Un trabajo laborioso
desplegado en una suerte de cartografía multidimensional, nos invita a
compartir un viaje visual intenso. Ese es el punto de partida o
principio de atracción que nos propone Fátima, como imaginario
leitmotiv.
Una vez atrapados en la aventura, nos precipitamos en
una vertiginosa catástrofe, producida paciente e indolentemente, por la
extrema tensión entre poderosos y contundentes planos de color y un
diminuto y minucioso bordado.
Las finas líneas aparentemente
débiles, en una primera mirada, establecen una filosa barrera de
contención a los expansivos volúmenes de color, que se muestran
desafiantes sobre la superficie de la tela.
En los intersticios, la
pluma desarrolla ingeniosas texturas, insinuaciones formales, tramas y
un sinnúmero de grafismos dotados de diversas dinámicas, claramente
independientes de las coloridas masas, y actúan como remansos
habitables, en medio del amenazante colapso.
Efectivamente se
trata de una dicotomía flagrante, como la que podríamos observar en un
gran mapa geográfico, en donde el agua y la tierra no admiten
confusiones.
Antiguamente los mapas, además del básico señalamiento
cartográfico, incluían dragones, monstruos de diferente índole, máscaras
con pómulos hinchados de soplar vientos, graficas diversas señalando
características específicas de distintos lugares, intentando mostrar lo
conocido y lo desconocido a la vez.
En una época en que los
mapas han exacerbado con infatigable precisión la representación
territorial donde lo conocido ha adquirido valor casi absoluto, estos
“cartogramas” inocentemente ideados por la artista, placenteramente
catastróficos, caprichosos y sin otra lógica que la de la ética
plástica, apoyados en una refinada simbiosis entre dibujo y pintura, tal
vez pueden portar legítimamente el título de Paraísos.
Juan Astica, Agosto de 2015
Entrada libre y gratuita
Horario de visita: martes a sábado de 15 a 20 hs
Jorge Newbery 3599 esq. Charlone / CABA
Tel: 011 4553 5723
Agradecemos su difusión