Villa Paz etnoeducadora y anfitriona de África en la Escuela 2014
Elizabeth Castillo Guzmán
Centro de Memorias Étnicas, Noviembre 6 de 2014
El norte del Cauca y el sur del Valle constituye una región culturalmente muy importante, pues allí se asentaron desde finales del siglo XIX, poblaciones negras que fundaron en las riberas del Cauca una forma de existencia que ha resistido a más de un embate, incluido más de un siglo de monocultivo de caña de azúcar. En medio de las estribaciones que delimitan el camino entre Buenos Aires y Jamundí, se levanta Villa Paz, una comunidad afrocolombiana en la cual han sucedido cosas extraordinarias y que en pleno siglo XXI representa un ejemplo del buen vivir.
A pesar de ser parte de la geografía que administra el departamento del Valle del Cauca, Villa Paz es un corregimiento que hasta hace muy poco no contaba con vías adecuadas, a no ser las que transitan los trenes de sus vecinos los cañicultores, y para finales de los años setenta no contaba con un colegio para sus niños y jóvenes. Quienes podían estudiar debían caminar cerca de 7 kilómetros diarios de ida y venida para asistir a las clases en el colegio de Robles, el único que por ese entonces estaba cercano. La dureza del invierno y del verano hicieron del bachillerato un acto heroico que muy pocos lograban culminar, pues con el paso del tiempo la motivación personal menguaba y el sueño de obtener un título, se diluía con los sufrimientos cotidianos de dos horas de camino que culminaban con una formación en la que se castigaba a quien llegaba sudoroso y lleno de polvo. Las adversidades a veces se convierten en fuentes de inspiración y fueron los primeros bachilleres quienes se plantearon la creación de un colegio en Villa Paz, pero que fuera distinto a los otros. Así que con ayuda de los líderes y las mujeres empezó a funcionar en 1982 el colegio comunitario Luis Carlos Valencia, cuyo nombre rinde tributo al fundador de la primera escuela que tuvo esta comunidad. El colegio nació pobre de infraestructura pero rico en pedagogía, y por esa razón sus tres largas décadas de existencia se cosechan en cada calle del pueblo, en cada casa y en cada álbum de familia donde se recuerda que mucho de lo bueno que existe en materia cultural, económica y social proviene de algún egresado o algún docente. Villa Paz es una de las primeras experiencias de etnoeducación afrocolombiana reconocida a nivel nacional por sus importantes aportes y enseñanzas, pero sobre todo por la tenacidad de sus gestores quienes supieron que una educación desde la comunidad es la mejor manera de enfrentar los graves problemas de exclusión y falta de oportunidades. En este trasegar de Villa Paz convergen las ideas antiguas y contemporáneas de quienes ven en la educación una oportunidad para fortalecer lo propio a la vez que se aprende lo que viene del mundo de afuera.
Villa Paz es un territorio etnoeducador y por ello fue la sede del octavo encuentro nacional “África en la Escuela” que se realizó el pasado 30 y 31 de octubre del 2014 con la participación de maestros, etnoeducadoras y colectivos docentes de Bogotá, Medellín, Valle del Cauca y Cauca. Esta vez el evento tuvo una versión comunitaria en la cual se revivió la memoria territorial y cultural de una población que a pesar de estar tan cercana a la gran ciudad, ha logrado mantener vigente mucha de su ancestralidad.
“África en la Escuela” recorre el país juntando docentes que hacen etnoeducación y cátedra de estudios afrocolombianos para lograr una educación más cercana a lo que somos, y una escuela sin racismo. La versión 2014 fue una memorable lección de vida en la cual Villa Paz nos enseñó el valor de educar desde la comunidad.
Ocho años de ires y venires han convertido a “África en la Escuela” en un espacio pedagógico majestuoso que en su paso por Bogotá, Medellín y ahora Jamundí, ha reunido a más de 600 maestros de todas las regiones, para contar y mostrar lo que se puede hacer desde el aula a la hora de asumir que África representa un campo del saber escolar al cual las niñas y los niños tienen derecho, sin excepción racial, étnica y/o cultural.
Desde el 2007 un equipo de docentes e investigadores liderados por María Isabel Mena, junto con la Red Elegguá, la Corporación Carabantú y el Centro de Memorias Étnicas, han mostrado la trascendencia de la pedagogía y la escuela cuando afrontan los debates sobre las prácticas de racismo y la construcción de alternativas para dicho fenómeno.
Poetas, artistas, investigadores, docemtes, etnoeducadores, historiadores y pedagógos han hecho posible que los debates de “África en la Escuela” se conviertan en una voz colectiva que polemiza y propone un quehacer reparador y dignificador de la afrodescendencia en Colombia.
Este año juntamos a la maestra Mary Grueso Romero con las niñas y los niños del Colegio Luis Carlos Valencia para promover un taller de Muñecas Negras como parte de los procesos de identificación y valoración positiva de las corporalidades y estéticas afro. Con el apoyo de un grupo de adolescentes y cuatro modistas de Villa Paz con su costura amorosa, se confeccionaron los trajes de las recién nacidas de tela, que luego serán bautizadas como manda la tradición.
Las
historiadoras María Cristina Navarrete y María Isabel Mena; la fundadora de
Casita de Niños, Sor Inés Larrahondo; el fundador de la Casa del Niño, Ary
Aragón; la profesora Constanza Bonilla del Centro de Memorias Étnicas, los
profesores Jose Fidel Mosquera, María
Stella Escobar y Stella Serna de la Red Elegguá de Bogotá, la docente Letty
Fernández y todo el equipo docente del
colegio Luis Carlos Valencia, nutrieron con sus aportes los tres paneles que
tuvieron lugar durante dos días de trabajo.
La exposición compartida por la institución educativa Valentín Carabalí de la comunidad de La Balsa de Buenos Aires Cauca, fue un valioso esfuerzo del profesor Temis Díaz y sus compañeras de Casita de Niños.
La Sala Conmemorativa CUITO Cuanavane en homenaje a Manuel Zapata Olivella -quien cumple 20 años de fallecimiento- fue un esfuerzo coordinado por Ramón Emilia Perea y Elizabeth Castillo, para que la comunidad educativa y los más pequeños disfrutaran de literatura y cine infantil con enfoque afrodescendiente.
Pero indudablemente el mayor acontecimiento del VIII “África en la Escuela” fue el recorrido por la historia y la cultura de Villa Paz que se materializó en las estaciones de la memoria en las cuales las voces de los mayores, los recuerdos puestos en viejos objetos y artefactos de la vida cotidiana, las imágenes del ayer, los colores de las comparsas, la música local de fiestas y jolgorios como el del 28 de diciembre, y la impactante participación de las familias de la comunidad, revivieron un sentido profundo de celebración de la diáspora africana en el sur del Valle. Un trabajo descomunal estaba detrás de cada casa adaptada para contar un evento, de cada narración de los episodios del pasado, de carteles hechos para recordar nombres, lugares y fechas de la historia local de Villa Paz. Los testigos del tiempo estaban allí, esperando en las esquinas y en los andenes, para rememorar hechos de los cuales se sienten orgullosos, pues son fruto de su valor, de su inteligencia y de su sensibilidad.
Nunca antes “África en la Escuela” había sido comunitaria y ancestral como este año. Es un privilegio que bien vale la pena compartir con quienes durante tantos años han forjado la etnoeducación afrocolombiana desde la vida cotidiana de las comunidades.
En estos tiempos en que se dice que la etnoeducación afrocolombiana pasa por un difícil momento, el evento de Villa Paz aparece como una esperanza para retomar los viejos caminos de los que hablaba Jorge García hace unos años, con su propuesta de educar para el reencuentro.
Gracias
a Villa Paz, a sus líderes, a sus modistas, a sus mayoras, a las profesoras y los
profesores, a su ejemplar comunidad educativa, a la rectora del colegio Luis Carlos Valencia, a Selly, Heyner, Prisicila, Jacibe, Obirne por
acogernos y darnos tanto de su saber en estos tres días, por enseñarnos "casa adentro".
Gracias por darle a esta VIII versión de “África en la Escuela” una dosis de comunidad y territorio que la fortalece nuestro andar y renueva las apuestas.
Fotos adjuntas de Letty Fernández y Elizabeth Castillo




