Jauretche

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Aug 3, 2007, 11:27:44 AM8/3/07
to Políticas en la UBA

Arturo Martín Jauretche (Lincoln, provincia de Buenos Aires, 13 de
noviembre de 1901 - Buenos Aires, 25 de mayo de 1974) fue un pensador,
escritor y político argentino.

Tabla de contenidos [ocultar]
1 Juventud
2 FORJA
3 El gobierno de Perón
4 La oposición a Aramburu y el exilio
5 Jauretche y el revisionismo
6 Jauretche escritor
7 Obras
8 Enlaces externos

Juventud [editar]Después de pasar su niñez y adolescencia en Lincoln
se trasladó a Buenos Aires. Simpatizó con el nuevo modelo de
integración social promovido por la Unión Cívica Radical, afiliándose
al partido en el bando de Hipólito Yrigoyen, los llamados radicales
personalistas; fue importante en ello la influencia del poeta y
compositor Homero Manzi, que veía en ello una nueva y beneficiosa
política de inserción de las clases trabajadoras, con las que el
origen rural de Jauretche le hacía simpatizar.

En 1928, cuando Yrigoyen asumió su segundo mandato tras el interludio
del gobierno de Marcelo T. de Alvear, fue nombrado funcionario, aunque
sólo brevemente; dos años más tarde, el ejército promovería el primer
golpe de estado de la época constitucional en Argentina, dando inicio
a la llamada Década Infame. Jauretche combatió con las armas a los
insurrectos, y luego desarrolló una intensa actividad política contra
éstos. En 1933, en Corrientes, tomó parte en el alzamiento de los
coroneles Francisco Bosch y Gregorio Pomar, que ya habían participado
de la revolución del 6 de septiembre de 1930.

Tras la derrota del alzamiento, Jauretche fue encarcelado; en prisión
escribiría su versión de los episodios en forma de poema gauchesco, al
que tituló El Paso de los Libres. La publicaría en 1934 con prólogo de
Jorge Luis Borges, de quien sin embargo lo separarían cada vez más
marcadamente cuestiones de política social y cultural.


FORJA [editar]El conflicto de Jauretche con la línea dirigente del
radicalismo, encabezada por Alvear, no tardó en radicalizarse; cuando
este último decidió en 1934 levantar la decisión de no presentarse a
elecciones para mostrar el desacuerdo del partido con el régimen
imperante, un importante grupo de la izquierda radical decidió formar
una agrupación disidente. Junto con Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel
del Mazo, Manuel Ortíz Pereyra y otros fundó FORJA (acrónimo de Fuerza
de Orientación Radical de la Joven Argentina), que desarrollaría los
lineamientos del nacionalismo democrático, opuesto a la vez al
nacionalismo conservador de los sectores reaccionarios y a la política
liberalizadora del gobierno de Agustín P. Justo. Marginados de la
esfera política partidaria, los actos de FORJA se realizaron sobre
todo a través de manifestaciones callejeras y publicaciones de edición
propia (los conocidos como Cuadernos de FORJA).

En ellos criticaban las medidas del gobierno, a partir del pacto Roca-
Runciman, y argumentaban que el Banco Central había sido fundado para
que los hombres de la finanzas ingleses controlaran el sistema
monetario y financiero argentino, que se había conformado la
Corporación del Transporte para que los ferrocarriles británicos no
tuvieran competencia, que no convenía la ruptura de relaciones con la
Unión Soviética, pues esta podía significar un importante comprador de
los productos agropecuarios argentinos. Con respecto a la política
interior, aducían que el gobierno de Justo intervenía las provincias
donde ganaban partidos opositores al gobierno, y que el salario y la
desocupación habían empeorado. Uno de sus principios incondicionales
era el mantenimiento de la neutralidad argentina ante la próxima
Segunda Guerra Mundial, siendo el único partido que lo apoyaba.

Hacia 1940 Jauretche rompió con Dellepiane y del Mazo, que se
reincorporaron a la línea oficial de la UCR. FORJA se radicalizó así,
dando lugar a elementos más nacionalistas. Raúl Scalabrini Ortiz,
siempre próximo al ideario del movimiento, se afilió a él, formando
junto con Jauretche la dupla dirigente. Se apartaría nuevamente hacia
1943, dejando a Jauretche en solitario al frente. Su oposición al
gobierno de Ramón Castillo fue vehemente; aunque se mostró escéptico
ante las intenciones de los militares que lo derrocaran, su firme
posición de neutralidad frente a la Segunda Guerra Mundial hizo que
saludara al gobierno de Pedro Pablo Ramírez con simpatía, y cuando el
Grupo de Oficiales Unidos derrocó a Ramírez a su vez por romper con el
Eje Roma-Berlín-Tokio, se mostró próximo al ascendente coronel Juan
Domingo Perón.


El gobierno de Perón [editar]Aunque siempre crítico, adhirió al
peronismo desde el 17 de octubre de 1945. Apoyado por Domingo
Mercante, gobernador de la provincia de Buenos Aires, y próximo al
programa económico de Miguel Miranda, que promovía un proyecto de
industrialización acelerada fomentado por el estado, con la idea de
emplear los excelentes réditos del modelo agroexportador durante la
coyuntura de la guerra en Europa para transformar el perfil productivo
del país, fue nombrado presidente del Banco de la Provincia de Buenos
Aires en 1946, cargo que ocuparía hasta 1951.

En ese cargo, desarrolló una política crediticia generosa con los
proyectos de industrialización. Cuando el enfrentamiento de Mercante
con Perón, por la posición relativamente inflexible de este último con
la oposición, culminó en la caída en desgracia del primero, Jauretche
abandonó el cargo y se retiró a la vida privada.


La oposición a Aramburu y el exilio [editar]No volvería a aparecer
públicamente hasta que en 1955 la Revolución Libertadora derrocara a
Perón; exento en un primer momento de las persecuciones políticas por
haber estado apartado del gobierno en los últimos años, fundó el
periódico El Líder y el semanario El '45 para defender lo que
consideraba los 10 años de gobierno popular, criticando duramente la
acción política, económica y social del régimen de facto. En 1956
publicaría el ensayo El Plan Prebisch: retorno al coloniaje, refutando
el informe que Raúl Prebisch, secretario de la Comisión Económica de
América Latina, había escrito a pedido del régimen de Pedro Eugenio
Aramburu. La dureza de su oposición le valdría la persecución política
y el exilio en Montevideo.

Desde el extranjero publicaría en 1957 Los profetas del odio, un
polémico estudio sobre las relaciones de clase en Argentina a partir
del ascenso del peronismo. En ella criticaba varias aproximaciones a
la historia política argentina que gozaban de considerable
ascendiente, en especial la de Ezequiel Martínez Estrada. Estrada,
autor de análisis bio-sociológicos en su premiada Radiografía de la
pampa de la década del '30 -que, en la línea del Facundo sarmientino,
sugería que la geografía argentina imponía a sus habitantes una vida
inconexa con el flujo histórico-, había publicado con el título de
¿Qué es esto? un análisis demoledor del peronismo, en el que
calificaba a Perón de encantador de serpientes, y sostenía que el
modelo político del peronismo había instigado las "bajas pasiones
populares", la venalidad y la "pornocracia". Jaureteche interpretó
estas alusiones como expresiones de los prejuicios de la clase media
intelectual, irritada por la irrupción de actores novedosos en un
ambiente político que había sido exclusivo de la burguesía desde la
generación del '80; aunque los intereses materiales de esta clase
estuviesen ligados al desarrollo de una densa capa de consumidores,
sus hábitos le imponían una espontánea reticencia -casi racista; la
asimilación de la tilinguería con el racismo es explícita en su obra-
hacia los hábitos de las clases populares, una "miopía" que Jauretche
criticaría reiteradamente en sus sucesivas obras. También contra la
representación que la clase media se hacía de la organización
peronista como motivada por el "resentimiento" contra los más
pudientes se quejaba en una amistosa carta al científico y escritor
Ernesto Sábato, en la que afirmaba

Lo que movilizó las masas hacia Perón no fue el resentimiento, fue la
esperanza. Recuerde usted aquellas multitudes de octubre del '45,
dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y
cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en la Plaza de Mayo, provocando
la indignación de la señora de Oyuela, rodeada de artefactos
sanitarios. Recuerde esas multitudes, aún en circunstancias trágicas y
las recordará siempre cantando en coro -cosa absolutamente inusitada
entre nosotros- y tan cantores todavía, que les han tenido que
prohibir el canto por decreto-ley. No eran resentidos. Eran criollos
alegres porque podían tirar las alpargatas para comprar zapatos y
hasta libros, discos fonográficos, veranear, concurrir a los
restaurantes, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a
formas de vida "occidentales" que hasta entonces les habían sido
negadas.


Jauretche, Los profetas del odio
La propuesta de Jauretche era de integración, en la medida en que los
intereses comunes de burguesía y proletariado están en el desarrollo
de una sólida economía nacional. Esta posición, difícil de reconciliar
con el populismo peronista, le granjeó a la vez la enemistad de los
liberales y la de la dirigencia del justicialismo; el mismo Perón lo
detestaba con cordialidad. En Los profetas del odio esbozaría por
primera vez su representación de lo que entendía como la principal
oposición al desarrollo nacional, la intelligentsia liberal y
cosmopolita, que fascinada con la cultura europea intentaría aplicarla
acríticamente a la situación argentina, sin ser consciente de las
diferencias históricas y de las distintas posiciones en la
articulación internacional de la economía que los continentes ocupan.


Jauretche y el revisionismo [editar]El naciente revisionismo
histórico se aliaría en la obra de Jauretche con su interpretación de
la realidad contemporánea. Aunque autores revisionistas venían
propugnando una reinterpretación de la historia argentina -criticando
la visión canónica, consagrada sobre todo por Bartolomé Mitre y
Sarmiento, que había representado el desarrollo nacional en términos
de la oposición entre civilización y barbarie- ya desde la década del
'30, no sería hasta que la Revolución Libertadora identificara
explícitamente a Perón con Juan Manuel de Rosas que la misma
comenzaría a cobrar fuerza. Así como los partidarios de Aramburu
habían identificado el golpe contra Perón como "un nuevo Caseros", los
historiadores revisionistas recogerían el guante, pero viendo en
Caseros el comienzo de un fracaso histórico, que el gobierno de Rosas
habría mantenido a raya sintetizando en la medida de lo posible los
intereses de las distintas clases:

La Línea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las
analogías que establecen entre el pasado y el presente la comprensión
histórica (...) ¡Flor de revisionistas estos Libertadores! Así bastó
que nos demostrasen que esto era el nuevo Caseros, para que mis
paisanos se dieran cuenta, una vez por todas, de lo que fue el otro. Y
una dosis un poco masiva de cipayismo para que mis paisanos se
anoticiaran definitivamente de lo que significaron las tropas
brasileñas desfilando a la vanguardia -más visibles pero menos
ruidosas que las espoletas- del otro ejército libertador.


Jauretche, Aprendamos a leer los diarios
La obra de Jauretche -y la intelectualidad forjista en general- fue
uno de los ejes claves para la transformación del revisionismo
histórico, que de aliarse con el nacionalismo de cuño aristocrático y
criollista en las décadas precedentes -cuando la identidad nacional se
construía en la oposición simultánea al capital británico y a la
inmigración europea, repudiada por la base liberal de la política que
le había abierto las puertas del país- pasó a repensarse como
expresión de lo popular en sentido amplio, integrando las protestas
del movimiento obrero a la tradición montonera. En el gobierno de
Perón consideraciones pragmáticas habían detenido el replanteo,
preconizado por José María Rosa y otros precursores; caído éste, la
politización de la interpretación histórica se haría patente,
siguiendo el curso marcado por la profunda radicalización política y
cultural de la época.

En 1959 Jauretche publicó Política Nacional y Revisionismo Histórico,
donde elaboró su propia posición en el seno de una corriente
revisionista profundamente dividida, tanto con respecto a su relación
con las bases que lo habían hecho posible en las décadas precedentes
como con respecto a las cuestiones propiamente históricas. En esa obra
hacía una balance relativamente generoso de la figura de Rosas, a la
que consideraba la "síntesis posible" de la situación de la época, y
relativamente crítico de los caudillos federales del interior; con
ello marcaba su diferencia con la postura de Jorge Abelardo Ramos,
Rodolfo Puiggrós o Rodolfo Ortega Peña, que expresaban a la vez una
crítica del rosismo -entendido como una versión atenuada del
centralismo del puerto- y un fuerte temor a la raigambre atávica del
nacionalismo tradicionalista, en el que veían no pocos rasgos del
fascismo. En la división entre revisionistas y críticos del
revisionismo, que en buena medida fue transversal a la de izquierda y
derecha, Jauretche adoptó decididamente la primera vertiente.

Mientras tanto, y abogando por cualquier medio que permitiera
interrumpir la continuidad de la Revolución Libertadora, rompió una
vez más con Perón al abogar por el voto a Arturo Frondizi, mientras
que el peronismo hacía suyo oficialmente el tradicional programa de
protesta de la UCR, la abstención electoral. Durante la presidencia de
Frondizi fue, sin embargo, sumamente crítico con su progreama
desarrollista y con su impulso a la inversión extranjera,
especialmente en materia petrolífera. En 1961 se postuló a senador
nacional, en una reñida elección en la que varios candidatos se
dividieron los votos del peronismo, consagrándose finalmente el
socialista Alfredo Palacios.


Jauretche escritor [editar]El agotamiento de sus posibilidades
políticas indujo a Jaureteche a retomar la pluma; en la década del '60
publicaría con frecuencia e intensidad, tanto en revistas y periódicos
como en volúmenes de ensayo que resultarán grandes éxitos de público.
En 1962 apareció Forja y la Década Infame, dos años más tarde Filo,
contrafilo y punta, y en 1966 El medio pelo en la sociedad argentina,
una punzante interpelación a la clase media que tiene inmediata
repercusión. Su afinidad con la CGT de los Argentinos lo lleva a
sumarse a la Comisión de Afirmación Nacional de la Central.


Obras [editar]1934: El Paso de los Libres. Edición prologada por
Jorge Luis Borges. Una segunda edición en 1960 llevará el prólogo de
Jorge Abelardo Ramos.
1956: El Plan Prebisch: retorno al coloniaje.
1957: Los profetas del Odio y la Yapa.
1958: Ejército y Política.
1959: Política Nacional y Revisionismo Histórico.
1960: Prosas de Hacha y Tiza.
1962: Forja y la Década Infame.
1964: Filo, Contrafilo y Punta.
1966: El Medio Pelo en la Sociedad Argentina.
1968: Manual de Zonceras Argentinas.
1969: Mano a Mano entre Nosotros.

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