PLANOS SUPERPUESTOS

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Angeles Azar

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Mar 3, 2013, 2:42:06 PM3/3/13
to Noa Shamballa




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Quiero compartir con Uds este texto que me pareciò una exacta descripciòn de lo que nos pasa  cuando se acepta conocer el "plano del espìritu". Con Amor. Ercilia 


PLANOS    SUPERPUESTOS 

En el final de mi libro acerca de la felicidad, daba a conocer una teorìa de los planos superpuestos. 

Decìa en aquel pequeño texto que el desarrollo de las personas es inevitable, que vivimos aprendiendo, que es algo que nos gusta, que nos sirve y que nos place. Sugerìa ya en aquel entonces lo que una dècada despuès digo de otra manera:

Aprender es una cosa, y crecer es otra. 

Dos conceptos tan relacionados y tan diferentes como: 

Cumplir años y madurar.
Haber leìdo mucho y saber.
Entender y vivir. 

Porque crecer, vuelvo a decir hoy, es cambiar de plano. 

Sigo pensando, como entonces, que, si llamamos plano a nuestro nivel de existencia, cada uno empezò a explorarlo tomando conciencia de que, de muchas maneras, comparàndonos o no con los otros, al principio fuimos tan sòlo un puntito minùsculo, abajo y a la izquierda del plano de nuestro presente (o por lo menos asì nos sentìamos), Una especie de "nada" junto a la realidad que conformaban los demàs y nuestro entorno.

Desafiados por esa perspectiva, los màs inquietos, primero, y todos los demàs despuès, asumimos que habìa mucho por recorrer si uno querìa, de verdad, emprender un camino del crecimiento. 

Tomada esta decisiòn, con màs o menos ènfasis, y con màs o menos èxito, empezamos a avanzar hacia arriba recorriendo el plano, conocièndolo y aprendiendo a manejar cada contingencia. 

Primero de un tiròn y sin escalas, por lo menos hasta la primera caìda (esa que nos devolviò al comienzo). Fue un duro golpe para nuestro ego enterarnos de que, para seguir, debìamos volver a empezar..... pero lo hicimos. 

Y aprendimos de paso que el camino hacia arriba hay que hacerlo escalonadamente, dos pasos hacia adelante y uno hacià atràs;tres pasos hacia adelante y uno o dos hacia atràs. 

Todos empezamos allì, sientièndonos alguna vez un granito de arena, insignificante en un cosmos inalcanzable... Y luego, con paciencia, trabajo, esmero y  renuncia, fuimos, vamos e iremos recorriendo todo el camino de nuestro plano, en el sentido del crecimiento , en un rumbo ascendente. 

Un dìa, mas tarde o màs temprano, sucede.
Un dìa, llegamos arriba, al lugar màs alto. 

Y nos damos plena cuenta de que hemos logrado algo importante. Y nos damos cuenta de que es bueno, muy bueno, estar allì. 

Los demàs, que recorren sus propias rutas en el mismo plano, quizà un poco màs abajo, nos miran. Ellos tambièn registran nuestros logros: hemos llegado arriba. Algunos sonrìen, otros aplauden. Nos vuelven a mirar. Nos buscan, nos halagan, nos admiran. Muchos preguntan sin maldad: ¿Como llegasteis? ¡Què bien! ¿Còmo lo hicisteis?

Querrìamos contestar, pero nos damos cuenta de que la pregunta es retòrica y la respuesta, en realidad, inùtil, por lo menos para ellos.... Y sin embargo su actitud, la de todos, nos obliga a mirar hacia atràs y nos empuja a revisar todo lo padecido, sufrido y perdido en el trayecto, y tomamos conciencia de que lo pasado valìa la pena si era el precio por estar allì; no tanto por el halago de esos otros, como por saber lo lejos y mejor que estamos de aquella nada que fuimos. 

Y el tiempo pasa...
Y despuès de recorrer una y màs veces cada punto del plano, uno se da cuenta de que no puede quedarse allì, quieto para siempre. Va y viene, cada vez con màs facilidad;controla y maneja todo el plano, domina, salva cada dificultad, cada vez con màs arte, cada vez con màs rapidez....

Los demàs festejan casi enardecidos cuando, queriendo o sin querer, nuestra cabeza choca con el techo....

Y entonces llega el gran momento, junto con un creciente dolor de cuello de tanto tener la cabeza aplastada contra la parte màs alta del plano: la hazaña y los aplausos comienzan a aburrirnos y vamos perdiendo el interès por estar en ese envidiado lugar. 

Es el momento en el que uno hace el gran descubrimiento:

En el techo hay un acceso oculto. Una especie de puerta-trampa que sale del plano y se abre hacia arriba.Una abertura que no se veìa desde lejos, que sòlo se ve cuando uno està allà arriba, en el lìmite màximo, allì, con la cabeza aplastada contra el techo. 

Entonces uno abre la puerta....... un poquito....... y mira .......

La puerta da paso a otro plano del que nunca habìamos tenido noticias.

Nunca se nos habìa ocurrido pensar que este plano, en el que nos habìamos movido desde siempre, no era el ùnico. 


Y uno asoma la cabeza. Y se da cuenta de que el plano al cual llegamos es tan grande como èste, o màs. Sabemos, por lo que hemos aprendido, que podrìamos pasar y seguir subiendo, seguir explorando, seguir creciendo, pero intuimos, acertadamente, que si lo hacemos no podremos regresar, y, lo que es peor, sabemos, sin saber còmo lo aprendimos, que no podremos llevar a nadie con nosotros. Està claro: cada uno podrà pasar sòlo cuando sea su tiempo, que no es èste, porque èste es el nuestro, solamente el nuestro. 

Duele pensar en dejar a todos y seguir solo. 

Los espero....., asi seguirmos juntos.... - promete uno sin que ellos comprendan lo que pretendemos decir. 

Pero el tiempo se estira, el cuello duele y el tedio se vuelve insoportable. 

Y todo pierde sentido e importancia. 


Hasta que un dìa, de modo imprevisto, casi en un arranque, traspasamos la puerta y, como suponìamos, èsta se cierra y nos deja en la soledad del nuevo plano. 

Una vez del otro lado, como ya nos ha pasado en otros momentos y en otras situaciones, nos damos cuenta de que podrìamos decidir quedarnos donde estamos, en el principio de todo, tambièn seguir adelante, pero lo que ciertamente no podemos es volver atràs. 


Muchos de los que se quedaron en el plano anterior creen que somos un modelo para seguir, nos cuentan sus problemas y escuchan nuestras respuestas atentamente. Y no es un mèrito, es un suceso. 

Otros se enojan y nos critican sin demasiado motivo. Y eso no es lo màs doloroso. 

Lo que màs duele es que ninguno de los hasta ayer compañeros de ruta puede comprender a fondo lo que estamos sintiendo. 

Recièn llegados al nuevo plano, uno siente un extraño dèja vu.

Otra vez està allì, abajo, en el rincòn...
Otra vez solo....
Otra vez temeroso y a ratos desesperado...

Nos sentimos otra vez una minùscula  basurita insignificante, aunque ahora seamos  "una nada mucho màs consciente",  con el recuerdo de haber sido para otros un guìa, un maestro, un ìdolo.

Ellos aplauden cada vez màs, pero desde el nuevo plano casi no se los escucha; quizà uno ya no necesita tanto reconocimiento ni tanta valoraciòn.

Ellos no lo saben, pero lo cierto es .........que nosotros ya no somos los mismos. 


Fragmento del libro de Jorge Bucay "Llegar a la Cima y seguir subiendo" Pàg 21 a 25.
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