaderamente extraño que
se pida probar un conocimiento en vez de intentar darse cuenta de él
por sí mismo, haciendo el trabajo necesario para adquirirlo. Para
aquél que posee este conocimiento ¿que interés y que valor pueden
tener todas estas discusiones?" . ¿Cual es el ser que una vez conocido
todo se conoce? Pregunta una y otra vez el discípulo al sabio maestro
en los Upanisad. Le pregunta por un estado, fin supremo, aunque toda
meta pertenece al tiempo. En realidad se pregunta por el fin de la
relatividad existencial. "El fin supremo, dice Guénon en la misma
ocasión, es el estado absolutamente incondicionado liberado de toda
limitación. Por esta misma razón es totalmente inexpresable y todo lo
que puede decirse de él no se traduce más que en términos de forma
negativa: negación de los límites que determinan y definen toda
existencia en su relatividad. La obtención de este estado es lo que la
doctrina hindú denomina "mukti" "liberación" cuando la considera en
relación con el "Principio Supremo" . Como estado de conciencia no es
un estado más relativo al modo de conocer sino el natural en el que la
conciencia no se aliena, no es conciencia de algo sino conciencia en
sí.
III. EL ESTADO DE CONCIENCIA DESCONOCIDO.
La experiencia fundamental está representada en el pensamiento
religioso y filosófico en todas las tradiciones de diversa maneras. A
pesar de que una doctrina religiosa no se suele reconocer en otra, es
fácil comprender que en el origen de todas ellas siempre se ha dado
una apertura de la mente contemplativa hacia lo desconocido. Lo que se
considera en todos los casos sagrado es una objetivación de aquél
estado sin objeto. Y lo llamamos desconocido no sólo porque no se ha
conocido todavía sino porque es incognoscible. No es algo conocido por
un sujeto. La metafísica advaita es la única que ha sido construída
directamente desde esa inspiración de la unidad trascendente e
inmanente a lo conocido. Y la ha colocado como realidad de realidades,
realidad absoluta, a partir de la cual las realidades conocidas
físicas, sentimentales y racionales son proyecciones de una visión
limitada. En occidente no se ha llegado aún a tal reconocimiento
metafísico. Podríamos desde luego señalar anécdotas entre nuestros
filósofos que apuntan a este intento tantas veces insuficiente. Nos
limitaremos aquí a recordar aquella de la escolástica por ser a mi
parecer de las más sorprendentes ... Tomás de Aquino, al final de su
vida y despues de haber escrito la monumental obra de la "Suma
Teológica" en la que se ha fundado por siglos la filosofía católica,
dijo un día: "Todo lo que he escrito es como paja comparado con lo que
he visto y se me ha revelado" . Sucedió un año antes de su muerte,
tras vivir un estado iluminado. Es natural que dijera esto ya que es
del conocimiento común de cuantos hemos vivido estados transracionales
que se produce un descubrimiento de unidad tan directo e inmediato que
no admite dudas ni comparación con el conocer dual. Es una realidad
digamos "ontonoética", donde el darse cuenta de lo real coincide con
la realidad misma. Y ese trascendente estado no implica separación o
alejamiento de las experiencias duales del sentir y el pensar, las
cuales quedan integradas allí, como momentos limitados relativos de la
realidad ilimitada,absoluta. Poco interés encuentro en la comprobación
del nuevo estado por pruebas sensoriales,cuando se constatan ondas
inusuales en el cerebro con ayuda del encefalograma. Tampoco las
demostraciones racionales ayudan a quien no lo intuyó con anterioridad
a ellas. Con el pensamiento se pueden entender y la persona puede
adherirse a una u otra doctrina con más o menos entusiasmo o
rechazarla de igual manera. Y eso es lo que se ha hecho siempre. Sin
embargo nada sucede cuando se afirman o se niegan conceptos. El sueño
del pensar continúa y continúa tambien la incomprensión sobre la
existencia. El pensamiento es mera repetición de fórmulas acuñadas a
la sombra de la luz. Porque la colocación de la conciencia de espaldas
a la luz produce sombras, las del conocer entre los opuestos, la
realidad dual. Y el giro hacia la luz es la contemplación, ese estado
desconocido.
La realidad conocida, la empírica y conceptual es relativa ¿quien lo
duda ya? Pero eso no significa, como puede parecer, que haya relación
entre realidades en sí. Todo es relativo quiere decir, según
constatación de la nueva física, que no hay más que relaciones sin
entidades reales que relacionar. Se ha comparado esta situación a la
de una danza sin bailarines. El final de la investigación sobre la
imaginada materia física es una estructura matemática, pensada. Detrás
de las categorías formales y conceptuales, nada queda. "Todo esto es
"maya", dicen los advaitines. Lo que quiere decir que sólo es medida y
por ello irreal. Todo es relación de relaciones diremos con los
físicos actuales. ¿Donde está la realidad última originaria y
fundamentante? Por la teoría de la relatividad desde Einstein hemos de
aceptar que solo podemos captar relaciones al conocer. Desde las
conclusiones de la física cuántica sabemos ya que sólo observamos
probabilidades en ese tipo de conocimiento. Las ecuaciones matemáticas
con las que funciona la ciencia física no copian la realidad, como
puede parecernos, sólo indican una manera de verla entre otras
desconocidas. Se trata de una visión limitada que por su misma
limitación apunta a la posibilidad de un descubrimiento esclarecedor
donde integrarse. Y es ahí donde la visión advaita puede ser pionera
atemporal de un camino metafísico nuevo para el pensar científico y
metafísico de occidente: el de la penetración en la conciencia misma
del que investiga. Según esto la única transformación real es la que
se produce en la conciencia con una nueva visión. Aunque se debería
utilizar la palabra "transustanciar" en lugar de transformar, ya que
el pasar a ese nuevo estado no es un simple cambio de forma. La
conciencia humana es lo único que podemos constatar. Somos conscientes
de algo. El "algo" queda indeterminado, dependiente siempre de nuestra
manera de conocer. Pero el ser consciente, la conciencia en sí, se
mantiene como lo único real incuestionable. Y no hay cuestión de ello
porque se trata de una constatación directa. Ser, es ser consciente.
Luego vendrán los objetos que aparecen en ese concienciar en relación
siempre al estado de conciencia o al lugar desde donde la luz de la
conciencia vé. ¿Lla- maremos conciencia al sustrato, a lo real
originario? ¿Al descubrir esto daremos por terminada la ciencia, o por
el contrario la abriremos con el nombre de metafísica, u otro, a una
visión más total? ¿La "episteme" compuesta de pensamientos, formas, es
la única ciencia, o habrá otra cuya ascésis dialéctica, en
terminología platónica, esté abierta al conocer totalizador, "gnosis"
de la sabiduría? La primera clase de ciencia busca explicar "lo que
existe", lo que está fuera, los objetos de la conciencia.Mientras una
ciencia gnóstica como la advaita se encamina a "lo que es", a lo real
"sat", como vemos en los diálogos entre maestro y discípulo de los
Upanisad.Para constatar "lo que existe" en las coordinadas espacio-
temporales, se requiere análisis empírico, objetivo y lógico. Para
tomar conciencia de "lo que es", como explican los textos "advaita" se
requiere "vairagya", desapego de las formas sensoriales y pensadas y
"viveka" discernimiento, visión directa de la inteligencia. La
filosofía,"darsana", sólo tiene sentido en este tipo de ciencia como
un camino hacia la unidad de conciencia "yoga". En otro lugar dije:
"La conciencia no debe ser estudiada como un objeto más de la propia
conciencia. La conciencia es el camino. Sólo descubre mientras se
transforma cuando va más allá de los objetos o formas concienciadas.
Por eso no es posible conocer la verdad pero si es posible vivirla".
IV. LA NUEVA CIENCIA METAFISICA
Los límites de la investigación filosófica radican, como vemos, en la
incapacidad de la razón representativa. Pero se abre una investigación
ilimitada en una metafísica que tome como punto de partida y
fundamento el estado de unidad de conciencia, aquél al que los
advaitines y muchos de nosotros consideramos lo único real, por ser lo
único incondicionado. No llegamos a esta conclusión por un acuerdo
objetivo, porque no hay en aquello ningún objeto pensado al que hacer
referencia, sino por una coincidencia intersubjetiva primero y
transubjetiva despues. Es una experiencia sin objetividad en la que el
sujeto al dejar la relación dependiente al objeto deja de ser sujeto.
Allí se produce la "coincidentia opositorum" que no cabe en la lógica
aristotélica o cartesiana, válida sólo para acuerdos del pensamiento.
Hegel, sin salir del pensar, intentó una explicación de esta
"coincidentia" por el método dialéctico. Y con ello creyó estar
construyendo el último sistema de metafísica. Pero la metafísica, al
menos la vocación siempre viva del investigador sincero,se interesa
por la realidad y no se detiene en conceptos. La unidad de los
opuestos se descubre en el estado lúcido o despierto al que aluden los
Upanisad, Gaudapada o Sankara. Y el estado de vigilia visto desde
aquél, no es sino un aspecto, una fragmentada visión en la que la
conciencia se identifica con su proyección. La nueva metafísica,
consciente de esta posibilidad no tendrá su fundamento en el estado de
vigilia, relativo y temporal, sino en aquél absoluto, atemporal que se
encuentra más allá de los opuestos. Recordemos una referencia del Isa
Upanisad a lo Absoluto, a Brahman, desde la ruptura de la dualidad del
pensar: "Aquél se mueve y no se mueve, está lejano y a la vez próximo,
se encuentra dentro de todo y al mismo tiempo fuera". Con estas
palabras se apela a la intuición del estado en el que los opuestos
coinciden, y la relatividad del conocer desemboca en la evidencia de
Aquella presencia de lo real. Una metafísica que no supere las
oposiciones del pensar a través de la contemplación unificadora, es
vacía teoría, ingeniosa relación entre observador y observado. ¿Qué
valor pueden tener esa clase de teorías metafísicas una vez
descubierto que el observador y lo observado no son dos sino una sola
proyección de la luz de la conciencia? Cuando se descubre esto es el
momento, de mirar hacia una nueva ciencia que utilice las verdades
descubiertas en la conciencia del que investiga. El camino es el
contemplar. Y estamos viendo que es imposible un contemplar subjetivo,
privado, aunque así parezca cuando pensamos sobre ello. Contemplando
presenciamos la desaparición de esa separación. La identidad que
creíamos encerrada en un recinto particular mental se amplía entonces
hasta el infinito. Y aunque este estado sobrepasa, como hemos visto,
los moldes del pensamiento representativo, la metafísica que surge de
él, la advaita y aquella otra futura, a la que esta abre paso, son
conocimiento filosófico y científico. Filosófico porque estudia lo que
trasciende el ámbito empírico basado en los sentidos y científico
porque a pesar de ello se produce una constatación que trasciende no
sólo lo objetivo sino tambien lo subjetivo. En nuestra tradición el
descubrimiento de la conciencia de quienes tuvieron vocación para ello
nunca fué fundamento directo de una metafísica. Podríamos citar, desde
luego, muchísimas intuiciones y referencias a esa aventura existencial
entre filósofos, sin olvidar a Heidegger. Pero nos limitaremos a
recordar aquí lo que un científico dijo al respecto. Quizá sus
palabras puedan contribuir a deshacer esa barrera artificial que en
occidente se ha creado entre los descubrimientos científicos y los
llamados místicos. Amaury de Riencourt, cita esta frase de Einstein
que traducimos: "La emoción más bella y profunda que pueda conocerse
es la que siente el místico. Es la esencia de todo arte y de toda
ciencia verdadera. Aquél a quien esta emoción parezca extraña, el que
no pueda sobrecogerse o sentir entusiasmo o admiración, está
virtualmente muerto. Saber que existe en verdad lo que es impenetrable
es la más elevada sabiduría y la belleza más esclarecedora que
nuestras pobres facultades sólo pueden captar en sus formas más
rudimentarias. Ese saber y ese sentir es el centro de la verdadera
vida religiosa" . La mística, sin poder liberarse de la religión
convencional no ha tenido una clara exposición filosófica. Además el
camino recorrido por los místicos en este sentido fué hecho desde el
amor más que desde la iluminación. Aunque encontramos expresiones de
gran lucidez en las obras del Maestro Eckhart , e importantes
indicaciones prácticas en Teresa de Avila, en la literatura mística
tiene el sello, en occidente, del arte y la poesía. No es así en la
tradición vedanta advaita. Allí se pone de manifiesto una verdad que
trás haber comprendido lo relativo del conocer y por ello de toda la
realidad percibida e interpretada, vuelve los pasos sobre sí y
contempla el origen de la objetividad. Para nosotros es llamada desde
el origen de todo conocimiento, llamada reconocida y anunciada por una
investigación clara que desemboca en inspiración. Sólo al responder a
esta llamada del Ser, como insinuara Heidegger, y efectuar ese giro,
esa "metanoia" o cambio de identidad en lo noético puede hablarse con
verdad de lo real tras las apariencias. Sólo entonces la metafísica
puede referirse a la lucidez del concienciar antes de alienarse como
"conciencia de algo". Pero eso no significa que ante la incompresión
de los que siguen girando en el universo pensado, erizado en la
oposición de los contrarios, haya que renunciar a la expresión de lo
ilimitado, de lo absoluto. Ningún beneficio habría en tal actitud
recelosa. Por el contrario la serena evidencia de lo real es
liberadora para el que la expresa y para el que recibe comprensivo esa
expresión, porque una intuición de lo que no aparece pero Es, siempre
es posible. Por eso... dice un físico nuclear : "son numerosos los
científicos que se toman en serio y conscientemente la dimensión
filosófica y espiritual de sus trabajos y que no se esconden para
hablar de ello abiertamente" Cierto que aquél que contempla la verdad
no-dual, allende el pensamiento, pierde interés por el modo
establecido de comunicación filosófica a base de demostraciones
lógicas para convencer de algo con recurso constante a la autoridad
cultural. Y cansados como estamos muchos investigadores occidentales
de los vericuetos del pensamiento que promete una evidencia nunca
alcanzada, quizá pueda parecer un alivio olvidarse de la vocación
metafísica. Hay tantos objetos en que pensar. ¿Qué interés puede haber
en dedicarse a Aquél no-objeto, a Aquello que evade todo análisis y
determinación y no presenta ninguna característica utilizable para
algo? A pesar de ello, ante aquellos cuya vocación por la verdad
última no puede ser sustituída por nada, se abre un camino, la vía
única, la puerta estrecha y a la vez ilimitada de la contemplación. Y
ahí están los textos advaita, bella explicación de lo inexplicable,
airosa aventura que bordea los límites del conocer con una lógica
paradógica que integra los contrarios. La ciencia de lo infinito, lo
Absoluto, Brahman, idéntico al Ser del hombre, como afirma la
metafísica advaita, está abierta a la comprobación en la conciencia.
Se presenta como un reto, límite de la identidad humana que oscila
entre lo finito y lo infinito. Y es la posibilidad de una nueva
metafísica emancipada por la toma de conciencia de los presupuestos
pensados del pasado. Y será una investigación válida para
investigadores occidentales cansados ya de vagas intuiciones
sostenidas por sistemas enfrentados al principio de no-contradicción.
Las ciencias experimentales tienen objetos definidos, objetos que
aparecen en la conciencia como relaciones estructuradas condicionadas
a la experiencia empírica y al método lógico. Y se pueden comprobar
las verdades relativas a las que arriba cada ciencia, siguiendo el
proceso que en ellas se explica. Así es tambien para la ciencia sin
objeto de conciencia definible, aquella no-dual que trasciende la
objetividad a la vez que lo subjetivo. Y una comprobación que deshace
en el silencio del contemplar la dualidad de lo conocido por un
conocedor, es sin embargo científica porque es verificable. La
verificación total se produce en aquél nuevo estado de conciencia, el
estado iluminado o despierto. La ciencia de la conciencia en sí, no
precisa prueba sensorial seguida de la definición del objeto pensado.
Aunque utilice referencias a formas o conceptos no se apoya en ellos.
Quizá los presente, consciente de su papel limitado, desde esa bella
sencillez con que se presentan las palabras en la poesía inspirada.
Con la posibilidad de la no-dualidad se divisa el campo ilimitado de
una nueva visión totalizadora.Es la mirada que no escinde realidades
sino que unifica contemplador y contemplado en lo real unitotal,
Brahman, Tao, Conciencia originaria, nirvana. ¿Alguna palabra podría
definirla cuando no hay ningún objeto particular al que pueda
referirse? Pero nombrar esta posibilidad no es comprenderla y sin
descubrir el estado al que hace alusión nunca se comprenderá de veras.
¿Será una realidad mental nacida en los estrechos compartimentos del
pensar?, podría preguntarse alguien. La separación de los conceptos de
mente y materia ha quedado superada por los descubrimientos físicos en
los que los ámbitos subjetivo y objetivo se interrelacionan en la
llamada "singularidad". Si se mantiene esta distinción será únicamente
como proyección de esa realidad singular que trasciende su oposición.
Es cierto que los científicos no suelen hacer referencia explícita a
la conciencia aunque queda implícita en lo que se refiere al problema
de medición de lo observado por el observador a partir de la teoría de
indeterminación de Heisemberg y el principio de probabilidad. Un
científico de excepción, estudioso de las filosofías orientales, Frank
Capra, ha dicho sin embargo que los modelos que los científicos
observan en la naturaleza están vinculados a los procesos de sus
mentes, a sus conceptos, pensamientos y valores . Otro científico
tambien excepcional por la amplitud de sus estudios, David Bohm, se
refiere a lo percibido como un modelo de actuación que da realidad a
un cierto nivel de conciencia. Y no sólo señala qué es posible "la
exploración de ese orden a un nivel más profundo más manifiesto", sino
que aconseja: "No debemos estar limitados a la conciencia ordinaria
aunque necesitemos esos niveles en la vida de cada día" . Y otro
físico, el canadiense Bouchart d'Orval dice: "Para conocer la realidad
no queda más remedio que efectuar la experiencia directa, es decir,
dejar de creerse un sujeto conocedor separado del objeto conocido" .
Se ha creído conocer la realidad con sólo darle nombre, decir de ella
que es materia, luego energía o quizá un suceso medido en fórmulas
matemáticas. Pero, si no se ha comprobado esa realidad, ¿qué se
adelanta nombrándola? La objetividad compuesta de formas percibidas
llamadas cosas "rupa" y nombres o conceptos pensados que las
representan "nama", tiene por origen al sujeto que se desconoce a sí
mismo, que se ha alienado en la proyección de sí. Sólo el adentrarse
en la conciencia, en recogimiento de la actividad sensorial y
pensante, pone de manifiesto este proceso. La realidad como objeto de
conciencia postula un sujeto que la conozca. Pero ese sujeto no
aparece sino objetivado tambien. El sujeto en sí, el sujeto
trascendental al que se referían los filósofos idealistas, no se
conoce a sí mismo porque conocer algo es objetivarlo.Y ¿qué hacer con
un sujeto objetivado? Pensando y sólo pensando sobre ello, parece que
el sujeto como conciencia de lo que aparece, el trascendental, crea la
representación objetiva.Y desde esta explicación del idealismo suelen
entender los filósofos occidentales la metafísica no-dual. Así es como
se malinterpretan los textos advaitas. Porque para su total
comprensión implican la vivencia. "La ciencia que no desemboca en una
visión directa e íntima de lo real es siempre una ciencia
lamentablemente tautológica", dice un fisico con vocación de
metafísico . Al comprobar en el silencio contemplativo la disolución
de la dualidad del pensamiento, se descubre que lo real no es objeto
ni sujeto, sólo Es. "No lo entiendo", repetirá una y otra vez la mente
pensante en todos nosotros.Y no bastará con volver a explicarlo.Si la
penetración directa del "intuir" no se produce con la mera alusión,
nada puede hacerse. Incluso quizá fuera mejor en ese caso el no hablar
de ello. Se han llenado demasiados libros y demasiadas mentes con
interpretaciones de visiones fragmentadas de lo real. Investiguemos en
la propia conciencia para descubrir lo que es el proceso del pensar,
antes de hablar de la realidad. A ello he dedicado mi vida y pienso
seguir dedicando lo que me reste de ella, ya que el descubrir la
realidad no tiene fin. Los textos advaita son una indicación directa,
pero leyendo la guía turística no se realiza el viaje. Puede que
aceptemos o rechacemos en estos momentos las ideas sobre una
metafísica que trasciende el conocer. Pero en ambos casos, si nos
limitamos a eso, nuestra posición será inoperante por superficial.
Comprobarlo es lo definitivo. Y una vez descubierta la evidencia de la
unidad de conciencia, hablemos de lo real, hablemos de metafísica. Así
nuestras palabras abrirán horizontes nuevos. "Hemos creado a Dios para
salvar al universo de la nada, pues lo que no es conciencia y
conciencia eterna, no es nada más que apariencia", afirmó en un
momento de inspiración Miguel de Unamuno . Hemos creado "el concepto
de Dios", aclaremos ahora, porque de la realidad a la que alude nada
sabemos. Volvamos la mirada al estado de conciencia unitotal donde
aquél concepto de lo divino tiene su verdadero origen. Y
desentendámonos del origen histórico del símbolo de Dios que nada
aportará a la nueva metafísica. Hagámoslo con una mente contemplativa.
No estamos hablando de reconstruir edificios ideológicos de nuestra
pasada tradición ni de copiar los de otras tradiciones. No es esa la
apertura que la advaita de la India hace a una nueva metafísica.
Estamos en las puertas de una ciencia originaria que reconoce en
estados reales, de real acceso a los seres humanos, los conceptos que
los representan. El desconocido Dios no estará allí en un cielo
imaginado espacialmente sino en el silencio de la conciencia del que
lo contempla. Y allí habitará no como huesped apreciado sino como la
realidad misma de ese concienciar. Según esto la palabra metafísica
debería abandonar el "meta" de lejanía y quizá tambien el término
"física" que alude a la ilusión de separación de realidades. Por
cierto una vez que la física ha superado la ilusión de materia
separada del espíritu, o de observador aparte de lo observado, ¿no
será ya ella misma metafísica? Al investigador que se adentre hasta el
fondo en su inquirir se le revelará la verdad más sorprendente: Hay
una única realidad se llame como se llame. Esto fué lo que comprobaron
aquellos científicos de la Universidad de Princeton hace unos diez
años. Y fueron llamados gnósticos por dedicarse a la contemplación
interior para encontrar el fundamento de sus descubrimientos físicos .
Porque para descubrir la realidad única que inicia una nueva
investigación metafísica no habrá que situarse más allá de las
realidades conocidas relativas sino más acá en lo íntimo y profundo de
la conciencia humana.
Consuelo Martín
BIBLIOGRAFIA
Bohm David. Congreso Ciencia y Conciencia. Córdoba, 1977
Bouchart d'Orval "La plenitude du vide" Canadá 1987. trad. esp.
Barcelona 1991
Bourke. V.J. "Aquina's Search for Wisdom". Milwaukee, 1965
Capra F. "The turning point" N.Y. 1982.trad. esp. Barcelona 1985
Eckhart. "Tratados y sermones", trad. esp. I.M. de Brugger, Madrid,
1983
Eliade M. "Yoga, Freedom and Inmortality", London, 1958
Frank P. "Einstein" London 1949 Gambhirananda. "Eight Upanisad with
Comm of Sankara". Calcuta 1972
Guenon, R. "La metafísica oriental". Conf. en La Sorbona 1925. trad.
esp. Barcelona 1995
Hugo de San Víctor. Patr Lat. vols 175-177. "Les oeuvres de Hugues de
St Victor" "Paris, 1986
Jean J. "Physsics and Philosophy, Cambridge, 1948
Martín C. "Sé una luz". Madrid, 1992
Platon. O. Completas, trad. esp J.D. García Bacca. Caracas, 1980
Ricardo de San Víctor. Ptr Lat. vol 196
Rincourt, A. "Loeil de Siva",Paris. 1980
Ruyer, R. "La Gnose de Princeton", Paris. 1974
Sankara. Brahma-Sutra Bhashya. trad. Gambhirananda. Calcuta. 1984
Sankara. Com. al Bhagavad Gita, trad. Gambhirananda. Calcuta. 1984
Unamuno. M. "Del sentimiento trágico de la vida". Ensayos. Madrid.
1958
Wilber. K. "Eye to eye" 1983. trad. esp. Barcelona 1991.
*