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... que el Papa confiese que está "amargado" por lo que pasa en el Vaticano va más allá de una simple preocupación; es, en cierto modo, una confesión de impotencia y un velado reconocimiento de culpabilidad indirecta por no haber controlado lo mucho, lo decisivo, que había que controlar.

Nuestra Señora de Fátima dijo que los errores de Rusia se propagarían por todo el mundo... Ahora se hace mediante el marxismo cultural. Hay una continuidad, desde la revolución sexual leninista, a través de Gramsci y de la Escuela de Frankfurt, hasta la actual ideología de los derechos homosexuales y de género.

Los diarios del día repiten la noticia de la renuncia de Mons. Sarlinga, obispo, ahora emérito, de Zárate-Campana, Prov. de Buenos Aires, Argentina. La Nación destaca, porque tuvo la manos metidas en el asunto en su momento, el verdadero motivo de esta dimisión.

Cumplido el mes de la muerte de mi madre, agradezco las oraciones que muchas personas me han comunicado han rezado y misas que han dicho o encargado por su alma, así como todas aquellas de las que no he tenido noticia. Gran obra de caridad rogar por las almas de los difuntos y buen consuelo para sus más cercanos.

Francisco, por “cortesía” con una judía ortodoxa, ha ocultado el crucifijo pectoral y ha hecho una reverencia ante quien se negó a hacerla ante él, como vicario de Cristo, “por razones religiosas”.

Cada año asiste a las audiencias papales de los miércoles la mitad de personas que el año anterior.

En carta al presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, el papa Francisco dispone que la FSSPX puede confesar válida y lícitamente durante el Año Santo de la Misericordia. Esta sorprendente novedad fue respondida por un comunicado de la Casa General de la congregación.

Por algunos día no quise leer ninguna declaración de Francisco. ¿Para qué? Si con él o sin él, elocuente o callado, he visto con mis propios ojos a la Iglesia viva transmitiendo lo que recibió.

Sin voluntad de producir una secuela de lo publicado anteriormente, cuyo motivo fue recordar el aniversario de una declaración que marcó un momento central en la historia de la Iglesia contemporánea, parece conveniente dar a conocer también, a quien no lo haya leído, el capítulo posterior a dicha declaración, algunos meses después.

El 21 de noviembre de 1974, el arzobispo Marcel Lefebvre realizó una breve declaración doctrinal que produciría enorme impacto en su momento y durante largo tiempo. Y que toma particular relevancia en éste, bajo el reinado de Francisco, cuyas características el arzobispo francés luego jefe involuntario del tradicionalismo y fundador de la FSSPX describía en ese momento, a menos de diez años del cierre del Vaticano II, con sorprendente anticipación.

Es lo que sostiene el cardenal africano Robert Sarah en su libro "Dios o nada" y en la discusión que le siguió. En forma exclusiva aquí el anticipo de una intervención de su autoría, en el próximo número de "L'Homme Nouveau".

Dondequiera que la Iglesia ha penetrado, ha hecho cambiar al punto el estado de las cosas. Ha informado las costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado en la sociedad civil una nueva civilización. Los pueblos que recibieron esta civilización superaron a los demás por su equilibrio, por su equidad y por las glorias de su historia.

Regularmente, sobre todo en tiempo de elecciones de autoridades públicas, surge entre los católicos más tradicionales la duda sobre la doctrina de la Iglesia en esta materia. Muchos, sin dudas pero tampoco sin certezas bien fundadas, condenan hasta el acto de votar en los comicios.

Ningún pontífice en toda la historia ha despertado este temor específico que se está extendiendo alrededor de la iglesia: de que el magisterio, la autoridad de enseñanza investida en Pedro por Jesús, no esté segura en sus manos.