TERAPIA CRÁNEO-SACRAL ----- BREVE EXPLICACION
La terapia cráneo-sacral está basada en los principios de la
osteopatía craneal, y se apoya principalmente en la inteligencia
natural del cuerpo para re-encontrar el equilibrio, en la libre
circulación del líquido cefalorraquídeo y en el libre movimiento de
las articulaciones del cráneo y del sacro.
Esta terapia se fundamenta en que las suturas de los huesos del cráneo
y del sacro son articulaciones que tienen un movimiento de flexión y
extensión. Este movimiento respiratorio primario sucede en todo
nuestro cuerpo entre 5 y 10 veces por minuto. Está originado por el
movimiento pulsátil del líquido cefalorraquídeo, que circula por el
interior del tejido fascial.
El líquido cefalorraquídeo se fabrica a través del plasma sanguíneo
en el interior del cráneo de forma pulsátil y circula por un circuito
semi-cerrado en el interior de las fascias. Esta circulación rítmica
responde y actúa bajo principios y leyes hidrodinámicos y de tensión
reciproca.
El líquido cefalorraquídeo es un líquido muy especializado que circula
por el interior de las fascias por todo el organismo, sobre todo por
el cráneo, la columna vertebral y el sacro. Este líquido tan
inteligente dispone de un gran poder energético y homeóstatico, pues
está íntimamente relacionado con el sistema nervioso central y
periférico.
Gracias a la articulación esfeno-basilar y a la producción del líquido
cefalorraquídeo de forma rítmica y pulsátil tenemos los movimientos
de flexión y extensión en todos los huesos del cráneo y del rostro
humano. El ritmo y simetría de esta pulsación está directamente
relacionado con nuestra salud y con nuestra calidad de vida.
EL TEJIDO FASCIAL Y SUS FUNCIONES
Todo el cuerpo está rodeado y envuelto por tejido fascial, somos una
gran fascia. Todas las partes de nuestro cuerpo como los músculos,
huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos, órganos, etc. están
envueltos en tejido fascial y por tanto todo el organismo está
interconexionado a través de las fascias.
Este tejido es el que transporta el movimiento respiratorio primario
por todo el cuerpo y por tanto es de vital importancia para nuestra
salud.
Este tejido fascial se puede ver afectado por traumatismos físicos
antiguos o recientes. Todos nosotros tenemos tensiones internas
difíciles de percibir, pero que nos repercuten seriamente en todo
nuestro organismo. Muchas de estas tensiones sutiles se almacenan
sobre todo en la cabeza y en la médula espinal.
Si las fascial se encuentra agarrotadas o en constante tensión el
líquido cefalorraquídeo no podrá pulsar por su interior y la
comunicación nerviosa, electromagnética y comunicación neuronal no
funcionarán correctamente.
Los últimos estudios clínicos nos confirman todas estas teorías.
Es de vital importancia armonizar esta pulsación tan sutil y devolver
el micro-movimiento de flexión y extensión en todos los huesos del
cráneo y del sacro.
El tejido fascial es de vital importancia y es el responsable de
muchos dolores internos difíciles de eliminar. Todo el cuerpo esta
formado por tejido fascial y éste es el encargado de comunicar e
interrrelacionar todo el organismo.
Aquí tenemos el puente entre el mundo físico y el mundo sutil. El
tejido fascial como parte del sistema nervioso se ve muy influenciado
por las tensiones emocionales y mentales.
LAS EMOCIONES AFECTAN AL TEJIDO FASCIAL
Como tema más importante tenemos que saber que cualquier trastorno
psíquico como el estrés, el miedo, el enfado, la ira, la depresión, o
cualquier emoción negativa produce una tensión y acortamiento del
tejido fascial. Tales circunstancias provocan dolores y molestias en
la misma zona o en otras partes del cuerpo mas alejadas, debido a la
tensión reciproca de membranas o tejido fascial. Todas las fascias
están unidas y forman una perfecta interrelación en todas partes del
cuerpo.
Muchos bloqueos mentales a lo largo de nuestra vida, hoy en día
todavía tienen repercusión en nuestras membranas craneales internas y
en muchas partes del organismo. Tensiones profundas e internas que
están constantemente, las 24 horas al día activas, tensas, agotándonos
y degenerando los tejidos e impidiendo la libre circulación de los
líquidos.
Este hecho tan real como desconocido nos va creando, formando o
cultivando un montón de posibles enfermedades y verdaderos puntos
débiles de salud. Estamos llenos de tensiones internas, tensiones
fasciales, que normalmente son provocadas por un traumatismo físico o
por un bloqueo emocional o mental no asimilado correctamente. Esta
circunstancia hace que la pulsación del líquido cefalorraquídeo se vea
también afectada, provocando fallos de comunicación del organismo con
el sistema nervioso central. Esto es un proceso degenerativo.
Por tanto ya sabemos que los sucesos mentales y emocionales implican
tensión somática y de igual manera la tensión corporal tiene
implicaciones mentales y o emocionales. El terapeuta ayuda a eliminar
la tensión somática y el paciente debe de estar preparado por si le
vinieran recuerdos de experiencias pasadas con su emoción asociada. A
menudo este hecho puede pasar inadvertido o resultar doloroso. El
paciente puede o no asociar la liberación somática con algo
relacionado con la represión inconsciente de una experiencia pasada y
el sentimiento-emoción asociado a ella.
La observación de este hecho nos trae el entendimiento de que es muy
posible que estemos llenos de energía psíquica reprimida o no
asimilada por todo el organismo, provocándonos una acumulación de
estrés en el cuerpo.
EL ESTRÉS
Podemos definir la palabra estrés como tensión o agotamiento por algo
que nos angustia, por que todavía el organismo no se ha podido adaptar
a unas nuevas circunstancias, tanto agradables, como desagradables. El
cuerpo se encuentra extresado porque se encuentra en un proceso de
adaptación. Incluso el placer si no es en el momento apropiado y la
circunstancia requiere de una rápida adaptación a respuestas
autonómicas nos puede generar estrés. Si el organismo no ha tenido
éxito en procesar y adaptarse a un reto o a una nueva situación, el
cuerpo somatizara o almacenara en los tejidos esta energía potencial
que no a sido asimilada correctamente. Los tejidos en especial las
fascias y su sutil movimiento pulsátil que sucede por su interior se
verán afectados. Esto crea un bloque energético y la suma de varios de
estos nos creara una armadura energética alrededor de la zona del
cuerpo donde se halla bloqueado la experiencia no asimilada
correctamente o traumática. El bloqueo funciona bajo tres niveles
interdependientes el muscular, el emocional y el energético. Cualquier
intento por abrir o liberar los bloqueos es bueno y positivo para la
vida.
Podemos trabajar el bloqueo a nivel emocional a través del psicodrama,
el psicoanálisis, la psicoterapia, etc. el nivel muscular lo podemos
trabajar con los masajes, el hata yoga, las danzas, la expresión
corporal, etc. la sanación a nivel energético la podemos encontrar a
través de un curandero o sanador energético, de la meditación o a
través del toque terapéutico o de la terapia cráneo-sacral.
Si el movimiento rítmico del líquido cefalorraquídeo se ve afectado en
alguna parte de nuestro organismo, el movimiento de expansión y
contracción se verá afectado también, provocando un bloqueo o fallo
energético en dicha zona. La zona ya no respira, ya no pulsa, ya no
recibe el movimiento respiratorio primario y esto es lo que nos
sucede en algunos huesos y suturas de nuestras cabezas.
Esto puede provocar todo tipo de patologías físicas o psicológicas.
Este mal y en especial el estrés es una de las claves fundamentales de
muchos problemas de espalda, de articulaciones y de muchas
alteraciones psicológicas.
Teniendo esto en cuenta, vamos a escuchar y equilibrar todos los micro-
movimientos existentes en el cráneo y en el sacro, principalmente.
Este ajuste del movimiento de expansión y contracción de todos los
huesos cráneo-sacrales, nos creará un nuevo equilibrio en nuestro
cuerpo y alma y será capaz de encontrar su auto-curación.
Cuanto mayor es la edad de una persona es probable que tengan mas
bloqueos y que estos hallan hecho una gran armadura alrededor rígida e
inteligente. Esta armadura se hará resistente y reacia a la apertura o
al desbloqueo. Pero con perseverancia y con un buen número de técnicas
disponibles para usar, podemos ayudar al paciente a liberar parte de
su tensión emocional. Las personas somos muy diferentes y reaccionamos
de manera muy diversa a las circunstancias de la vida. Por ello la
sanación de un paciente se convierte en todo un arte vivo y dinámico.
VAMOS A EQUILIBRAR Y MEJORAR NUESTRO MOVIMIENTO RESPIRATORIO PRIMARIO
Nosotros como terapeutas actuamos mediante el conocimiento, la
técnica, la intención, el amor y la energía, para ayudar al paciente a
devolver su movimiento respiratorio primario en todo el organismo.
Vamos a relajar y encontrar un mejor equilibrio en las membranas
internas del cráneo y de todo el organismo. Con esto conseguiremos
vivir con todas nuestras capacidades internas y encontrar la plenitud
en esta vida y a todos los niveles.
Cualquier dolor o enfermedad puede encontrar una solución a través de
esta terapia. Cualquier trauma psicológico puede ser liberado a través
del tratamiento cráneo-sacral. Estamos actuando en el origen de todos
los problemas físicos y psicológicos. Estamos yendo a la causa de
muchos de nuestros desequilibrios, tanto físicos como psicológicos.
Es muy frecuente que los males de muchas partes de nuestro cuerpo
tengan el origen en todas las tensiones de membranas craneales que
casi todos tenemos. Estas tensiones deforman e impiden el libre
movimiento de flexo-extensión en todos los huesos de la cabeza,
impidiendo nuestro movimiento respiratorio primario.
Sin apenas darnos cuenta vivimos con tensiones internas, en nuestro
cráneo, en la columna vertebral, en el sacro y en la pelvis. Muchas
veces por un nacimiento forzado o por cicatrices, golpes, accidentes o
simplemente por experiencias traumáticas a lo largo de toda nuestra
vida, desde antes del nacimiento hasta ahora, físicas o psicológicas.
El tejido fascial es el que se ve más repercutido e influenciado por
estas circunstancias.
Como todas las fascias están perfectamente unidas por la comunicación
inherente de todo este tejido a nivel fibridal, un golpe en la cabeza
puede ocasionar dolores en el hombro, en el abdomen, en la zona
pélvica o en las rodillas o los pies. Un pequeño trauma psicológico
puede ocasionar un malestar físico.
EL CRANEO COMO CONJUNTO DE ARTICULACIONES.
En nuestras cabezas existen 29 huesos unidos a través de las suturas
craneales, que hacen de articulación y por tanto tienen un ligero
micro-movimiento.
Cada 5 ó 12 segundos se produce un movimiento de expansión y
contracción en nuestra cabeza y en todo el organismo. Esta pulsación
nos mantiene nuestro campo áurico en perfecto estado de salud y vida,
protección y fuerza.
En este trabajo liberaremos todos los huesos del cráneo y permitiremos
que tengan su libre movimiento de flexo-extensión. Las tensiones
internas del cráneo se disolverán, la circulación sanguínea encefálica
mejorará, y todo el sistema nervioso central se oxigenará, creando
una mayor capacidad de autocuración de cualquier malestar físico o
psíquico.
Actuamos como facilitadores para que el propio organismo se reordene y
equilibre.
Con varias sesiones mejoraremos la presión hidrodinámica del líquido
cefalorraquídeo en el cráneo, en todo el cuerpo, mejorando así nuestro
poder homeóstatico y nuestra calidad de vida. De esta manera el cuerpo
tendrá plena capacidad de auto- curación y regeneración.
Por tanto la pulsación del líquido cefalorraquídeo, llamada también
impulso rítmico craneal, sucede en cada hueso y articulación del
cráneo, del sacro, de la pelvis y en todas partes del cuerpo humano.
Escuchar o sintonizar su ritmo, su simetría y su fuerza y así devolver
la correcta pulsación allí donde sea necesario, es el fundamento de
esta terapia.
Ahora podemos ajustar en todo nuestro cuerpo este movimiento
respiratorio primario, su ritmo y simetría, a través de la terapia
cráneo-sacral. Sus beneficios son excelentes para todos los problemas
de salud o personales. En especial todo lo relacionado con la cabeza,
el rostro, el campo aúrico y por supuesto todo lo relacionado con la
psicología.
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TERAPIA CRÁNEO-SACRAL - MANUAL DE APRENDIZAJE
En este manual trataremos de ver y entender todo sobre la terapia
cráneo-sacral. Aunque al principio intenté que fuera un pequeño
manual, según me adentraba en este fascinante mundo del sistema cráneo-
sacral con sus repercusiones anímicas y mentales, empecé a encontrarlo
tan apasionante e intrigante que se me hizo totalmente imposible
resumirlo en pocas líneas.
Estudiando, analizando y entendiendo el sistema fisiológico cráneo-
sacral y sus aspectos psicológicos, me doy cuenta de la amplitud de
este tema.
Me siento fascinado por este proceso de sanación nuevo para mí y que
nunca antes había experimentado.
Aunque esta terapia se parezca en algunos aspectos aislados a la
terapia de polaridad del doctor Randolph Stone o al terapeuta Reiki,
tenemos que decir que en su conjunto la terapia cráneo-sacral no tiene
nada que ver con otras técnicas como las ya expuestas.
En el Reiki el terapeuta pone las manos en el cráneo y permite que la
energía universal entre en el paciente, aquí sin saberlo es muy
probable que se realice un ajuste cráneo sacral, o sea que se esté
haciendo algo de terapia cráneo-sacral, pero sin conocimiento previo.
También es muy posible que se produzca un intercambio de energía con
la energía del campo energético universal cuando el osteópata o el
terapeuta cráneo-sacral coloca sus manos en el paciente.
La terapia de polaridad lleva energías fundamentales de la vida y de
las personas hacia un estado de equilibrio y libre flujo por todo el
campo de energía humano. Basada en los conocimientos de acupuntura,
meridianos de energía y otras técnicas Orientales, sobre los músculos,
esqueleto y todo el cuerpo.
Sin embargo la terapia cráneo-sacral se basa en unos conocimientos de
fisiología articular, fisiopatología de sistemas membranosos,
circulatorios, neurológicos, entre otros para explicar los
movimientos producidos por la bomba hidráulica del líquido
cefalorraquídeo.
Los terapeutas cráneo-sacrales pretendemos que esta bomba hidráulica
funcione correctamente y para ello utilizamos unos toques terapéuticos
suaves que en la mayoría de los casos son a través de nuestra
intención, o sea, sin contacto o presión alguna. Nuestro toque
terapéutico está basado primero en la sensibilidad para escuchar a la
bomba hidráulica del líquido cefalorraquídeo por todo el organismo y
posteriormente, a través de nuestra intencionalidad, regular este
sistema hidráulico.
A lo largo de este libro es probable que para explicar bien cada
manipulación repita los pasos terapéuticos pese a que en la mayoría de
los casos sean los mismos.
Ruego me excusen si creen que me repito en algunos aspectos, pero
considero imprescindible insistir en ciertos datos relevantes.
EL ORIGEN DE LA TERAPIA CRÁNEO SACRAL
El concepto cráneo-sacral tiene su origen en la osteopatía, que nace
en 1874 con Andrew Taylor Still. Poco después, en 1895, el Dr. Palmer
desarrolló el principio quiropráctico. Los quiroprácticos y los
osteópatas han arrojado mucha luz sobre la relación que existe entre
la función, la estructura y el sistema nervioso humano.
Ambas disciplinas terapéuticas postulan que la curación es inherente
al cuerpo y que lo único que el terapeuta puede hacer es contribuir a
que ésta se produzca por medio de manipulaciones que alivien la
tensión acumulada en la columna vertebral y en otras partes del
cuerpo.
Queda claro pues que la salud y la sanación en el ser humano son
acciones inherentes y que nuestro trabajo como terapeutas consiste en
eliminar las tensiones o interferencias que impiden la perfecta
función neurológica entre el cuerpo y el sistema nervioso central
(SNC). De esta manera la energía nerviosa y por tanto los reflejos
vasomotores espinales hacen que los tejidos y órganos reciban más
afluencia de sangre y así se realice la auto-curación.
La terapia cráneo-sacral nos permite atender a la función del sistema
nervioso central (SNC) y observar las distintas pulsaciones producidas
en el cuerpo cuando dicho sistema funciona sin tensiones membranosas y
acompañado de un movimiento óptimo de los huesos craneales. Este
movimiento o respiración óseo-craneal deseado se produce gracias al
pulso constante que el líquido cefalorraquídeo ejerce sobre el cráneo.
El sistema cráneo-sacral es un sistema fundamental en el cuerpo humano
ya que por él pasa casi toda la información nerviosa. Podríamos
asegurar que aquí se encuentran los niveles mental, emocional y
espiritual del ser humano, lo cual resulta de suma importancia.
Esperemos que en un futuro cercano se profundice más en el estudio de
las posibles influencias de los niveles emocionales, sentimentales,
mentales en la salud física y su directa relación con el movimiento
respiratorio primario, o sea con la libre circulación del LCR.
Vamos a aprender a escuchar los ritmos sutiles de nuestro cuerpo.
Estos ritmos naturales del cuerpo son perfectamente calificables y
cuantificables por la ciencia médica actual, incluso el que nos ocupa
que es el ritmo del líquido cefalorraquídeo.
Es muy posible que en la antigüedad conocieran acerca de la
flexibilidad del cráneo, tal vez en el antiguo Egipto, en el Tíbet o
en las antiguas civilizaciones Mayas o Aztecas. Parece que en estas
civilizaciones remotas deformaban sus cráneos cuando eran bebés para
aumentar sus capacidades intelectuales e incluso para fomentar sus
poderes extrasensoriales.
Hoy en día muchos de los grandes maestros espirituales nos hablan de
que las personas más espirituales tienen sus cráneos blandos, tienen
sus suturas abiertas, con mucha flexibilidad en todo su sistema cráneo-
sacral. Ahora sabemos con certeza que la flexibilidad craneal, la
relajación craneal, conlleva la posibilidad de aumentar nuestra
sensibilidad y nuestro poder personal así como mejorar nuestra
inteligencia y sabiduría.
La terapia cráneo-sacral nos brinda la posibilidad de todo esto e
incluso de Ser, sentir y vivir de una manera nueva, sin recuerdos
traumáticos ni emociones destructivas. La posibilidad de vivir el
momento presente independientemente de todos nuestros sentidos,
pensamientos y sentimientos.
Es como re-encontrar el maravilloso placer de vivir, de sentir y de
expresar. Es armonizar y volver al deseable sutil equilibrio entre
nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu.
LAS TERAPIAS MANUALES CONVENCIONALES
Las terapias manuales convencionales tratan el trastorno articular,
muscular, ligamentoso, circulatorio, etc., aplicando una fuerza con
las manos para trabajar la biomecánica del cuerpo ayudándose de la
gravedad, las resistencias, las palancas, manipulaciones o ejercicios.
Estas técnicas siempre tratan el efecto, el trastorno biomecánico,
pero no la causa que lo originó. Sin embargo en la terapia cráneo-
sacral hacemos un viaje que va desde el efecto a las posibles causas.
Las terapias manuales convencionales se han basado en manipulaciones
físicas tales como masajes, palancas articulares, estiramientos,
desbloqueos, etc. que se han caracterizado por sus técnicas de
invasión del cuerpo.
Sin embargo, a partir de ahora, cuando trabajemos con la terapia
cráneo-sacral dejaremos de lado dichas técnicas intrusivas para dar
paso a la delicada escucha de cierto ritmo sutil que ha pasado
inadvertido y que no es otro que el ritmo del líquido cefalorraquídeo.
La calidad de nuestra existencia depende considerablemente de la
calidad y ajuste de este ritmo, por lo tanto el equilibrio y ajuste de
este ritmo será directamente responsable de nuestro bienestar.
Recordemos que éste no es un método invasor y que parte del principio
de que el cuerpo es inteligente y capaz de realizar todas sus
funciones, incluida la de restablecer su estado natural de salud. Por
ello nos acercaremos a este ritmo tratando fundamentalmente de no
entorpecerlo a la vez que le proporcionamos la ayuda que necesita.
Para mejorar nuestra salud y calidad de vida usaremos nuestra humildad
y sentido común, así como nuestro corazón y buen obrar.
Repetimos pues que la terapia cráneo-sacral no es una terapia
intrusiva.
En ocasiones nuestros tratamientos carecen de un enfoque global y nos
limitamos a tratar el dolor, lo cual no es más que un efecto
localizado de un problema mucho mayor que se nos escapa de las manos y
de nuestra comprensión. A veces los síntomas de un paciente se suelen
suceder ininterrumpidamente, sin que podamos frenar ni corregir las
causas de sus males.
Se trata de hacer una medicina más humana, más asequible y más real.
A través de esta terapia trataremos el origen, la fuente del problema
y dejaremos que el cuerpo reaccione y realice su propia e inteligente
curación. Aquí mantendremos una relación entre el cuerpo, la psique y
el alma.
Hay una frase que nos ayudará a entender la filosofía de esta terapia:
"La imaginación es más importante que el conocimiento", como bien dijo
Einstein. Es a través de la imaginación que luego se plasman las
teorías del conocimiento.
Es como hacer un viaje del cerebro derecho hacia el cerebro izquierdo.
Primero se crea la idea en el cerebro derecho, en la imaginación, para
que tras analizarse en el cerebro izquierdo, en la razón, se pueda
materializar.
Se ha demostrado que cualquier hemisferio cerebral puede hacer la
función del otro.
Einstein desarrolló la teoría de la relatividad gracias a un sueño que
tuvo en el que intuía la curvatura del universo.
Al igual que Einstein y su teoría, tarde o temprano alguien podrá
explicar de manera científica esta terapia.
VEAMOS ALGUNOS AXIOMAS DE ESTA TERAPIA:
1: No dañar. No realizar manipulaciones violentas ya sean físicas o
psíquicas. Tratar al paciente con todo el amor posible y con suavidad.
Esto es de lo más fácil en esta terapia, ya que el proceso curativo se
realiza a través de unas manos sensibles y a través de una transmisión
de energía curativa.
2: La homeostasis: El cuerpo siempre busca la salud y el mejoramiento.
El cuerpo tiene la inteligencia innata para curarse, gracias al
sistema nervioso central y periférico. A este proceso se le llama
homeostasis, es decir, la capacidad que tiene nuestro organismo para
re-encontrar su equilibrio después de sufrir una perturbación
cualquiera, ya sea física, mental o bioquímica. Dicho de otro modo la
homeostasis es la fuerza natural que consigue mantener dentro de los
límites fisiológicos normales todos los procesos que tienen lugar en
el organismo.
Hay dos sistemas orgánicos principales encargados de mantener el poder
homeostático en el cuerpo: el sistema nervioso y el endocrino. Más
adelante explicaremos cómo funcionan y reaccionan estos sistemas.
Cuando se produce un corte en la piel, se rompe un hueso o se daña un
órgano, es la inteligencia innata del cuerpo la que nos hace recobrar
la salud. Si este proceso no se realiza significa que el cuerpo no
tiene la suficiente energía para su auto-curación.
El cuerpo tiene una inmensa capacidad de auto-regularse. Realiza
aproximadamente mil millones de reacciones por segundo, entre las
químicas, nerviosas, propioceptivas, receptivas, musculares etc., de
aquí que resulte tan importante no interferir en su ritmo y poder
natural.
Esto nos lleva al concepto de la circulación. La ley de la arteria, de
Taylor Still, el fundador de la osteopatía y primero en exponer esta
ley.
LA LEY DE LA ARTERIA O LIBRE CIRCULACIÓN
Todo en el cuerpo humano está hueco, no hay absolutamente nada
lleno.
Los descubrimientos de la física cuántica sobre las estructuras del
átomo sitúan grandes espacios vacíos entre los átomos y sus partes.
Incluso la materia más densa se compone principalmente de espacio
vacío.
El autor y científico George Meek ha explicado que las porciones
sólidas (masa) del cuerpo se componen de un 75 - 80 % de agua.
Teniendo en cuenta las distancias entre los átomos de esta materia,
resulta que más del 90% del cuerpo corresponde a espacio vacío. Para
ayudar a comprender esto este autor pone el ejemplo de que si un átomo
del cuerpo tuviera el tamaño de una manzana, el siguiente átomo
estaría situado entre 1.000 y 3.000 Km de distancia. De esto se
desprende que la materia orgánica sólida se compone principalmente de
espacio vacío ocupado por campos electromagnéticos.
Si la naturaleza ha dotado de espacios huecos a todos los tejidos,
huesos etc., es porque algo tiene que circular por ese espacio vacío.
Por ejemplo, los nutrientes y la sangre circulan por muchos espacios
huecos. Sabemos que todo lo que circula está vivo y que lo que no
circula se estanca, se pudre y se convierte en patológico. En un
espacio donde no hay oxígeno, se produce un ambiente anaeróbico y todo
tiende a pudrirse antes.
Las aguas superficiales de los ríos o canales que no circulan se
convierten en aguas putrefactas.
Hay que hacer que todo vuelva a la libre circulación.
Lo primero que debe volver a la libre circulación es la sangre, que es
el sistema nutricional, y lo segundo es el líquido del tejido
nervioso, un fluido que junto con la sangre se encuentra por todo el
organismo.
El líquido cefalorraquídeo circula por el interior de las fascias y se
debe procurar que circule libremente por todo el cuerpo.
Cuando hay un estancamiento sanguíneo suceden cambios en la zona
afectada. Lo primero que se modifica es el PH de la sangre que se
manifiesta en un aumento de su acidez y éste a su vez repercute en los
tejidos circundantes haciendo que éstos se corroan y entren en un
proceso degenerativo. Éste es el proceso denominado autólisis, donde
el cuerpo se come a sí mismo.
El mejoramiento del riego sanguíneo mejora el PH de la sangre y por lo
tanto el estado de los tejidos. Lo mismo le pasará a su hermano, el
sistema linfático, que se encarga de recoger los residuos metabólicos
que el sistema sanguíneo no puede, o no llega a recoger.
Con mayor motivo si este sistema linfático se estanca aumenta el PH de
la linfa con la consecuente acidificación y corrosión de los tejidos.
Como estos sistemas son hermanos y van juntos, con seguridad si se
estanca uno se estanca el otro. Todos los problemas de salud se
resumen en que hay algo que no está circulando.
Es ahí donde el masajista inicia su trabajo a través de manipulaciones
para mejorar la libre circulación de los fluidos.
LA RELACIÓN ENTRE TERAPEUTA Y PACIENTE
El terapeuta no cura sino que ayuda a que el cuerpo proceda a su auto-
curación. Es asombrosa la actuación del cuerpo para su regeneración
frente a la pequeña intervención que realiza el terapeuta.
El terapeuta cráneo-sacral hace la función de facilitador de la salud
holística del paciente.
El terapeuta usa su cuerpo, su mente, su espíritu para ayudar al
paciente a restablecer su salud.
Nuestros tratamientos serán más eficaces si utilizamos todo nuestro
potencial como seres humanos con cuerpo, alma y espíritu, hechos a
imagen y semejanza de Dios.
Recordando siempre el carácter no intrusivo de esta terapia,
aplicaremos un contacto suave para obtener una máxima respuesta. Ya no
es cuanto más duro mejor, cuanto más dolor mejor, sino todo lo
contrario.
Otro aspecto importante en este tipo de terapia es que el terapeuta
hace que el paciente se haga responsable de su propio proceso sanador
estableciendo un plan de curación.
El paciente va a sintonizar con su sabiduría interna y con su
inteligencia corporal y el terapeuta mediará únicamente como
facilitador de este proceso. De esta manera el terapeuta intentará
tener un pacto laboral con el paciente, en donde el terapeuta tendrá
unas cláusulas y el paciente otras, y si alguno de sus miembros falla
en el cumplimiento de sus cláusulas el contrato podrá ser clausurado.
Si realizamos un buen tratamiento facilitador, el paciente puede ver
cómo se solucionan sus problemas físicos, emocionales, mentales e
incluso espirituales.
Este tipo de relación entre paciente y terapeuta crea un vínculo de
confianza y amor entre ambos que generalmente conlleva una resolución
de los problemas y sus causas.
En la medicina tradicional occidental el paciente (pasivo) espera del
médico curación.
En la terapia cráneo-sacral se produce un cambio fundamental en el
enfoque de la curación ya que el paciente debe adoptar un papel activo
y comprometido en su propio proceso de auto-curación y acudir al
terapeuta principalmente para pedir orientación y ayuda para realizar
este proceso.
Después de estos tratamientos él paciente ve reforzado su sistema
inmunológico, su estabilidad emocional y mental y en muchos casos
realiza una profundización en su mundo espiritual.
Sin apenas darse cuenta el paciente recupera su equilibrio y salud
mental, se encuentra sutil pero eficazmente mejor, con paz y
seguridad. Esto nos sugiere que esta técnica de curación cráneo-sacral
acerca la ciencia objetiva a la sanación espiritual. Confío en que
en futuros estudios se pueda explicar esta proximidad.
Es fascinante pensar que todo este trabajo se realiza dentro de los
confines de un sistema fisiológico anatómicamente definido: el
movimiento pulsátil del líquido cefalorraquídeo.
Nuestro cuerpo, mente y espíritu están en íntima relación, de aquí que
la verdadera salud deba ser comprendida en términos de globalidad
holística.
Motricidad, sensibilidad y química son los tres pilares de nuestra
salud que encontramos en el tejido sanguíneo y el tejido nervioso, es
decir, donde se regulan el sistema sensorial y sistema motor.
La relación del terapeuta y el paciente cambia.
Con la terapia cráneo-sacral vamos a ser facilitadores, para que con
la mínima expresión posible consigamos los mejores resultados. Nunca
la fuerza tiene que suplir a la técnica. Aquí se da el principio de
"pequeño estímulo, máxima respuesta". Se trata de una terapia no
intrusiva, y sí comprensiva.
Parece que las terapias manuales pasan progresivamente de técnicas más
densas a más sutiles.
Vamos a un punto donde ni el paciente ni el terapeuta sabemos sobre el
dolor, sino que es el propio organismo el que se regula: homeostasis.
EL SISTEMA DE FASCIAS
El conocimiento sobre las fascias es relativamente moderno.
También reciente es el conocimiento de la ciencia anatómica sobre el
movimiento pulsátil de los huesos del cráneo y de la médula espinal,
así como la fluctuación del líquido cefalorraquídeo por el interior de
las meninges.
Taylor Still empezó a hablar del tejido fascial al principio de su
trabajo como osteópata, considerándolo de gran importancia en el
estudio y desarrollo de una lesión osteopática. Decía también que aún
nos quedaba mucho para comprender mínimamente el papel de las fascias.
El hombre está formado por huesos, músculos, nervios, ligamentos,
vasos sanguíneos, etc. y todos estos sistemas están íntimamente
interrelacionados a través del tejido fascial, asegurando así la
cohesión del conjunto y estableciendo un vínculo interno entre todos
sus sistemas por medio de una perfecta red de comunicación electro-
química y neuronal.
El tejido fascial se encuentra por todo el cuerpo, aunque reciba en
anatomía diferentes nombres según dónde se encuentre o la función que
realice. Por ejemplo el tejido aponeurótico, el tejido conjuntivo, las
meninges, las membranas exocraneales e indocraneales, los ligamentos,
los tendones, los músculos, etc. son tejidos fasciales.
DIBUJO DE LOS LIGAMENTOS DEL CORAZON
DIBUJO DE LOS ELEMENTOS QUE CONSTITUYEN LAS FASCIAS
Al tejido conjuntivo rodea y proteje al tejido muscular. El tejido
fascial es una capa ancha de tejido conjuntivo fibroso y el tejido
conjuntivo comparte estructura, forma y componentes similares al
tejido fascial.
El tejido conjuntivo es el más abundante en el cuerpo humano. El
tejido conjuntivo es el órgano de la forma. Este tejido también
llamado fascia, está formado por capas reticulares de tejido que
envuelven todos los componentes de nuestro cuerpo. Cada músculo,
órgano, hueso, nervio, ligamento, etc. tiene o está envuelto por
tejido fascial, todo en menor o mayor medida dispone de capas de
tejido conjuntivo.
Si se quitaran todos los órganos, huesos, músculos, etc. del cuerpo
humano, dejando solamente el tejido fascial, anatómicamente hablando
quedaría un mapa perfecto de dicho cuerpo.
Las fascias son el elemento de subdivisión y clasificación de nuestro
cuerpo, a la vez que informan al sistema nervioso central sobre la
estructura interna de nuestro cuerpo.
Podemos decir que el tejido fascial es el órgano de la forma.
Por ejemplo si introdujéramos una fina aguja por la piel del brazo
hasta el hueso, la aguja pasaría por varias capas de fascias. Primero
atravesaríamos la fascia superficial, justo debajo de la piel, luego
las sucesivas fascias de los músculos, primero su envoltorio, luego el
tejido conjuntivo y al final atravesaríamos la capa conectiva entre el
músculo y el periostio.
Las fascias definen planos y volúmenes dentro de nuestro cuerpo. Entre
sus funciones están la de ayudar al movimiento y deslizamiento de
músculos y de órganos entre sí, la de protegerlos, nutrirlos y servir
de apoyo al sistema nervioso central.
En terapia cráneo-sacral consideramos al tejido conjuntivo como un
tipo de tejido fascial, ya que está constituido por muchos de los
componentes y dispuesto de manera parecida al tejido fascial.
El sistema de fascias, en el que se basa esta terapia, dispone de un
gran poder de almacenaje del trauma físico o psíquico y es el único
sistema capaz de conectar los sistemas mental, emocional, sensorial y
locomotor a través de la memoria y durante las 24 horas del día,
mediante su intrincado sistema de fibras fasciales que sobrepasa
aspectos de espacio y tiempo.
Es decir, uno se puede torcer un tobillo y después de un mes tener un
dolor de mandíbula que el dentista no podrá localizar. En este
aparentemente simple proceso de torcedura del tobillo se ha producido
una compleja reacción en cadena.
A través de este tejido especializado o fascia, dicho golpe será
compensado y el efecto del impacto y el dolor serán re-dirigidos
propagándose como una onda en dirección opuesta.
Hasta ahora las investigaciones anatómicas modernas no han mostrado
mucho interés por las fascias. Los libros y atlas de anatomía muestran
los músculos, órganos, huesos, nervios, etc. al descubierto. Aunque
todos estos órganos sean los mismos en todas las personas puesto que
fisiológica y morfológicamente apenas existen diferencias entre dos
cuerpos, lo que sí varía de un cuerpo a otro es el estado del tejido
fascial de cada órgano, de cada parte del cuerpo.
Recordemos que las fascias conforman la estructura y la forma del
cuerpo humano que a su vez no es más que un reflejo de ciertos
patrones básicos y circunstanciales adoptados.
Estos patrones estructurales tienen una larga historia, los adoptamos
en la infancia, en la pubertad o incluso en el nacimiento.
Todos los patrones físicos están sometidos a un proceso de formación a
lo largo de la vida humana. Las influencias internas y externas
determinan nuestra apariencia corporal. Lo que hemos vivido, las
experiencias emocionales que hemos experimentado, las circunstancias
traumáticas que hemos pasado, según cómo lo hemos experimentado o
vivido en nuestro Ser y cómo hemos permitido que repercuta en nuestra
morfología, determinará en gran medida nuestra estructura corporal.
Todos estos aspectos psicológicos y/o energéticos repercuten muy
directamente en el tejido fascial.
Si entendemos la vida como una secuencia de reencarnaciones, podemos
entender también cómo desde nuestro nacimiento tenemos ya rasgos muy
particulares sobre nuestra morfología. Podemos decir que la morfología
corporal crea aspectos psicológicos y que éstos a su vez crean nuestra
estructura corporal. Al nacer venimos con deformaciones de la columna
o rasgos morfológicos propios de cada uno, desde el nacimiento y es
muy probable que traigamos estos defectos de otras vidas , ya que las
fascias van mas allá del tiempo y del espacio.
Podemos decir también que a los 15 años tenemos el cuerpo con el que
hemos nacido y a los 30 años tenemos el cuerpo que nos hemos hecho.
Cuando hablamos de cuerpo estamos refiriéndonos a su forma exterior e
interior.
En biología el tejido fascial está considerado entre la morfología y
la fisiología. La morfología se encarga de sistematizar, clasificar o
distinguir el cuerpo humano. La fisiología se ocupa de los procesos
del cuerpo viviente, cómo funciona y qué actividades realiza.
Esta ciencia todavía no tiene claro qué alcance y qué función realiza
el sistema fascial en los procesos del organismo. Sin embargo antes o
después la ciencia descubrirá la gran importancia del tejido
conjuntivo o fascial para la formación y mantenimiento de la vida.
Podemos asegurar que el tejido fascial tiene un papel muy importante
en el control del crecimiento del organismo, así como su mantenimiento
y relación con el sistema nervioso central.
Repetimos pues que lo que fundamentalmente establece las diferencias
entre un cuerpo y otro son las fascias
LA FASCIA SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA
Se puede decir que las fascias se encuentran en todo el cuerpo.
Podemos diferenciarlas en dos capas de fascias principalmente: la
fascia superficial y la profunda.
Estos dos componentes corporales tan importantes en este trabajo
cráneo-sacral son los que se encargan de la interacción entre las
tensiones locales y el conjunto de la compleja forma corporal.
Iremos observando y comprendiendo las sorprendentes conexiones
existentes entre el tejido fascial y todo nuestro cuerpo físico e
incluso nuestra estructura emocional y mental.
LA FASCIA SUPERFICIAL: La fascia superficial es un sistema fibroso que
envuelve todo el cuerpo por debajo de la piel, permitiendo la
transmisión de tensiones a través de distintas partes del cuerpo sin
que puedan ser descritas u observadas mediante un análisis de los
elementos anatómicos. Se encuentra unida a la cara inferior de la piel
y es un tejido fibro-elástico, tejido conjuntivo areolar y tejido
adiposo de confección holgada. Aquí encontramos grasas y estructuras
vasculares (incluyendo redes capilares y canales linfáticos) y
estructuras nerviosas, en especial los corpúsculos de Paccini, que nos
sirven de receptores cutáneos.
La piel puede desplazarse en todas las direcciones sobre las
estructuras más profundas gracias al holgado diseño de la fascia
superficial. Aquí hay espacio potencial para la acumulación de
fluidos. Gran parte de la grasa de las personas con sobrepeso se
almacena en esta fascia superficial.
Esta fascia cumple cuatro importantes funciones:
- Aquí se almacena agua y grasa.
- Protege frente a la perdida de calor, es aislante.
- Proporciona protección mecánica frente a los traumatismos.
- Constituye un camino por donde los nervios y vasos sanguíneos entran
y salen de los músculos.
Las anormalidades palpatorias de la textura tisular no son más que el
resultado de cambios en la fascia superficial. Esta fascia superficial
nos envuelve como una película y puede tener un grosor diferente según
el sitio donde se encuentre.
LA FASCIA PROFUNDA: En un nivel más profundo nos encontramos con que
las fascias envuelven y separan los huesos, los músculos, rodean y
aíslan las vísceras y contribuyen de manera importante a la forma y
función del cuerpo. Podemos llamar a estas fascias profundas, fascias
individuales de tejido conjuntivo denso e irregular.
Esta fascia profunda mantiene a los músculos unidos separándolos en
músculos funcionales. Esta fascia permite que los músculos se muevan
libremente.
La capa más externa que rodea a cada uno de los músculos es el
epimisio. El perimisio rodea a los haces musculares compuestas por 10
o mas de 100 fibras musculares. Penetrando a cada fascículo y
separando cada una de la fibras musculares de las demás se encuentra
el endomisio.
El epimisio, el perimisio y el endomisio se continúan y proporcionan
fibras de colágeno comunes al tejido conjuntivo, que une los músculos
a otras estructuras, como los huesos u otros músculos. Estos tres
elementos se pueden unir y extender mas allá de fibras musculares
formando un tendón, una cuerda de tejido conjuntivo denso que une los
músculos al periostio del hueso. Algunos tendones disponen de una
vaina tendinosa que permite que entre ellos se deslice con mayor
facilidad. Cuando los elementos del tejido conjuntivo forman una capa
ancha y plana el tendón recibe el nombre de aponeurosis. Esta
estructura tambien se une al hueso, a los músculos o a la piel. Un
ejemplo de aponeurosis es la epicraneal en la parte superior del
cráneo.
El peritoneo, el pericardio y la pleura, son elementos especializados
de las fascias profundas. Todos los órganos internos están envueltos
en un tejido fascial que les protege y les da forma y sustentación.
Esta fascia individual casi nunca termina exactamente donde el músculo
o el órgano tiene su inserción o su origen, sino que en la mayoría de
los casos continúa en otras fascias de otros músculos u otros órganos
u otras partes del cuerpo. Este dato es muy relevante para la terapia
cráneo-sacral.
Por eso los terapeutas de cráneo-sacral sabemos que liberando el
movimiento respiratorio primario en una parte del cuerpo estamos
ayudando y mejorando toda la función y estructura corporal.
Las fascias realizan la tarea de conectar, unir, vincular, separar,
nutrir, soportar y deslizar. Sin embargo el papel prioritario de las
fascias es el de conectador: recogen la información de un tejido y la
envían a otro, además de establecer conexiones con el sistema
sensorial, emocional y mental.
Otras de las principales funciones de las fascias son las de proteger
y sostener.
Parece claro que todos los órganos internos están sostenidos por un
tipo de tejido fascial (ligamentos) que evitan que estos órganos
caigan y se descuelguen por el efecto de la gravedad. Recordemos que
los ligamentos son fascias.
Las fascias dan soporte a los vasos sanguíneos y nervios de todo el
cuerpo, hacen posible que tejidos adyacentes se muevan y rocen entre
sí proporcionándoles estabilidad y contorno, y además es por el
interior de este tejido donde circula el líquido cefalorraquídeo.
Todos los órganos y vísceras tienen su forma determinada de la energía
chi. Las fascias son acumuladores y distribuidores de la energía
vital.
La buena circulación de la energía chi por las fascias significa una
buena simulación en todo el cuerpo. Las fascias sanas son sinónimo de
energía beneficiosa, de flexibilidad e integridad estructural. Las
fascias sanas parecen planchas tirantes de material delgado y
resistente que ofrecen escudo protector flexible.