“TODOS SOMOS SAN JACINTO”
Por: Moisés Absalón Pastora.
“Todos somos San Jacinto” no es la primera vez que escuchamos o leemos una frase de esta naturaleza. Antes hemos oído que somos “El Pueblo Presidente” que somos “Cristianos, Socialistas y Solidarios” y nos quedamos frizados creyendo que se trata de una consigna,
pero la verdad es que estas expresiones son algunas de otras muchas que, bajo el microscopio del análisis profundo encierran un monumental significado.
Escribo de San Jacinto, pero no de la batalla que la historia nos refiere, la del 14 de septiembre de 1856; no de lo que pasó en aquel desigual enfrentamiento contra el filibustero Willian Walker y a través de este de las pretensiones del imperio norteamericano
de esclavizarnos; no de los 160 patriotas bajo las órdenes del General José Dolores Estrada, ni de los 60 indios flecheros de Matagalpa, ni de la pedrada que el soldado Andrés Castro, que, desprovisto de municiones estrelló en el rostro de uno de los 300 invasores
que bajo las órdenes de Byron Cole servían al proyecto esclavista de William Walker.
Escribo sobre el peso de la Batalla de San Jacinto como inspiración fundamental y determinante que como impacto profundo tiene en la historia de Nicaragua. Representa en su esencia el verbo de la acción, la expresión del ingenio, la estrategia viva de las
fuerzas patriotas para derrotar al filibusteros invasor y esclavista y por eso mismo representa un valor paralelo y hasta posiblemente mayor a la independencia del 15 de septiembre de 1821 cuando nuestra voluntad política firma el acta centroamericana y rompe
con el dominio español. Entonces ese concepto de “Todos Somos San Jacinto” adquiere otra connotación porque pasa de una batalla a una idea. “Todos Somos San Jacinto” no es un lema, no son solo palabras porque su gesta nos prenda a todos de patria.
La patria es la que nos vio nacer, es donde dejamos nuestro ombligo, como igual lo hicieron nuestros ancestros, los que enriquecieron y enaltecieron el orgullo por nuestra nacionalidad y por lo que somos. La patria es el hogar donde habita la madre de nuestra
nacionalidad e irradia un concepto inmaculado de amor asentado en el pensamiento y corazón de cada uno de nosotros para alimentarnos con los valores de su historia.
“San Jacinto Somos Todos” nos dice que la patria es el hogar es lo que debemos defender con alma y diente porque ahí es donde habita nuestra intimidad, ahí es donde está nuestro qué hacer, la familia con la que nadie debe meterse y el interés particular
de nación que nadie ose manosear porque en ella, la patria, está el inventario de nuestros aciertos y desaciertos, está la historia que hemos construido y los temas que solo nosotros, como familia de connacionales que somos, por la autoridad que nos confiere
amar nuestra tierra y origen, la que nos distingue como nicaragüenses, debemos discutir y resolver sin ninguna mediación o interés foráneo que pretenda sembrar la desunión en la identidad que nos caracteriza.
Indudablemente al intentar establecer precisiones al concepto de patria, entran en juego ingredientes ideológicos y políticos en el universo de los pensamientos existentes y seguramente podemos diferir en cómo cuidar la patria, con quienes relacionarla,
cómo crear su mejor comodidad, pero en lo que no podemos diferir es que agredirla es un delito y coludirse con el vecino, con el ajeno, con el extraño, con el extranjero, para herirla, para mancillarla, es un crimen que hay que señalarlo con todo el peso moral
de los mejores y buenos hijos de la patria.
Nicaragua ha tenido a lo largo de toda su historia a propios y ajenos, que a nombre de la evangelización, de la colonización a través de la conquista, de la esclavitud contraria a la libertad, malos hijos y enemigos que alzaron la mano para golpear a la
patria y los nombres y apellidos de los que lo hicieron los conocemos porque están escritos en la denuncia pública de las bibliotecas, en los trazos literarios de los que nos narraron los acontecimientos antiguos de nuestra existencia como nación y eso no
es algo que podamos inventar,
“Todos Somos San Jacinto” es una idea, un sentimiento inserto con mucha intensidad en el mes más preñado de las gestas que fecundan nuestra nacionalidad. Septiembre es mucho más que los desfiles y las bandas de guerra o musicales, como les llaman ahora.
Es un mes para reverenciar a nuestros símbolos, como nuestra bandera con sus flancos oceánicos y su blanco de paz; la bandera roja y negra que salió al rescate de la azul y blanco cuando los inquilinos de la Casa Blanca la pretendieron desaparecer para hacernos
suyos y colocarnos abusivamente como una más en la de las barras y estrellas.
El escudo nacional, un triángulo rodeado circularmente con las palabras republica de Nicaragua arriba y América Central abajo que significa igualdad, su arco iris que significa paz, su gorro frigio libertad, los cinco volcanes la unión y la fraternidad de
los cinco países centroamericanos y por supuesto la privilegiada e imponente letra del Himno Nacional “Salve a ti Nicaragua”, cuyo autor el poeta Salomón Ibarra Mayorga ganó un concurso en 1918 para reemplazar el himno anterior, y la letra fue oficializada
en 1939 y que siendo el único himno en América que habla de paz reza literalmente.
¡Salve a ti, Nicaragua! En tu suelo,
Ya no ruge la voz del cañón
Ni se tiñe con sangre de hermanos
Tu glorioso pendón bicolor,
Brille hermosa la paz en tu cielo,
Nada empañe tu gloria inmortal
Que el trabajo es tu digno laurel
Y el honor es tu enseña triunfal.
Nuestro Madroño que resalta visualmente como una cremosa masa blanca por encima del verdor tropical, nuestro exótico Guardabarranco de angosto antifaz negro y pecho aturquesado son en su conjunto los símbolos sobre los cuales debemos inyectarnos de nacionalismo
para reconocer que Nicaragua es nuestra gran madre.
Septiembre es un mes conmemorativo que con la idea y el sentimiento de “Todos somos San Jacinto” nos narra historias inspiradoras, de hazañas sobre humanas, de episodios épicos, de batallas desiguales y de arrojos suicidas y temerarios que rompieron cadenas,
vencedoras de filibusteros y traidores.
Hemos acentuado la actitud de ajenos y de propios que, en algún momento, desde la Guerra Nacional Centroamericana contra los filibusteros, hasta nuestro presente, nos ubicaron en el centro de la geopolítica mundial que cambiará en su momento la relación
de comercio en el planeta y es cuando entonces hablamos de lo que será el Gran Canal Interoceánico de Nicaragua.
Los traidores siempre existieron y son de los que estando ellos bien no importa que los demás estemos mal y de una manera cobarde y veladamente criminal se lanzaron contra el país ayer e igual hoy, no porque crean que una ruta como la del Gran Canal Interoceánico,
esté mal, sino porque simplemente les pagan para eso y eso no los hace ni políticos ni periodistas, pero sí desnuda, y descaradamente, mercenarios al servicio de ese al que llamamos enemigo de la humanidad.
Luego entonces la politiquería del filibustero extranjero y del filibustero criollo, el mercenarismo, la traición y el entreguismo no es nuevo en el país y fue algo que desde su radiante pluma literaria Rubén Darío nos Alertó en su grandiosa y visionaria
“Oda A Roosevelt” cuando dice desde su esencia, desde lo que en Nicaragua nos representa su gran talento que él es uno de los pensamientos más antiimperialistas y para sus efectos lo dice en esta magistral pieza poética.
Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones. No.
Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego,
de perfume, de amor, la América del gran Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes
y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
Nuestra historia, es extensa, es robusta, está llena de derrotas y victorias, de traidores y valientes, de mercenarios y patriotas donde el mal nunca pudo contra el significado de lo que es la nación y de lo que fundamentalmente es la patria.
Se equivocan aquellos que creen que ser patriota es simplemente alzar la bandera, colgarla en su casa únicamente en algunos días del mes de septiembre, ponerse una camiseta que diga Nicaragua y muestre los símbolos patrios, que es correr con una antorcha
o gritar vivas por él país porque aquí también hay ignorantes y vulgares que ni el himno se saben, que cuando lo escuchan siguen el camino de las mulas y no se detienen en señal de respeto o que ponen la bandera de Nicaragua al revés, la usan de mantel o se
la pasan por él trasero.
El patriotero culpa al gobierno de todas las desgracias del país, pero no está dispuesto a asumir su propia responsabilidad. El patriota sin embargo sabe que el cambio empieza por él mismo porque ama a Nicaragua, sabe que es parte de la solución a los problemas
y toma conciencia de ellos no solo de la boca al labio, sino con acciones sostenidas y perseverantes que evidencian un deseo de engrandecer integralmente a la nación.
El patriota trabaja y no roba, no es oportunista, tiene la frente en alto se enorgullece de sus valores, no tiene nada porque avergonzarse, es el oro que puede brillar por mucho lodo que la perversidad y la envidia le quieran tirar. Sin embargo, el patriotero
quiere solo el dinero fácil, es el que no sabe de sacrificios, al que no le cuesta nada y lo pretende todo a costa de lo que sea, pasando por encima de cualquiera y hace transas con el enemigo y con el que financia sicariatos para asesinar al país.
El patriota educa y enseña al que no sabe, es el que construye escuelas, es el que forma valores, es el que estimula el amor por la patria, pero el patriotero se aprovecha de la ignorancia de los demás para explotar al ser humano, para arrebatarle la vida
y la dignidad en su propio beneficio actitud cobarde sobre la que siempre alardea.
El patriota trabaja con excelencia y de buen modo, es un ciudadano que vive para servir, es el que está para los que lo necesitan porque sabe que la suma de todos hace la diferencia, pero el patriotero no da ni sal para un jocote, es de los que siempre llega
tarde y de los primeros en irse temprano rumbo a la cantina y es mediocre en el desempeño de lo poco o nada que hace y aun así cree merecer medallas y hasta exigirlas.
El patriota ama y protege a su familia, tiene como centro de su existencia a su esposa y a sus hijos, no hace nada que ponga en peligro la estabilidad de su hogar como núcleo social, pero el patriotero vive la vida loca, para ser el centro de atención del
mundo dislocado que habita desde donde gobierna la envidia y el odio que genera ese resentimiento que conspira contra la paz y felicidad de los demás.
El patriota es respetuoso del tiempo de sus conciudadanos porque sabe que es importante para él, para su familia y para el país sobre todo cuando la nación ha perdido a lo largo de su historia mucho de el por contradicciones absurdas que fueron generadas
por esos patrioteros que siempre llegaron tarde, frescos y siempre con una buena excusa para justificar los descalabros hechos por ellos mismos.
El patriota es cortés y educado en el hogar, con los amigos, en el trabajo, en la reunión social, en el tráfico vehicular y en toda relación pública o privada; pero el patriotero es vulgar, ordinario, insulta a quien tiene la razón y se convierte en un animal
salvaje capaz de ejecutar cualquier acto deleznable contra la dignidad humana.
El patriota se preocupa conscientemente por el necesitado de su país y aborrece la pobreza extrema y la miseria que impone el capitalismo salvaje, es él que tiene conciencia social de lo que sucede a su alrededor y contribuye a aliviar el dolor ajeno y nunca
ha infringirlo; el patriotero por el contrario vive en una cuartería promiscua interna donde el inframundo pretende ser una pandemia asesina que quiere acabar con el alto valor espiritual de los demás y si él está bien le importa un bledo lo que sufran o pasen
los demás y jamás extenderá la mano aun necesitado, a menos que sea para hacer un buen show de caridad y exhibirse como una persona buena y caritativa aunque ante los ojos de los demás haga el ridículo porque de todas formas la maldad y la mentira no se ocultan
y menos que se disimulen.
El patriota se preocupa por la vida del ser humano, por el medio ambiente por la integridad y dignidad de su connacional, es quien recicla y cuida los recursos naturales, es el que no quema las instituciones públicas, es quien no incendia ni destruye ambulancias,
es quien no tortura y no quema viva a ninguna persona, pero el patriotero se las pasa tirando la basura que carga como piltrafa hedionda sobre los demás y contamina la atmósfera de estabilidad y seguridad que procuramos y nunca piensa en el futuro de las nuevas
generaciones porque el vicio del egoísmo lo posee.
No hay duda que todos tenemos un tramado filosófico para tratar nuestro que hacer y en lo que respecta a la nación, desde nuestro existir ciudadano, esto siempre estará ahí idealizando a la mejor patria. En tal sentido podemos diferir en cómo cuidarla, con
quienes relacionarla, cómo crear su mejor comodidad, pero en lo que no podemos diferir es que agredirla es un delito y coludirse con el vecino, con el ajeno, con el extraño, con el extranjero, para herirla, para mancillarla, es un crimen que hay que señalarlo
con todo el peso moral porque entonces es cuando entra en acción la garra de aquel que la levanta contra su madre y si como los hijos que somos vemos a un hermano golpeando a la autora de nuestros días, pues nuestro deber, nuestra naturaleza, nuestra racionalidad,
nuestro amor nos debe empujar a defender a la madre y en el caso del traidor contra el traidor.
Todo ser humano entiende el peso que la traición le representó al mismo Cristo, entregado por el beso de Judas al imperio romano a solicitud de los pontífices del “Gran Sanedrín” y nosotros los nicaragüenses sabemos igualmente del dolor causado por la puñalada
de esos Caínes capaces de matar a sus propias madres y contra esos e inspirado sin duda por
“Todos Somos San Jacinto” el General Augusto C. Sandino decreta el 14 de noviembre de 1927 “El acuerdo sobre los traidores” y nos lo deja para la posteridad de los tiempo, , ,
SON TRAIDORES A LA PATRIA
1. Todo nicaragüense que con miras políticas traficare con la honra de la Nación solicitando apoyo oficial de los invasores de la Patria, así como del gobierno de la Casa Blanca, y el que saliere del país como delegado o representante del gobierno del traidor
Adolfo Díaz.
2. El que haya celebrado pactos secretos con el enemigo, ya sea como jefe militar o civil.
3. El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la soberanía de la patria.
4. El que suministrare informes oficiales, ya sea verbal o por escrito, declarando en contra de los nacionales.
5. El que solicitare protección de los invasores con el pretexto de defender sus intereses, ya sea nacional o extranjero, le será aplicada la misma pena que la Constitución Política señala a los traidores a la Patria.
Al mismo tiempo, hago saber a la sociedad nicaragüense, al pueblo con quien los vínculos de espiritualidad me ligan a defender sus derechos, así como a los extranjeros radicados en el país, que: siendo el Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua una
institución perfectamente organizada y disciplinada, dará toda clase de garantías efectivas a nacionales y extranjeros, siempre que guarden estricta neutralidad
“Todos Somos San Jacinto” son Diriangén y Nicarao: Es el General José Dolores Estrada, es Andrés Castro, son los indios flecheros de Matagalpa, es Rubén Darío, es el General José Santos Zelaya y la revolución liberal de 1893, es Zeledón, Sandino, Rigoberto
López, marcando la decisión de ir hasta las últimas consecuencias ajusticiando al fundador de la dinastía y dictadura somocista, es la revolución sandinista de 1979, es el pueblo de Nicaragua que redujo y venció al odio en el 2018, es esta la mejor Nicaragua
de todos los tiempos.
“San Jacinto Somos Todos” sintetiza el gran universo de nuestro nacionalismo, de nuestra nacionalidad, de nuestra nación, la que empujada por el significado de nuestras banderas es la patria de hoy y en la que entra en juego la roja y negra, como insignia
anti imperialista del General Augusto Calderón Sandino, que es la que evita que nuestra bandera azul y blanco, rescatada del secuestro que el yanqui y el gringo quisieron hacer de ella.
Por eso mismo en la definición de los que somos auténticamente azul y blancos contestamos: Es azul y blanco:
- El que no pide la intervención, la invasión o la agresión extranjera contra Nicaragua.
- El que no promueve el odio de un nicaragüense contra otro nicaragüense.
- El que es capaz de tolerar a su connacional, aunque no piense igual.
- El que no miente para incurrir en la demagogia de quebrar la convivencia social.
- En que es incapaz de destruir la economía para conducirnos a la pobreza.
- El que construye todos los días paz, reconciliación y esperanza para todos, independientemente de quien sea el beneficiario.
- El que lleno de humildad es capaz de dejar atrás sus errores y emprender desde el presente el camino hacia un futuro para nunca más repetir lo malo del pasado.
- Es azul y blanco el constructor de escuelas, de hospitales, de caminos, de carreteras de primer mundo, de electrificación, de llevar agua y comunicaciones donde antes solo era un sueño.
- Lo es quien es capaz de diseñar programas sociales de gran impacto en la pobreza extrema que permita dignificar la vida de los postergados.
- Es azul y blanco el que no se junta con los enemigos de su país a cambio de una paga que los convierte en mercenarios, pero no en nicaragüenses.
- Es azul y blanco quien, desde una actitud cívica, fundamentado en la constitución de la república, pretende el cambio de sistema o de gobierno, pero no aquel que lo hace derramando sangre desde un golpe contra el estado.
- Es azul y blanco quien ama y no odia, el que no utiliza los templos como cuarteles ni a Dios como avanzada de sus crímenes.
- Es azul y blanco quien lucha con responsabilidad por sus derechos y asume con valentía sus obligaciones, deberes y derechos con el privilegio de honrar la ciudadanía sembrando semillas edificantes.
- Es azul y blanco quien no se cree la locura, que, por ser obispo, sacerdote, pastor, empresario, periodista, político o lo que sea pretenda estar por encima de la ley y que es inmune para incurrir en una sedición descarada que en cualquier otro país
los conduciría a la cárcel empezando por la acusación de traición a la patria.
Somos azul y blanco porque son los colores de la bandera de nuestro país, es la que nos cubre, es por la que hemos luchado toda la vida y los que optamos por la paz debemos reclamar nuestra bandera y sus colores.
El azul y blanco no podrá ser nunca de aquellos que disfrazan la traición de patriotismo, ni la esclavitud de libertad y menos el nacionalismo con el intervencionismo porque esos se llaman vendidos, cobardes y traidores.
“Todos Somos San Jacinto, Todos Somos Nicaragua, Todos Somos Libertad, Todos Somos Paz, Todos Somos el Velero que nos lleva al mejor puerto de nuestra historia la que construye la nación que tenemos hoy.
“San Jacinto Somos Todos”, para construir hospitales para generar salud; educación para formar; universidades gratuitas para los profesionales del mañana y de la misma manera sigamos teniendo las mejores carreteras de la región y estemos entre los primeros
de Latinoamérica; para que seamos los número uno en materia de electrificación en todo el istmo desde el cambio de la matriz energética; para la potabilización del agua en todo el país; para la ampliación de puertos y los nuevos que vienen; para la integración
plena entre el caribe y el pacífico; para el desarrollo de la ciencia médica; para el trato técnico de la tierra en su relación con la producción, la ganadería y por supuesto la preservación del medio ambiente y los recursos naturales; para que sigamos afianzando
el indisoluble vínculo entre el trabajador y el empresario que son factores determinantes en el motor creativo de la riqueza; para que siga habiendo detrás de cada emprendedor una mano amiga y generosa que esté ahí listo a apoyar cada idea que represente el
bienestar para quien lo desee, pero siempre pensando también en el bienestar de todos.
“Todos Somos San Jacinto” porque esa historia que siempre nos recuerda que la intolerancia siempre nos impuso resolver nuestras diferencias a través de la boca del fusil, hoy tiene un horizonte distinto porque por esa misma historia hoy nos imponemos la
paz, para vivir en ella, para trabajar por ella, para defenderla siempre en todo tiempo y ante quien sea.
Los nicaragüenses que amamos a nuestro país nos preciamos de muchas cosas, somos fachentos por muchas cosas, pero fundamentalmente por conocer nuestra historia y creo que ahí está la clave de la república que tenemos hoy.
Aquel pensamiento de que “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, es prácticamente anónimo, pero el significado que encierra es descomunalmente sabio por que los seres humanos parecemos siempre a estar dispuestos a repetir constantemente
las mismas pifias sin aprender de ellas.
La historia de los pueblos y la propia humanidad la podemos conceptuar como una industria de errores repetidos constantemente. Podemos saber de lo letal y dañino de una guerra, podemos tener plena conciencia de cómo iniciarla y esto puede ser un ciclo que
va y viene, pero volvemos a patinar siempre con la certeza de nunca saber cómo terminará nuestra terquedad. Así somos la mayoría en este mundo, pero menos mal que ya nosotros venimos de vuelta y una gran verdad es que una ínfima minoría no puede ni debe esclavizar
a la gran mayoría y claro la mayoría avasallar a la minoría, pero hablo de las minorías que no delinquen, no de las que por rostro tienen la conspiración y el odio para violar y romper la ley por codicia.
Los hedonistas, los que en su doctrina sostienen que la finalidad humana es solo el placer en todos los sentidos, piensan que la paz es una mercancía cuyos ingredientes básicos son la seguridad y el bienestar y si entonces quieres paz ellos te venden alarmas,
seguros de vida, pólizas contra robos e incendios, chequeos médicos y hasta hermosas playas solitarias dónde dicen se respira paz y eso no está mal porque pueden ser caminos sobre donde seguramente transita la paz, pero la paz que los hedonistas proclaman
es la paz sin dolor y ahí es cuando difiero.
Para los cristianos la paz no es mercancía que comprar, la paz no tiene precio; para nosotros la paz es un don; un regalo que Jesús da a sus discípulos: «La paz os dejo; mi paz os doy». Es algo muy íntimo, capaz de desafiar cualquier circunstancia externa
y es ahí cuando indigna ver a ciertos clérigos, sean estos de las religiones que sean, desdiciendo de la paz porque luchar por ella es experimentar dolor para alcanzarla y cuando la perdemos por culpa de la ignorancia nos duele más porque no la supimos defender.
La paz que da Jesús está tejida de fe, de confianza, de aceptación de la propia vulnerabilidad, de perdón dado y recibido, porque siendo el perdón hijo de la paz, va y viene en dos vías y aceptarlo así engendra paz porque en el fondo, ordena el corazón:
restablece equilibrios perdidos y pone de nuevo cada cosa en su lugar y eso precisamente eso es lo que venimos haciendo desde el 2007 en este país buscando a través de la paz una reconciliación que solo algunas personas no aceptan porque sus vidas son un conflicto,
una guerra interna movida por odio.
La paz por no tener precio es más cara que todo el oro y los diamantes que en el mundo puedan existir. Nosotros la tenemos, luchamos por ella, la conquistamos y hoy no la dejamos de defender nunca por eso “TODOS SOMOS SAN JACINTO”
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.