Octavio Quintero
El enfrentamiento entre el gobierno y las EPS se parece
mucho a ese espectáculo de lucha libre, donde los rivales, con gran destreza, se
atacan a “muerte”, pero en realidad se están haciendo pasito. Si no fuera
porque hay gente enferma de por medio, para no hablar de muertes prevenibles, era
de aplaudir. Es deprimente el espectáculo que están brindando las autoridades
de control y vigilancia y las EPS, inculpándose uno a otro.
Es de admirar la tenacidad de veedores como el médico Germán Fernández (@MedicoFernandez) y Vicente Calvo (@vcalvot), quienes persisten en sus denuncias e investigaciones… Temo que el tema pueda volverse “paisaje” (si no es ya), por saturación y cansancio.
Me sorprende la inacción jurídica de las autoridades oficiales de vigilancia y control ante las evidencias no refutadas hasta ahora, ni retórica y menos técnicamente.
Tanto las superintendencias, todas: de Salud, Financiera, de Sociedades, de Servicios y de Consumidores, como las IAS: Contraloría, Procuraduría, Fiscalía y Defensoría, tienen facultades de ley y constitucionales para escalar hasta la judicialización las (i)responsabilidades de administradores y socios de las EPS. Si no lo han hecho, es porque no quieren. Da la impresión, por lo últimamente anunciado por el ministro de Salud, con la venia del Presidente, se supone, que quieren llegar a un amigable arreglo, que llaman consenso, y échele tierra al resto.
Conclusión: las EPS – sus administradores y socios-, perderán el negocio, pero se quedarán con el botín e impolutos; el Estado reasumirá su responsabilidad constitucional, que nunca debió haber entregado; y todos pondremos la cuota parte de la quiebra del sistema sanitario. Será, en resumen, la más cara y viva experiencia del fracaso neoliberal en nuestro patio.