TORMENTAS Y PLEGARIAS
Autor:
© Jesús Alejandro GodoySoy de un tiempo al que no vuelvo nunca; y creo que de vez en cuando acampo en lugares esperando soledades que no son mías.
De tanto en tanto espero algo bueno que venga a mí, y realmente cuando aparece frente a mis narices, la ceguedad se vuelve mi amante y consejera.
Creo en algún Dios omnisciente que conversa de sus diablos interiores con su psicólogo divino, mientras que analiza si me merezco ese amor que tanto espero desde que mi corazón empezó a creer en las segundas oportunidades.
Amanezco abrazado a algunos desperdicios de demonios que me dejaron un poco de infierno la noche anterior. Sudo por todos los poros de mi cuerpo esa sabiduría que jamás conseguiré, y rechino mis dientes para empezar a practicar mi visita especial al Dante.
Sangro por las heridas de lo que nunca alcancé, y cuando quiero bajar de mi cruz, recuerdo que aún no soy tan especial como para esperar un renacimiento de mi conciencia.
Deleito la avidez de mi estupidez con la hipocresía de los que miran el mar de reojo y luego salen a gritar que son capitanes de oleajes de luna llena; tal vez, despierto un poco la insensatez de mis conclusiones, cuando escucho a los que alaban todo lo que tiene forma de santo y luego en soledad se revuelcan entre todas las tentaciones sin que medie una verdadera confesión, más, que el silencio que guardan las verdades de los que se creen un poco más allá del horizonte.
Y atravieso mi mente con los versos de un fantasmal Borges que cada tanto fantasea con nuevas dictaduras ambiguas que nunca nacerán, y deletreo a un King mientras consumo mi vida con cigarrillos y una exacta dieta de whisky y un miedo viudo de toda perplejidad.
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