DETALLES DEL MOMENTO: “ENERGIZADOS PARA RETOMAR EL RUMBO”
Por: Moisés Absalón Pastora.
En estas recién pasadas vacaciones que veraniegamente me sumergieron en muchas reflexiones, pues para eso sirven, además las meditamos sin el peso agobiante del tiempo que generalmente no le dedicamos a la familia y que es el centro siempre de nuestra inspiración,
conversaba con los amigos queridos de “Playa Paraíso” a donde fui a disfrutar placenteramente del aire mareño, de la bendición de tener a lo largo del año tres momentos en los que podemos desconectarnos de la intensa dinámica laboral que aceleradamente tiene
Nicaragua.
La Semana Mayor, de la que venimos, la Semana Patria en septiembre, la Navidad que en lo personal es lo que más disfruto en diciembre y los días feriados nacionalmente que a veces caen encajonados y se nos vuelven fines de semana largos, no dudo los gozamos
solo nosotros los nicaragüenses en relación a otros países que consideran esto como impensable.
Este tema en algún momento lo he abordado con extranjeros que nos han visitado, en al menos una de esas temporadas y con compatriotas que con procedencia de Costa Rica o de Estados Unidos, donde está el grueso de los nuestros, lo hacen con mucha más razón,
en la medida, que ellos puedan adecuar sus tiempos porque en esos dos países existe una visión del tema laboral totalmente esclavizante y en consecuencia deshumanizado.
La dinámica del mundo nos mantiene acelerado el ritmo a velocidades que nos ponen a correr como si fuésemos fórmula uno. En los países del primer mundo o con economías superiores a la nuestra, por ejemplo, siempre la fuerza laboral ve reducido su promedio
de vida por el stress, el scuatro o el scinco, porque no tiene tiempo, momento o espacio para desconectarse sicológicamente de una carga que lo va volviendo más pesado, más lento, más adormecido y perezoso. Para colmo estos que trabajan extremamente lo hacen
desde una percepción de estancamiento porque el esfuerzo de su labor tiene resultados que no terminan en el natural beneficio que lógicamente busca el ser humano.
En nuestro caso no es que nos excluyamos de percibir la velocidad con que pasen los días. Cada quien tiene un ritmo de trabajo establecido y cuando a este se suman otras tareas o actividades nos readecuamos o nos replanteamos estrategias para cumplir con
nuestras obligaciones que al coronarlas nos hacen sentir bien sobre todo cuando lo que hacemos nos gusta pues siempre debemos estampar a cada cosa el sello de la calidad y el profesionalismo que para merecer respeto debemos.
En lo que a mí respecta mi diario laboral empieza desde las tres de la mañana hasta las 7 de la noche, cuando inicio la batalla de vencer el insomnio porque duermo poco, quiero pensar porque ya soy un señor de la tercera edad y cuando llegan las vacaciones
trato de desconectarme y digo “trato” porque los periodistas no podemos hacer eso y aunque decida quedarme en casa o salir fuera, a disfrutar de la exuberante belleza de mi país, siempre mi laptop la tengo al alcance para desarrollar alguna idea que me venga
a la cabeza como este tema de: ““ENERGIZADOS PARA RETOMAR EL RUMBO”.
Sí, vamos avanzando, hemos hecho muchos, cada quien en lo que le corresponde porque los seres humanos no somos pulpos y lo más inconveniente es pensar que podemos tomar lo que queramos, llenarnos de muchas cosas o abarcar todo al mismo tiempo. No se puede,
tenemos solamente dos manos que no sujetan todo, una cabeza que si la atiborramos nos explota y un cuerpo que si ve sobrepasada su fuerza se dobla y todo eso debemos administrarlo bajo la filosofía de un paso a la vez y desde la métrica de aquel gran dicho
de que “el que mucho abarca poco aprieta”.
Cuando digo que andamos a velocidades vertiginosas es porque estamos creciendo a un ritmo, que por el atraso que vivió el país en el pasado, por conflictos que no se van a volver a repetir, la misma nación nos impone una marcha doble que es fácilmente perceptible
cuando en la valoración nuestros críticos no tienen otra que aceptar que en Nicaragua hemos hecho muchísimo con poco, por supuesto con la visión social y estratégica de nuestro liderazgo, pero fundamentalmente gracias a un pueblo que con su propia fuerza está
construyendo con su ingenió la nación que siempre quiso.
Esto lo han querido hacer otros pueblos que tienen países con economías muchísimo más grandes que la nuestra y con sistemas de gobierno distintos al nuestro, pero no lo han logrado porque no es que algunos hayan dejado de crecer, hay otros que del todo y
en van en reversa, pero sí hay una gran realidad en relación a nuestro desarrollo ellos se quedaron atrás porque a diferencia nuestra el sistema que otros gobierna es el de un capitalismo explotador y deshumanizado donde la masa laboral se concibe como una
máquina para producir dinero, para generar capitales y para hacer millonarios.
En nuestro país la cosa es distinta porque producimos riqueza para crea bienestar y beneficios usando el talento criollo, formado con una profunda conciencia social que ve en el ser humano no a una máquina que produce capitales para grupos o élites sino
a una fuerza humana que por estar hecha de carne y hueso entiende sus necesidades y las de los demás partiendo de una premisa y es que conoce su propia historia, sabe cuál es la raíz de los conflictos que negaron su bienestar, sabe cuánto perdió, no solo en
dinero, sino en tiempo que jamás se repone.
Hasta las máquinas que son hechas mecánicamente requieren no solo ser administradas en sus capacidades sino reposo para no fundirse y eso es lo que no comprenden los que nos hacen la observación sobre lo mucho que descansamos o de nuestras cíclicas vacaciones,
pero es ahí donde está el resultado de nuestra eficiencia y crecimiento versus el agotamiento y estancamiento de los otros.
Hemos descubierto los nicaragüenses que ese concepto de creatividad del que tanto escuchamos desde nuestro modelo social no trata de crear cosas sino de hacer nacer el “alguien” en cada persona. No se trata de producir sino de sembrar, no se trata de cosechar
sino de nacer y de ahí la sabiduría de caminar en etapas, en pasos pequeños, dando lo mejor del esfuerzo y cuando la naturaleza del cansancio nos alcanza entonces nos vamos de vacaciones y regresamos como ahora no a recomenzar, sino a continuar el proceso
que dejamos parqueado y con la propulsión estimulada por los nuevos aires acelerar la marcha para seguir haciendo la magia pequeña, mediana, grande y super grande que hacemos todos los días.
Desde esa perspectiva de la vida no pretendemos cambiar el mundo, sino transformar nuestro mundo. Fuera de nuestras fronteras hay un planeta que se destruye por cualquier circunstancia y seguramente mucho de lo que ahí pasa también nos afecta, pero dígase
lo que se diga de nosotros la verdad verdadera es que somos un oasis de paz que es sostenido por la seguridad y el orden que tenemos y sin esos factores aquí no sería posible hacer absolutamente nada.
Ahora que retomamos nuestras labores, cada quien desde lo que le corresponde y sabe hacer, lo que nos recibe es un mes con un profundo mensaje de paz. Abril está marcado en el calendario como una huella que nos caló hace ocho años y valga que al recargar
energías nos sirva para las jornadas intensas que nos esperan porque lo que nos toca es gritar al mundo que estamos vivos, que somos sobrevivientes, que Dios nos acompaña en la razón que nos asiste y que con la frente en alto por el deber cumplido seguimos
adelante sin nada que nos avergüence porque hemos hecho lo correcto y son los resultados los que mejor hablan por nosotros.
En los próximos días y semanas de este mes de paz, de este abril que hace ocho años fue una llamarada asesina que incendió la convivencia pacífica que vivíamos, pero que nos sirvió para darnos cuenta lo valioso que el odio nos quiso arrebatar, estaremos
abordando los temas que como verdad verdadera pusieron a Nicaragua en modo de riesgo fatal y extremo cuando el terrorismo pretendió asaltar el poder por la vía de un golpe de estado que el pueblo se encargó de desmontar.
En lo personal recargué mis baterías en estas últimas vacaciones precisamente para graficar con fuerza y poder lo que las miserias humanas nos quisieron hacer y recordarles que por lo que hicieron y que están dónde están y que la contundencia de las pruebas
que los condenan más evidentes que sus fantasiosas narrativas.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.