Mi querido amigo El Viejo 3ª parte
ESPERANZA, ESPERAR QUÉ
Por Eduardo Juan Salleras 5 de mayo de 2012.-
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Llegué a la casa del viejo, golpeé la puerta y se abrió sola. Metí mi cabeza adentro y llamé: ¡Viejo! ¡Viejo! Soy yo. Y nada. Habrá salido pensé, entonces se me ocurrió dar la vuelta.
Ahí estaba… - ¡Viejo! Buen día, ¿Qué anda haciendo?
Con su bastón improvisado, moviéndose de un lado a otro, repartiendo maíz a las gallinas.
- Estoy dándole de comer a mis animalitos y hoy temprano me las arreglé para quitar algunos “yuyitos” de la huerta.
- ¿Todavía tiene quinta? ¿Cómo hace?
- Yo solamente me dedico a sembrarla y cuidarla, viene un muchacho, “El Carlos”, a carpir cuando lo llamo…Venga a verla.
Una verdadera maravilla, tenía de todo y estaba impecable.
- En serio, lo felicito, aquí hay de lo que busque.
- Sabe, con la miseria que cobramos de jubilación, si no nos ponemos a hacer algo, no comemos… yo a veces pienso, aporté toda mi vida y siempre vi lo mismo: los gobiernos nos manotean nuestros ahorros y los usan de caja para pagar los desastres que hacen. Ahora parece que nosotros los jubilados, que estamos en tiempo de disfrutar el descanso de los últimos días, le prestamos nuestros aportes al gobierno para financiar empresas, comprar YPF, … y cuando llegue el frío, seguro que no me alcanzará la plata para pagar el querosén o la garrafa de gas. Ni hablar la luz…
- Tiene razón, pero venga vamos a sentarnos que quiero que me cuente sobre algunas cosas de antes.
Así nos sentamos en un banco de troncos que miraba al fondo – donde estaba el gallinero y la quinta – pero, el viejo siguió:
- Yo con mis años sigo dándole a la huerta y UD ve a esos vagos hoy que se arrastran detrás de los subsidios y son incapaces de agarrar una pala y trabajar la tierra para el sustento de su familia. Las gallinas las tienen todas sueltas para no darles de comer y de vez en cuando vienen a mi casa a pedirme, cuando no me lo roban por las noches, algunas verduras para la sopa. Los muy sinvergüenzas mandan a los niños a manguear, y cómo se los voy a negar. Eso es lo que ha sabido hacer la política, …
- Mire a otro nivel es lo mismo. Los empresarios vivieron de subsidios estos últimos años y de las ventajas de pertenecer al modelo, haciéndose cómplices de la corrupción espantosa que hay, creando mendigos del poder, arrastrados millonarios… Pero, hay que tener esperanza…
- No me hable a mí de esperanza, tengo 96 años y todas las mañanas me despierto a vivir el día, ese día, este día, y listo. Y cada noche, le agradezco a Dios por uno más. Yo hablo del pasado y del presente, mañana para mí es una utopía. UD piense en la esperanza. ¿Cree que yo espero el día que el gobierno me diga: Sr., aquí están todos los aportes de sus años trabajados, disfrútelos? Si mañana viene ese funcionario le diría: “idiota no ves que ya tengo casi 100 años…”
- Y si, tiene razón, pero hábleme de aquellos almacenes de ramos generales de antaño.
La idea era sacarlo de su bronca, de su angustia. Un hombre tan mayor vivir con aquello, pasar una vida entera de frustraciones cívicas – podríamos decirles – porque si bien mi buen amigo a gatas sabe leer y escribir, es una persona muy lúcida, escapando a la media, especialmente, la que gusta de las fantasías políticas.
- Aquellos “Ramos Generales” – y arrancó - fueron el monumento a una época de gloria de nuestro país. Eran una parte importante del progreso de los pueblos por aquel entonces. Cada localidad tenía uno, algunas dos, pero siempre uno grande y otro pequeño. Ahí se compraba casi todo. Desde corralón de materiales, pasando por combustibles, ropa, ferretería, alimentos, hasta ruedas de sulky… La gente tenía cuenta corriente la que se arreglaba cada tanto, incluso las estancias, cuando UD era niño, entregaban algo de producción para abonar las deudas una vez al año. Es que no se hablaba de inflación, no había… Yo trabajé un tiempo ahí, debía unos pesos y estaba sin trabajo. Fui a hablar al escritorio para que me permitan ponerme al día laburando sin ahogarme, y así fue. Pero a los tres meses me dijeron que ya había cumplido. Saqué cuentas y a mi entender debía trabajar por lo menos 2 meses más… O no servía para nada, o alguien puso la plata por mí…
- … O vieron de su hombría de bien, de su esfuerzo y lo dejaron así.
- ¿Será? Recuerdo algunas anécdotas…
- Cuéntese alguna…
Y el viejo se quedó pensando, yo esperando, ambos en silencio. Vaya a saber lo que está recordando éste veterano pícaro pensé, cuando de pronto me salió con cualquier cosa.
- Me quedé con aquello de la esperanza… Fíjese UD. Tomemos solamente los últimos 30 años (yo mudo). Hace 3 décadas se juntaban en la Plaza una multitud jamás reunida para apoyar al dictador que nos metía de cabeza en una guerra. Después vino otro que dijo: con la democracia se come, se educa, se sana… pero nada de laburar, y ganó las elecciones. Después lo hicieron renunciar para venir otro que dijo: Síganme no los voy a defraudar, ganando con eso dos elecciones seguidas y otra después, para luego ser el tipo más insultado y el culpable de todos los males. A continuación vino uno muy aburrido que nadie votó, también se fue antes de tiempo. Los siguió otro que dijo: estamos condenados al éxito, pero tampoco habló nada de esfuerzo y en un año y medio se tuvo que rajar. Después vino ese que nunca ganó una elección y que incluso perdió con el más insultado y empezó a regalarle plata a la vagancia y ahora, que parece que no alcanza la guita para repartir entre los subsidiados están inventando cosas para hacer caja o entretener a la gente… Si todo este circo no cambia, ¿qué esperanza nos queda? Hasta que no venga uno y nos diga: ¡Acá no se regala nada, acá hay que trabajar y sacrificarse! Y la gente lo apoye, no tenemos futuro…
Lo dejé casi hablando solo porque mi mente estaba haciendo fuerzas para no escuchar tanta verdad. Los viejos se hicieron en otro país, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, incluso, un país con reglas que se debían cumplir.
¿Algún día volveremos a aquello?