FRAGMENTOS DE MÍ
(24 Horas)
Autor:
© Jesús Alejandro Godoy...Luego de que el polvo se disipó un poco, vi lo que había detrás de esas luces...
Nos miramos por un instante y cuando escuché ese chillido parecido al de una gaviota, dejé mi cordura a un lado y empecé a correr despavorido golpeando todo y a todos lo que estaban frente a mí. Estaba escapando de algo inexplicable.
Eso... eso era lo que estaba sucediendo...
Ituzaingó. Buenos Aires.
Viernes
(06:00 hs)
El teléfono móvil empezó a vibrar cerca de mi cabeza, justo en el momento que en mis sueños estaba por engullir un enorme trozo de torta de chocolate confitada.
En un momento creo que la realidad se mezcló con mis sueños, y fue que el pedazo de torta empezó a vibrar, y una cola gris le nació desde el centro de dulce de leche y luego unos ojos le nacieron desde la confitura que miraban amenazadoramente y fugazmente todo el lugar.
Me eché hacia atrás con asco. Abrí los ojos violentamente sin saber donde me encontraba y moví las piernas como si estuviese corriendo en el aire.
"¿Qué... qué...?" pensé.
—¿Qué? ¿Dón-de? ¿Qué...? —dije. Tomé el teléfono torpemente y se me resbaló de la mano como si fuese un jabón escurridizo.
"¡Por Dios que estúpido!"
Hacía mucho frío. Miré la ventana de mi habitación; los cristales estaban totalmente cubiertos de una fina escarcha. Apenas asomé un pie por debajo de las frazadas, lo retraje como si con los dedos hubiera tocado una superficie caliente.
El móvil dejó de vibrar y la luz azulada del visor dejó de iluminar pálidamente las uniones beige de los cerámicos del suelo.
Me sentí aliviado.
"¿Quién llama a ésta hora?" pensé.
Me removí en la cama y me toqué la nariz con el dorso del dedo meñique. Acomodé la almohada y...
Nuevamente esa maldita luz azulada y ése sonido como de un androide moviendo alguna extremidad.
—¡Noooo! —murmuré.
Me erguí en la cama y tomé el teléfono esta vez fuertemente. Un dolor pequeño y agudo recorrió por un instante mi espina dorsal e hizo sonar un campanita en mi cerebro avisándome que "el sistema no estaba del todo aceitado", pero luego la alarma cesó y apreté el pequeño botón.
—¿Hola?
—Oooo... nas... edo... yyy... a... os
—¿Qué...? ¿Quién habla? —exclamé.
—Dddd... iii... rrrrnnn...
SILENCIO.
—...
Miré el teléfono.
Tenía el visor aún titilando, en el que se veía la leyenda: "Número no disponible"
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