SOÑAR CON MILAGROS

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Jesús Alejandro Godoy

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Aug 3, 2006, 1:54:49 PM8/3/06
to Jesús Alejandro Godoy

SOÑAR CON MILAGROS

Autor

: © Jesús Alejandro Godoy

"...Porque soy un extraviado de los que hay muchos, y entre esos muchos, sé que estoy perdido como siempre.

Quizá porque soy un antihéroe que se autoconvence que es invencible, que cuando pisa la calle, se da cuenta que no es más que un vagabundo con suerte"

"Tal vez porque la vida me lleva consigo. Tal vez porque la vida que está dentro de mí ya no quiere estar, y por eso sueño con morir, mientras que me despierto cada mañana agradeciendo estar vivo"

"Alguien dijo una vez, que el destino no es más que una palabra que dura toda una vida... ya lo creo. Como creo también que el destino no es más que un artilugio para explicar lo insalvable y lo pródigo de nuestras acciones y reacciones"

Y así es como cada día me despierto filosofando sobre inconsistencias estropeadas por lo cotidiano, las cuales, no me llevan a ningún lado. Y hasta cierto punto me considero cuerdo...

Y vago, vago por ahí, y río, y camino hasta el final de un lugar. Y no sé, no creo saber -supongo- como fue que mi mente se volvió enemiga de mi instinto, y mi alma se volvió amiga de lo enigmáticamente descabellado.

Porque tal vez no creo en Dios, pero es Él el que me acompaña. O tal vez fue por creer mucho en nada, y saborear mentiras de los más hábiles para inventar historias sobre lo divino.

Sin creer nada de lo que veían mis ojos ni de lo que percibían mis oídos, un día me alejé de mí; me alejé de Él, me alejé de aquel, y me volví...

—Perdón maestro... ¿Puedo interrumpirlo? —dijo el hombre corpulento, más parecido a un gorila en chaqueta que a un profesional—.

—Sí... no es lo lógico, y tampoco es el momento, pero admito su interrupción, solamente porque es usted —dije.

—Gracias, es usted muy amable —respondió—. Aquí está lo que me pidió —agregó, acercando despacio su mano hacia mí—.

—Sí... lo había olvidado —gracias dije—. Y tragué mi gragea escarlata. Tomé el vaso de plástico entre mis manos, pero no bebí, solamente me quedé observando como esos dos hombrecillos se retiraban de mi vista.

—Siempre hace lo mismo —le comentó el enfermero a su nuevo colega, mientras caminaban hacia otra habitación—. Siempre filosofa hasta la madrugada, ya te acostumbrarás.

"¡Ahhh, ahora lo recuerdo!" pensé, y quedé pasmado. Porque sabía que ése día que me alejé, me volví loco. ¿Loco…? Sí loco.

Loco por creer en la retórica de los que amedrentan lo que no entienden. Y fue exactamente por eso que no quise recobrar mi lucidez.

No quiero, y nunca voy a intentar recuperarla. Y si la locura es soñar con milagros diarios y sinceros, me quedaré aquí, mirando de reojo a esos hombrecillos que cada madrugada me visitan en mi habitación...

—¿Y porqué están aquí? —murmuro.

—Sí... lo sé.

—Porque soy un extraviado de los que hay muchos, y...

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