(Continúa)
"Cuando un hombre lastima su conciencia, está matando su crecimiento, y cuando eso sucede, es mejor que se acerque el funebrero y os corte un brazo, porque una conciencia herida contamina el corazón, y éste estropea el alma. Por eso les digo: cuando un intruso os pregunte: ¿Cuánto vales? No digan: yo valgo esto o aquello, porque ni uno de sus cabellos tiene el suficiente valor para ser comprador, porque vosotros sois como las piedras más extrañas y hermosas, como obras de arte invaluables, como días que jamás volverán... sois únicos; y nadie, más que vosotros mismos, os pueden valorizar sus dones y su ser" les había explicado.
—¡Cuidado, cuidado! —gritó el más viejo.
Ésta vez, la embestida fue terrible; los había lanzado a todos uno contra otro, haciendo que sus cabezas chocaran e hiciesen un ruido seco. Enseguida se cubrieron las cabezas con las manos, parecían monos circenses.
Insultaron en todos los idiomas, y en todos los estilos posibles.
—¡Vamos otra vez, vamos todos! —gritó el hombre más confiado—.Los otros lo miraron y lo siguieron.
"¿Cuántos días pasarán? ¿Cuántos años vendrán? ¿Cuántas vidas revisarán? Para que os deis cuenta y entréis en razón, de que todo los que es del Maestro es de vosotros también. ¿Cuál es el maestro que no deja algo de sí en un discípulo que ama? ¿Y cual es el discípulo que no deja sus vivencias en las esperanzas del maestro, cuando poco a poco enfrenta sus limitaciones y va creando su camino? Os dijeron, esto es mío, y esto es tuyo. En realidad yo les digo: tomáis de vuestro espíritu lo que desees, porque en él vive la fe Dios, y cuando tomáis de vuestro aprendizaje, podéis levantar vuestro castillo, y miles de castillos si así lo quisiereis. Realmente os digo: si la piedra bruta se doblega ante la mano del artista, ¿Cómo no vuestro propio corazón, y deseo se doblegará ante ustedes? Y si me decís que el alfarero crea su obra maestra a patadas y puñetazos del día a la noche, os diré que no existe artista de valor, que cree sin pulir las formas de su obra hasta el último detalle; y, aún así, consiguiendo la perfección a los ojos ajenos, con su arte en el mercado, él seguirá disconforme, y volverá a su taller a superar su obra maestra. ¿Y que hacéis vosotros con vuestra vida, y vuestros dones? ¿Os dejáis de lado y os escupís a patadas y puñetazos? ¿O los vais dejando hábilmente pulidos al detalle como un gran artesano? Les digo que el Maestro, os ha dejado el taller bien surtido hasta de las mas finas y extrañas herramientas para la creación de vosotros mismos; y, sin embargo, vosotros cerráis la puerta del taller, y vais a esculpir a patadas, y a detallar a puñetazos... ¡Entonces es mejor que no pidáis nada al Maestro, porque jamás seréis oídos! ¡Si vosotros sois lo más grande que existe, y hasta el mismo Dios vive en sus almas, sin que vuestras almas den fe de ello, y vuestra lengua lo sepa" les había dicho el hombre.
El hombre los miró: sus acompañantes estaban desconcertados, gritando y asustados.
Se puso de pie haciendo equilibrio entre una red y un remo; sus heridas sangraban aún por los golpes que había recibido dentro de la barca por las enormes olas que embestían sin cesar. Miró el mar, miró el cielo. Sonrió. Con una parte de sus vestiduras, se secó el rostro empapado, y cubrió una de sus heridas
Miró el cielo una vez más, extendió los brazos, y las aguas se calmaron.
"Y ciertamente les digo, que así como el Padre que todo lo labra finamente, así os ha dejado a ustedes sus enseñanzas, y les digo que con vuestro poder, hasta el mismo mar os obedecería si así vosotros quisierais" les había dicho el hombre...