*111*
Lao Tse dijo:
Las cosas que se pretende que beneficien pueden de hecho ser
perjudiciales, mientras que aquellas que se pretende que causen daño
pueden de hecho ser beneficiosas.
Comer alimentos calientes cuando se padece la humedad o beber algo
frío cuando se sufre de sed son hábitos alimentarios comunes, pero los
médicos expertos los consideran insanos.
Cualquier cosa que sea agradable a los ojos o agradable a las
emociones se considera provechosa por parte de los ignorantes, pero es
evitada por los maestros del Camino.
Los sabios suscitan objeciones al principio, a continuación cooperan;
la gente ordinaria coopera al principio, y después suscita objeciones.
Así pues, es imperativo examinar las puertas de la calamidad y de la
fortuna, los reveses del provecho y del perjuicio.
*112*
Lao Tse dijo:
De aquellas personas que tienen éxito sin ser humanas simplemente se
desconfía, mientras que simplemente se confía en aquellas personas que
han errado pero son humanas. Por consiguiente, la humanidad y la
justicia son normas constantes para todos los asuntos, y son honradas
por el mundo.
Aunque la estrategia sea apropiadamente calculada, y exista la
preocupación de liberarse del dolor y los planes para la supervivencia
de la nación, si se prosigue con ello sin humanidad y justicia, no
puede tener éxito.
Aunque el consejo no sea adecuado para la política y los planes no
beneficien al país, si la intención persigue el interés nacional y
está en armonía con la humanidad y la justicia, uno sobrevivirá.
Por ello se dice: «Si cien consejos y cien planes no consiguen el
objetivo, es mejor abandonar el curso de la acción y buscar la
humanidad y la justicia.»
*113*
Lao Tse dijo:
Cuando la educación proviene de personas con cualidades de liderazgo,
las personas ordinarias se enriquecen con ello. Cuando el provecho
proviene de la gente ordinaria, el liderazgo se beneficia de su éxito.
Mantén a los dirigentes y a la gente ordinaria realizando cada cual lo
que es adecuado para ellos, y su éxito común será fácil de nutrir, así
se alcanza el Camino.
Cuando las personas tienen muchos deseos, esto perjudica a la
justicia. Cuando tienen muchas ansiedades, esto daña a la sabiduría.
Por ello, un país en orden disfruta de las cosas que conducen a la
supervivencia, mientras que un país cruel disfruta de cosas que
conducen a la destrucción.
El agua que fluye hacia abajo se vuelve profunda y extensa; los
gobernantes que se rebajan a sí mismos hasta sus gobernados se vuelven
receptivos y lúcidos. Cuando los gobernantes no luchan con sus
gobernados, entonces se hace el Camino del orden.
Así, los gobernantes son las raíces, los gobernados son las ramas y
las hojas. Las ramas y las hojas nunca florecen sin buenas raíces.
*114*
Lao Tse dijo:
Cuando padres amorosos cuidan de sus hijos, no significa que busquen
recompensa de ellos, sino que no pueden quitárselos de sus mentes.
Cuando diligentes sabios nutren a su pueblo, no es para emplearlos
para sus usos personales propios, sino porque no pueden hacer de otra
manera por naturaleza.
Cuando las personas se basan en su propio poder y abusan de su mérito,
inevitablemente llegan a un callejón sin salida. Si de alguna manera
hay argucia, entonces no hay conexión con la gracia.
Así, si utilizas lo que les gusta a las masas, obtienes el poder de
las masas. Si promueves aquello de lo que las masas disfrutan,
entonces ganas los corazones de las masas. Así pues, conoces el final
cuando ves el principio.
*115*
Lao Tse dijo:
A aquellos que ganan injustamente y no dan les visitarán los
problemas. No pueden ayudar a los demás ni tampoco tienen medios de
ayudarse a sí mismos. Pueden llamarse ignorantes, no diferentes a los
pájaros caníbales que aman a los niños que los comerán.
Por ello, seguir llenando no es tan bueno como detenerse; un borde
afilado no puede ser mantenido para siempre.
El Camino existe en la virtud, la virtud existe en el Camino; su
evolución es infinita. El yin existe en el yang, el yang existe en el
yin; todas las cosas son así y no pueden ser completamente entendidas.
Cuando llega la fortuna, allí están los presagios; cuando llega la
calamidad, los presagios la preceden. Si ves los presagios pero no
actúas correctamente, no llega entonces la fortuna. Si actúas
correctamente sin ver presagios, no llega entonces la calamidad.
El beneficio y el perjuicio atraviesan la misma puerta, la calamidad y
la fortuna están en la misma vecindad: sólo los santos y los sabios
pueden distinguirlos. Por ello se dice: «La calamidad es aquello de lo
que depende la fortuna, la fortuna es lo que gobierna la calamidad;
¿quién puede conocer su final?»
Cuando las personas están a punto de caer enfermas, primero tienen un
deseo de pescado y carne; cuando un país está a punto de perecer,
primero rechaza las palabras de ministros fieles. Así, cuando una
enfermedad va a ser fatal, uno no puede tratarla médicamente; cuando
un país está a punto de perecer, uno no puede planificar para él con
fidelidad.
Cultívalo en ti mismo, y sólo entonces podrás gobernar al pueblo; vive
en casa de una manera ordenada y civilizada, y sólo entonces podrás
transferir esto a un liderazgo gubernamental. Por ello se dice:
«Cultívala en ti mismo, y esa virtud es real; cultívala en casa, y esa
virtud es abundante; cultívala en el país, y esa virtud es rica.»
Lo que sostiene las vidas de la gente es el alimento y el vestido. Si
los negocios proporcionan suficiente comida y vestido para sobrevivir,
entonces tienen éxito; si no proporcionan suficiente alimento y
vestido para sobrevivir, entonces son un fracaso. Cuando el negocio no
tiene éxito, el carácter no madura.
Por ello, cuando fluyes en armonía con los tiempos, pero no tienes
éxito, eso no cambia el sistema; cuando te adecuas a los tiempos pero
no tienes éxito, eso no cambia el orden. Otro tiempo vendrá de nuevo;
a esto se le llama la ley del Camino.
Los reyes señoriales enriquecen a sus pueblos, los reyes despóticos
enriquecen sus tierras, las naciones en peligro enriquecen a sus
burócratas. Las naciones pacíficas aparentan carecer, las naciones
perdidas tienen vacíos sus almacenes.
Por ello se dice: «Cuando los gobernantes no explotan a sus pueblos,
éstos prosperan de manera natural; cuando los gobernantes no explotan
a la gente, ésta se vuelve civilizada por propia naturaleza.»
Cuando se moviliza a un ejército de cien mil personas, ello cuesta
cien mil monedas de oro por día; siempre existen malos años después de
una expedición militar. Por ello, las armas son instrumentos de mal
agüero y no son atesoradas por las personas cultivadas. Si reconcilias
a grandes enemigos de manera que inevitablemente queda alguna
enemistad, ¡con qué poca pericia lo has hecho!
Por consiguiente, los antiguos no atraían a los íntimos hacia ellos
mediante las palabras, y no las utilizaban para dar órdenes a los que
estaban lejos; pero las personas que estaban cerca eran felices, y la
gente no les venía de lejos.
Cuando tienes los mismos deseos que el pueblo, estás en armonía.
Cuando tienes los mismos principios que el pueblo, estás seguro.
Cuando tienes los mismos pensamientos que el pueblo, lo conoces.
Quienes ganan el poder del pueblo se hacen ricos; quienes ganan la
alabanza del pueblo se vuelven personas notables.
Si hay algo en tus acciones que te invita a la enemistad, o algo en
tus palabras que atrae problemas, a menos que alguien te prevenga, la
gente murmurará sobre ello más tarde.
Rumoreadas a lo largo y a lo ancho, las palabras son molestas. Es la
lengua por donde ello empieza; una vez que has hablado de manera
inapropiada, un equipo de caballos no puede sobrepasar tus palabras.
En los antiguos tiempos, el Maestro del Centro decía que el cielo
tiene cinco direcciones, la tierra cinco elementos, la música cinco
notas, las cosas cinco sabores, la materia cinco colores primarios, el
pueblo cinco posiciones. Así, hay veinticinco clases de personas entre
el cielo y la tierra.
Las más elevadas son las personas espirituales, las verdaderas
personas, las personas del Camino, las personas perfectas, y los
sabios.
A continuación vienen las personas con virtud, las sensatas, las que
saben, las buenas personas y las que disciernen.
En medio están las personas honradas, las personas fieles, las
personas confiables, las personas justas y las personas corteses.
A continuación vienen los estudiosos, los artesanos, los leñadores,
los campesinos y los comerciantes.
Las inferiores son las personas sin individualidad, las personas
seniles, las personas tontas, las personas que son como trozos de
carne, y las personas de miras estrechas.
La diferencia entre los cinco tipos más elevados y los más bajos es
como la diferencia entre los seres humanos y los bueyes o los
caballos.
Los sabios miran con sus ojos, escuchan con sus oídos, hablan con su
boca y caminan con sus pies. Las verdaderas personas se dan cuenta sin
mirar, oyen sin escuchar, se desplazan sin caminar, son honradas sin
hablar.
Por ello, los medios mediante los cuales los sabios mueven al mundo
nunca han pasado por las verdaderas personas; los medios a través de
los cuales las personas sabias corrigen la moral de la sociedad nunca
han sido observados por los sabios.
Lo que llamamos el Camino carece de parte de delante y de parte de
atrás, de izquierda y derecha: todas las cosas son misteriosamente lo
mismo, sin verdad ni error.