Jess recupera y lleva a su plenitud el proyecto divino [61-66]
La familia en los documentos de la Iglesia [67-70]
El sacramento del matrimonio [71-75]
Semillas del Verbo y situaciones imperfectas [76-79]
Transmisin de la vida y educacin de los hijos [80-85]
La familia y la Iglesia [86-88]
Dnde estn los hijos? [260-262]
Formacin tica de los hijos [263-267]
Valor de la sancin como estmulo [268-270]
Paciente realismo [271-273]
La vida familiar como contexto educativo [274-279]
S a la educacin sexual [280-286]
Transmitir la fe [287-290]
Gradualidad en la pastoral [293-295]
Discernimiento de las situaciones llamadas irregulares [296-300]
Circunstancias atenuantes en el discernimiento pastoral [301-303]
Normas y discernimiento [304-306]
La lgica de la misericordia pastoral [307-312]
Espiritualidad de la comunin sobrenatural [314-316]
Juntos en oracin a la luz de la Pascua [317-318]
Espiritualidad del amor exclusivo y libre [319-320]
Espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estmulo [321-325]
1. La alegra del amor que se vive en las familias es tambin el jbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas seales de crisis del matrimonio, el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jvenes, y esto motiva a la Iglesia[1]. Como respuesta a ese anhelo el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia[2].
2. El camino sinodal permiti poner sobre la mesa la situacin de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostr la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales. La reflexin de los pastores y telogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudar a encontrar mayor claridad. Los debates que se dan en los medios de comunicacin o en publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexin o fundamentacin, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teolgicas.
3. Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto suceder hasta que el Espritu nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Adems, en cada pas o regin se pueden buscar soluciones ms inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafos locales, porque las culturas son muy diferentes entre s y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado[3].
4. De cualquier manera, debo decir que el camino sinodal ha contenido una gran belleza y ha brindado mucha luz. Agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud. El conjunto de las intervenciones de los Padres, que escuch con constante atencin, me ha parecido un precioso poliedro, conformado por muchas legtimas preocupaciones y por preguntas honestas y sinceras. Por ello consider adecuado redactar una Exhortacin apostlica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Snodos sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexin, el dilogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estmulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades.
5. Esta Exhortacin adquiere un sentido especial en el contexto de este Ao Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercana all donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo.
6. En el desarrollo del texto, comenzar con una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras, que otorgue un tono adecuado. A partir de all, considerar la situacin actual de las familias en orden a mantener los pies en la tierra. Despus recordar algunas cuestiones elementales de la enseanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, para dar lugar as a los dos captulos centrales, dedicados al amor. A continuacin destacar algunos caminos pastorales que nos orienten a construir hogares slidos y fecundos segn el plan de Dios, y dedicar un captulo a la educacin de los hijos. Luego me detendr en una invitacin a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente a lo que el Seor nos propone, y por ltimo plantear breves lneas de espiritualidad familiar.
7. Debido a la riqueza de los dos aos de reflexin que aport el camino sinodal, esta Exhortacin aborda, con diferentes estilos, muchos y variados temas. Eso explica su inevitable extensin. Por eso no recomiendo una lectura general apresurada. Podr ser mejor aprovechada, tanto por las familias como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta. Es probable, por ejemplo, que los matrimonios se identifiquen ms con los captulos cuarto y quinto, que los agentes de pastoral tengan especial inters en el captulo sexto, y que todos se vean muy interpelados por el captulo octavo. Espero que cada uno, a travs de la lectura, se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas no son un problema, son principalmente una oportunidad[4].
8. La Biblia est poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares, desde la primera pgina, donde entra en escena la familia de Adn y Eva con su peso de violencia pero tambin con la fuerza de la vida que contina (cf. Gn 4), hasta la ltima pgina donde aparecen las bodas de la Esposa y del Cordero (cf. Ap 21,2.9). Las dos casas que Jess describe, construidas sobre roca o sobre arena (cf. Mt 7,24-27), son expresin simblica de tantas situaciones familiares, creadas por las libertades de sus miembros, porque, como escriba el poeta, toda casa es un candelabro[5]. Entremos ahora en una de esas casas, guiados por el Salmista, a travs de un canto que todava hoy se proclama tanto en la liturgia nupcial juda como en la cristiana:
9. Atravesemos entonces el umbral de esta casa serena, con su familia sentada en torno a la mesa festiva. En el centro encontramos la pareja del padre y de la madre con toda su historia de amor. En ellos se realiza aquel designio primordial que Cristo mismo evoca con intensidad: No habis ledo que el Creador en el principio los cre hombre y mujer? (Mt 19,4). Y se retoma el mandato del Gnesis: Por eso abandonar el hombre a su padre y a su madre, se unir a su mujer y sern los dos una sola carne (2,24).
10. Los dos grandiosos primeros captulos del Gnesis nos ofrecen la representacin de la pareja humana en su realidad fundamental. En ese texto inicial de la Biblia brillan algunas afirmaciones decisivas. La primera, citada sintticamente por Jess, declara: Dios cre al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre, varn y mujer los cre (1,27). Sorprendentemente, la imagen de Dios tiene como paralelo explicativo precisamente a la pareja hombre y mujer. Significa esto que Dios mismo es sexuado o que con l hay una compaera divina, como crean algunas religiones antiguas? Obviamente no, porque sabemos con cunta claridad la Biblia rechaz como idoltricas estas creencias difundidas entre los cananeos de la Tierra Santa. Se preserva la trascendencia de Dios, pero, puesto que es al mismo tiempo el Creador, la fecundidad de la pareja humana es imagen viva y eficaz, signo visible del acto creador.
13. De este encuentro, que sana la soledad, surgen la generacin y la familia. Este es el segundo detalle que podemos destacar: Adn, que es tambin el hombre de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta, junto con su mujer, da origen a una nueva familia, como repite Jess citando el Gnesis: Se unir a su mujer, y sern los dos una sola carne (Mt 19,5; cf. Gn 2,24). El verbo unirse en el original hebreo indica una estrecha sintona, una adhesin fsica e interior, hasta el punto que se utiliza para describir la unin con Dios: Mi alma est unida a ti (Sal 63,9), canta el orante. Se evoca as la unin matrimonial no solamente en su dimensin sexual y corprea sino tambin en su donacin voluntaria de amor. El fruto de esta unin es ser una sola carne, sea en el abrazo fsico, sea en la unin de los corazones y de las vidas y, quizs, en el hijo que nacer de los dos, el cual llevar en s, unindolas no slo genticamente sino tambin espiritualmente, las dos carnes.
14. Retomemos el canto del Salmista. All aparecen, dentro de la casa donde el hombre y su esposa estn sentados a la mesa, los hijos que los acompaan como brotes de olivo (Sal 128,3), es decir, llenos de energa y de vitalidad. Si los padres son como los fundamentos de la casa, los hijos son como las piedras vivas de la familia (cf. 1 P 2,5). Es significativo que en el Antiguo Testamento la palabra que aparece ms veces despus de la divina (yhwh, el Seor) es hijo (ben), un vocablo que remite al verbo hebreo que significa construir (banah). Por eso, en el Salmo 127 se exalta el don de los hijos con imgenes que se refieren tanto a la edificacin de una casa, como a la vida social y comercial que se desarrollaba en la puerta de la ciudad: Si el Seor no construye la casa, en vano se cansan los albailes; la herencia que da el Seor son los hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud; dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedar derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza (vv. 1.3-5). Es verdad que estas imgenes reflejan la cultura de una sociedad antigua, pero la presencia de los hijos es de todos modos un signo de plenitud de la familia en la continuidad de la misma historia de salvacin, de generacin en generacin.
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