Fuente: PPT radio y tv comunitaria. La primera de la izquierda paraguaya
EDITORIAL
lunes, Septiembre 26, 2011
Es fácil pero irreal reclamar un Paraguay seguro sin justicia social y sin un combate a la desigualdad que genera pobreza e inseguridad en la mayoría de los hogares paraguayos/as. La idea es errónea cuando no hay capacidad cívica en algunos sectores de la minoría mezquina para construir entre todos un país justo, como es demagógico y mal intencionado culpar sólo al Gobierno por la inseguridad, en una nación como la nuestra, donde una ínfima parte de la población pudiente ocupa millones de hectáreas de tierra y una inmensa mayoría carece de un palmo para levantar un rancho y alimentar a su familia. La seguridad debe alcanzar a todos/as, la seguridad para vivir mejor, con dignidad, por lo cual, el remedio a la enfermedad de la inseguridad no puede ser solo para la tranquilidad de una minoría mezquina. Un país seguro es aquel donde cada ciudadano mejora su calidad de vida con la cooperación de todos/as, sin que reine desigualdades injustas, donde todos los poderes se empeñan en una causa común por políticas de estado en beneficio de la mayoría de la población. En ese sentido, se observan cambios positivos en el país desde el 2.008, en un nuevo enfoque integral de buscar una verdadera seguridad, donde los beneficios de la democracia lleguen a toda la ciudadanía y no solo ya para algunos como ocurría en el pasado.
El INDERT ha decidido mensurar las tierras ocupadas desde hace años por algunos latifundistas, cuyos títulos de propiedad generan toda clase de sospechas, pero la respuesta de quienes reclaman seguridad, es oponerse a la medida, con el apoyo de fiscales y jueces venales, esos mismos que corren para ordenar desalojos de los humildísimos ranchos campesinos, respondiendo a intereses de Tranquilino Favero, que se permitieron intervenir el Instituto pero rechazan hacerlo en las estancias.
¿Acaso una familia de pueblo, honesta y trabajadora, que habita en un espacio de 12 metros de frente por 30 de largo, o quizás menos, se opondría a las autoridades si quieren medir su terreno?. No, nunca lo harían porque no tienen delito que ocultar, pero la corporación enemiga del INDERT, del Gobierno de Lugo y del proceso de cambios que sigue su marcha, pese a los tropiezos, se opone y su oposición es una confesión de hecho: la medición probará que son usurpadores.
En el hambre y la miseria, la intoxicación mental, en especial de niños y jóvenes que generan algunos medios grandes de prensa y sectores políticos interesados, la opulencia de los ricos, la mayor parte sin poder explicar el origen de su fortuna, frente a miles de familias sin empleo, y empresarios multimillonarios pagando 400 mil guaraníes por mes a sus trabajadores, están algunas de las causas que impiden la concertación y armonía social.
De parte de sectores conservadores, como la Asociación Rural, la UGP, y otras corporaciones, mucho se reclama un consenso que garantice la paz social y evite la confrontación entre los compatriotas, anhelo generoso que sin dudas toda la sociedad comparte, pero imposible de realizar si antes no impera la justicia social, que termine con la exclusión de la mitad de los compatriotas y un tercio arañando todos los días para mantener una vida relativamente decorosa.
EL PUEBLO ES PACIFISTA PERO LA OLIGARQUIA PROVOCADORA
Todo enfrentamiento social e inestabilidad republicana, en Paraguay o en cualquier país, es producto del perverso modelo de distribución de los beneficios, de la desigualdad y de las injusticias paridas por el egoísta y criminal sistema capitalista, basado en la explotación del trabajador por el propietario de los bienes de producción.
La confrontación continuará mientras esa relación anacrónica no sea transformada, y la patronal reflexione un poco y haga uso del sentido común y de la autocrítica antes de pretender arrogarse el papel de vanguardia del pacifismo, sin conceder nada, sin aportar un mínimo de desprendimiento humanista y patriota para equilibrar las relaciones entre capitalistas y el resto de la población.
Por el contrario, son los gremios de trabajadores, las organizaciones campesinas y todas las fuerzas progresistas, las primeras interesadas en vivir en paz y alcanzar el necesario bienestar general con el trabajo honrado, sin sufrir la explotación actual y la falta de fuentes de empleos porque los capitalistas continúan sin invertir para desarrollar industrias y extranjerizan sus ganancias en complicidad con los consorcios transnacionales explotadores del suelo paraguayo.
Relaciones de equidad ante la ley, de posibilidades de desarrollo del ser humano, y de oportunidades de formación profesional y empleo a la juventud, dando tranquilidad a las familias para crear sus hijos en un ambiente sano, conforman la única llave que podría permitir consolidar un país con armonía social, eliminando el analfabetismo y reduciendo la mortalidad infantil y otros males.
El pensamiento conservador, a través de sus estridentes voceros reclama garantías de paz social al Gobierno, no a los otros dos poderes del Estado, donde conviven parlamentarios y juristas de similar doctrina, en un planteo en contradicción flagrante con su propia naturaleza ideológica, que es enemiga de transformar la estructura económica, política y cultural, principal obstáculo para llegar al consenso reclamado por ellos, en un discurso tramposo cuyo único objetivo es resguardar sus mezquinos intereses, sin ninguna sensibilidad social.
En concreto, los sectores pudientes de nuestro país piden a la población que continúe viviendo la mitad en la miseria y un cuarto en la indigencia, para que ellos puedan seguir gozando de su opulencia malsana, sin ser molestados por los reclamos populares. Esa es la tranquilidad que desean, la paz que pregonan, desprovista de justicia.
Esos “pacifistas” son los primeros en reclamar consenso a este Gobierno pero jamás lo hicieron en los 70 años de compartir la alcoba con la mafia dirigente colorada, entre otras cosas porque la represión acallaba las reivindicaciones populares con su apoyo, complicidad y silencio.
Hipócritas pregoneros de una falsa concertación social, se resisten a declarar su patrimonio personal y el origen de la fortuna familiar, se niegan a pagar los impuestos a la renta personal (IRP) y al inmobiliario, el IMAGRO y un justo gravamen a la exportación, impidiendo al Fisco capitalizar, para poder administrar correctamente el país.
Como lo indica la tambaleante situación social