El primer problema, el de arranque, lo que hay que decir antes que nada, es que es falaz, además de oxidado y anacrónico en términos académicos o científicos, establecer una sinonimia natural entre “Clarín” y “libertad de expresión”. No necesariamente por las especificidades de coyuntura con que se pueda criticar a Clarín, sino porque “libertad de expresión” es sólo una parte, aunque valiosísima, de una ecuación mucho más amplia en el debate sobre el derecho a acceder y producir información, comunicación y cultura.