“En unos minutos el Presidente Arias nos dará el último informe de labores de su Gobierno. Mediante metáforas recicladas de la literatura rosa o de algún manual bajado de internet, oiremos sobre una Costa Rica de las oportunidades infinitas, que alzó vuelo como un ave en el firmamento, donde el único límite son nuestros sueños. El país de las maravillas”. José María Villalta Florez-Estrada, Mayo 2010.
En su “LLAMADO A LA REFLEXIÓN” (La Nación 29 de mayo 2011), el expresidente Arias reconoce que tiene pocas virtudes y muchos defectos, como todos los seres humanos. En su artículo brilla el defecto de la inmodestia. Pretende dictar una lección a los diputados y afirma, inmodestamente, que en 40 años de “servirle con abnegación a Costa Rica”, “nadie [¡¿?!] puede señalarle que no ha actuado con dignidad y honestidad”. Para desarrollar su lección, como es su costumbre, a falta de ideas propias, atiborra su escrito con citas sin ton ni son. Citas de Jorge de Bravo, de Confucio a Jesús, de Sancho a don Quijote, del poeta alemán Schiller, de Shakespeare en Otelo, de Séneca, y, finalmente, con el Sermón de la Montaña. ¡Qué erudición!
Lo de la honestidad, pase, es lo mínimo que podemos exigirle a un político por mediocre que sea, sobre todo si se refiere a la honestidad para arriba de la cintura. La honestidad es una obligación o un deber y no un mérito. Lo de la dignidad no lo puedo dejar pasar por alto. El señor Arias ha actuado indignamente en numerosas ocasiones. Recuerdo, a modo de ejemplo, entre las más recientes, sus presiones sobre la Sala Constitucional para que declarara inconstitucional, con argumentos resobados, la reforma constitucional del presidente Trejos que prohibió la reelección presidencial.
También la insólita inauguración de obras publicas inexistentes o inconclusas como la nueva casa presidencial y la carretera a Caldera. Una nueva casa presidencial en un parqueo, donde muy orondo quiso plantar su placa inaugural, pero no habiendo donde ponerla, tuvo que llevársela para la casa. Esto, aunque sirvió para que se hicieran chistes, al menos no causó perjuicio al país, como lo fue la inauguración prematura de la vía a Orotina y Caldera sin que estuviera terminada, con desastrosas consecuencias, en lo que coinciden la Comisión Legislativa, el Laboratorio de Materiales -Lanamme-, la Escuela de Geología de la UCR y múltiples instancias.
Ya Arias había desperdiciado en 1986-90 un préstamo del Banco Interamericano (BID) por $40 millones para construir la vía. Nada se hizo, hubo que devolver el préstamo y pagar de balde una comisión de tres millones de dólares, sin beneficio alguno. Ahora fue aun peor, se ordenó construirla a troche y moche, por concesión, con un diseño anticuado de hace 20 años. Debió hacerse de 4 carriles, pero se dejó con solo dos que ya son insuficientes para el tránsito actual; con frecuencia hay que revertir el sentido de circulación de las vías a una sola dirección. Costaba $118 millones y va costando el triple, en buena parte por la alcahuetería de las autoridades y “la gestión omisa, negligente y permisiva de la Administración ante las denuncias”. Y aun falta arreglar daños, derrumbes, pavimentos defectuosos, abrir dos radiales, servicios en carretera, seguridad, pero el concesionario ya tiene más de un año cobrándonos peaje, por la graciosa e imprudente apertura anticipada de la vía por razones políticas ni dignas ni honestas de su gobierno, pero Arias en su narcisismo no lo entiende y lo sigue cacareando.
Más ejemplos. Se puede citar también lo indigno de retirarle la invitación al Dalai Lama para visitar Costa Rica, o la forma indigna y grosera en que rompió la relación con Taiwán mientras usaba su dinero, o la suspensión de 23 proyectos de desarrollo social preparados por MIDEPLAN para sustituirlos por un superfluo estadio chino de $100 millones que se suponía llevaría su nombre. Mientras el país padecía -y sigue padeciendo- grave crisis económica y fiscal, con graves problemas sociales desatendidos; sueldos y pensiones pagados con plata prestada -prohibido por ley- su gobierno dejó el mayor déficit fiscal de América Latina; la brecha entre ricos y pobres aumentó, los tugurios proliferaron y la pobreza creció más que en cualquier país de la región; estalló aun más la inseguridad ciudadana y se descuidó el medio ambiente para favorecer los desarrollos inmobiliarios suntuarios.
Arias declaró de interés público la minería a cielo abierto, los ríos se volvieron cloacas abiertas mientras se pretendía engañar al mundo con la cantinela de que somos “un país ecológico”. Dos millones de dólares donados por el BCIE para consultorías de gobernabilidad se desperdiciaron en contrataciones burdas de asistentes, choferes, mecánicos, guitarristas, amiguismo, en arreglo del piso de su oficina, en prebendas politiqueras para “comprar” apoyos al gobierno, todos manejos faltos de transparencia que solo salieron a la luz pública por denuncias en la prensa.
Dijo Arias que no está de acuerdo en que se hagan en la Asamblea Legislativa investigaciones porque se vuelve “ojo por ojo, diente por diente”, y entonces van a quedar todos sin ojos y sin dientes -¿su administración incluida?- ¿Tiene temor? Ciertamente, en el siglo XXI el Gobierno de los hermanos Arias fue peor que el Gobierno de los hermano Tinoco en el siglo XX. Fue una gran farsa. Óscar Arias siempre ha dicho que el verdadero demócrata si no tiene oposición debe crearla. Él ha creado la oposición con la infinidad de tonterías que ha dicho y hecho.