Exactamente. Es una analogía perfecta. Lo que hizo
José Francisco de San Martín en Mendoza es considerado por muchos como el antecedente histórico (y mucho más astuto) del
Juicio de París, pero con un objetivo patriótico y proteccionista.
La anécdota, que suele relatar el historiador Felipe Pigna, sucedió mientras San Martín era Gobernador Intendente de Cuyo (1814-1816).
La "Trampa" del General
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El Escenario: Durante una cena con sus oficiales y amigos de la élite mendocina (quienes despreciaban el vino local y solo elogiaban los importados de España), San Martín decidió darles una lección.
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El Cambio de Etiquetas: Presentó dos botellas: una con etiqueta de
vino de Málaga (muy caro y prestigioso) y otra con etiqueta de
vino de Mendoza. En realidad, había intercambiado el contenido: el vino mendocino estaba en la botella española y viceversa.
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La Certificación: Para que no quedaran dudas de su "honestidad", San Martín hizo que un
escribano labrara un acta certificando el cambio antes de la cena, la cual mantuvo guardada hasta el final del experimento.
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El Resultado: Sus invitados llenaron de elogios al vino que creían español, criticando la "aspereza" y "juventud" del supuesto vino mendocino. Cuando el General reveló la verdad y mostró el acta del
escribano, los comensales quedaron en evidencia por sus prejuicios.
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El Objetivo Político
A diferencia del Juicio de París, que fue un evento comercial, San Martín buscaba
defender la industria local. Poco después de esta lección, implementó medidas de estímulo a la producción local, como impuestos
a los vinos que no fueran de Cuyo, para fomentar la producción nacional y financiar el Cruce de los Andes.