Llamado a la UNIDAD

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Claudio -ACxM

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Jun 18, 2007, 6:37:14 PM6/18/07
to Por los No Nacidos
A continuación se encuentra el discurso dado por Vassula, el 25 de
mayo de 2007, en el hotel Adakule, en Turquía, durante la reciente
peregrinación de la VVeD. Por favor, compartid este discurso con todos
los lectores y amigos de la VVED y con los miembros del clero de
vuestro país.


Este discurso fue dirigido a una audiencia de 500 peregrinos de 59
países distintos, entre los que se hallaban un cardenal, un arzobispo,
nueve obispos y clérigos y laicos de dieciocho denominaciones
cristianas y otros credos.


El discurso mereció dos minutos de ovación en pie por parte de todos
los presentes. La respuesta de Vassula a esta expresión de profunda
gratitud hacia ella fue volverse hacia los iconos de Jesús y María y
señalarlos diciendo: "Gracias, Jesús y María".


Este discurso es una poderosa llamada profética a todos los cristianos
y a todas las denominaciones. Sacude las conciencias y exige una
respuesta. Debe ser difundido en todas partes entre las personas de la
VVED, y todos los lectores de la VVED deben trasmitir este mensaje a
sacerdotes, obispos, ministros e iglesias.


La Verdadera Vida en Dios es una llamada a la Unidad. Todas las
personas de la VVED tienen la responsabilidad de difundir ampliamente
el libro titulado "La Unidad, Virtud del Amor" (No está aún en la web
en español, pero sí está publicado y puede pedirse a EDIBESA, España).

Incluyamos ahora una copia del discurso de la Peregrinación 2007 de
Vassula en cada libro de la Unidad que se distribuya. Nosotros,
lectores de la VVED, debemos orar y ayunar acompañando a este mensaje,
para que se abran los oídos y cambien los corazones.


Debemos permitir ahora que las gracias de esta última peregrinación
florezcan y se expandan.


Padre John Abberton y Padre Tony Sullivan

15 de junio de 2007

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PEREGRINACIÓN VVED 2007

La Iglesia es una y siempre ha sido una, pero la gente de la Iglesia
es la que con sus enfrentamientos, sus prejuicios, su orgullo y sobre
todo su falta de amor los unos por los otros han logrado dividirse
entre sí, ¡y todos lo sabemos!


Cristo, ofendido, dijo en un mensaje: "Mi Reino sobre la tierra es Mi
Iglesia, y la Eucaristía es la Vida de Mi Iglesia, esta Iglesia que Yo
Mismo os he dado. Yo os había dejado con una sola Iglesia, pero apenas
Me fui, apenas volví la espalda para ir al Padre, ¡vosotros
redujisteis Mi Casa a una desolación! ¡La arrasasteis hasta el suelo!
Y Mi rebaño anda errante de izquierda a derecha... ¿Cuánto tiempo aún he
de seguir bebiendo el Cáliz de vuestra división, el cáliz de la
aflicción y la devastación?" (14 de noviembre de 1991)


Debemos tomar en consideración este lamento de Cristo, y la búsqueda
de la reconciliación y la unidad debe impregnar toda la vida de la
Iglesia y convertirse en nuestra prioridad para alcanzar esa meta que
es la meta de Cristo. Es nuestra deuda con Dios, es nuestra obligación
con Dios y es nuestra responsabilidad para salvaguardar la
credibilidad de la Iglesia.

Sin embargo, por muchos esfuerzos que haga la Iglesia por alcanzar esa
meta, mientras no se unifique la Fiesta de Pascua y no la celebremos
juntos, nuestra división persistirá y no habrá ningún progreso, porque
hace ya años que Cristo les ha estado pidiendo que unifiquen las
fechas de Pascua, prometiendo que si se hace eso, Él hará lo demás
para unificarnos y llevarnos a una completa unidad.


Jesús dijo: "Permaneced en Mi amor. Si guardáis Mis mandamientos,
permaneceréis en Mi amor" (Jn 15, 9-10) En caso contrario, dice el
Señor: "Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como el
sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y
arden."(Jn 15, 6)


Es obvio que no hemos tomado en serio estas palabras de Cristo. ¡Qué
falsos y corruptos podemos llegar a ser! A pesar de que los Evangelios
nos llaman a permanecer unidos, a pesar de los impulsos del Espíritu,
nuestra división persiste. Por lo tanto, "La Verdadera Vida en Dios"
no debe permitir más que nos domine esa gangrena, que mata la
actividad del Cuerpo, sino que debemos combatirla con vínculos de
amor. Deberíamos sentirnos todos responsables por permitir que esa
enfermedad, aunque provenga de nuestros antepasados, haya devastado el
Cuerpo Místico de Cristo, devorando la unidad de la Iglesia.


La Iglesia también debería ceder con humildad y escuchar los gritos de
todos nosotros, los laicos, que tenemos también derecho a expresarnos
y que estamos buscando desesperadamente la unidad y la intercomunión...
Sin los laicos, no hay Iglesia... Nosotros, los laicos, ansiamos todos
la unidad.


Ya que sabemos que Dios aborrece la división porque está mal y es un
escándalo, ¿por qué la Iglesia, a sabiendas, sigue ofendiendo a Cristo
al insistir en mantener viva esta división?


Vivir la Unidad con amor y humildad no es una cuestión de
sentimentalismo, ni tampoco es comerciar con la Fe y la Verdad, sino
que es declarar la Verdad desde las Escrituras y dar vida a cada
palabra del Evangelio. No debemos permanecer inertes a la Palabra de
Dios.


Los cristianos que permanecen divididos no están viviendo en la
Verdad, por muy verosímiles y honrados que quieran aparecer a los ojos
del mundo, y por muchas avemarías y devociones que hagan, su falta de
amor y su falta de humildad son una señal reveladora tan evidente que
todos la notamos.


Hace ya siglos que los cristianos están divididos, algunos admitiendo
su pecado y otros admitiendo tristemente que no tienen poder para
compartir juntos la Sagrada Eucaristía. Por tanto, ¿qué es lo que
retiene a la Iglesia? Lo que les retiene es el hecho de que no pueden
ponerse de acuerdo, ni reconciliarse, ni perdonar porque, una vez más,
les falta amor y humildad. Mientras sus corazones no se enciendan con
el amor a Cristo y con el fuego del Espíritu Santo, permanecerán
inactivos e inertes, igual que los huesos secos de la visión de
Ezequiel.


El amor es la raíz y el fundamento de la unidad. Si la Iglesia no vive
todavía en plena comunión es porque todo lo que se expresa o se debate
y se explica se hace sin amor, es estéril. Esta división está dirigida
contra Cristo. Todos los que se consideran cristianos y acatan la
división han quebrantado el Mandamiento de Jesucristo, que dijo:
"Amaos los unos a los otros". Hay que reconocerlo: los cristianos que
no aman y no han vivido más que para su propia gloria no se
reconciliarán jamás porque aun no han crecido plenamente en Cristo.


Recordemos cómo, en la última Cena, Cristo pronunció la bendición y
levantó el pan diciendo a Sus discípulos: "Tomad y comed, éste es Mi
Cuerpo." Tomo luego una copa y, dadas las gracias, se la dio,
diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es Mi Sangre de la
Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados."


Ése es el Mandamiento de Cristo y por lo tanto todos nosotros debemos
obedecerlo. ¿Cómo podemos decir que vivimos en Cristo si no hemos
hecho las paces y no nos hemos reconciliado unos con otros? ¿Se les ha
ocurrido alguna vez a los miembros de la Iglesia que están viviendo
diariamente el pecado de su división? Por lo tanto, si sabemos esto,
los pastores y todos nosotros tenemos que elegir.


Aquí hay dos opciones. La primera opción pertenece a Dios y proviene
de Dios, y es: vivir con amor, paz, humildad, reconciliación y unidad.
La segunda opción pertenece a Satanás, viene de él y es: odio, guerra,
orgullo, falta de perdón, egolatría y división. No es tan difícil
elegir. Pero entonces, si elegimos tomar partido del lado de Dios y no
obramos en consecuencia, se nos hará responsables de ello y todos
pagaremos por cada actitud arrogante, cada acto de orgullo, cada
prejucio, por nuestro rencor, por la falta de caridad, por nuestra
frialdad y por cada palabra que hayamos pronunciado unos contra otros,
por nuestro ego y todo lo demás, porque habremos quebrantado el
Mandamiento de Cristo. Es así de claro.


El Día del Juicio no podremos decir a Dios que no ha mostrado Su
Misericordia en nuestros tiempos y que no nos ha hecho partícipes de
Sus designios, ni tampoco podremos pretender que no hemos oído Su
Llamada o que no Le hemos entendido. Yo sé, igual que vosotros, que
los Signos de los Tiempos nos están llamando a todos a la Unidad.
¿Cómo es posible que algunas autoridades de la Iglesia sean incapaces
de leer los Signos de los Tiempos? No podemos ignorar esos signos que
vienen del Espíritu Santo; y sin embargo, algunos lo hacen. Es porque
han perdido el sentido de lo sobrenatural y sólo creen en el
naturalismo, y eso es un pecado grave.


Esos actos estériles van en contra de lo que Cristo pidió al Padre
cuando dijo: "Como Tú, Padre en Mí y Yo en Ti, que ellos también sean
uno en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me has enviado." (Jn
17, 21) Y más aún cuando no hacemos nada para aportar la unidad a la
Iglesia, sino que permanecemos en silencio, como sepulcros en un vasto
cementerio.

Si alguien os dice que estáis actuando mal viviendo una unidad
espiritual o practicando la intercomunión, deberíais preguntar a esas
personas:


"¿Por qué ponéis a prueba a Dios, imponiendo a los pastores que
permanezcan divididos? Si me estáis interrogando sobre un acto de
reconciliación y amor, debéis saber que estoy únicamente siguiendo el
Mandamiento de Cristo. Por lo tanto, ¿qué pensáis que es mejor, seguir
el Mandamiento de Cristo o desobedecerlo? ¿Es pecado amar y
reconciliarse unos con otros? No, es evidente que no lo es. Pecado es
más bien la trasgresión y el rechazo del Mandamiento de Nuestro Señor
y la llamada a la Unidad. Vuestro pecado de división ha destruido
parte de la Iglesia y la ha convertido en una desolación, y lo sabéis.
¿Cómo se puede, pues, reconocer en nosotros el Cuerpo de Cristo si
permanecemos divididos? ¿Cómo puede el mundo creer que fue el Padre
quien envió a Cristo? Yo, por mi parte, he elegido no ser igual que
esas tumbas, que son como materia inanimada, desperdigada y hecha
pedazos por su ego y su espíritu de orgullo, sus prejucios y sus
propios intereses, sino que escucharé a Nuestro Señor y permaneceré en
Él, porque he leído, con la ayuda del Espíritu Santo, los Signos de
los Tiempos que nos llaman a la Unidad, compartiendo en torno a un
solo Altar. Quiero ser el Icono perfecto de la Unidad, atrayendo
amablemente a todos a vivir "Una Verdadera Vida en Dios" y morar en la
Santísima Trinidad."


Y cuando pronunciéis estas palabras, amigos míos, veréis la reacción
de los que retienen la unidad y guardan las llaves del Reino de Dios,
sin entrar ellos en él ni dejar entrar a los demás. Será idéntica a la
de los dirigentes de aquellos tiempos, ancianos y escribas, Anás, el
sumo sacerdote, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos los que pertenecían
a la estirpe de sumos sacerdotes que perseguían a Pedro y a Juan y que
se decían entre sí: "A fin de que esto no se divulgue más entre el
pueblo, amenacémosles para que no hablen ya más a nadie en nombre de
Cristo."(Hch 4, 17)


Hoy nuestra respuesta debería ser la misma que la de Pedro y Juan, que
contestaron: "Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros
más que a Dios. No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos
visto y oído." (Hch 4, 19) Y cuando, en otra situación, Pedro con sus
apóstoles dijeron en el Sanedrín al sumo sacerdote: "Hay que obedecer
a Dios antes que a los hombres." (Hch 5, 29)


Preguntadles también: "¿Quién de nosotros dos está pecando? ¿El que se
ha reconciliado con sus hermanos, compartiendo un solo Cáliz y un solo
Pan y siguiendo los Mandamientos de Cristo, o el que no se ha
reconciliado todavía y mantiene viva esta división, escupiendo veneno
sobre su hermano y poniéndose del lado del Divisor? ¿Es acaso Cristo
un Dios de división o un Dios de Unidad? Yo, por mi parte, creo que
estoy del lado bueno, porque he elegido la reconciliación, lo que el
Evangelio nos predica. No creo estar pecando, o desobedeciendo, o
dañando el Cuerpo Místico de Cristo, o predicando una moral dañina a
los fieles. Por el contrario, me he reconciliado con mis hermanos con
humildad y amor, y vivo la unidad espiritual que Nuestro Señor ha
estado implorándonos durante siglos." Esto es lo que debéis decirles.


El Señor dijo en un mensaje: "Alza la voz en Mi Casa y pregunta a Mis
pastores: "¿Hay alguien dispuesto a trabajar con vigor y amor para
reconstruir esta Casa que se tambalea? ¿Hay alguien ahí dentro que
esté dispuesto a defender esta Casa? ¿Hay alguien que entienda ahora
lo que estoy diciendo? ¿Hay alguien en la Casa del Señor que esté
dispuesto a expandir el Reino de Dios?"(20.10.98)


Pidamos a Nuestro Señor que nos envíe Su Espíritu Santo, que es la
Fuente de la Unidad Cristiana que ilumine a los que todavía levantan
objeciones en el camino hacia la unidad


Debemos también pedir al Espíritu Santo que nos fortalezca y nos de el
Espíritu de fortaleza para poder continuar con entusiasmo y avidez
cumpliendo la Voluntad de Dios, y que nunca nos desanimemos ni nos
cansemos si cometen contra nosotros cualquier acto vil aquellos que no
escuchan la llamada del Espíritu Santo: que seamos uno.


Cristo dice en un mensaje: "Yo podría pronunciar una sola palabra en
sus asambleas y, con esa única palabra, unificar Mi Iglesia. Pero la
gloria del Cielo Me será dada por la Pobreza, la Miseria y por
aquellos que son considerados despreciables."(13.10.91)


De modo que tomo aquí, con todos los lectores contemplativos de La
Verdadera Vida en Dios, la posición de Pobreza y Miseria que los
sabios y eruditos consideran despreciable, y pido a los representantes
oficiales de la Iglesia que acaben con las disputas entre ellos, por
el Amor de Cristo, que acaben con su insinceridad e indiferencia hacia
la unidad, que permitan que el Espíritu Santo los guíe y que escuchen
los gemidos del Espíritu que nos pide, nos ordena que nos unamos
alrededor de un solo Altar, compartiendo un solo Cáliz y un solo Pan,
y proclamando juntos, a una sola voz, que hay un solo Señor, una sola
fe, un solo bautismo y un solo Dios que es el Padre de todos, sobre
todos, por todos y en todos.

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