Por: Moisés Absalón Pastora.
El periodismo en nuestro país está a días del primero de marzo, que es cuando los que trabajamos en este medio lo celebramos en medio de aplausos y vítores para unos, por el rol responsable y el enfoque serio que imprimimos a nuestras notas, pero también
en medio del desprecio y la repulsa que se agencian los que lanzan cargas pesadas de odio y mentiras contra el país que un día habitaron y que los mantiene en picota porque se convirtieron en agentes desestabilizadores sumamente peligrosos y que en su momento
se resguardaron su impunidad en la mampara de la “libertad de expresión”.
Estoy claro que el periodismo por su naturaleza es crítico, por esa razón ha sido parte de los cambios y transformaciones en muchos países, partiendo por supuesto de corregir lo que está mal desde una posición de justicia, pero otra cosa es que el interés
sea lanzarse contra los que son factores de cambio por encargo de patrones a los que sirven por un interés altamente económico.
El periodismo en Nicaragua ha sido afectado en su imagen por pecadores de la información que al final también pringaron con sus cochinadas a los justos que con sentido de nación hemos creído que también podemos aportar a la construcción de la paz y créanme
que molesta cuando uno escucha despectivamente en algunos sectores de la sociedad decir “ya vienen esos periodistas, es periodista o pareces periodista” entre otras cosas.
En el periodismo no todos somos iguales, pero peyorativamente hablando hay una imagen degradante de quienes ejercemos esta profesión u oficio por parte de amplios sectores sociales que poco confían en nosotros y eso es gravísimo porque nuestra naturaleza
y razón de ser está en la credibilidad y sino la tienes hasta ahí llegaste porque entonces jamás vas a pasar de ser un microfonero.
El periodismo, pienso, con casi 44 años de ejercerlo este próximo mes de mayo, es un privilegio, es una pluma que todos los días escribe la historia de un país, pero no de cualquier forma, sino que comprometido íntimamente con la verdad.
En el periodismo no hay espacio para la mentira porque entonces pasa a ser cualquier cosa menos periodismo. A nombre de la modernidad el periodismo, desde las diferentes disciplinas en que lo han metido no informa ni analiza ni debate sino que quienes lo
representan y lo ejercen en sus diferentes modalidades sea ésta escrita, radial, televisiva o digital, lo que hace es destruir a una persona que puede ser inocente, a una causa que puede ser justa o hasta derrocar si se lo permiten a gobiernos que representan
cambios que afectan el estatus quo de la corrupción en el que algunos medios de comunicación erigieron sus imperios.
Estos medios de comunicación usan a individuos a los que conceden espacios que pueden ser columnas de opinión, reporteriles o programas de televisión desde los cuales con un maquillaje intelectual pueden llegar a convertirse en una plataforma que los lance
al estrellato y desde ella comenzar a proyectar un dominio amplio de opinión que se vuelve malo cuando contra el sentido común de la mayoría se inducen agendas mediáticas muy interesadas para satisfacer intensiones peligrosamente oscuras.
De esos, aquí conocimos a algunos y con nombres y apellidos, están Carlos Fernando Chamorro, Luis Galeano, Santiago Aburto, Álvaro Navarro, Sergio Marín Cornavaca, Jennifer Ortiz, Jackson Orozco, Dino Andino Lucía Pineda, Miguel Mendoza, todos mercenarios,
terroristas, vende patria que merecidamente están desnacionalizados y otros que son parte del bolsón de los 222 que a nombre del periodismo son también un frente mediático mercenario que ahora desde afuera sigue siendo pagado, ya no como antes, porque son
la expresión más alta del fracaso ante su financiero, pero ahora, por centavos, siguen en lo mismo, predicando en el desierto y ante auditorios solo poblados por alacranes y serpientes.
Debo ser claro que el cuestionamiento contra estos mercaderes del periodismo no es por lo que políticamente piensen o porque sean profesamente enemigos de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo y del proceso que ambos lideran, sino que para patentizarlo
hayan abrazado la tesis de que el fin justifica los medios para convertirse todos ellos en propiciadores y estimuladores de la destrucción que aún realizan desde afuera contra Nicaragua y los nicaragüenses.
Yo jamás he ocultado que mi origen fue el Frente Sandinista de Liberación Nacional y que por el camino equivocado que tomó el proceso que inició en 1979 volví a la guerra para que se corrigieran las distorsiones que fundamentalistas que fueron parte del
fenecido MRS crearon en nombre de la revolución y que cuando regresé para tomar posición desde la trinchera del periodismo fui contundente en lo que hacía y decía, pero nunca promoví, nunca celebré, jamás estimulé actos barbáricos cómo lo hicieron todos los
mercenarios que mencioné porque desde siempre repugné las políticas invasivas del imperio que a través de Oliver Garza, la Bárbara Calandra Moore, Poul Trvileli, Laura Dogu o Kevin Sullivan, todos ellos de ingrata recordación, nos decían en la década de los
90s y un poco más cómo el conservadurismo el liberalismo o cualquier chacuatol ideológico de esos tiempos debía gobernar.
Mediáticamente hablando en cada país hay medios de comunicación que tienen indudablemente una considerable penetración desde la opinión que generan e internacionalmente también existen cadenas de televisión o canales digitales que en algún tiempo eran percibidos
como la “biblia”, como la última palabra en términos de credibilidad.
Sin embargo, las cosas cambiaron cuando detrás del aparente rostro profesional de sus presentadores comenzaron a salir, de las chaquetas de los supuestos “sabios” periodistas, las marmajas de dólares que recibían no para orientar, para tener una opinión,
para informar verazmente, sino para ser sicarios del interés imperial porque además fueron descubiertos como velados agentes de espionaje de las agencias de seguridad norteamericanas.
Ahora los misiles imperiales ya no son balísticos, ahora solo basta contratar a determinados sicarios disfrazados de “periodistas” para que por encargo se lancen contra los que consideran son sus enemigos y no porque sean una amenaza a su seguridad sino
porque no piensan como la Casa Blanca, porque quieren ser libres, porque quieren devolver a sus naciones la dignidad de decidir y hacer las cosas a la medida no del raído traje del Tío Sam, sino a la medida de lo que necesitan los pueblos, nuestros pueblos.
Los diferentes medios de comunicación debemos concentrar nuestro enfoque en los aspectos y efectos impactantes que transforman a las sociedades, debemos ser voceros relevantes de la información constructiva que contribuyan a los cambios importantes para
el desarrollo de la sociedad.
Por el valor ético y moral es inadmisible aceptar por válida una información maquillada que diga exponer la verdad por un fin lucrativo que persigue un interés altísimamente político y ahí que la libertad de expresión se tiene que cumplir con responsabilidad
y honestidad, los distribuidores de la información tienen que reconocer que la ética tiene diversos puntos de vista, sí, pero jamás creer que la mentira sea parte de la ética.
En Nicaragua conocemos a esos mercenarios que se hacen llamar periodistas y por favor que no nos vengan a decir que fueron perseguidos o limitados en la libertad que tienen para decir lo que se les venga en gana porque eso siempre lo hicieron a través de
años y años hasta que se evidenciaron como vulgares y ordinarios mercenarios del imperio que los convirtió en traidores.
Pienso entonces que los periodistas, sobre todo los patrióticos de Nicaragua, hacemos honor a lo que nos representa nuestro apostolado no solo en la incansable búsqueda de la verdad sino en decir la verdad en beneficio del futuro del país. Por esa verdad
por la que han muerto millones de ciudadanos del mundo y miles y miles de nicaragüenses es que no declinamos la inmensa responsabilidad que como bendición ha sido depositada en nuestras manos.
Si “la verdad os hará libres” entonces tenemos que ser la cara adversa de la mentira y limitar nuestra esencia profesional a los hechos, a lo que vemos y palpamos para ser privilegiados a la hora de transferir la buena nueva.
En nuestro país abunda la información que nos indica que todos somos parte de la transformación y evolución de una Nicaragua que cierta de su verdad todos los días hace de su desarrollo un olivo de paz para conjurar el odio y la mentira. En la proclama de
esa verdad que nos hace libres tomamos distancia de la manipulación y abrazamos lo que está a vista de toda Nicaragua, una evolución constante que como esencia revolucionaria logró cambiar el rostro de la nación.
Hoy los periodistas somos parte incluida de la gran transformación republicana de Nicaragua porque dejamos de ser instrumentos de la desinformación y porque hemos asumido que somos la diferencia entre el bien y el mal.
Hoy los periodistas patrióticos llevamos a los hogares la información puntual de las obras que hace posible la revolución constructora y que bajo el neoliberalismo nunca pasaron de ser promesas de campaña.
En consecuencia, nadie se deje influir por las odiosas prédicas de los terroristas mediáticos que podrán decir cualquier mentira, pero nunca superar el tamaño de nuestras verdades. Hoy “la verdad nos hace libres” desde la paz y la reconciliación que llega
a cada rincón del país a través de un desarrollo gigantesco que se concibió exclusivamente para vencer a esa pobreza, que es el enemigo de todos.
Con el privilegio de sentirnos ubicados en el lado correcto de la historia revalidamos nuestro compromiso con el derecho humano a la prosperidad, a la paz, a la felicidad y el amor que son las insignias de la revolución de la vida.
Para aquellos que no leen ni en letra grande la sentencia de la ley es importante hacer ver que sí tenemos leyes que definen claramente los delitos que se pueden seguir cometiendo a nombre de la libertad de expresión que al final los mercenarios, escribanos
o microfonearos de los que hablo, descaradamente dejaron de ver como un derecho, sino que la usaron como un arma, -por cierto poderosa- para desequilibrar, dónde se lo han permitido, sociedades que terminaron afectadas irreversiblemente por los sicarios mediáticos
del imperio.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.