NAVEGANTES (Parte I)

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Jesús Alejandro Godoy

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Aug 7, 2006, 12:06:03 PM8/7/06
to Jesús Alejandro Godoy

NAVEGANTES

Autor:

© Jesús Alejandro Godoy

...Y se mantuvieron unidos, mirando al hombre que estaba cerca de las aguas. Sabían que estaban perdidos, no tenían nada, no había nada.

"Las voces del alma, son las justicieras de vuestros actos" les había dicho el hombre; pero en ése momento, poco importaban las voces del alma, y menos la justicia.

—¿¡Que hacemos, que hacemos?! —gritó uno de los hombres desaforadamente—.

—¡No sé! ¡Por todos los dioses no sé! —le gritó el otro mirándolo directamente al rostro.

"Y pacientemente, los días se van descubriendo uno a uno, como velos eternos; y al momento de caer el último, queda revelada la verdad cierta desnuda, sin prisas, sin ataduras. Y ése día, es cuando seréis libres como aves del cielo" había dicho el hombre.

—¡Para allá, para alláaaaa! —gritó otro de los hombres desesperado.

—¡No hay nada...! ¡Maldita sea! ¿Acaso no ves que no hay nada? —respondió otro con las venas de su cuello a punto de estallar—.

"Cuando vais en procesión decís en vuestro corazón: hoy diré las oraciones más alegres, y perdonaré a todo el que me haya hecho mal. ¡Hipócritas! ¿Cómo mataréis vuestras palabras de sus labios, si sus corazones aún piden venganzas? ¿Y como arroparéis la multitud de vuestros deseos más bajos, sino podéis cubrir ni siquiera vuestro cuerpo desnudo?" había dicho el hombre.

—¡Al revés, al revés! —señaló urgente el muchacho.

—¡No puedo idiota! —respondió el más viejo.

—¡No griten así...! ¡No se griten entre ustedes! —exclamó otro.

"Porque muchas veces oirán decir: Ustedes son poca cosa, no valen nada, y nada harán bien... Pero yo les digo: el Maestro ama a todos sus discípulos, ríe con los aventajados, pero más ríe con aquellos que sin entendimiento, se fuerzan para quebrar sus dificultades; por que en ellos, vive el ansia divina de la realización del ser. Y les digo, que el ansia infinita de la verdad vive dentro de ustedes. Nada de lo que hagáis quedará sumiso a un camino olvidado. Nada de lo que digáis, quedará oculto a los vientos del tiempo. Porque todas las obras buenas que hacéis, son las obras del Maestro que habita en vosotros... ¿Y que no podéis realizar, si el Maestro vive en ustedes? ¿Qué no podéis alcanzar, si el Maestro murmura complacido por vuestros actos?" les había dicho

—¡Cuidado! —gritó otro de los hombres—.

Fueron sacudidos como muñecos de trapos; y varios cayeron al suelo. El más joven gritaba como un desgraciado: de su antebrazo se veía sobresalido un hueso astillado.

Otro, había perdido un diente cuando había resbalado y caído de bruces a uno de los asientos de madera. Uno de ellos tenía un dedo quebrado, que había quedado señalando en una dirección extraña.

(Continúa)

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