“Creo que escribir crónicas dignas, de las que uno se pueda sentir
satisfecho, aunque sea un oficio, tiene que ser también un placer, una
forma de vida. Una forma de vida que a muchos les gustaría llevar,
seguro, lo sé, pero no les dejan”, reflexiona la doctora en Filosofía y
Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, quien ofrecerá en Ciudad
de México el taller “Crónica, femenino singular” (no se lo pueden
perder).
Veamos a continuación 10 consejos de Angulo:
- En primer lugar hay que salir a la calle a buscar historias y personajes.
- Prestar atención al entorno, a lo que cuenta la gente y a cómo lo cuenta.
- Observar para poder contar algo y, desde luego, querer contar algo.
- Para escribir en crónica hay que documentarse y también hay que
reportear. Otra cosa es montarse un ensayo más o menos lúcido, según el
bagaje de cada cual, o un relato autobiográfico.
- Recomendaría a al principio optar por la tercera persona y desaparecer técnicamente todo lo posible del relato.
- Es básico leer mucho: ficción y no ficción. Y fijarse, claro.
Prestar atención no solo a las historias y argumentos, sino a las
estrategias narrativas. Educando un poco la mirada, todos podemos
detectar algunas de las herramientas discursivas habituales de los
cronistas. Cómo alternan escenas y diálogos, por ejemplo, cómo emplean
la descripción, cómo tratan siempre de presentar un conflicto argumental
para que el texto pueda avanzar; cómo emplean o no las metáforas, las
analogías y los símbolos; cómo generan tensión o cómo emplean la ironía,
por ejemplo.
- Y después escribir, imitar esas estrategias que se hayan percibido en otras historias.
- Escribir mucho, siempre, a diario, para ir adquiriendo primeramente destrezas.
- Revisar lo escrito pasados unos días, autoeditarse una y otra vez,
dejando pasar el tiempo, para tomar perspectiva sobre lo escrito.
- Contar con un personal training. Ahí es donde cumplen una
buena función los talleres de crónica y las buenas clases de redacción
periodística de las universidades.