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¿Confiarías en los apristas nuevamente?

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César A. Vásquez Bazán

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Nov 13, 1999, 3:00:00 AM11/13/99
to ap...@my-deja.com


EL ENGAÑO DEL APRA

En diciembre de 1986, cuando todavía gozaba de la aceptación popular y
algunos ministros anunciaban un gobierno aprista de 50 años, el
presidente García dirigió un mensaje al país y en él rechazó el proceso
de regionalización, a la vez que alabó la "fuerza departamentalista".
Eran los momentos de euforia, cuando apristas de arriba y de abajo
postulaban modificar la Constitución para
permitir la reelección de Alan. Sin embargo, éste no tardo en vislumbrar
los réditos políticos que podría darle una regionalización hecha a la
medida de sus aspiraciones para mantenerse en el poder y así fortalecer
su sueño de convertir al APRA en el PRI peruano.

En 1987 hubo dos legislaturas extraordinarias en las cuales se aprobó la
Ley de Bases de Regionalización, de neta hechura aprista -se echó al
canasto el proyecto de la administración anterior que ya había sido
aprobado en 1984 en el Senado y sólo requería la confirmación de
Diputados- y se aprobó y promulgó las leyes de creación de las regiones
Grau y de la Amazonia o José Gálvez.

Pero los parlamentarios apristas dejaron que se venciera el plazo
constitucional -21 de junio del 88- sin mover un dedo. Fue necesario que
el doctor Luis Alberto Sánchez ideara sobre la marcha una primera
"interpretación" semántica de la novena disposición transitoria en la
que se afirmaba que el plazo no vencía a los cuatro años sino "dentro
del cuarto año", para ampliar el término hasta el 15 de diciembre de
1988, último día de la legislatura ordinaria. Esta tesis quedó plasmada
en una Resolución Senatorial y en la que se amparó el gobierno para
promulgar la Región Ucayali, conformada por el departamento del mismo
nombre, el 25 de noviembre del 88. Y sorprendentemente, fuera del
paraguas interpretativo creado por Sánchez, el presidente García
promulgó el 19 de enero de 1989 la Región Inka y, al día siguiente, la
controvertida región Gran
Chimú. Aunque hubiera sido aceptable -que no lo fue- la interpretación
recogida en la resolución senatorial, estas dos últimas regiones fueron
promulgadas fuera del plazo "interpretativo" y a todas luces eran
también inconstitucionales.

Uno de los peligros de la regionalización aprista fue el riesgo de
atomización que corría el Perú al aprobarse las regiones sin ceñirse a
las pautas establecidas por el Plan Nacional de Regionalización,
aprobado por el gobierno anterior y que estaba vigente en todos sus
enunciados. Por otro lado, a nadie escapaba que la realidad que vivieron
los constituyentes era totalmente
distinta a la de 1988. Había pasado una década en la que el Perú vio
crecer en forma alarmante el problema del narcotráfico y la implantación
de una corriente subversiva armada que ni siquiera era imaginada en
1979.

De las 180 provincias que tiene el país, 50 se encontraban en estado de
emergencia. El riesgo de que una o más regiones fueran capturadas
políticamente por la subversión, a través de los gobiernos regionales,
era un peligro real.

Por otro lado, el narcotráfico, tan activo en la vida política del país
en la época -no olvidemos que conocidos narcotraficantes como Carlos
Langberg financiaron parte de la campaña electoral del APRA en 1980 e
incluso un diputado de las filas de este partido, Manuel Ángel del
Pomar, fue cuestionado por sus vinculaciones con el tráfico de drogas-,
había adquirido un inmenso poder
económico y gracias a ello un grado de penetración tal en la sociedad
peruana que pudo hacer factible en esa época que llegara a imponer sus
candidatos en el gobierno de alguna región cocalera y lograr así un
bastión inexpugnable para continuar sus ilícitas actividades.

Oscuros y subalternos intereses electorales pudieron llevar a que
regiones dominadas por narcotraficantes y terroristas sabotearan la
política gubernamental y pretendieran asumir para sí la responsabilidad
de formular su propia política, a espaldas del resto del país.

A estos factores de riesgo se sumaba el problema social. Era imposible
pensar en regionalizar un país que tenía problemas muy serios de
disgregación, con comunidades campesinas, pueblos, distritos y
provincias completamente aislados y que no tenían ningún tipo de
recursos, de ayuda ni de contacto con el resto de la nación y para los
cuales el proceso de regionalización, tal como se
estaba llevando a cabo, no significaba ninguna solución.

Viva el Doctor Vladimiro Montesinos!
Muera Alan Garcia!
Viva el Heroe Huaman Ascurra
--
ABAJO EL ALANISMO!
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