El texto pasa revista a la extensa y productiva trayectoria del autor en el difcil oficio de la etnografa poltica. Mediante un relato reflexivo de su propia experiencia etnogrfica, se destaca la relevancia y complejidad del oficio, razn por la que nos remite a los hallazgos, los obstculos, problemas, limitaciones
y proyecciones del ejercicio etnogrfico en lo poltico. El escrito se divide en cinco apartados, correspondientes a los temas de investigacin abordados por la trayectoria etnogrfica del autor, en los que se revisan la relacin y utilidad de la etnografa poltica en el estudio de las redes clientelares, de la accin colectiva, el estudio de la zona gris de la poltica, el sufrimiento ambiental y el tema de la espera como una expresin de las relaciones de dominacin social. El escrito cierra con una invitacin y advertencia en torno al oficio etnogrfico.
Profesor en The University of Texas at Austin, Estados Unidos. Es coautor del libro Inflamable: estudio del sufrimiento ambiental (Buenos Aires: Paids, 2008), premiado con el Robert Park Best Book Award y el Charles Tilly Best Book Award, de la American Sociological Association.
Dudas, tambin, relacionadas a la etnografa, herramienta analtica que suelo utilizar en buena parte de mi trabajo y que no suele ser muy usada (respetada) en el quehacer del oficio del cientista poltico. Ms de uno aqu presente entonces tendr sus razones para cuestionar mi presencia como disertante en esta conferencia memorial GOD.
Lourdes, de 14 aos, viva en una modesta casa, en el barrio de La Carne, en la parte sur de Rosario, la tercera ciudad ms grande de Argentina. Haba sido abandonada por su padre despus de la muerte de su madre, y viva con tres hermanos mayores.
Durante las primeras dcadas del siglo XXI, la mayora de los pases latinoamericanos han sido testigos de un aumento en la violencia urbana, haciendo de Amrica Latina la nica regin del mundo donde la violencia letal (medida en las tasas de homicidios, y soy consciente del sesgo masculino que tiene esta manera de medir la violencia) sigue creciendo sin estar en guerra.
Los analistas estn de acuerdo en que esta violencia no se distribuye de manera equitativa ni social ni geogrficamente, sino que se concentra en los territorios donde habitan los pobres urbanos, conocidos como favelas, colonias, barrios, comunas o villas en diferentes pases del subcontinente.
Cuando examinamos los altos niveles de violencia interpersonal en zonas marginalizadas, la sociologa y la ciencia poltica se ven obligadas a preguntarse cmo interviene el estado en esas zonas. Cul es la relacin entre la violencia en una zona dada y lo que hace o deja de hacer el estado? Esta es una pregunta de la que se han ocupado autores clsicos como Weber y Elas y ms recientes como Pinker y Malesevic.
En la sociologa urbana las respuestas a estas preguntas han estados dominadas por dos perspectivas: una que identifica el abandono que el estado hace de las reas relegadas-marginadas y otra que se centra en su fuerte, y a veces brutal, presencia punitiva.
Trabajos ms recientes, sin embargo, describen a estas mismas zonas ahora como espacios militarizados firmemente controlados por el puo de hierro del estado. Lejos de ser abandonadas por el aparato represivo del estado, los territorios de relegacin urbanos hoy son vistos como profundamente penetrados y en ms de una ocasin traumatizados por este estado.
Estas perspectivas, tanto en la ciencia poltica como en la sociologa urbana iluminan aspectos muy importantes de las interacciones el estado y sus (pobres) ciudadanos. Pero ni en los Estados Unidos, ni en Amrica Latina se ha prestado mucha atencin a un modo de intervencin estatal que se involucra con actores ilegales y lleva a cabo acciones ilcitas como parte de su funcionamiento rutinario.
Est bien establecido que la vigilancia policial afecta la dinmica de los mercados de drogas ilegales. La polica, la mayora de los analistas est de acuerdo, a menudo interrumpe y desplaza (pero rara vez interrumpe por completo) la distribucin de drogas, a veces fomenta la militarizacin de las organizaciones de narcotraficantes y otras veces provoca conflictos internos dentro de esas organizaciones ilcitas.
Mucha menos atencin analtica se ha puesto en el funcionamiento de relaciones clandestinas entre fuerzas policiales y traficantes, si bien estas relaciones son un fenmeno muy conocidos en muchas partes del mundo. En trminos muy esquemticos, estas es la zona gris en la que me quiero concentrar.
Cuando se discuten tales relaciones, a menudo se entienden principalmente como una ausencia estructurada de intervencin estatal: en esencia, los actores del mercado de las drogas pagan a la polica para dejarlos en paz. Los narcotraficantes pagan por la proteccin, y esta proteccin toma la forma de no hacer cumplir las leyes que regulan la venta y el consumo de narcticos ilegales.
Sabemos que algunos oficiales y, a veces, departamentos de polica en su totalidad protegen a traficantes individuales y, en ocasiones, a organizaciones enteras de narcotrfico, pero no conocemos los detalles ms micro, pero esenciales de estas transacciones ilcitas. Cmo se llevan a cabo estas transacciones (dinero por tolerancia)? Ms all de la no aplicacin de la ley, qu implican las relaciones clandestinas entre los actores del mercado de drogas y los oficiales de polica?
2) Argumentamos, via demostracin emprica, que este conjunto de relaciones clandestinas estn recursivamente vinculado con la violencia sistemtica que suele acompaar al funcionamiento del mercado de drogas criminalizadas y contribuye a la formacin de la violencia que sacude a las zonas urbanas marginalizadas
La cita, mejor que cualquier cosa que yo pueda decir, funciona como justificacin tanto terica como metodolgica de no slo de la investigacin que presento aqu sino de buena parte de mi trabajo en general.
Los traficantes suelen contar con ms de un protector dentro del aparato estatal. Muchos son los actores involucrados en los mercados ilegales incluyendo a las policas estatales, la federal y la gendarmera nacional. Los traficante construyen lo que llamamos un entramado de proteccin y rara vez dependen de una fuente nica.
En segundo lugar, encontramos que los actores involucrados en relaciones de colusin tienen prcticas especficas: modifican sus rutinas de trabajo, manipulan procedimientos burocrticos y amplifican las tcticas de vigilancia.
Identificar y describir densamente estos intercambios, prcticas y procesos tambin nos permite una mejor comprensin de los vnculos entre la colusin y la violencia cotidiana y 3. El carcter altamente ambivalente de la accin estatal en los mrgenes urbanos.
Por razones de tiempo, djenme dar un rpido resumen de los RECURSOS. Como mencion, los miembros de organizaciones de narcotraficantes y fuerzas represivas estatales intercambian bienes, informacin y asesoramiento. Estas actividades relacionales clandestinas incluyen transacciones aparentemente sencillas, como la venta y compra de dlares estadounidenses y autopartes. Tambin incluyen la venta y compra de armas y municiones. La informacin es un segundo recurso que circula entre traficantes y policas.
El intercambio de informacin se puede agrupar en tres tipos generales: la informacin de proteccin sirve para resguardar a los traficantes de las acciones policiales y otros actores estatales; la informacin competitiva proporciona informacin sobre el funcionamiento de los mercados ilcitos; y la informacin retaliatoria ofrece datos sobre confianza y lealtad entre los actores involucrados.
El conjunto de interacciones clandestinas que descubrimos apuntan a un estado que es una organizacin profundamente ambivalente, un estado que hace cumplir la ley mientras que al mismo tiempo (y en el mismo lugar geogrfico) funciona como cmplice de lo que define como conducta criminal (zonas marrones en zonas azules).
La mayora de quienes estudian al estado moderno no diran que la coherencia es una de sus caractersticas definitorias. Jessop, por ejemplo, habla del estado como un ensamblaje polivalente y polimorfo en el que compiten varios proyectos estatales.
Bourdieu, para citar otro ejemplo, habla del estado como campo, como arena en la que una pluralidad de agentes, grupos, e instituciones estn en lucha constante. Las tensiones y contradicciones son, para los socilogos y cientistas polticos, inherentes al estado.
Muchos entonces dirn que hablar de un estado ambivalente es una tautologa. Los estados son siempre ambivalente. Y estoy de acuerdo. Lo que intentamos demostrar es qu actores estatales hacen cumplir y rompen la ley de manera simultnea, en los mismos espacios marginalizados, entre la misma poblacin marginalizada. Lo que procuro hacer entonces es construir evidencia emprica sobre una instancia ms especfica, ms concreta, de esta ambivalencia en las zonas bajas del espacio social y simblico.
Esta ambivalencia no es meramente el producto del carcter desagregado del estado, de la multiplicidad de agencias, de sus varias manos como bien describe la reciente compilacin de Morgan y Orloff, sino que es el resultado de las conexiones clandestinas entre actores estatales y actores ilcitos. Proponemos entonces que para teorizar sobre la falta de consistencia y la presencia de contradicciones en el estado, adems de desagregarlo y no tratarlo como un actor monoltico, habra que que poner sostenida y sistemtica atencin a estas relaciones oscuras y oscurecidas.
Las disputas entre dealers-transas rivales, las represalias por robar o no pagar las drogas o el castigo por vender productos adulterados son bastante comunes en los mercados de drogas de todo el mundo.
A ese conjunto de intercambios voltiles, agreguemos ahora las acciones de los agentes de polica que realizan pactos con los narcotraficantes, que liberan zonas (pero no otras) para la venta, que venden armas y municiones a los traficantes, que protegen ciertos puntos de venta de drogas (y les permiten a los traficantes atacar a otros) y que, en efecto, se convierte en una fuerza armada que protege a un competidor del mercado sobre otros.
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