Caos Y Orden En El Sistema-mundo Moderno Pdf Gratis

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Mina Meiss

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Aug 5, 2024, 9:41:10 AM8/5/24
to pesalmicon
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Los pedidos que recibamos desde EL 26 DE JULIO hasta la vuelta de vacaciones EL 2 DE SEPTIEMBRE, sern atendidos por orden de llegada EN SEPTIEMBRE. Las libreras estarn cerradas desde el 29 de julio, volvemos el 2 de septiembre.


Esta obra analiza la actual crisis de acumulacin y la concomitante explosin financiera de las ltimas dcadas como procesos recurrentes de la economa-mundo capitalista considerada como unidad histrica plurisecular (siglos XV-XX) y como red de dinmicas econmicas, polticas y sociales dotadas de proyeccin mundial. Para ello se efecta un anlisis del capitalismo considerando este sistema econmico, social y poltico como una unidad histrica dotada de coherencia interna desde sus orgenes (siglo XV) hasta la actualidad (coordinada temporal) y como un modelo de acumulacin y estructuracin poltica y social, cuya lgica es posible descubrir nicamente analizando la globalidad del proceso de crecimiento y expansin econmico e interestatal a nivel mundial (coordenada espacial). El libro de Giovanni Arrighi constituye la referencia fundamental de la reciente historiografa internacional sobre el capitalismo en general y sobre la actual crisis econmica en particular.


Giovanni Arrighi (1937, Miln - 2009 Baltimore) fue un economista y socilogo italiano especializado en economa poltica, considerado uno de los mximos representantes de las teoras de los ciclos econmicos.

Doctorado en Economa por la Universidad de Miln, fue profesor de Sociologa en la Johns Hopkins University, Baltimore. Autor de "La geometra del imperialismo" (1977), "El largo siglo XX" (1994), "Caos y orden en el sistema-mundo moderno" (1999) [con Beverly J. Silver] y editor de "The Resurgence of East Asia. 500, 150 and 50 Year Perspectives" (2003) as como de innumerables artculos sobre las dinmicas de la economa-mundo capitalista, el desarrollo desigual y el comportamiento de los movimientos antisistmicos en la modernidad.

Diagnosticado de un cncer en julio de 2008, falleci el 18 de junio de 2009 en Baltimore, Estados Unidos.


Profesora de Sociologa en la Johns Hopkins University de Baltimore, es coautora (con Giovanni Arrighi) de "Caos y orden en el sistema-mundo moderno" (1999). Ha recibido en dos ocasiones el Distinguished Publication Award de la seccin Political Economy of the World System de la American Sociological Association.


El cisma geopoltico que se ha de definir en Venezuela es indito y merece una resignificacin del concepto de coyuntura. Si la coyuntura tiene importancia analtica es porque sta viene a ser el modo cmo la historia hace del tiempo poltico acontecimiento. Pero un acontecimiento es slo posible si el tiempo deja atrs su inercia cronolgica y se produce experiencia histrica, es decir, se hace historia. Esto es lo que se denomina tiempo mesinico, porque ste literalmente acontece cuando el presente deja de ser simple presente y se constituye en receptor de memoria histrica, es decir, cuando el presente se hace coyuntura poltica. Entonces, la importancia de la coyuntura radica, ms que en su escenografa poltica, en el cmo la historia comparece y deja de ser pasado y se hace horizonte poltico; de ese modo, el pasado deja de ser una simple rememoranza y se hace presencia decisiva en la definicin poltica del presente. Slo por esta definicin el presente se hace proyectivo y abre la posibilidad de que se proponga parir un nuevo tiempo.


Por eso la coyuntura se constituye en locus histrico desde donde pueden hilvanarse las referencias trascendentales que encarna el presente y que reclaman su resolucin histrica; por eso, cuando nos referimos a la coyuntura, no nos referimos a cualquier evento sino a la fragua decisiva de la definicin poltica del presente. Ese es el verdadero tiempo poltico y no la dinmica acelerada de la gestin poltica. Por eso una reflexin histrica no mienta sobre el pasado en cuanto pasado sino que es siempre una reflexin del presente a la luz de la historia.


En ese sentido, hacer de la coyuntura una mera sntesis de la combinacin de factores y circunstancias en la arena poltica es no saber pensar el pasaje de la historia a la poltica. Entonces, amplificar la coyuntura es devolverle a la poltica materialidad histrica. Slo cuando el pasado deja de ser pasado, el presente se hace coyuntura, y el futuro ya no se impone como fatalidad, dejando a la poltica hurfana de todo sentido histrico.


Esta reflexin la creemos necesaria para comprender si, lo que se juega en Venezuela es el destino de nuestros pueblos, debemos de discernir, a la luz de todos los tiempos, a qu tipo de destino nos estamos refiriendo. Entonces, una reflexin coyuntural (ms all del mero anlisis de coyuntura) debe trascender las limitaciones conceptuales y abrirse a aquello que histricamente est aconteciendo en el presente. La combinacin de factores y circunstancias presentes configuran la escenografa pero no explica el drama mismo en que se debate la coyuntura. Por ello se suele recurrir a referencias inmediatas pero, de ese modo, en el anlisis de coyuntura, el presente aparece desconectado de la historia y, en consecuencia, la poltica queda a merced del puro clculo poltico.


En ese sentido, muchos de los anlisis actuales, slo ven una rplica de, por ejemplo, la crisis de los misiles, reducido a una disputa entre potencias; pero en este anlisis desaparece lo histrico de la coyuntura y, en consecuencia, el pueblo desaparece como sujeto y tambin lo poltico del presente. Es decir, esta visin no hace ms que reafirmar la despolitizacin aristocrtica de la percepcin social, que resume todo al puro poder de negociacin. Reducir el cisma geopoltico a una disputa, incluso de carcter geoestratgico, significa tambin asumir el guion imperial como hermenutica poltica y esto, infelizmente, slo conduce a su reposicin hegemnica; porque esta versin es funcional a la demagogia de la amenaza al mundo libre que usa el Imperio para desatar sus guerras defensivas (no hay poder ms peligroso que aquel que se hace la vctima).


Por eso la guerra arancelaria desatada contra China viene acompaada de una renacida sinofobia que se impone en nuestros pases para demonizar la expansin china y, de ese modo, vestir de aoranza la decadencia imperial. Los mismos intereses desatan el renovado sentimiento anti-ruso de la guerra fra para, entre otras cosas, incrementar el presupuesto militar (nico sostn actual del dlar). Ambos develan la inseguridad imperial a la hora de reponer su hegemona, porque el mundo ya no es unipolar y la narrativa imperial ya no sabe en qu mundo se encuentra. En su decadencia, ya no sabe cmo renovar su dirigencia mundial y slo acude a reponer sus mitos fundacionales; frente a la expansin e influencia de nuevas hegemonas, slo sabe reafirmar su horizonte de prejuicios e imponer su mitologa ms acabada: su excepcionalismo como su destino manifiesto. Por eso la reposicin de la Doctrina Monroe no es casual sino se inscribe en una decadencia que no es slo econmica sino hasta espiritual.


Entonces, el cisma geopoltico que se abre, abre tambin al presente y lo enfrenta a la historia, porque el cisma tiene que ver con la sobrevivencia misma de la dicotoma global centro-periferia, es decir, del orden geopoltico moderno-imperial. Eso significa la develacin de la carne misma que se atiza en esta conflagracin, y esto consiste en el posible desmantelamiento del concepto de soberana. Es decir, lo que se pretende demoler, al modo del atentado a las torres gemelas, son las soberanas nacionales. Al Imperio no le queda otra, porque su reposicin hegemnica en un des-orden tripolar y, para colmo, post-occidental, depende de desterrar a nuestro continente -y al mundo entero- a una situacin pre-estatal (Venezuela es slo el comienzo). Esta regresin histrica no es una fatalidad del subdesarrollo sino una demanda del desarrollo (el discurso de make America great again presupone esta condena).


Por ello la necesidad de restaurar la Doctrina Monroe, para as enfrentar la posibilidad de una revolucin continental. Si esto es as, la reflexin coyuntural nos debe posibilitar advertir qu horizontes no cumplidos estn debatiendo en el presente su posible resolucin; porque no hay pasado que est pasado y no hay lucha histrica que no despierte utopas no logradas y, si el conflicto es de tal magnitud, cabe preguntar si el presente poltico est a la altura de una resolucin de tal magnitud.


Como hace casi dos siglos, USA acude a su mitologa para afirmar su vocacin imperial (en la historia no hay nada casual). Una otra Doctrina, desde el Sur, naca desde la visin proftica de Bolvar, que comprenda la necesidad de una liberacin continental; despus Chvez es quien intenta cumplir aquello, expresado como Doctrina Bolivariana, ahora continuado por Maduro. Eso es lo que ahonda la decadencia de la hegemona imperial y le obliga a transferir su contienda global a lo que considera su patio trasero. Desde el golpe a Mel Zelaya en Honduras, hasta la creacin del PROSUR, la cosa estaba clara: no se iba a permitir, bajo ninguna circunstancia, una desobediencia generalizada; porque es precisamente condicin bsica, para ser Imperio, la ausencia de un proyecto comn en sus naciones oprimidas.


La lucha de doctrinas manifiesta una lucha a vida o muerte que enfrenta el Imperio en su propia decadencia; para sobrevivir en un nuevo equilibrio global tiene que sepultar toda apuesta liberadora de sus colonias inmediatas, lo que implica una desposesin sistemtica de toda soberana nacional. A la hora de reponer la importancia estratgica de la Federacin Rusa, Vladimir Putin es consciente del peligro global que implica un mundo sin soberanas nacionales. En ese contexto, la aparicin de los BRICS, era la respuesta nacionalista frente la globalizacin financiera del dlar. Por eso es desacertada la acusacin que hace el Imperio: ni China ni Rusia son competencia imperial. Por un lado, lo que antepone Rusia en la actual disputa geopoltica global es no permitir, bajo ninguna circunstancia, volver a ser periferia, ya que eso significara la balcanizacin total, es decir, la capitulacin indefinida. Por otro lado, la expansin China no es imperial; los inventores de la plvora -que se anticipan a los europeos por 74 aos al descubrimiento de Amrica- nunca necesitaron de invasiones extraterritoriales, siempre les bast su expansin comercial.

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