Guillermo Tell Aveledo: Toda forma de intervención estatal constituye un demonio

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José Da Silva

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Aug 3, 2015, 12:08:03 PM8/3/15
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Guillermo Tell Aveledo: Toda forma de intervención estatal constituye un demonio

3 Agosto, 2015



Enrique Meléndez / especial Noticiero Digital / imagen @arondon75 / 3 ago 2015.- El politólogo Guillermo Tell Aveledo asegura que el bachaqueo y la llamada guerra económica no son formas de viveza criolla y corrupción sino la reacción natural de los venezolanos frente a las regulaciones del Estado.

La afirmación la hizo en un conversatorio que promovió Cedice el viernes pasado bajo el lema de “No hay almuerzo gratis en economía” dedicado a la memoria de Milton Friedman.

Inició sus palabras agradeciendo a Cedice la invitación a festejar el cumpleaños 102 de Milton Friedman, sobre todo porque confesó que había crecido, intelectual y académicamente, en un ambiente de mucha hostilidad hacia las ideas liberales. Manifestó que la hostilidad partía de incomprensiones; de relativos desencuentros de cosas que deberían ser más bien cercanas.

Consideró que la gente, como él, que comparte la desconfianza ante toda forma de intervención estatal en la economía, más allá de las buenas o malas intenciones, debería más bien hallar más cosas en común y poder trabajar más unidos.

“Pero no vengo a hacer militancia sino a ubicar a Milton Friedman en el contexto de mi trabajo: yo me dedico a la historia del pensamiento, y su famosa frase de que “en economía no hay almuerzo gratis”, casi constituye un mantrax entre nosotros”.

Calificó la vida de Friedman como muy extraordinaria, en especial, porque llegó a ser el economista más influyente de la segunda mitad del siglo XX; pero, además, por la forma como abrazó el liberalismo si se toma en cuenta que nada de su biografía inicial parecería indicar que iba a segur ese camino.

Recordó que Friedman creció durante la consolidación del llamado estado de bienestar en los EEUU.

“Al contrario –agregó-, aun siendo alguien que se encuentra en esa condición, es precisamente su honestidad intelectual lo que lo lleva a una crítica de estas nociones y de estas visiones. Y digo por qué en un momento extraordinario: Friedman gesta su formación en el período entre guerras, para entonces el máximo exponente de las ideas liberales había sido Alfred Marshall, y desde entonces su fomento había decaído entre las elites intelectuales de Europa y EEUU”.

Según Aveledo, no había un defensor de la economía liberal en términos intelectuales a comienzos del siglo XX. Lo más cercano había sido John Stuart Mill pero quien, a su juicio, había coqueteado con ideas contrarias al liberalismo al final de su vida; aparte de que los partidos liberales de Europa y EEUU habían abandonado buena parte del credo casi pensando en que no era aplicable a la sociedad de masas.

Citó algunos autores de escuelas de Alemania y EEUU que veían las ideas liberales con una cierta hostilidad y cierto candor, ya que miraban desdeñosos lo que hallan como combinación irrefrenable: las desigualdades objetivas de su tiempo y las penurias objetivas de los más desafectados con las ideas liberales.

“Era casi improbable que una persona educada, especialmente, en una universidad norteamericana pudiera orientarse hacia el liberalismo. El que Friedman lo hiciera era algo notable. ¿Por qué? Porque a la propia idea liberal, los liberales, políticamente, activos la habían abandonado”.

Se remontó a la génesis de la expresión “no hay almuerzo gratis”, y dijo que la misma la había usado Friedman con motivo del arribo de un notable político a la alcaldía de Nueva York, quien había llegado a la misma predicando la idea de que había que golpear a la burocracia, sobre todo a ciertas élites de las maquinarias partidistas enquistadas en los cargos públicos y más bien destinar el dinero público para el pueblo; una política que Aveledo calificó de progresismo y que fue seguida por otros alcaldes, como Franklin D. Rooselvelt de la que surgió la política del “New Deal”.

Al ahondar en el pensamiento progresista, el politólogo precisó que no era el uso del dinero público el que había de ser erradicado, si no más bien el uso del dinero público bien destinado por gente sensata, gente con valores, lo que sería garantía de una redistribución sana.

“Llega a EEUU en la década de 1930, cuando ya lo había hecho Nueva York una década antes, esta corriente que desde el paternalismo aristocrático; desde las nociones de socialismo protomedioeval de Europa, había ya conquistado estaciones del mundo moderno”.

Mencionó de paso a Venezuela y dijo que hubo una tentativa de establecimiento de un cierto estado del bienestar hacia la década de 1930.

En un repaso de la forma como se había extendido el estado del bienestar en la política del Estado moderno llegó a la conclusión de que su masificación se impuso de tal manera que para la ciudadanía de hoy ésa es la forma ordinaria e ideal del Estado, y que esa es la visión de mundo que va a combatir Milton Friedman, y que, en esas condiciones, se había valido de esa frase que pertenecía a la tradición oral de los pueblos y que reconocía no ser de su hechura.

“El que hoy podamos discutir, seriamente, si ese Estado no sólo es vulnerable a ataques de los autoritarismos más evidentes sino que además es en sí mismo corruptor y es en sí mismo perverso constituye un hecho que se lo debemos a Milton Friedman, cuyos primeros trabajos públicos eran, precisamente, debates sobre la regulación: la regulación de precios; los almuerzos gratis que se ofrecían y los subsidios, eran objeto de sus ataques desde muy joven”.

Según Aveledo, uno de los temas de Friedman se centraba en el relativo a la regulación de los alquileres en Nueva York y que fue una advertencia importante para lo que parecía una ciudad que nunca iba a dejar de crecer pero que hacia los años setenta; como los hechos demuestran, estaba completamente empobrecida.

Por esta vía abordó el tema de lo que consideró como el deterioro del centro de las grandes ciudades de EEUU (Boston, Detroit, la propia Nueva York), ciudades donde han reflotado fenómenos como el de los conflictos raciales que se fraguaron en la década de 1960, y están hoy de nuevo en lapalestra, que ha llevado a un incremento de la represión policial. Para Aveledo estos conflictos no son, como dirían en Telesur, producto del capitalismo norteamericano sino más bien demostraciones de cómo las políticas públicas dirigidas al beneficio de esos sectores depauperados; que son los que habitan en esos centros urbanos, ha sido, precisamente, en desmedro de ellos.

“Frente a la propagación de esas ideas del estado de bienestar es que Friedman trata insurgir diciendo que la ciencia económica y la evidencia estadística demuestran que el el estado de bienestar atenta contra sus propios valores; siendo uno de ellos el valor esencial de la libertad”.

El conferencista pasó a señalar que de pronto se da un resurgir del liberalismo que aunque no tenga efectos concretos como una gran revolución, ha transformado el debate político y público de una manera inesperada. Eso último lo fundamentó en el hecho de que, siendo profesor de ideas políticas, él ha revisado los manuales que hay sobre la materia y ha percibido que los que se han editado en el siglo XX rara vez mencionan a los pensadores de este resurgir liberal.

“Fredman nunca dice que sus adversarios intelectuales tengan mala intención; nunca dice que son diabólicos, y esto revela en Friedman una gran honestidad intelectual. Es raro porque el adversario intelectual suele ser o alguien engañado o un iluso o, ciertamente, alguien que como sabe más que lo que revela debe ser malvado. Friedman nunca hace un señalamiento así”.

A juicio de Aveledo, esto es llamativo en la obra de Friedman, y, en ese sentido, lo consideró poco sentimental y poco alarmista; que él admite que algunos de las personas, con las que comparte dicha posición por la libertad a veces exageran en sus pronósticos y a veces exageran en sus profecías.

“Pero, además, hay una negación absoluta de la idea del control. Allí donde a veces el pensamiento liberal coquetea con el pensamiento conservador y es libertario (no permitir que el Estado intervenga) en algunas cosas y es socialmente conservador en otras, Friedman es sumamente coherente: su idea del Ejército de Voluntarios; sus ideas de la liberación de las costumbres más básicas, sus ideas sobre la legalización de las drogas siguen siendo polémicas”.

Hizo ver como los tiempos han cambiado precisamente por el hecho de que esos temas hace cuarenta años no se discutían, lo que comprueba que la influencia de Friedman no ha sido en vano. “El problema de la renta permanente, el problema de la inflación, como un problema monetario. Todo eso nos revela, precisamente, una intención distinta y una cualidad distinta del pensamiento de Friedman”.

Confesó que lo que más le indignaba es que Friedman no fuera mencionado en los textos de teoría política; del pensamiento político, y esto porque le parece que en Friedman hay toda una posición política directa, incluso, mucho más que en Marx, ya que Marx deja el tema del Estado “en una especie de vahído, y ya veremos lo que hacen los otros comunistas cuando resuelvan”.

Dijo que la posición política esencial de Friedman era, no sólo la eliminación de los controles, sino también la exaltación del individuo. E hizo la salvedad de que para Friedman el Estado no va a desaparecer de un todo, pues éste reconoce que aún el Estado debe cumplir algunas tareas.

“Quizás a Friedman no le conviene, en la comparación con otros, su interés recurrente en tratar de ser no sólo un predicador y un propagador de ideas sino además alguien que trata de simplificar sus ideas al público ordinario”.

Al retomar el tema del almuerzo “libre” en economía, Aveledo dijo que esto lo había expresado Friedman en un discurso que pronunció en EEUU, “si partimos de la noción de que todo control y toda pretensión de subsidio, de regulación, termina siendo una distribución no sólo forzada de bienes de una parte de la sociedad a otra, sino que además genera efectos perversos en el individuo y en las sociedades que pretende aliviar, la prescripción de la verdadera libertad o del verdadero almuerzo libre aquí termina siendo como un juego de palabras que malamente se traduce en castellano”.

El profesor Aveledo explicó que cuando se dice que no hay almuerzo gratis es que no hay almuerzo libre, ya que “free” no significa en inglés gratis sino libre; pero que entre nosotros está relacionado con la mangüangüa, con la regaladera y con la viveza, y no con lo que sería el verdadero alivio de nuestra individualidad que sería la ausencia o la disminución de las regulaciones.

“En ese sentido, la propuesta de Friedman es bastante clara. Se ha dicho que peca de utópica o peca de un optimismo que casi ningún otro político con paternalismo o mala intención pueda tener sobre la sociedad humana. Los individuos no sólo son capaces de labrarse su propio destino sino que son capaces, si se les permite, de genuinamente alcanzar una mayor prosperidad y una mayor integridad en su desempeño humano”.

Consideró como un gran regaño que Friedman le hace a la sociedad cuando expresa que los políticos no le han quitado el poder a los hombres sino que hemos sido nosotros desde la sociedad quienes le hemos entregado ese poder.

Al finalizar se refirió al caso venezolano. “Cuando aquí ocurren las distorsiones del mercado derivadas de la regulación; cuando aquí ocurre la perversión de la conducta humana denunciada por el gobierno como bachaqueo o guerra económica, nosotros sabemos que son reacciones naturales de individuos que, frente a la regulación, tratan de maximizar sus ingresos”.

Añadió Aveledo que este comportamiento se lo adjudicamos nosotros a ciertos patrones de viveza y corrupción culturales con lo cual, a su modo de ver, le estamos haciendo el juego a un discurso derrotista que más bien parecería indicar que es imposible la instauración de instituciones y normas regulatorias liberales en Venezuela. Habló también de un “pacto fáustico” con el Estado frente a aquellos casos en los cuales nosotros criticamos algunos subsidios y nos callamos frente a otros pues toda forma de intervención, para Aveledo, constituye un demonio.

Cerró con la siguiente advertencia: “El Estado venezolano actualmente no hace esto por error; no hace esto porque es meramente incompetente e incapaz, y no porque no sepa que la ciencia económica resuelve todos estos problemas que le permitiría salir de este atolladero, no porque no sepa que esto afecta su popularidad; sino que no le importa ser impopular, no le importa no llevar la prosperidad porque para el gobierno que nos domina hoy la prosperidad individual, social constituye un anatema. No es un accidente”.

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