El 26/04/09 a las 21:27, ELIO IVAN VALAREZO escribió:
> Sábado, 25 de abril, año 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo,
> Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica
>
> (Todos a votar el domingo 26 de abril, para elegir a los
> mejores lideres posible para que gobiernen sabiamente a
> nuestros pueblos cada día de nuestras vidas hacia la
> prosperidad segura de nuestras familias y, principalmente, de
> sus hijos e hijas, para un porvenir/destino mejor para todos
> nosotros, de los que estamos dentro y fuera de nuestras
> tierras ecuatorianas. Que nuestro Padre celestial los bendiga
> y guíe sabiamente en todo momento ha echar su voto en las
> urnas parroquiales de su distrito por sus lideres ya
> escogidos de antemano, ¡en el nombre sabio e infinitamente
> glorioso de nuestro Señor Jesucristo!
>
> También tomamos esta oportunidad para recordar a los cinco
> niños que murieron ahogados la tarde del lunes pasado en el
> río San Pedro de la comuna Lumbisí, localizado entre Cumbayá
> y Tumbaco, cerca de Quito, en Ecuador. Nuestras oraciones son
> para las familias de los niños desaparecidos, para que
> nuestro Padre celestial los abrace grandemente con su
> Espíritu Santo y con su compasión fraternal cada día de sus
> vidas por toda la tierra, en donde sea que se encuentren,
> para que les dejen saber de que sus niños están en el paraíso
> con nuestro Señor Jesucristo. Porque nuestro Señor Jesucristo
> es no solamente su verdadera vida eterna, sino que también él
> mismo es su comida y su bebida de cada día para su nueva vida
> gloriosa, llena de bendiciones y felicidades sin fin, en la
> nueva eternidad celestial de nuestro Padre celestial y de sus
> huestes angelicales. Que nuestro Padre celestial los siga
> bendiciendo grandemente a cada uno de todos ustedes, en el
> nombre santísimo de nuestro Salvador Jesucristo, ¡el Eterno!,
> ¡amen!)
>
>
> (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
>
>
> JESUCRISTO FUE INMOLADO PARA TODOS COMER DE ÉL BOCADO A
> BOCADO:
>
>
> Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado a lo alto de los
> árboles sin vida de Adán y Eva, sobre la cima del monte
> santo, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ser
> repartida su carne como "pan del cielo" y su sangre santísima
> como "la verdadera bebida de la vida eterna", para perdón,
> salud, bendiciones sin fin y salvación eterna. Por ello,
> degollar el novillo delante de nuestro Padre celestial, a la
> entrada del tabernáculo de reunión, era la voluntad divina
> que los sacerdotes levitas de la Casa de Israel tenían que
> llevar acabo, durante el holocausto del sacrificio de la
> Pascua y de los sacrificios de cada día también, delante de
> nuestro Padre celestial que está en el cielo.
>
> Todo esto era hecho cada día por los levitas, para "derramar
> continuamente la sangre santa del pacto eterno", porque
> nuestro Padre celestial "tenia que ver constantemente la
> sangre santísima de su Hijo amado", el mismo Hijo de David de
> siempre, sobre la vida de cada uno de sus hijos e hijas, para
> perdonarlos y sanarlos de todas sus dolencias habituales.
> (Así pues también, hoy en día, nuestro Padre celestial "tiene
> que ver la sangre inmolada de su Hijo Jesucristo en tu vida",
> para perdón y sanidad de todos los males de Satanás, como de
> los que vez y hasta de los que no (vez), para que vivas en
> paz y feliz los días de tu vida por la tierra.)
>
> Aquí, nuestro Señor Jesucristo, como el Hijo de David, fue el
> Cordero de Dios del Día de la Pascua, para ser degollado, de
> una vez por todas y para siempre, por la Casa de Israel y por
> los pecadores del mundo entero sobre la cima del monte santo,
> en las afueras de Jerusalén, en Israel. Porque es en las
> afueras de la ciudad celeste de la Nueva Jerusalén del cielo,
> en donde nuestro Padre celestial espera cada día por la
> llegada de regreso a la vida eterna no solamente de Adán y
> Eva, sino también de cada uno de sus millares de
> descendientes, de todas las familias de las naciones del
> mundo entero.
>
> Por eso fue que nuestro Señor Jesucristo, como el Cordero de
> Dios, el Cordero de la Pascua eterna para la liberación de
> Israel del poder de la esclavitud egipcia, entonces se
> manifestó grandemente en su día a Moisés y en las afueras de
> las ciudades de Egipto sobre lo alto del Sinaí. (Éste
> escenario se parece mucho al encuentro de Israel y de los
> pecadores gentiles sobre la cima del monte santo (el
> Gólgota), en las afueras de Jerusalén, en Israel, para
> liberación eterna de las profundas tinieblas de la esclavitud
> del pecado, la mentira, las maldiciones y de las muertes
> eternas de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad
> entera.)
>
> Y, de allí en adelante, cada vez que había un sacrifico o
> sacrificios, entonces tenia que ser llevado acabo en las
> afueras del tabernáculo de reunión, para que el aroma rico
> del sacrificio, de su cuerpo santo y de su sangre viva
> subiera delante de nuestro Padre celestial que está en el
> cielo, personificando así el sacrificio eterno de su
> Jesucristo. Visto que, es el aroma sumamente grato de la
> verdad, justicia, santidad, perfección, vida intachable
> (gloriosa y grandemente victoriosa sobre el pecado de
> Satanás), salud, poder y, además, nuevas glorias infinitas de
> su Hijo Jesucristo, lo que realmente le agrada a nuestro
> Padre celestial cada día de nuestras vidas por la tierra y
> así también en el paraíso, eternamente y para siempre.
>
> Es decir, que siempre que había un sacrificio delante de
> nuestro Padre celestial, entonces tenia que ser en las
> afueras del tabernáculo de reunión, como señal de "cómo iba a
> ser sacrificado el Cordero de la Pascua celestial", en las
> afueras de Jerusalén y sobre su monte santo, para fin del
> pecado y el comienzo de la verdadera vida para todos. Además,
> cuando los sacrificios diarios de Israel eran llevados acabo
> en las afueras del tabernáculo de reunión, entonces nuestro
> Padre celestial presenciaba literalmente como su Hijo amado,
> el Hijo de David, iba a ser entregado a los pecadores de
> Israel y del mundo entero, para ser sacrificado para
> expiación de sus pecados eternos, con sólo el derramamiento
> espectacular de su sangre santísima.
>
> Por cierto, esto era algo glorioso para nuestro Padre
> celestial y para sus ángeles fieles del cielo observar cada
> día y cada noche, durante el proceso de los rituales de los
> sacrificios de cada uno de los corderos, por las manos de los
> levitas israelíes, para perdón de pecados y liberación de las
> tinieblas de Satanás en sus vidas cotidianas. Además,
> también, esto era algo de cada día en la Casa de Israel, como
> para la eternidad, ya sea por el desierto o ya en Israel
> mismo, con toda su gente y gentiles también y sus sacerdotes
> levitas, para que sus pecados y enfermedades salgan de sus
> vidas, por el poder milagroso y siempre presente de la sangre
> de Jesucristo.
>
> Es decir, que los sacrificios de sangre de los corderos, y
> finalmente el sacrificio supremo de nuestro Señor Jesucristo
> sobre la cima santa, en las afueras de Jerusalén, en Israel,
> no fue sorpresa alguna para nadie-puesto que todos esperaban
> por éste gran día eterno de nuestro Padre celestial, para
> perdonar a Israel y a la humanidad entera de sus pecados. Por
> eso, era necesario que cada día y cada tarde se ofreciesen
> sacrificios sin tacha alguna en sus cuerpos de corderos,
> terneros, chivos, vacas, toros y demás delante de nuestro
> Padre celestial, para que por medio de la sangre del animal,
> "simbólica a la sangre del pacto eterno" de nuestro Señor
> Jesucristo, entonces sea derramada por tierra "para perdón"
> de nuestros pecados.
>
> Ciertamente que no era posible el perdón de nuestro Padre
> celestial por los pecados de cualquier persona, familia,
> nación o naciones del mundo entero en aquellos días, y lo
> mismo sigue siendo verdad ahora, con todas las naciones de la
> humanidad entera; porque sin el derramamiento de sangre
> mesiánica, entonces "no hay expiación posible alguna" por el
> pecado de nadie jamás. Pero gracias a nuestro Señor
> Jesucristo, el Hijo de David, porque él mismo (y no otro)
> derramo su sangre santa sobre los árboles cruzados de Adán y
> Eva sobre la cima santa, en las afueras de Jerusalén, en
> Israel, para fin de nuestros pecados y males eternos también
> de cada día por toda la tierra y del más allá, para siempre.
>
> Por eso, nuestro Padre celestial nos llama desde el cielo a
> comer y a beber de su Jesucristo cada día y cada noche de
> nuestras vidas por la tierra, para que Satanás jamás se
> vuelva a acercar a nuestras vidas con sus engaños de siempre,
> para hacernos tropezar en sus mentiras, como lo hizo con Adán
> y Eva en el paraíso. Porque Satanás engaño por medio de la
> serpiente primeramente a Eva, para finalmente tocar a Adán y
> así a cada uno de sus retoños por toda la tierra con sus
> mimas mentiras de siempre, pero dichas con otras palabras,
> para que jamás coman de la carne ni beban de la copa de vida:
> dado que es sólo Jesucristo quien nos da vida continuamente.
>
> Nuestro Señor Jesucristo nos limpia del mal a cada momento de
> nuestras vidas, si tan sólo comemos de su carne, el pan del
> cielo, y bebemos de su sangre del pacto eterno, la copa de
> vino de la verdadera vida, para que nuestra carne entonces
> sea libre de tinieblas y nuestra sangre sea expiada de
> enfermedades y de muertes sin fin. Por esta razón, nuestro
> Señor Jesucristo descendió del cielo para nacer santo y libre
> de pecado, para entonces no solamente vivir su vida santísima
> del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos, sino también
> para decirle a Israel y a las naciones del mundo entero: Sólo
> yo soy el Pan del cielo de vida eterna, para todos los que
> aman a Dios.
>
> Y sólo así, no solamente Israel puede tener comunión y
> reconciliación eterna con nuestro Padre celestial y con su
> Espíritu Santo a cada hora, sino que también cada uno de
> nosotros, en nuestros millares, de todos los hombres,
> mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, comenzando con
> Adán y Eva, por ejemplo. Por ello, sólo nuestro Señor
> Jesucristo viviendo con su carne inmolada y con su sangre
> resucitada en el tercer día, en nuestros corazones y en
> nuestro espíritu humano, entonces podremos tener paz y
> comunión con nuestro Padre celestial que está en el cielo;
> por eso, Jesucristo resucitado tiene que vivir en nosotros
> cada día, para vivir libres de Satanás para siempre.
>
> Fue por esta razón que nuestro Padre celestial le ordeno a
> Adán comer de todos los frutos de los árboles del paraíso,
> incluso el fruto del árbol de la vida, su Hijo amado, nuestro
> Señor Jesucristo, pero jamás podría comer del fruto
> prohibido. Porque el día que comiera del árbol de la ciencia
> del bien y del mal, entonces comenzaría a morir delante de Él
> y de su vida santa del paraíso y del nuevo reino celestial,
> para jamás llegar a conocer la verdadera vida del espíritu
> humano, sino el fuego incesante del infierno tormentoso del
> más allá.
>
> Además, nuestro Padre celestial no había creado con sus manos
> santas al hombre, para que coma siempre del fruto del árbol
> de la ciencia del bien y del mal para morir, sino del árbol
> de la vida y de cada uno de sus demás árboles del paraíso, de
> la tierra y de la Nueva Jerusalén celestial para vivir feliz,
> infinitamente. Para que de esta manera, nuestra carne
> pecadora y rebelde, nuestros huesos débiles y quebrantados, y
> nuestra vida humana cansada de vivir rebelde a Dios, no sea
> del árbol del fruto prohibido jamás, sino, todo lo contrario,
> del fruto del árbol de la vida eterna, su Hijo amado, el Hijo
> de David, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
>
> Puesto que, sólo de Jesucristo, cada uno de nosotros, en
> nuestros millares, puede renovar su vida, en un renacimiento
> espiritual sumamente santo, para que su carne, sus huesos y
> su sangre ya no sean de Adán y Eva, los primeros rebeldes del
> paraíso, sino del árbol de la vida y de la felicidad eterna,
> para Israel y para la humanidad entera. Por eso, nuestro
> Padre celestial le ordeno a Adán y así también a cada uno de
> sus descendientes, comenzando con Abel, por ejemplo, que le
> traigan delante de su presencia siempre un cordero de un año
> y sin tacha alguna en su cuerpo, para que sea sacrificado y
> derramada su sangre sobre su altar santo, para expiación de
> pecados.
>
> Visto que, es por medio del sacrificio del cordero y de su
> sangre que nuestro Padre celestial "pude ver literalmente el
> sacrificio santo y la sangre expiatoria de su Hijo amado",
> para no solamente expiar por nuestros pecados sino también
> para sanarnos de todos los males y, a la vez, darnos vida en
> abundancia, en la tierra y en el cielo infinitamente. Por
> esta razón, nuestro Padre celestial quería que Adán y Eva, y
> así también sus retoños, comenzaran a comer de la carne de su
> Cordero Inmolado, inmolado desde la fundación del cielo y de
> la tierra, para que la carne, los huesos y la sangre de sus
> cuerpos humanos sean santos perpetuamente, delante de su
> presencia santa e infinitamente gloriosa.
>
> Porque es ésta carne santa, con sus huesos inquebrantables y
> su sangre bendita e infinitamente gloriosa, la que nuestro
> Padre celestial y con su Espíritu Santo siempre quisieron
> para Adán y así también para cada uno de sus hijos e hijas en
> toda la tierra, comenzando con Eva y contigo también, hoy en
> día, mi estimado hermano y mi estimada hermana. Y, además,
> para que esto se haga una realidad en la vida de cada hombre,
> mujer, niño y niña de Israel y así también de cada familia de
> las naciones de la humanidad entera, entonces tenían que
> derramar de la sangre del cordero sacrificado, para que
> seguidamente comer de su carne inmolada delante de la
> presencia santa de nuestro Padre celestial.
>
> Ya que, es el pan del cielo, lo que todos comemos del cordero
> del sacrificio delante de nuestro Padre celestial cada día y
> cada noche sin cesar jamás; y éste pan del cielo siempre ha
> sido la carne santa del árbol de la vida eterna del paraíso,
> el fruto de nuestra verdadera vida celestial, el Hijo de
> David, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por ello, cada vez que la
> sangre del cordero (simbolizando a Jesucristo) era derramada
> por la tierra y, a la vez, salpicada sobre los utensilios
> santos del altar de nuestro Padre celestial, en sí, era para
> cubrir nuestras culpas de todos nuestros pecados (pasados,
> presentes y futuros), para que nuestros cuerpos sanen de los
> males escondidos del más allá.
>
> Porque así como el pecado empezó en el reino angelical con
> los ángeles revoltosos, así pues también cada enfermedad del
> hombre y hasta la misma muerte también empezó con los ángeles
> rebeldes a Jesucristo; porque cuando Adán y Eva empezaron a
> morir delante de Dios, entonces fue en el paraíso y no en la
> tierra, como muchos piensan. Entonces cuando somos perdonados
> de nuestros pecados y, a la vez, sanados de muchos de
> nuestros males como de enfermedades, epidemias y de muertes
> terribles, en verdad, somos perdonados y sanados a cada hora
> del día por nuestro Padre celestial, ¡gracias a la sangre
> santísima de su Hijo Jesucristo en el reino de los cielos!
>
> Por eso, la bebida que tomábamos con la carne de los
> corderos, no era jamás la sangre del animal, sino bebidas de
> frutas y hasta de vinos también, en símbolo o representando
> siempre la sangre del pacto eterno de nuestro Salvador
> Jesucristo, para que nos limpie de todo pecado y, por
> siempre, nos proteja del mal traicionero del maligno. Es
> decir, que comenzando con Adán y Eva y así sucesivamente con
> todos los siervos de nuestro Padre celestial y a través de la
> vida de la Casa de Israel, comenzando con el ritual del
> escape milagroso de la esclavitud egipcia, hemos estado
> comiendo cada día la carne Inmolada del Cordero de Dios, ¡el
> Hijo de David!, para también escapar de Satanás.
>
> Hemos estado comiendo constantemente y, a la vez, bebiendo de
> su sangre santísima del pacto eterno entre Dios y el hombre
> de toda la tierra, llena de perdón, salud y de la verdadera
> vida celestial para nuestros corazones, almas, cuerpos y
> espíritu humano, en esta vida y en la vendiera también,
> eternamente y para siempre. En realidad, hemos hecho
> constantemente lo que le agrada grandemente a nuestro Padre
> celestial con la carne Inmolada y con la sangre santísima de
> su Hijo amado en nuestro diario vivir, para que así le
> sirvamos a Él, en su espíritu y en su verdad gloriosa, en la
> tierra y así también por los siglos en la eternidad venidera.
>
> Además, nuestro Padre celestial hacía que la gente comiese de
> la carne del cordero sacrificado y sin jamás beber su sangre,
> pero si sé bebida de los jugos de los frutos y del vino
> también, representando siempre la sangre bendita del pacto
> eterno para perdón y reconciliación de nuestras vidas humanas
> con la de nuestro Dios que está en el cielo. Y sólo así
> nuestro Padre celestial podía perdonar los pecados de las
> gentes cada día y cada noche sin jamás cesar en su intento no
> solamente de salvar las vidas de los hombres, mujeres, niños
> y niñas de la Casa de Israel, sino también de sanar y liberar
> a la humanidad entera de los males constantes del maligno,
> Satanás. (Gracias a nuestro Señor Jesucristo le debemos dar
> cada día, porque Satanás no es eterno, ni tampoco sus
> mentiras.)
>
> Por lo tanto, no solamente los levitas sabían que estaban
> sacrificando y derramando, por tierra y sobre los utensilios
> santos del altar, la sangre del Cordero de Dios, el Hijo de
> David, cada vez que sacrificaban a sus animales del
> sacrificio de cada día y de cada atardecer, sino que también
> sabían que estaban salvando sus vidas del infierno eterno.
> Entonces los levitas sabían perfectamente, y así también las
> familias de las doce tribus de Israel, de que estaban
> comiendo la carne inmolada del Rey Mesías y, simultáneamente,
> sabían también de que estaban bebiendo la sangre del pacto
> para vida eterna, cada vez que bebían de los jugos y del vino
> de la tierra, escogida por Dios mismo, para éste propósito
> perpetuo.
>
> De esta manera, nuestro Padre celestial cambiaba
> milagrosamente la carne de Adán y Eva que llevaban sus
> retoños por toda la tierra, por la carne del Cordero de Dios,
> el Hijo de David, para que ya no sean más sus cuerpos para
> Satanás, el fruto prohibido, sino para Él y para su árbol de
> la verdadera vida legitima, ¡nuestro Señor Jesucristo! Así la
> gente sabía perfectamente que su carne ya no era la carne del
> pecado para muerte eterna, al comer de los frutos usuales de
> la tierra, sino que ahora era su carne santa, la del fruto
> del árbol de la vida, nuestro Salvador Jesucristo, para
> bendición, para salud constante y para salvación eterna
> también de sus almas vivientes.
>
> Por ello, cada vez que los hebreos comían de la carne del
> sacrificio, por ejemplo, entonces su carne dejaba de ser la
> carne de Adán o de Eva milagrosamente, para ser la verdadera
> carne del Hijo de Dios, el Hijo de David, libre del enemigo,
> para que sus vidas ya no sean para la tierra del pecado sino
> para el mundo celestial. Fue por esta razón que nuestro Señor
> Jesucristo les decía a sus apóstoles, una y otra vez: Yo no
> soy de este mundo, en donde han nacido ustedes; yo soy del
> mundo de arriba, en donde todo es verdad y justicia eterna
> para todos, ángeles fieles y hombres de la humanidad entera
> también, para siempre.
>
> Así pues, ustedes también no son de este mundo pecador, es
> decir, si comen de mi carne y beben de mi sangre bendita,
> como los antiguos lo hicieron cada vez que comían de la carne
> del cordero sacrificado para derramar su sangre por tierra y
> sobre el altar divino, para perdón de pecados y para
> salvación perfecta de sus almas vivientes. Y, hoy en día,
> cada vez que estemos sentados a la mesa de nuestro SEÑOR, en
> nuestros hogares de siempre, por ejemplo, pues perfectamente
> podemos coger el pan y bendecirlo delante de nuestro Padre
> celestial, dándole gracias por él, para que sea convertido en
> el pan de vida eterna, para comerlo y así no volvamos a tener
> hambre jamás.
>
> Así también podemos coger nuestras bebidas de siempre y
> levantarlas al cielo, presentándoselas al SEÑOR, para que las
> bendigas y las acepte como la sangre del pacto eterno de su
> Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, para beberlas y así no
> volvamos a tener sed jamás, en esta vida ni en la venidera
> tampoco, para siempre. Y si participamos de la mesa del SEÑOR
> cada día, como Dios manda, entonces nuestras carnes dejaran
> de ser rebeldes como la de Adán y Eva, para convertirse en la
> carne y en la sangre santísima, llena de salud, vida y
> prosperidad del árbol de la vida, el Cordero de Dios que
> quita el pecado del mundo entero, ¡nuestro Señor Jesucristo!
>
> Así es: cada día y cada noche también podemos comer de la
> carne y beber del fruto del árbol de la vida, nuestro Señor
> Jesucristo, como los antiguos hebreos lo hacían en su era,
> para que nuestro Padre celestial se sienta completamente
> complacido con cada uno de nosotros, para que Satanás se
> aleje de nuestras vidas para siempre. Visto que, una vez que
> Satanás se aleja de nuestras vidas, será entonces porque ya
> no estamos viviendo en la carne del pecado y rebelión de Adán
> y Eva, sino en la carne santa, en los huesos inquebrantable,
> y en la vida gloriosa y sumamente victoriosa de la sangre del
> pacto eterno, de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro Padre
> celestial.
>
> Porque la verdad es que, hoy en día, es la carne pecadora de
> Adán y Eva, la cual compone tu cuerpo y, aunque no te des
> cuenta nunca de nada, es la que atrae a Satanás con cada una
> de sus mentiras, maldiciones y muertes de enfermedades
> terribles del más allá, para arruinar tu vida y la de los
> tuyos también. Pero la carne de la sangre santísima del Hijo
> de David, nuestro árbol de vida y de salud eterna, es la que
> realmente hace que nuestras vidas sean llenas de bendiciones,
> salud y de prosperidades sin fin, para que Satanás no vuelva
> a tocar nuestras vidas con ninguna de sus maldades de
> siempre, en esta vida ni en la venidera tampoco.
>
> Pues éste es nuestro verdadero cuerpo celestial, aunque no lo
> creas así aún, en el cual cada uno de nosotros fue creado en
> el comienzo de las cosas en el seno de nuestro Padre
> celestial y de su Espíritu Santo, y más no en el cuerpo
> pecador y rebelde a Dios y a su Jesucristo de Adán y Eva.
> Pues es el cuerpo de la carne y de la sangre pecadora de Adán
> y Eva, los cuales habitan en cada uno de nosotros, en
> nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, para
> sufrir los males más terribles de Satanás y finalmente la
> muerte eterna en la tierra y así también en el fuego eterno
> del infierno.
>
> Por eso es que, en oración, tenemos que comer cada día y cada
> noche de la carne y de la sangre del pacto eterno del árbol
> de la vida, para que nuestros cuerpos sean transformados en
> el verdadero cuerpo de nuestras almas vivientes, en la tierra
> y en el paraíso también, como el del Hijo de Dios, ¡nuestro
> Señor Jesucristo! En la medida en que, es solamente en el
> cuerpo de la carne y de la sangre santísima de nuestro Señor
> Jesucristo, en el cual cada una de nuestras almas debería
> estar viviendo hoy en día, para agradarle por siempre en toda
> verdad, justicia, santidad, perfección, poder y vida
> saludable a nuestro Padre celestial que está en el cielo.
>
> Ciertamente que cada uno de nosotros tiene que ser siempre
> sin tacha ni mal alguno en nuestros cuerpos, así como los
> corderos del sacrifico de cada día delante de nuestro Padre
> celestial y sobre su altar santo; pues todo esto es sólo
> posible en nosotros, cuando Jesucristo habita en nuestras
> vidas con su misma carne y con su misma sangre santísima. Por
> esta razón, nuestro Padre celestial les decía a los antiguos,
> por ejemplo: Sean santos, como yo soy santo; sean puros, como
> yo soy puro; y caminen delante de mi en santidad y en
> perfección del Espíritu Santo-y, la única manera, en la cual
> el hombre puede ser santo delante de Dios, será con
> Jesucristo viviendo ya en su corazón.
>
> Puesto que, éste fue el plan de nuestro Padre celestial
> inicialmente para con cada uno de nosotros, de vivir en el
> cuerpo de la carne y de la sangre santísima de su fruto de
> vida y de salud eterna, nuestro Señor Jesucristo, para que
> Satanás jamás se pueda acercar a nosotros, ni menos
> engañarnos con sus mentiras mortales y malvadas. Por eso fue
> que Adán y Eva pecaron mortalmente, porque sus carnes y sus
> sangres no eran la de su Jesucristo desafortunadamente, ya
> que rehusaron comer y beber de él, cuando Dios se los ordeno
> que lo hicieran así en sus días de vida celestial en el
> paraíso, por ejemplo.
>
> Entonces cuando comemos del pan del cielo y bebemos del vino
> del SEÑOR, realmente, estamos comiendo simbólicamente, como
> los antiguos hebreos, de la carne Inmortal y bebiendo de la
> sangre del pacto eterno del Cordero de Dios, nuestro Salvador
> Jesucristo, para no solamente transformar nuestros cuerpos en
> cuerpos santos, como de él mismo, sino que podremos desde ya
> regresar al paraíso. Y regresaremos al paraíso a partir de
> ahora, porque no solamente somos hijos de Dios, sino porque
> fuimos creados en los lugares altos y celestiales del reino
> angelical; por lo tanto, somos ciudadanos legítimos del reino
> angelical, del paraíso y así también de la tierra y de La
> Nueva Jerusalén santa y gloriosa del Gran Rey Mesías, ¡el
> Hijo de David!
>
> Regresaremos al paraíso, a la tierra santa de nuestros
> primeros pasos en nuestro espíritu humano, para comer de los
> frutos de sus tierras eternas y así también seguir comiendo
> del fruto del árbol de la vida, el Hijo de David, para jamás
> volvernos alejar del cielo con una carne y con una sangre
> totalmente diferente a la de nuestro Salvador Jesucristo. Y
> seremos eternamente santos y justos para Dios, como
> Jesucristo mismo, como su Espíritu Santo y como sus ángeles
> fieles, porque cuando comimos de la carne Inmortal y de la
> sangre bendita de Jesucristo, verdaderamente, también comimos
> simultáneamente de su verdad, de su justicia, de su santidad,
> de su pureza, de su cuerpo y espíritu de vida y salud eterna.
>
> Hoy en día, somos santos para los ojos de nuestro Padre
> celestial; y, además, somos infinitamente justos para vivir
> la verdadera vida eterna, gracias a la carne Inmolada y a la
> sangre derramada sobre nuestras vidas del Hijo de Dios, ¡
> nuestro Señor Jesucristo! Para nuestro Padre celestial somos
> mucho más que los ángeles fieles a Él en el cielo; en verdad,
> somos como Él mismo o como su Jesucristo y su Espíritu Santo,
> por ejemplo: pero si tan sólo comemos de Jesucristo cada día
> y cada noche y para siempre así en la eternidad venidera del
> nuevo reino celestial, para todas las naciones.
>
> Y al haber comido y bebido del fruto del árbol de la vida,
> del Cordero de Dios, nuestro Señor Jesucristo, entonces
> realmente comimos y bebimos de él eternamente, para jamás
> volver a creer a la mentira de nadie sino sólo a la verdad de
> nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, como de Sus
> Diez Mandamientos Inmortales, por ejemplo. Dado que, los que
> viven en el espíritu de la carne inmolada y en la sangre
> santísima de nuestro Señor Jesucristo, entonces ya no creerán
> más a las mentiras de Satanás, ni caerán nunca en ninguna de
> sus trampas mortales, como les sucedió a los ángeles caídos
> del reino angelical, o a Adán y Eva en el paraíso, por
> ejemplo.
>
> Y esto es verdad, hoy en día, con todos los hombres, mujeres,
> niños y niñas de la antigüedad que creyeron en Jesucristo en
> sus corazones y confesaron con sus labios su nombre santo,
> para comer por siempre del Cordero Pascual en la tierra y en
> el paraíso, para no volver a creer más a ninguna mentira de
> Satanás para siempre. Podemos ver también, por ejemplo, que
> Satanás intento con lo mejor que tenia en su arsenal de
> decepciones terribles, para engañar a nuestro Señor
> Jesucristo con sus mentiras y con sus trampas mortales de
> siempre, cuando le ofreció el cielo y la tierra con todas las
> naciones y sus glorias-pero no pudo engañar al Señor jamás-ni
> por un segundo.
>
> Dado que, la carne Inmolada y la sangre del pacto eterno no
> podrán ser engañadas jamás con las mentiras habituales de
> Satanás, ni con ninguna de las riquezas del cielo, ni con la
> gloria de las naciones de la humanidad entera-es totalmente
> imposible engañar la carne y la sangre de Jesucristo en el
> hombre y en la mujer de fe. En verdad, el hombre, la mujer,
> el niño y la niña que comen y beben cada día y cada noche del
> fruto del árbol de la vida del paraíso, vivirán por siempre
> llenos de milagros, de maravillas, de señales y de prodigios
> en sus vidas por la tierra y del paraíso también; es más,
> nada les será imposible a ellos infinitamente.
>
> Por eso es que nuestro Señor Jesucristo les decía a sus
> apóstoles una y otra vez, por ejemplo: Mi carne es verdadera
> comida, para bien eterno; porque cuando coman de ella, jamás
> volverán a tener hambre en esta vida ni en la venidera
> tampoco, para siempre. Y cuando beban de mi sangre, beberán
> por siempre verdadera bebida; porque, sin duda alguna,
> estarán bebiendo verdadera bebida de la nueva vida eterna del
> cielo, para no volver a tener sed jamás, en esta vida ni en
> la venidera tampoco, eternamente y para siempre.
>
> Dado que, cuando comen de la carne santa y beben de la sangre
> del pacto eterno entre Dios y el hombre, entonces realmente
> sus pecados desaparecen con sus tinieblas y males eternos,
> porque ahora estarán siendo alimentados cada día de toda
> verdad, justicia, santidad y gloria celestial-para jamás
> volver a caer en las tinieblas, de ninguna mentira de
> Satanás. Así pues, los hebreos antiguos pudieron escapar los
> grandes poderes del mal eterno que estaban viviendo bajo el
> yugo del imperio Egipcio, porque no solamente Jesucristo les
> habla por medio de Moisés desde el Sinaí, sino también porque
> comieron de su carne y bebieron de su agua de vida y de salud
> eterna, para salir huyendo de Satanás para siempre.
>
> Pues, fue la sangre del pacto eterno entre Dios e Israel del
> Cordero Escogido, el Hijo de David, el cual no solamente lo
> untaron primeramente sobre los marcos de las puertas de sus
> corazones, sino también sobre las jambas de las puertas de
> sus casas, para que el ángel de la muerte no matara al
> primogénito de sus familias. En aquella noche bíblica, todos
> los primogénitos de los egipcios, incluyendo los primogénitos
> de sus animales, murieron, porque el ángel destructor se
> acerca a las puertas de sus corazones y de sus hogares, y no
> vio la sangre del Hijo de David sobre ninguna de ellas, para
> fin inmediato de sus vidas en sus tierras.
>
> Así pues, también el ángel de la muerte se acerca cada vez
> que puede a las puertas de los hogares de las familias de la
> tierra, y si no ve la presencia del espíritu de la sangre y
> de la vida gloriosa del Cordero Inmolado, nuestro Señor
> Jesucristo, en ninguno de sus familiares, entonces se lleva a
> alguno de ellos. Pero si ve el espíritu de la sangre y de la
> vida gloriosa del Hijo de David en sus vidas, entonces el
> ángel destructor ni se atreve a pasar por esa casa, ni mucho
> menos a acercarse a ella ni a ninguna de las casas aledañas,
> sino que huye siempre de la presencia santísima de la sangre
> del pacto eterno.
>
> Ciertamente que la presencia del espíritu de la sangre
> inmortal del Cordero Pascual de Dios tiene grandes poderes
> sobrenaturales en la vida de cada uno de nosotros, seamos
> hebreos o gentiles, en la tierra y en el paraíso; por eso,
> tenemos que comer de la carne Inmolada y beber del vino de la
> Copa del SEÑOR cada día, para vivir infinitamente felices.
> Para que así seamos no solamente transformados en la carne
> viva y en la sangre sagrada del Hijo de David, para gloria y
> honra de nuestro Padre celestial, sino que también seamos
> lleno del espíritu de la verdad, santidad, justicia,
> perfección, salud y vida eterna de bendiciones sin fin, para
> nuestras vidas por la tierra y así también del cielo
> infinitamente.
>
> Sólo tenemos que creer una sola vez en nuestros corazones y
> así confesar su nombre santo con nuestros labios delante de
> la presencia gloriosa de nuestro Padre celestial, para que
> "jamás nos falte en nuestras vidas" el pan del cielo ni de la
> copa de vino para vida y salud eterna de nuestros corazones,
> almas, vidas, cuerpos y espíritu humano. Ciertamente que al
> ser llenos del espíritu de la carne y de la sangre santísima
> de nuestro Señor Jesucristo, entonces somos llenos de toda
> verdad, justicia, santidad, perfección, vida, poderes
> sobrenaturales de milagros, maravillas y de prodigios en los
> cielos y en la tierra, para agradar por siempre a nuestro
> Padre celestial y a su Espíritu Santo para la eternidad.
>
> Verdaderamente, si ya has comido y bebido del fruto del árbol
> de la vida, entonces no temas nada de este mundo pecador,
> porque la misma carne y sangre santísima que has comido y
> bebido de nuestro Señor Jesucristo son las que vencieron al
> mundo entero, por ti y por los tuyos también, para honra
> eterna de nuestro Padre celestial. Créelo así, eres más que
> vencedor en esta vida y en la venidera también, gracias a la
> carne Inmolada, los huesos inquebrantables y la sangre
> resucitada de la vida mesiánica del Hijo de David, para sólo
> vivir en eterna paz, verdad, justicia, santidad, perfección
> de milagros, maravillas y de grandes prodigios en los cielos
> y en la tierra, para siempre.
>
> Pues entonces, sigue comiendo y bebiendo de Jesucristo poco a
> poco, para que llegues a ser exactamente como él, desde hoy
> mismo. Sólo "él es el pan del cielo de Adán y Eva", el cual
> debieron comer bocado a bocado en sus días de vida en el
> paraíso, pero no lo hicieron-porque la mentira entro en sus
> corazones, en su sangre y en su espíritu humano, para mal de
> cada día de muchos en la tierra y en el más allá también.
>
> Pero, sin embargo, nada está perdido aún, si sólo sigues
> comiendo y bebiendo fielmente bocado a bocado de Jesucristo,
> como el fruto de vida y de salud eterna para tu alma viviente
> y para las almas vivientes de los tuyos también, en todos los
> lugares de la tierra, hoy y por siempre. Que nuestro Padre
> celestial te siga enriqueciendo y bendiciendo grandemente con
> su Espíritu Santo de Sus Diez Mandamientos, como es normal en
> el reino de los cielos, en el paraíso, en Israel, en nuestros
> países y en La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, en
> el nombre glorioso de su Hijo amado, nuestro Salvador
> Jesucristo, ¡Amén!
>
> El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su
> Jesucristo es contigo.
>
>
> ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
>
>
> Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en
> el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
> Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
> almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
> sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
> siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
> nuestro Señor Jesucristo.
>
> LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y
> noche, (Deuteronomio 27: 15-26):
>
> "'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen
> de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es
> transgresión a la Ley perfecta de nuestro Padre celestial), y
> la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡
> Amén!'
>
> "'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su
> madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad
> de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el
> pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del
> huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre,
> porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo
> dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier
> animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su
> padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el
> pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte
> a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡
> Amén!'
>
> "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente,
> sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley,
> poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo
> el pueblo dirá: '¡Amén!'
>
> LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
>
> Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
> a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo
> eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida,
> de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre celestial y de su
> Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en
> ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que
> el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando
> llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los
> ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando
> día y noche entre las llamas ardientes del fuego del
> infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios.
> En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en
> el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en
> espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas
> los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
> presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
> espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
> los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios.
> Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día
> honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de
> sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano,
> mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
> cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada
> categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada
> dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada
> decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus
> muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de
> la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y
> de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
> Israel y de las naciones!
>
> SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
>
> Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
> tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
> abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
> venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
> los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:
>
> PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
>
> SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
> de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
> en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
> ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
> celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
> sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
> aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
> los que me aman y guardan mis mandamientos".
>
> TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
> tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
> en vano".
>
> CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
> santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
> el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
> ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
> siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
> dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
> cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
> reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
> sábado y lo santificó".
>
> QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
> tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
> da".
>
> SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
>
> SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
>
> OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
>
> NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
> tu prójimo".
>
> DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
> codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
> sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
> prójimo".
>
> Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos
> estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
> de los tuyos, también. Hazlo así y sin más demora alguna, por
> amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
> tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
> ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
> en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
> también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
> todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
> los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
> en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
> males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
> abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
> familias, por toda la tierra.
>
> Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
> Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
> digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
> la presencia santa del Padre celestial, nuestro Dios y
> salvador de todas nuestras almas:
>
> ORACIÓN DEL PERDÓN
>
> Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
> memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
> amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
> cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
> dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
> nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
> tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
> poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
>
> Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
> celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
> perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
> vuestras ofensas.
>
> Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
> VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
> sino es POR MÍ". Juan 14:
>
> NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
>
> ¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
>
> MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
>
> YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
> TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
>
> - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
> éste MUNDO y su MUERTE.
>
> Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
>
> Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
> tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
> entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
>
> QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
> DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
> Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
> Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
> pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
> venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.
>
> ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No
> _____?
>
> ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
>
> Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de
> una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
>
> Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
> Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
> en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
> sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
> predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
> Cristo a los demás.
>
> Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
> cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
> evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
> más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
> cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
> temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
> entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
> para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
> te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
>
> Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
> para que te goces en la verdad del Padre celestial y de su
> Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
> hoy y para siempre.
>
> El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
> paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
> oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
> hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
> bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
> nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
> los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
> tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
> hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
> Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
> el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.
>
> El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
> Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
> asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
> Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
> letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
> corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
> loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
> como antes y como siempre, para la eternidad.
>
>
>
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
> playertype=wm%20%20///
>
>
>
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx
>
>
>
http://radioalerta.com
>
>
Mi pregunta es ¿si jesucristo se inmolo era un terrorista?