Para liberamos de la ira hemos de practicar; seamos cristianos, musulmanes, budistas, hindúes o judíos. No podemos pedir al Buda, a Jesús, a Dios o Mahoma que quite la ira de nuestro corazón en nuestro lugar, sino que hay unas instrucciones concretas acerca de cómo transformar el deseo vehemente de la ira y la confusión de nuestro interior. Si seguimos estas instrucciones y aprendemos a cuidar de nuestro sufrimiento, podremos ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Supongamos que hay una familia en la que el padre y el hijo están enojados el uno con el otro. No son capaces de comunicarse. El padre sufre mucho y el hijo también. No quieren quedar atrapados en la ira que sienten, pero tampoco saben cómo superarla. Una buena enseñanza, es aquella que puedes aplicar directamente a tu vida, para transformar tu sufrimiento. Cuando estás enojado, sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno. Debes ir a ver a un amigo que practique; y preguntarle, qué puedes hacer para transformar la ira y la desesperanza que hay en ti.