Pausado, metódico, fresco, así se lo percibe al
joven y talentoso Juan Pablo Ledo. Nuestra provincia ha tenido la gracia
de poder disfrutar de sus actuaciones. En 2010, nos visitó con su obra "Ballet y tango del Bicentenario", y este fin de semana regresa para
interpretar a Sigfrido, el personaje de una de las obras más
emblemáticas de Tchaikovsky, "El lago de los cisnes".
La puesta de ballet clásico se da en el marco de los festejos por el 40
aniversario de la Escuela de Ballet María Cristina Hidalgo, maestra que
tiene a cargo la dirección de esta versión completa que brillará sobre
el escenario del Independencia (ver aparte).
Pero Ledo, con sus cortos 30 años, es la figura y promesa de la danza
nacional. Con más de 23 años formándose en el arte del movimiento, es un
bailarín versátil y completo que no deja de aprovechar al máximo el
aprendizaje de los grandes.
"Tuve un caluroso recibimiento en Mendoza, es un público particular, del
cual tengo experiencias muy positivas", destaca al teléfono esperando
aterrizar en nuestra tierra con su estampa escénica.
-Volvés al Independencia para interpretar al príncipe Sigfrido...
-La verdad que es como un desdoblaje, estoy preparando obras del
romanticismo como es "La Sylphide", con interpretaciones más libres, y
paralelamente tuve que preparar lo que es mi personaje de El Príncipe de "El lago...", donde hay otro tipo de posturas de movimiento en escena.
Este personaje de Tchaikovsky representa a la élite, aunque es un rol
muy agotador, no para mí, sino para la mujer, en este caso Karina
Olmedo. En el segundo y tercer acto es donde aparece el ballet más
tradicional, conocido en El lago de los cisnes.
-Y con tanta versatilidad, ¿qué disfrutás más: el ballet clásico o el moderno?
- Tengo 30 años y estoy pasando una etapa donde se han
acoplado las experiencias vividas a nivel personal y artístico, además
de incorporar todo lo que sé de diferentes danzas que lo utilizo en los
roles que me toca hacer.
Siempre fui un amante de ambos estilos, del clásico y el moderno. Con mi
compañía (Ballet de Cámara) estoy armando obras donde me sale el
lenguaje moderno, pero también dentro mío esta lo clásico.
Entonces busco jugar con eso, dándole un sentido estético desde el
movimiento. No puedo elegir uno, desde chico mi sueño fue bailar los
grandes roles clásicos, aunque disfruto del lenguaje contemporáneo,
abierto y profundo.
-¿Cómo tomas este momento con un reconocimiento nacional e internacional?
- La carrera es exigente, pero exigente para quien la elige, para el que
quiere estar un peldaño más arriba. Se requiere mucho esfuerzo; yo
arranco mi día ensayando con mi compañía, luego salgo al Colón corriendo
y hago un trabajo de ocho o nueve horas diarias con la preparación de
las obras. A la tarde salgo y me doy el lugar de tomar clases.
Por ejemplo, ahora estoy practicando tap para un espectáculo propio. En
definitiva es el día a día. Pensar que puedo ser figura no es para mí lo
importante, sino que quiero dar el ejemplo a los jóvenes.
Con la técnica que posee y la disciplina que lo caracteriza, Ledo siente
que pertenece a la vieja escuela, en cuanto al rendimiento artístico y
físico; ese bailarín con aplomo y fortaleza. A lo largo de su extenso
camino, conquistó Nueva York, Londres, ÁAmsterdam junto a destacadas
figuras del New York City Ballet y Royal Ballet.
A pesar de que ya ha compartido escenarios con Paloma Herrero, Eleonora
Cassano y Julio Bocca, no deja que su entusiasmo desaparezca. Incursiona
en nuevos trabajos y no descuida su carrera de abogacía en la UBA. Dos
caminos opuestos, pero que logran saciar su personalidad apasionada y
desafiante.
-¿Tenés algún límite?
-El tema de los límites se los pone uno mismo, ayudado por el
contexto. Siempre busco retos. Me estoy preparando para el futuro, pero
no pierdo las ansias para aprender y superarme. Por eso mi carrera
paralela de abogacía.
Trato de llevarlo lo mejor posible, el hecho de ir del teatro a la
facultad es aire fresco para mí. No todo el tiempo se habla de ballet,
sino que me gusta cultivarme con otras cosas. Vengo de una familia de
abogados y eso me llama a abrir el panorama de mi cabeza. Hago un poco
de todo, me divierto.
-¿Hay cierta renovación en el ámbito dancístico nacional?
-Sí. Ahora en el teatro Colón los bailarines de las
generaciones pasadas se están retirando y queda el espacio para los
jóvenes que están dando sus primeros pasos. Desde hace dos años, con la
dirección de Lidia Segni, se han puesto obras de primer nivel y son
oportunidades hermosas para los bailarines.
Lo cierto es que hemos tenido gente con talento, pero las generaciones
actuales no sé por qué motivos han dejado de formarse, de tomar clases;
ese modo de maestro ensayista se perdió y de alguna manera me preocupo
por eso, porque en el futuro vamos a ver las consecuencias.
-¿Y cuál es tu propósito como promesa de la danza?
-Yo quiero demostrar que a través de la exigencia y trabajo se consiguen
las cosas, que los jóvenes vuelvan a sus fuentes, al estilo, a tener la
pasión por seguir creciendo, no importa la edad, lo importante es tener
el espíritu de aprender. Por Lorena Misetich