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UN PORTAZO EN LA CARA

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Dany Pueblo

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Nov 2, 1999, 3:00:00 AM11/2/99
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Jorge Basadre Ayala, hijo del célebre historiador peruano, describió las
consecuencias del gobierno aprista, con las siguientes frases: "Si se
recuerdan los destrozos causados por los españoles durante las luchas
independentistas y la destrucción de las hordas chilenas en el siglo
pasado, éstas son diminutas al lado del flagelo aprista"

El quinquenio aprista fue la hecatombe de nuestra economía. Acabó con
una hiperinflación acumulada de 1'800,000%. Sólo en el primer trimestre
de 1990, la inflación fue del 124.8%. El tipo de cambio, que fue en 1985
de 10.15 Intis por dólar, en julio de 1990 llegó a 120 intis por dólar.
La emisión orgánica de billetes llegaba a los 10 billones de Intis
mensuales en promedio. Las reservas internacionales netas eran negativas
en 115 millones de dólares. El Banco Central de Reserva había vendido
todas las barras de oro y plata. A los magistrados y a los diplomáticos
se les pagaba con cheques sin fondos.

En ese quinquenio se liquidaron operaciones de importación bajo el
Mercado Unico de Cambios (dólar MUC), por más de 4,040 millones de
dólares, subsidiando a los importadores con más de 1,600 millones de
dólares. En sólo cinco meses, entre octubre de 1989 y febrero de 1990,
el Ministro de Economía César Vásquez Bazán quemó los últimos 550
millones de dólares que habían en el Banco Central de reserva, regalando
a los importadores - 1,027 privados y 28 estatales - alrededor de 468
millones de dólares.

Se importaba de todo: peines, palitos de fósforos, antenas parabólicas,
caballos de carrera, hasta burros. Hubo empresas como la del diario
aprista "Hoy", que hicieron grandes negocios con la venta a precio del
mercado libre, de insumos adquiridos con dólares MUC. Y también
empresarios que se llevaron los dólares MUC, depositándolos en bancos
extranjeros y no importaban nada.

La mortalidad infantil llegó a ser cinco veces superior a la de Chile y
50% más que la de Ecuador y Brasil; 37.5% de niños menores de cinco años
sufrían de malnutrición crónica. La producción agropecuaria bajó hasta
convertirse en la penúltima de Latinoamérica. De exportadores nos
convertimos en importadores de petróleo. Más de dos millones de
trabajadores del campo, que en 1985 percibían el 10.8% del ingreso
nacional, en 1990 recibían 15% menos.

En junio de 1988, el economista Felipe Ortiz de Zevallos pronosticó que
el Perú tardaría quince años en pagar los platos rotos de la heterodoxia
aprista. Desalentado, expresó "He notado un cierto cansancio en la
opinión pública internacional respecto al Perú, una tendencia a
olvidarse de nosotros hasta 1990". Eso está bien para los noticieros
extranjeros, pero para nosotros, ¿Cómo vamos a llegar a esa fecha?

A Ortiz de Zevallos le preocupaba la cantidad de profesionales y
trabajadores que se iban del Perú. Para constatar esto, bastaba ver las
colas que se formaban en los Consulados de los países extranjeros para
obtener visas.

No fue únicamente la incapacidad del APRA para realizar las reformas
estructurales que prometió, lo que llevó a la ruina del país. En esto
también contó con la colaboración del terrorismo, cuyo fanatismo del
Presidente Alan García, no sólo no combatió, sino que ensalzó
(Equivocado o no, criminal o no, el senderista tiene lo que nosotros no
tenemos: mística y entrega. Es gente que merece nuestro respeto y
personal admiración, porque son, quiérase o no, compañeros, unos
militantes) Esta fue la arenga de Alan García a la juventud aprista de
Ayacucho en mayo de 1988.

Cuando quiso hacer frente a Sendero Luminoso, que lo desafió amotinando
las cárceles de la Internacional Socialista, lo hizo con tal torpeza que
fue el causante directo del asesinato de más de 300 prisioneros
senderistas. Alan García sigue siendo el mayor genocida de nuestra
historia.

Su falta de voluntad para combatir al terrorismo, porque no sólo
admiraba a Sendero Luminoso, sino que comulgaba con los ideales del
MRTA, con cuyo cabecilla Víctor Polay Campos compartió sueños
revolucionarios en París, se reflejó en un total desinterés por diseñar
una estrategia antisubversiva.

El quinquenio aprista fue desesperante. Su vocación totalitaria,
compartida por los grupos de la ultraizquierda legal, llevó al APRA a la
creación de una organización paramilitar "Comando Rodrigo Franco" y a
infiltrar a la Policía Nacional en un intento por convertirla en el
núcleo de su propio futuro, para lo cual compró armas a montones en
Corea del Norte, porque el sueño aprista era gobernar al Perú 50 años.

La corrupción y el narcotráfico alcanzaron sus más altos niveles. Cerca
de medio millón de hombres y mujeres con carnet del APRA hicieron
reventar la administración pública; las empresas estatales perdían
anualmente más de dos mil millones de dólares; la regionalización, esa
promesa descentralizadora de la Constitución del 79, fue
desnaturalizada, convirtiendo los gobiernos regionales
en botín de los caciques apristas. Las bandas de narcotraficantes se
codeaban con parlamentarios y ministros de gobierno.

El quinquenio aprista fue el peor de la década de los años 80. Fue un
milagro que el Perú sobreviviera. Pero también fue el ocaso de los
políticos y los partidos tradicionales. Como dijo el economista Felipe
Ortiz de Zevallos, hasta el año 2003, los peruanos estamos condenados a
seguir pagando las consecuencias de haber llevado al poder al último
dinosaurio.

Dany Pueblo
COMITE ANTI-ALAN
VIRGINIA, USA
Tomado de: http://aprodev.org/_private/vasquez/vasq01.htm

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ALAN A LA CARCEL!!!!


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