compañías aseguradoras. Su filosofía de vida es la de un escalador,
un esquiador, un surfista Y no hacen surf sólo en los mares
exteriores, ‑ surfean en sus mares internos. Y no sólo escalan los Alpes
y el Himalaya sino que buscan cumbres internas.
VIVIR peligrosamente es vivir. Si no vives peligrosamente, no vives. La vida sólo florece cuando hay peligro. La vida no florece en la seguridad; sólo florece en la inseguridad.
Si empiezas a tener seguridad, te conviertes en una charca empantanada. Tu energía ya no se mueve. Tienes miedo... porque nadie sabe cómo entrar en lo desconocido. ¿Para qué arriesgarse? Lo conocido es más seguro. Pero después te obsesionas con lo que te resulta familiar. Te hartas de ello, te aburre, te hace infeliz, sin embargo, es familiar y cómodo. Por lo menos ya lo conoces. Lo desconocido te da miedo. Simplemente la idea de lo desconocido te hace sentir inseguro.
Sólo hay dos tipos de personas en el mundo. Las que quieren vivir cómodamente: están buscando la muerte, quieren una tumba cómoda. Y las que quieren vivir: escogen vivir peligrosamente porque la vida sólo prospera si hay algún riesgo.
¿Has escalado alguna vez una montaña? Cuanto más alto escalas mejor te sientes. Cuanto mayor es el peligro de caer, cuanto mayor es el abismo, más vivo estás. Cuando estás entre la vida y la muerte, cuando estás colgando entre la vida y la muerte, no existe el aburrimiento, no existe el polvo del pasado ni el deseo del futuro. El momento presente es muy afilado, es como una llama. Es suficiente: vives en el aquí y ahora.
O haciendo surf... o esquiando, o patinando; siempre que haya peligro de perder la vida hay una enorme alegría, porque el riesgo de perder la vida te hace estar muy vivo. Por eso le atraen los deportes peligrosos a la gente.
La gente escala montañas... Alguien le preguntó a Edmund Hillary: ‑¿Por qué has intentado escalar el Everest? ¿Por qué? ‑Hillary respondió‑: Porque está ahí, es un reto constante. ‑Era arriesgado, había muerto mucha gente intentándolo. Había grupos de escaladores desde hacía sesenta o setenta años, la muerte era casi segura, pero la gente seguía yendo. ¿Qué es lo que les atrae?
Al llegar más alto, al alejarte de lo establecido, de la rutina de la vida, te vuelves salvaje de nuevo, te vuelves de nuevo parte del mundo animal. Vuelves a vivir como un tigre, como un león, como un río. Vuelves a surcar los cielos como un pájaro, volando cada vez más alto. Y cada momento que pasa, la seguridad, la cuenta del banco, la esposa, el marido, la familia, la sociedad, la Iglesia, la respetabilidad... van desvaneciéndose, alejándose. Estás solo.
Por eso le interesan tanto los deportes a la gente. Pero ese peligro tampoco es real, porque llegas a tener mucha práctica. Puedes aprenderlo, puedes entrenarte. Es un riesgo calculado. Puedes entrenarte haciendo montañismo y tomar todas las precauciones. O conducir a gran velocidad... puedes ir a 160 kilómetros por hora, es peligroso, es excitante. Puedes llegar a ser muy hábil y es peligroso para los de fuera, pero no para ti. Aunque exista un riesgo, es secundario. Además, esos riesgos son riesgos físicos, sólo afectan al cuerpo.
Cuando te digo vive peligrosamente, no me refiero al riesgo físico sino al psicológico y, finalmente, al riesgo espiritual. La religiosidad es un riesgo espiritual. Nos lleva a tanta altura que tal vez no podamos regresar. Ése es el significado del término anagamin de Buda: aquel que nunca regresa. Es llegar muy alto, a un lugar sin retorno... después simplemente te pierdes. No regresas jamás.
Cuando digo vive peligrosamente, no me refiero a vivir una vida ordinaria de respetabilidad, ser el alcalde de la ciudad, o el miembro de una asociación. Eso no es vida. O ser ministro, tener una buena profesión y un buen sueldo, y ver cómo se acumula el dinero en tu banco y cómo todo va a la perfección. Cuando todo va perfectamente, fíjate, te estás muriendo pero no pasa nada. La gente te puede respetar y cuando te mueras habrá una gran procesión. Muy bien, eso es todo; publicarán tu foto en los periódicos y escribirán editoriales, y después la gente se olvidará de ti. Y has vivido toda la vida para esto.
Obsérvalo, se puede perder toda la vida en cosas ordinarias, mundanas. Ser espiritual significa entender que no deberíamos dar demasiada importancia a estas pequeñas cosas. No estoy diciendo que sean insignificantes. Digo que tienen importancia, pero no tanta como creéis.
El dinero es necesario. El dinero es una necesidad. Pero el dinero no es el fin y no puede serlo. Evidentemente, es necesaria una casa. Es una necesidad. No soy un asceta y no quiero que destruyas tu casa y huyas al Himalaya. Necesitas una casa, pero eres tú quien necesita la casa, y no viceversa. No lo malinterpretes.
Por lo que puedo ver, todo el asunto está del revés. Es como si fuesen necesarios para la casa; trabajan para la casa. Es como si fuesen necesarios para la cuenta del banco; acumulan dinero y después se mueren. Y no han vivido. Nunca han tenido un momento de vida vibrante, total. Están aprisionados en su seguridad, familiaridad, respetabilidad.
Después, es normal que estés aburrido. Las personas me dicen que están muy aburridas. Que están hartas, estancadas, ¿qué pueden hacer? Creen que basta repetir un mantra para volver a estar vivo. No es tan sencillo. Tendrán que cambiar el patrón de vida.
Ama, pero no pienses que mañana esa mujer seguirá a tu disposición. No esperes nada. No reduzcas a la mujer a una esposa. Entonces, estarás viviendo peligrosamente. No reduzcas al hombre a un marido, porque un marido es algo horrible. Deja que tu hombre sea tu hombre y tu mujer tu mujer, y no vuelvas predecible el futuro. No esperes nada y estate preparado para todo. Eso es lo que quiero decir cuando digo vive peligrosamente.
¿Qué es lo que hacemos? Nos enamoramos de una mujer y enseguida empezamos a ir al juzgado, al registro y a la iglesia para casarnos. No estoy diciendo que no te cases. Es una formalidad. De acuerdo, puedes satisfacer a la sociedad pero, en el fondo de tu mente, no poseas nunca a la mujer. No digas nunca: «Me perteneces. » Porque, ¿cómo te puede pertenecer una persona? Y cuando empiezas a poseer a una mujer, ella empezará a poseerte a ti. Entonces, ya no estáis enamorados. Sólo estáis aplastándoos y matándoos mutuamente, paralizándoos.
Ama, pero no dejes que tu amor se reduzca a un matrimonio. Trabaja ‑el trabajo es necesario‑ pero no permitas que el trabajo se convierta en tu vida. El juego debería ser tu vida, el centro de tu vida. El trabajo sólo debería ser un medio que te conduce al juego. Trabaja en la oficina, trabaja en la fábrica y en la tienda, pero para tener tiempo y oportunidades de jugar. No permitas que tu vida se reduzca a una rutina de trabajo, ¡porque el objetivo de la vida es el juego!
Jugar significa hacer algo por sí mismo. Si disfrutas muchas cosas por sí mismas, estarás más vivo. Por supuesto, tu vida siempre tendrá riesgos, peligros. Pero la vida tiene que ser así. El riesgo forma parte de ella. De hecho, el riesgo es la mejor parte, lo mejor de la vida. La parte más hermosa es el riesgo. Cada momento es un riesgo. Quizá no te des cuenta... Inhalas, exhalas. Incluso cuando exhalas, ¿quién sabe si volverás a respirar o no? No puedes estar seguro, no está garantizado.
Pero hay personas cuya religión es la seguridad. Aunque hablen de Dios, hablan de Dios como la seguridad suprema. Si piensan en Dios, sólo piensan en él porque tienen miedo. Si rezan y meditan, es para seguir estando bien con él, bien con Dios: «Si hay un Dios, sabrá que siempre iba a misa, que le alababa. Puedo dar fe de ello. » Incluso su oración es un medio.
Vivir peligrosamente significa vivir la vida como si cada momento fuese un fin en sí mismo. Cada momento tiene un valor intrínseco, y no tienes miedo. Sabes que la muerte está ahí, y aceptas el hecho de que esté ahí. Disfrutas de esos momentos en los que te encuentras con la muerte físicamente, psicológicamente, espiritualmente.
Disfrutar de los momentos en los que entras en contacto directo con la muerte ‑cuando la muerte es casi una realidad‑, es lo que quiero decir con vivir peligrosamente.
Los que son valientes, se tiran de cabeza. Buscan todas las oportunidades de peligro. Su filosofía de vida no es la de las compañías aseguradoras. Su filosofía de vida es la de un escalador, un esquiador, un surfista. Y no hacen surf sólo en los mares exteriores; surfean en sus mares internos. Y no sólo escalan los Alpes y el Himalaya sino que buscan cumbres internas.
Pero ten en cuenta una cosa: no te olvides nunca del arte de arriesgar. Sigue siendo capaz de arriesgar. Siempre que encuentres una oportunidad de riesgo, no la desaproveches, y así no serás un perdedor. El riesgo es la única garantía que tienes de estar realmente vivo.
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Italo Ciani
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