Elecciones 2021 en Sonora; crisis y alternativa
La dinámica de los resultados electorales desde 1988, con el fraude a Cuauhtémoc Cárdenas y los reacomodos, renuncias, y ausencias en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) son reflejos y síntomas de una crisis de larga duración en México.
El hartazgo de esta crisis fue capitalizado primero por Vicente Fox y lejos de atenuar el malestar lo profundizó y fue con la candidatura y triunfo electoral de López Obrador con quien detonó la reacción masiva; sin embargo, AMLO está muy lejos de echar campanas al vuelo; a la crisis política que se venía arrastrando, ahora se agrega la profundización de la crisis de seguridad, la económica y la pandemia.
Los resultados electorales y la participación en las jornadas electores en la elección presidencial nos dan una idea de la crisis tomando en cuenta sus tendencias; en 1982 la participación del padrón electoral fue de 74.86 y Miguel de la Madrid ganó la presidencia con el 70.99 de los votos; en la elección de 1988 la votación global baja a 52.01 y en medio de un fraude se le reconoce el triunfo con el 42.2 de los sufragios a Carlos Salinas de Gortari.
En el proceso electoral de 1994 sube la participación electoral con el 77.11 por ciento del padrón y ganó Ernesto Zedillo con el 78.2 % de los votos, la maquinaria electoral del Estado y del PRI se tiro a fondo en medio del levantamiento zapatista y el asesinato de Luis Donaldo Colosio; el triunfo electoral de esta jornada, fue la ultima elección de los que se conoció como partido de estado.
En el 2000 vuelve a bajar la votación y la participación cae en 63.97 % y llega Vicente Fox con el 74.8 % y en el proceso electoral del 2006 baja al 58.61%, los sexenios panistas fueron la continuidad del modelo priista; corrupción y privatización; la deuda histórica seguía pendiente.
En el 2006 ganó Felipe Calderón con el 35.89% de los votos, prácticamente empatados con Andrés Manuel López Obrado con el 35.31% de los votos; llega Calderón en medio de otro segundo fraude electoral más escandaloso que el de Carlos Salinas de Gortari.
Después llega Enrique Peña Nieto con una alta votación global de 62% y gana con el 38.2 %.
La participación cívica en la jornada electoral del 2018 no fue la más alta, ya que solo votó el 63.42 % del padrón, pero fue histórica ya que Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia con el 53.19 % que representaron 30 millones, 113 mil 483 votos; no es el más alto porcentaje global, pero sí el más significativo por la dimensión de la crisis política reflejada en el hartazgo.
A dos años que va del sexenio de AMLO la crisis política que detonó en 1988 no da signos de terminarse; a pesar del manejo mediático de el gobierno de AMLO, las causas de la crisis se han profundizado; las privatizaciones que empezó con De la Madrid y los sucesivos gobiernos no se interrumpió con el nuevo gobierno, el Tren Maya viene a simbolizar esta política, pero además, la crisis de seguridad, la económica y la pandemia, sin duda serán elementos que alargan esta crisis.
AMLO tuvo la oportunidad histórica de darle un papel protagónico a las masas mexicanas para enfrentar la inseguridad, la crisis económica y la misma pandemia, pero su carácter caudillesco y bonapartista, por un lado y el temor que sea rebasado será la causa que su gobierno no pase de un ser episodio más del neoliberalismo mexicano.
La crisis política del país ha tenido sus repercusiones concretas en Sonora, la dinámica electoral en la entidad es muy parecida al contexto nacional; veamos.
En 1991 Manlio Fabio Beltrones Rivera llegó con el 68.9% de los votos con una vigorosa oposición panista que logró el 23.8 % de los votos; ya con Armando López Nogales se dejaba venir la crisis, en ese año de elección (1997) López Nogales (PRI) llega con el 41.3 %, seguido por Enrique Salgado Bojórquez con 238,566 votos que representó 32.4 % y en tercer lugar Jesús Zambrano Grijalva con 171,312 votos, o sea 23.2 %.
Si el PAN y el PRD se hubieran presentado unidos el PRI no tenía ninguna oportunidad de ganar; se dice por todos los rincones que Beltrones operó para dividir el voto opositor fortaleciendo al PRD, de además traía el prestigio de Cuauhtémoc Cárdenas que lo ayudó que el sur del estado se llevarán casi todas las alcaldías; la memoria histórica de los campesinos del Sur de la entidad se hizo valer.
En las elecciones del 2003 las punga priista (como consecuencia de esta crisis) se llevó en medio de una insurrección encabezada por Eduardo Bours, que al final ganó la candidatura priista y la elección constitucional, una elección que dejó más sombra que luces, quedando en el imaginario popular como un fraude más donde Bours no ganó la gubernatura sino que se la apropió; así quedaron los resultados; Eduardo Bours 372 467 votos (45.60 %), Ramón Corral Ávila 364 544 ( 44.63 %) y un lejano tercer lugar, Jesús Zambrano Grijalva 51 447 ( 6.30 %).
En las elecciones del 2009 la crisis priista y la tragedia de la Guardería ABC jugó un lastimoso factor que determinó los resultados; un priismo dividido y un panismo en auge dio como resultado el triunfo panista; veamos los resultados; Guillermo Padrés Elías 464,865 votos que representó el 47.6 %, Alfonso Elías Serrano 425,050 (43.6 %), Petra Santos Ortiz 37,685 (3.9 %).
El sexenio de Padrés Elías fue un poco más desastroso que los gobiernos priistas y mucho, muchísimo más corrupto; sigue pendiente la deuda histórica con los sonorense; y en base a estas barbaridades del padrecismo Claudia Pavlovich gana la gubernatura con su consiga “Lo bueno que ya se van” que reflejaba la irritación de los sonorenses; les dio resultado.
Nada para nadie en el 2021
Las campañas mediáticas y asistenciales tienen sus límites, así lo entiende AMLO por eso en medio de la pandemia retomó sus giras; la crisis política, económica y de salud lo tienen contra la espada y la pared, sin embargo, la pandemia sí “le cayó como anillo al dedo”, sus presentaciones públicas se están convirtiendo peligrosamente en actos de reclamos y protestas y gracias al Covid tiene el pretexto para no tener cercanía con el reclamo popular; ya se fueron los tiempos de loas. Es decir, Morena no está en su mejor momento y el 2021 no es el 2018, ni por mucho.
Pero Morena no está solo en esta crisis de depredación política sino toda la clase política que se mueve rápidamente de partido en partido y en Sonora las cosas no son diferentes; el PAN está una severa crisis, lo mismo el PRI y Morena es un réplica trágica de lo que fue el PRD, los grupos de poder y las corrientes está dándose hasta por debajo de la mesa.
El PRI no tiene candidato competitivo sino es Ernesto Gándara “El borrego” y además si se van solo no hay garantía de triunfo, es decir el PRI está obligado a las alianzas con otros partidos y movimientos sociales. Del PAN ni perder tiempo, cualquier candidatura sería testimonial y todo indica que va en alianza con el PRI.
Morena tiene como candidato puntero a Alfonso Durazo y a pesar de lo que queda de la ola pejista, la inseguridad en el país y los pésimos resultados no le ayudan en nada, es más, si se va en estos momentos de candidato sería un día de fiesta para los priistas; lo van a tundir a peñascasos.
La integración y las posiciones claves para padrecistas que le impusieron a Alfonso Durazo en la entidad, más la integración del Boursismo, lo pone en condiciones difíciles y la deuda que dejó con el activismo más consciente; digamos la conciencia del morenismo en Sonora; y la corriente corporativa representada por Lamarque no tarda en profundizar la división en Morena.
La única opción que tiene Durazo es un triunfo contundente o espectacular contra la delincuencia que le dé crédito a su paso por la secretaría de seguridad, sino ni pensarlo.
En si, no hay nada para nadie; pero esa es la crisis de la clase política y sus partidos.
¿Puede surgir un conglomerado progresista en medio de esta crisis?
La crisis de la clase política tradicional y sus partidos “gozan” con el rechazo generalizado de la población, lo complicado es que no hay alternativas clasistas ante este escenario, el activismo pragmático y positivista, no da para más, no existe un fuerza ideológica y política articulada que permita presentar un polo obrero-popular.
Sin embargo tampoco hay una alternativa, para los pescadores, el pequeño comercio, las víctimas de la violencia, los sin vivienda, los agraviados por los daños ecológicos, los desempleados, las víctimas de las tarifas domésticas, los presos políticos, los; cada día más; desplazados, Las madres buscadoras, los jóvenes excluidos, los librepensadores, etc.
La generación formada en el paradigma socialista, la izquierda sonorense está cansada, floja, arcaica, acomodaticia, busca nóminas y busca puestos públicos, ni en sus mejores sueños desea volver al pasado.
Pocos entienden las causas que detonaron la insurrección popular en 1988 con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas están intactas, son los mismos que cobijaron el levantamiento zapatista de 1994, los mismos que salieron a dar su voto en el 2000, 2006 y 2018.
Son los mismos que complicaron la elección de López Nogales, de Eduardo Bours, que llevó al poder a Guillermo Padrès, son los mismos que cada día se sienten más frustrados y desesperados.
La interpretación de esta crisis política que detonó en 1988, que arrasó a la clase política, al viejo partido de estado, al sistema de partidos y a las campañas electorales, cuya mercadotecnia y juego mediático ha atenuado y mediatizado, la respuesta popular cada día da signos de preocupación.
Impulsar una asamblea popular de los agraviados y excluidos en Sonora para analizar y tomar acuerdos sería un paso importante, tan importante como reconocer que ese sector no despreciable de la sociedad empezara a tener oídos y voz, escuchar, proponer, interpretar y pretender transformar.
César Del Pardo Escalante