(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
PARA DIOS, LOS QUE AMAN A JESUCRISTO SON INTEGROS:
Con justicia, abominación le son a nuestro Dios los perversos
de corazón, porque mienten siempre cada vez que abren su boca
para hablar belicosamente sólo lo que Satanás desea oír; pero
los íntegros de camino le son agradables perpetuamente,
porque aman a su fruto de vida, para caminar diariamente por
el camino de la verdad y de la justicia celestial. Además, el
SEÑOR no desdeña al pecador o a la pecadora en si, sino "el
espíritu de error que llevan en sus corazones errados y
profundamente equivocados en su andar por la vida de la
tierra", sin conocer el Espíritu de su Salvación Perfecta de
sus almas vivientes, su Hijo amado, ¡el Santo de Israel y de
la humanidad entera!
El camino del hombre le parece muy bien por donde va, pero su
fin es oscuro porque Dios no está en él, para bendecir cada
paso de su vida, en todos los lugares de la tierra; pues el
camino del hombre, sin su Dios, es de incertidumbre a
incertidumbre, "y jamás sabe cuando va a tropezar con su mal
eterno". Éste camino no le agrada en nada a nuestro Padre
Celestial ni a ninguno de sus seres muy sagrados en el cielo,
para que el hombre y la mujer de la tierra lo caminen,
"porque les causa mucho daño en sus vidas cotidianas y en la
vida de los suyos también, para siempre".
Es por esta razón que nuestro Padre Celestial le ha dado al
hombre del paraíso y así también a cada uno de sus hijos e
hijas, "exclusivamente el caminar de su Hijo amado, para que
anden siempre agradándole a su corazón muy santo", el cual
requiere día y noche perfecta verdad, justicia y santidad
celestial de cada uno de ellos. Por lo tanto, sólo el Señor
Jesucristo es el camino, la verdad, la justicia y la vida,
"el cual lleva al alma preciosa del hombre hacia su verdadero
lugar eterno", desde la tierra y hasta finalmente entrar de
regreso al paraíso, a su nueva vida infinita, llena de amor,
paz, gozo, felicidad y ante todo de salud celestial.
Ciertamente, éste es el camino angelical por el cual Dios
creo al hombre, "para que lo caminase todos los días de su
vida, en donde sea que viva", ya sea en el paraíso, en la
tierra o en su nuevo reino celestial, por ejemplo; y fuera de
este camino del paraíso, nuestro Dios no quiere ver al hombre
caminar jamás sin él. Porque éste camino de Dios es un camino
de amor y lleno de sus muchas y ricas bendiciones; y, por
tanto "el amor de nuestro Creador es mejor que nuestras
mismas vidas", ya sea en la tierra o en el más allá, como en
el paraíso o como en La Nueva Jerusalén Gloriosa del cielo,
por ejemplo, eternamente y para siempre.
Pero el pecador no conoce ésta gran verdad celestial en su
vida, por eso peca a cada instante su corazón; es más, "él
está completamente ciego a esta verdad del paraíso para su
alma eterna", como cuando vivía en el vientre de su madre,
rodeado de tinieblas y sin jamás poder ver ni menos saber
nada más allá de su nariz. Entonces el pecador sin
entendimiento por nada, pues camina sobre toda la tierra paso
a paso, como el ciego que nació sin sus ojos o sin su vista
normal, por lo tanto "jamás conoce de donde viene, ni hacia
donde va"; puesto que todo es oscuridad y sin entendimiento
alguno en su corazón y en su mente también.
Y ninguno de nosotros debería ser así jamás, porque nuestro
Redentor vive, sentado a la diestra de nuestro Padre
Celestial que está en los cielos, "para orar por cada una de
nuestras necesidades día y noche y sin cesar, para que jamás
nos falte la protección sobrenatural de su nombre muy santo y
del bien del cielo y de la tierra". Empero, el pecador vive
totalmente perdido entre sus propias tinieblas, para volver a
tropezar una vez más, en algo que le hará más daño que antes
o hasta quizás perder su vida fatalmente, por ejemplo, en el
hoyo de la muerte; y, además el pecador vive así siempre,
"porque jamás ha conocido la verdadera vida, en la cual fue
creado inicialmente".
Ciertamente, el que camina por el camino de su pecado, pues
entonces "no sabe vivir porque ya murió años atrás, como con
Adán y Eva en el paraíso"; y, además como va a saber vivir
"si realmente jamás ha conocido su propia vida, la verdadera
vida del reino de los cielos", como lo mencione
anteriormente, ¡a nuestro Señor Jesucristo! Porque los
hombres y así también las mujeres fueron creados por las
manos de Dios en su imagen y en su semejanza celestial para
vivir la vida, no la del pecado, sino la otra vida, "la
verdadera del cielo, es decir, vivir la vida de Dios y la de
su Hijo amado, su Árbol de vida eterna, ¡nuestro Señor
Jesucristo!".
Y el hombre, y así como la mujer también, va sufriendo a toda
hora del día, sin tener un momento de paz y de amor en su
corazón, "porque no conoce a Dios aún, ni a su palabra viva,
ni menos los grandes beneficiosos de comer, en oración
siempre, de los frutos saludables y llenos de poderes del
Árbol de Dios". Así, nuestro Dios lo ve desde lejos como
siempre y lo quiere ayudar, para que sienta tan solo un toque
de la verdadera vida que debería conocer para vivirla ya en
la tierra, por medio de su Jesucristo; pero si él no se deja,
como Adán, "entonces nuestro Dios jamás podrá hacer nada por
él ni por ninguno de los suyos tampoco".
A no ser que levante su vista al cielo, en vez de estar
mirando hacia abajo por el poder de su pecado y, "entonces
vea con sus propios ojos la gloria de Dios", la cual le ha
estado hablando a su corazón desde siempre, como desde el día
que vio la luz del día por vez primera, por ejemplo. Porque
nuestro Dios desea que el hombre levante su cabeza y le mire
a Él, en su corazón y en su espíritu humano, por medio de su
Espíritu de fe, del nombre sagrado de su Jesucristo, "para
que entonces Él lo pueda ayudar a cada momento de su vida,
porque los que miran a Dios, por medio de Jesucristo, son
ayudados inmediatamente".
Es por eso que es muy bueno caminar a toda hora del día y de
la noche con el Señor Jesucristo guardado en el corazón, para
protección y para bendición constante de nuestros espíritus,
de nuestras vidas y de cada afán que emprendamos en nuestros
corazones, por ejemplo, "porque es el SEÑOR quien nos hace
prosperar en todo tiempo y siempre". Ciertamente, nuestro
Dios hará progresar los pasos de tu vida por toda la tierra,
pero sólo si crees en tu corazón y así confiesas el nombre
bendito de su Hijo amado, "para que poderes de maravillas,
milagros y prodigios gloriosos del cielo y de la tierra
abunden en tu vida y en la vida de los tuyos, también".
Porque eso es Dios en tu vida con su Jesucristo, milagros
tras milagros, "para ayudarte a vivir y a crecer en su imagen
y en su semejanza celestial, para gloria eterna de su nueva
vida venidera del cielo y de la tierra, también".
Éste es el camino del paraíso y de la tierra también, para
andar siempre de milagro en milagro, de maravilla en
maravilla y de prodigio en prodigio, "para que nuestras vidas
sean bendecidas y prosperadas siempre y la de los demás,
también, en toda la tierra, para gloria y honra del nombre y
de la palabra viva de nuestro Padre Celestial". Por ello,
nuestro Padre Celestial nos llama día y noche, aunque estemos
caminando por el camino del pecado y de la maldad de Adán y
Eva, por ejemplo, "para que despertemos ya, sólo en la luz
viviente de su Árbol de vida eterna", ¡nuestro Señor
Jesucristo! En la medida en que, "hemos sido creados para
despertar y vivir en la luz de nuestro Señor Jesucristo", el
único Salvador posible de nuestras almas infinitas, en el
paraíso, en la tierra y así también en la nueva era venidera.
Porque esta es la gloria de nuestro Padre Celestial en el
cielo y así también en todos los lugares de toda la tierra,
para que el hombre la reciba en su corazón y la confiese con
sus labios, "para que entonces haya una relación constante
entre el cielo y la tierra y sólo sea todo bendición tras
bendición para vivir la vida". Entonces "ésta gloria de
nuestro Dios es que su Hijo amado ha descendido del cielo":
como el Hijo de Dios, como el Hijo de David, como el Cordero
Escogido, como el sumo sacerdote del cielo y de la tierra,
como el gran rey Mesías, para ser la luz del mundo entero,
para los que viven en tinieblas entonces vean su luz.
Por lo tanto, "sólo el Señor Jesucristo es la verdadera luz
del hombre", como su única luz de su corazón y la de los ojos
de su cara también, por ejemplo, para que vea siempre por
donde va en todos los días de su vida por toda la tierra y
hasta aún más allá de la nueva eternidad celestial también. Y
así él jamás ni ninguno de los suyos se tropiece con Satanás
ni con alguno de sus ángeles caídos ni menos con la gente de
la mentira eterna, para mal de su vida o para mal de la vida
de los demás también; supuesto que Satanás anda como león
rugiente, "porque tiene hambre y sed, para ver a quien
devorar salvajemente".
Y Satanás sólo puede atacar y devorar la vida, como él sólo
lo sabe hacer a sus victimas comunes a diestra y siniestra,
como a los que no aman a Dios en su corazón, por medio del
fruto del Árbol de la vida eterna del paraíso, su Hijo amado,
¡nuestro Salvador Jesucristo! Y, además nuestro Padre
Celestial no creo al hombre o la mujer para que sea comida en
la boca de las bestias salvajes del mundo entero ni menos de
Satán, "sino para que vivan con Él, siempre llenos de la
bendición infinita del Espíritu de la sangre y de la vida
gloriosa de su Árbol de vida eterna", ¡nuestro Señor
Jesucristo!
Porque esto fue lo que le dijo a Adán en el paraíso: Aquí
está tu comida y tu bebida, pues come de él, para que vivas
infinitamente con tu Dios y Fundador de tu vida y la de tu
linaje humano también; dado que si nosotros comemos del fruto
de la vida, "entonces nuestro Dios se puede alimentar de
nosotros también". Es decir, que nosotros somos en si la
comida de Dios, si le obedecemos en su Jesucristo, así pues
como él es la comida de nuestro corazón, de nuestro espíritu,
alma y cuerpo humano día y noche en la tierra y en nuestras
nuevas vidas infinitas igual, de su nuevo reino venidero, por
ejemplo. Además, nuestro Padre Celestial con cada uno de
nosotros "se siente siempre lleno en su corazón y en su alma
santísima también", es decir, si tan sólo le somos fieles a
él en nuestros corazones día a día, por medio de su Árbol de
la vida eterna, ¡su Jesucristo Infinito!
Fue por esta razón, más que ninguna otra, que el Señor
Jesucristo les decía a sus apóstoles: Yo soy el pan del
cielo, el que come de mí, no volverá a tener hambre jamás. Y
el que tome de mi sangre, no volverá a tener sed jamás, en
esta vida ni en la venidera, para siempre. Y habiendo
declarado estas palabras muy verdaderas en el cielo y así
también en todos los lugares y tiempos de la tierra,
"entonces los apóstoles comieron del pan, el cual Jesucristo
había partido con sus manos; y también bebieron de la misma
copa de vino del Señor Jesucristo, con la cual había orado y
dado gracias a Dios por ella".
Porque la copa de vino, por la cual nuestro Señor Jesucristo
levanto al cielo y dio gracias a Dios por ella, "es su misma
sangre santa y expiatoria, para perdonarnos y volvernos a dar
vida en abundancia", para jamás volver a vivir en el pecado
ni en sus tinieblas eternas, sino en el Espíritu de la nueva
vida infinita de Dios. Por lo tanto, nuestro Padre Celestial
sólo desea que el hombre camine siempre hacia su Hijo amado,
su Árbol de la vida eterna del paraíso y así también de toda
la tierra, "para que coma y beba de sus frutos diariamente, y
deje de tener sed y hambre en todo su ser viviente, para
siempre".
Porque en el día que Adán y Eva no comieron ni bebieron del
Árbol de la vida, "pues entonces comenzaron a tener sed y
hambre de Dios y de su voluntad sagrada en sus corazones
eternos", como nunca antes; y "es ésta misma hambre y sed la
que mata al hombre cada día, ¡si Jesucristo no es en su vida
ya!". Y si verdaderamente deseas parar de sufrir y hasta de
morir cada día y hasta que finalmente, y sin que te des
cuenta por nada, caes en tu lugar eterno del infierno, "pues
ama a Jesucristo en tu corazón antes que nada para ascender
al paraíso", a donde Dios mismo te llevo a conocer la vida
eterna por vez primera.
Porque sólo los frutos del Árbol de Dios son de amor, paz,
felicidad, gozo y vida en abundancia, para enriquecer la vida
de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera,
comenzando con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo. Aquí
está tu verdadera vida, "la cual tu corazón y tu alma siempre
han buscado desde el comienzo de tus pasos por la tierra,
para alcanzarla y jamás volverla abandonar" (como nuestros
antepasados lo hicieron en el paraíso, como en un día de
mentiras y de desobediencia total a nuestro Creador
Celestial).
Hoy puedes muy bien recordar ésta vida perdida que se te
quedo en el paraíso, para recuperarla una vez más, y esta vez
para siempre, "sólo con el Señor Jesucristo en tu corazón, en
un momento de fe y de oración ante nuestro Padre Celestial
que te ve todos los días de tu vida, desde el reino de los
cielos". Hoy puedes muy bien volver a la vida eterna perdida
del paraíso, y con mayores glorias que antes, "gracias a
nuestro Jesucristo, para no sufrir ni morir más, sino para
vivir la felicidad eterna de tu alma infinita, como jamás tu
corazón lo ha soñado, como desde el día que naciste en la
tierra, por ejemplo".
Además, ésta comida del Árbol de la vida jamás cesa, "sino
que siempre está disponible para todo aquel que desee tomar
parte de ella, en el paraíso y así también en la tierra y en
La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por ejemplo",
en donde todo es paz y gloria para el corazón de Dios y del
hombre igual. Pero, desdichadamente el hombre no sabe nada de
estas grandes y profundas verdades del paraíso y de su
Salvador, "porque la luz de su corazón y la de sus ojos son
tinieblas", como las mismas tinieblas que hicieron a Adán y a
Eva ciegos delante de Dios y de su Árbol de la vida, para que
no coman de Jesucristo jamás. (Es por eso que hay tantos
rebeldes a nuestro Padre Celestial y a su Jesucristo, su
unigénito, en toda la tierra, por el error de ceguera
espiritual de Adán y Eva en el cielo.)
Para que de esta manera ninguno de ellos, ni sus
descendientes, coman ni beban de Jesucristo jamás, sino que
se alejen cada vez más de su presencia santa e infinitamente
gloriosa para sus almas eternas, en esta vida y en la
venidera también; y así se pierdan sus almas eternas en el
infierno, "llenas de sed y de hambre de Dios". Y éste es el
camino malo, el cual lleva al corazón y al alma preciosa del
hombre y de la mujer de ceguera en ceguera espiritual aún más
profunda, "para que caigan en su mal eterno y no vuelvan a
tener una oportunidad más, para caminar por el camino que
agrada a Dios y hacia el fruto de la vida, ¡nuestro
Jesucristo!".
Porque todo aquel que en su diario andar de su vida come y
bebe en oración, de los frutos del Árbol de Dios, nuestro
Señor Jesucristo, "entonces comenzara apreciar mucho desde ya
la vida eterna y cada una de sus más ricas bendiciones de
Dios y de su Espíritu Santo", para jamás volver a tener sed
ni hambre de Él infinitamente. Porque la verdad es que cada
vez que sientes que tienes sed o hambre de algo, y en si no
sabes lo que es, "pues es sed y hambre del fruto de la vida
eterna, para satisfacer por fin en tu corazón y en toda tu
alma viviente: toda verdad y justicia de nuestro Dios que
está en los cielos".
De hecho ésta es la única vida eterna, la cual nuestro
Creador le da al hombre de toda la tierra, "si tan sólo se
acerca a Él, de ahora en adelante, en el espíritu de fe, de
su Hijo amado", el único Árbol de la vida posible del
paraíso, de la tierra y del nuevo reino venidero también, en
la eternidad. Porque "sólo nuestro Señor Jesucristo es
nuestra verdadera bebida y nuestra verdadera comida del cielo
y de la nueva vida eterna, la cual su corazón ansía y busca
desde tiempos atrás", como el maná de los hebreos en el
desierto, para alimentar nuestros espíritus y cuerpos
humanos, en la tierra, en el paraíso y así también en La
Nueva Jerusalén Celestial.
Porque el verdadero maná de Dios "es la comida y bebida que
descendió del cielo, como del corazón de nuestro Dios, como
de su vientre y alma santísima, por ejemplo", para alimentar
nuestros corazones y nuestras vidas día a día en la tierra y
en la nueva eternidad venidera, por medio de su Hijo amado, ¡
nuestro gran rey Mesías, el Cristo! Es más, el maná del cielo
el cual los hebreos comían cada día en si, "era su mismo gran
rey Mesías, de su cuerpo y de su sangre expiatoria e inmolada
para enmienda de pecados para la humanidad entera", para que
todos vivan y no sufran más los males del pecado ni la muerte
eterna del infierno, eternamente y para siempre.
Además, el SEÑOR los llevo a los hebreos, al salir de Egipto
una noche en apuros, por el desierto hostil y sin vida
alguna, camino a Canaán, a la Tierra Prometida a sus
antepasados, "para que coman y beban solamente de su Árbol de
la vida eterna, su Ángel Glorioso, su gran rey Mesías", ¡
nuestro Señor Jesucristo! Pues Dios hizo dulce las aguas
amargas de Mara, e hizo también, milagrosamente, que Moisés
hiciera brotar agua de la roca y, además comían comida del
cielo cada día "y sólo hasta que entrasen a la Tierra
Prometida, la cual fluye leche y miel del Árbol de la vida
del gran rey Mesías de todos los tiempos", ¡el Hijo de David!
Porque en la Tierra Prometida iban a comer y a beber de la
verdadera comida y de la verdadera bebida del cielo, "sólo
para salud y vida eterna de sus corazones, de sus espíritus y
de sus nuevos cuerpos glorificados infinitamente", ¡en el
nombre misterioso y milagroso del SEÑOR! Y "ésta comida y
bebida de los hebreos, y así también de las naciones de la
tierra, es nuestro Señor Jesucristo", el Hijo de David, el
Rey de reyes y Señor de señores, para gloria y para honra
infinita de nuestro Padre Celestial que está en los cielos.
Es por eso que "nuestro Padre Celestial desaprueba a los que
caminan día y noche lejos de sus caminos muy santos e
infinitamente gloriosos del reino de los cielos y de su
paraíso muy amado", como el caminar santísimo de su Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo, para gloria y para honra de
su nombre honrado e infinitamente intocable por el pecado.
Porque sólo el camino de su Hijo amado es que realmente le
agrada a nuestro Padre Celestial y a su Espíritu Santo
también, "para satisfacer toda justicia constantemente,
porque está lleno de las maravillas, milagros y prodigios de
su nombre infinitamente bendito", para bien del corazón y del
alma de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de toda la
tierra.
Pues el que camina por el camino de su Jesucristo, "entonces
está caminando en el cielo, en el paraíso o en La Nueva
Jerusalén Santa y Gloriosa del más allá", para nuestro Padre
Celestial y para su Espíritu Santo (aunque no lo veas, ni lo
creas así aún en tu corazón); pero es así definitivamente,
porque Dios mismo lo manifestó primero. Además, nuestro Padre
Celestial jamás ha mentido, "sino que siempre le ha dicho
toda la verdad al corazón del hombre de toda la tierra mucho
antes que muera", y regrese su cuerpo al polvo de donde lo
levanto en el día de su creación con sus manos muy santas,
para gloria y para honra de su Árbol Celestial, ¡nuestro
Señor Jesucristo!
Porque nuestro Señor Jesucristo les declaro a sus apóstoles y
discípulos, por ejemplo, asegurándoles: Si creen en mi, como
los ángeles del cielo, entonces ya no son de este mundo en
donde han nacido y viven, sino del mundo nuevo del más allá,
para vivir por siempre felices con su Padre Celestial y con
sus huestes angelicales. Es decir, que nuestro Padre
Celestial nos ha dado del espíritu de fe, de los ángeles del
cielo, para creer en nuestros corazones, "así como los
ángeles creen día a día para vida eterna y para alcanzar sus
más gloriosas bendiciones de siempre", en el único Árbol de
la vida eterna de la vasta creación de Dios, ¡nuestro
Salvador Jesucristo!
Porque todo hombre, mujer, niño y niña fueron creados en las
manos de Dios, en el día de su creación en el cielo, "para
que vivan en un solo Espíritu con él y con su Árbol Redentor,
el Mesías, rodeado por siempre de sus huestes angelicales",
para conocer sólo la paz, el amor, la justicia y su gloria
infinita, para siempre. Para que de esta manera conozcan
únicamente la verdad de su Creador, la cual llena sus
corazones y sus espíritus humanos de bendiciones gloriosas,
llenas de maravillas, prodigios, milagros de cada día "para
sanar sus cuerpos y llenarlos de toda clases de alegrías y
felicidades incomparables, por la abundancia de las cosas que
nuestro Dios les dará diariamente y por siempre".
Porque nuestro Padre Celestial es el dador alegre de nuestras
vidas, si tan sólo le somos fieles a Él, por amor a su Hijo
amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es más sólo nuestro Señor
Jesucristo es la alegría, el gozo y la paz del corazón y del
alma santísima de nuestro Padre Celestial, y así también como
él mismo únicamente lo es de cada uno de nosotros, en
nuestros millares, en toda la tierra, hoy en día y por los
siglos de los siglos. En verdad, el hombre, la mujer, el niño
y la niña de toda la tierra, siempre han perdido muchas
bendiciones grandiosas para morirse enfermos por nada,
"porque no caminan por el camino de Dios y de sus ángeles
fieles, el camino del progreso por la verdad, la justicia y
de la vida infinita, nuestro Árbol de la vida", ¡el Señor
Jesucristo!
Ciertamente, todo aquel que camina como Jesucristo camino por
Israel, en reverencia y en amor intimo de su corazón hacia
Sus Diez Mandamientos Sagrados, "entonces las ventanas del
cielo han de estar abiertas continuamente para él o para
ella", y así oír sus oraciones y sus peticiones
constantemente, para llenar sus vidas de todo lo que
necesiten de él cada día. Porque todo lo que le duele al
hombre, la mujer, el niño y la niña, "es porque necesita ser
lleno su corazón, su alma y su cuerpo constantemente día y
noche del bien del cielo", como de los frutos espirituales
del Árbol de la vida y de los dones maravillosos del Espíritu
Santo de Dios también, por ejemplo.
Porque nuestro caminar por la vida de toda la tierra, en si,
"necesita poderes sobrenaturales del cielo", como de su
Espíritu Santo y como de su Árbol de la vida, además de
nuestro Padre Celestial y de sus ángeles gloriosos también,
"para sólo entonces poder vivir nuestras vidas normales de
cada día y sin el mal fastidioso de Satanás". Por ello,
nuestros corazones, cuerpos y espíritus humanos, "requieren
riquezas del cielo" y más no pobrezas del mundo de los
muertos del más allá, como del infierno, por ejemplo, dado
que nosotros fuimos creados en las manos de Dios, "para ser
ricos y sólo en Jesucristo"; sin embargo, Satanás nos ataca
para hacernos pobres, para su reino de pobreza eterna.
Ciertamente, nuestro Padre Celestial es rico infinitamente,
"meramente para los que son ricos con él, y exclusivamente en
el Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa y sumamente
honrada de su Árbol de la vida eterna, su Hijo amado", ¡
nuestro Salvador Jesucristo! Es por esta razón que la
predicación de Dios y de su unigénito, nuestro Jesucristo, es
de suma importancia en toda la tierra, "para no sólo
enriquecer tu vida, sino también las de tus muy amados" (como
tus hermanos y hermanas, como tus hijos e hijas y en fin toda
tu familia y amistades, también); y así juntos caminen con
Jesucristo siempre.
Y sin el Árbol de la vida instalado en el corazón del hombre,
"entonces para nuestro Dios y así también para su Espíritu
Santo nadie podrá ser verdaderamente rico delante de él y de
sus huestes angelicales" en el paraíso, en la tierra, ni
menos en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y
Perfecta del cielo. Porque "el Señor Jesucristo es la única
verdadera riqueza solvente" del hombre, de la mujer, del niño
y de la niña en el cielo y en la tierra; es decir también que
nuestro Señor Jesucristo es en si mucho más rico que todo el
oro, la plata, las joyas y piedras preciosas del mundo entero
y del reino de los cielos igualmente.
Efectivamente, ésta es una riqueza que ni aún el ángel más
glorioso y poderoso del reino de Dios posee libremente,
porque nuestro Padre Celestial le dio a su Hijo únicamente al
hombre de la tierra, "para derramar del Espíritu de inmensas
riquezas de su cuerpo, de su sangre y de su vida sumamente
honrada y glorificada en Sus Diez Mandamientos Eternos". Es
por eso que todo aquel que camina con el Señor Jesucristo en
su corazón, "entonces está caminando su vida por la tierra
intachablemente a Los Diez Mandamientos de Dios y de Moisés,
por ejemplo", para ser bendecido ricamente en todo y sin
parar jamás, cada día en la tierra y para siempre en el cielo
también.
Además, "nuestro Señor Jesucristo es lleno de energías
sobrenaturales por su sangre expiatoria", para perdonar
pecados, para sanar el alma y el cuerpo del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña, con tan sólo invocar su nombre
santísimo, en un momento de oración y de fe, de delante
nuestro Padre Celestial y de los ángeles del cielo. Porque
los ángeles del cielo, así también su Espíritu Santo, "son
testigos fieles de que nuestro Padre Celestial oye nuestras
oraciones, ruegos, peticiones e intercesiones" y nos bendice
abundantemente con cada una de las cosas que le pidamos a Él
(y hasta de lo que no le pedimos también), sólo en el nombre
sagrado de su Hijo amado, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Porque todo lo que sube al cielo, sólo puede subir por medio
de nuestro Señor Jesucristo, "y sin Él entonces nada puede
entrar al cielo ni menos a la presencia sagrada de nuestro
Padre Celestial y de su Espíritu Santo", por ejemplo. Así
pues también todo lo que baja del cielo, sólo puede bajar por
medio de nuestro Señor Jesucristo, "y sin Él nada de nada
podrá jamás bajar del cielo para llenar nuestros corazones de
riquezas y así bendecir nuestras vidas cada día y para
siempre en la nueva eternidad venidera del nuevo reino de
Dios, como en La Nueva Jerusalén Celestial".
Pero los rebeldes, como los que no le aman a él, o no le
pueden amar por medio de su fruto de vida eterna, como se lo
pido a Adán, por ejemplo, en su primer día de vida en el
paraíso, "entonces nuestro Padre Celestial no les desea
ningún mal, sino que espera pacientemente que se arrepientan
de su error eterno". Porque el que no le ama a Él, como el
Dios Creador del cielo y la tierra, por medio de su fruto de
vida, su unigénito, "entonces vive en su error eterno de la
pobreza del mundo de los muertos, como Adán y Eva en el
paraíso, quienes tuvieron que alejarse de las riquezas del
cielo por creer a Satanás".
Es por eso que sólo los que caminan con el Señor Jesucristo
en sus corazones, entonces pueden reclamar las riquezas del
paraíso y del reino de los cielos, "las cuales legalmente les
pertenecen a cada uno de ellos, en sus millares, de todas las
familias de la tierra"; por eso, el que no camina con el
Señor Jesucristo, "entonces es absolutamente pobre y mísero".
Y los no creyentes de corazón, como los que no aman a nuestro
Padre Celestial, ni a su Espíritu Santo ni a su Hijo amado,
nuestro Salvador Jesucristo, entonces "no tienen vida
eterna"; por lo tanto, ninguno de ellos tiene nada de nada en
el cielo ni en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo,
para siempre.
Porque lo primero que se va ver al entrar al cielo, como en
el día que cada uno de nosotros entre a la nueva vida eterna,
"ha de ser la presencia gloriosa del Árbol de la vida, como
el Cordero Escogido de Dios o como el Hijo de David, el Santo
de Israel y de la humanidad entera", ¡nuestro Salvador
Jesucristo! Es por eso que estamos llamados por Dios, como
llamo a Adán y a Eva en el paraíso, ha caminar por siempre
con Él, pero sólo con su Hijo amado, el único Salvador
posible de nuestras almas infinitas, "porque sin Él nadie
podrá conocer a Dios jamás"; por ende, el Señor Jesucristo
debería ser primero siempre en nuestro diario vivir
Para que entonces le puedan conocer en sus corazones al
Creador Celestial, como su único Dios del cielo y de la
tierra, "para que sus pasos por la vida sean guiados
diariamente por los poderes sobrenaturales de su Espíritu
Santo", y siempre hacia él, el cual es el único camino que
conduce hacia su Árbol de la vida, ¡nuestro Salvador
Jesucristo! Ya que, no hay otro camino que conduce a Dios,
para los pasos del hombre del paraíso, de la tierra o de La
Nueva Jerusalén del cielo, "sino no es sólo Jesucristo con
nosotros". Porque todo aquel que se acerque a su Dios, ha de
encontrar a su Creador al lado de su Árbol de la vida como
siempre; o mejor dicho, nuestro Señor Jesucristo estará
sentado a su diestra del trono celestial, "para así
interceder por sus bendiciones cotidianas por cada uno de sus
fieles hermanos y hermanas de las familias del mundo entero".
Y esto ha de ser así con cada uno de ellos, igualmente como
nuestro Dios trazo los pasos de su Hijo amado por Israel,
para que siempre le sirva a él, haciendo su voluntad
constantemente, "para que los que están en las tinieblas pues
entonces vean la luz del cielo, y despierten de sus profundas
muertes eternas del más allá". Porque los que caminan sin el
Señor Jesucristo en sus corazones, "entonces están dormidos y
sus vidas son vulnerables a Satanás y a cada uno de sus
espíritus infernales": como maldiciones y enfermedades
terribles del mundo de los muertos, por ejemplo; pero los que
están con Jesucristo, "entonces lo ven todo muy bien en sus
vidas y nada les falta jamás".
Por lo tanto, los que creen en el Señor Jesucristo, pues
entonces caminan día y noche en la luz de la vida santísima
de nuestro Creador que está en los cielos, "para jamás
tropezar con ninguno de los males de Satanás ni de sus
ángeles caídos ni mucho menos con las gentes de la mentira
eterna", como lo mencione anteriormente, por ejemplo. Porque
los que siempre ven tinieblas, como en cada día de sus vidas,
"es porque viven con Satanás", pues entonces sufren males
terribles, enfermedades rebeldes y hasta incurables también,
para que caigan ya y muerdan el polvo de la muerte eterna, en
el infierno.
Y así jamás vuelvan a ver la luz del día ninguno de ellos,
porque en el más allá sin el Señor Jesucristo ya no hay luz
en ninguno de sus nuevos días eternos, sino sólo más
tinieblas para atormentar sus vidas infinitamente, es decir,
"que viven pobres todos los días de sus vidas, porque son
ciegos y no ven las riquezas eternas". Ahora, si caminas con
el Señor Jesucristo has de ser siempre rico, pero sino
"morirás en pobrezas eternas de tu corazón y de tu alma
infinita, también, en la tierra y en el infierno candente e
infinitamente tormentoso del más allá", como cualquier
pecador, vil y mentiroso a si mismo y a su Dios que está en
los cielos.
Por ello, no vivas más en el pecado, sino mata al pecado de
tu vida con los poderes sobrenaturales de la fe de tu
corazón, "por la sangre santísima y expiatoria del Árbol de
la vida, el Salvador de Israel y del mundo entero", ¡nuestro
gran rey Mesías, el Cristo! Porque la verdad es que los que
ven constantemente la luz de Dios, la cual es su Árbol de
vida eterna del paraíso y de nuestras vidas humanas también,
"entonces viven confiados de su Creador y, por tanto
disfrutan de cada una de sus ricas y gloriosas bendiciones
del cielo y de la tierra, para que no les falte ningún bien
jamás".
Porque todas las cosas que nuestro Padre Celestial ha creado
en la antigüedad y recientemente también, "ha sido realmente
por amor a los que caminan día y noche en el camino que
conduce siempre hacia su Árbol de la vida eterna del
paraíso", ¡nuestro Salvador Jesucristo!, "para que coman y
beban de él a toda hora de los días de sus vidas". Por esta
razón, nuestro Señor Jesucristo les dijo a sus apóstoles: Si
me voy, entonces iré a preparar nuevas mansiones celestiales
para cada uno de ustedes, para que donde yo esté, pues
entonces ustedes también estén conmigo para siempre, y así
vean mi gloria infinitamente.
Por lo tanto, sólo nuestro Señor Jesucristo es la gloria de
nuestro Padre Celestial que Adán y Eva vieron en el paraíso,
"y así también lo es para con cada uno de todos nosotros, en
todos los lugares de la tierra", comenzando con Israel
primeramente, eternamente y para siempre. Y mayor gloria de
Dios que nuestro Señor Jesucristo no la hay en el cielo ni en
la tierra; porque si existiera una gloria mayor para el
corazón de nuestro Padre Celestial, que no sea nuestro Señor
Jesucristo, "entonces hace tiempo nos lo hubiese anunciado";
por ende, sólo nuestro Señor Jesucristo es la única gloria de
Dios y del hombre también.
En otras palabras, nadie puede alumbrar los pasos del hombre,
de la mujer, del niño ni de la niña en el paraíso, ni en la
tierra ni en La Nueva Jerusalén del cielo, "sino es sólo el
Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa de su Hijo
amado", ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque nuestro Señor
Jesucristo es la luz que le prometió a sus siervos fieles de
la antigüedad, para que dejen de ser pobres sino sólo ricos
en él y, además "el cual vendría a ellos en su día señalado
sólo por Él, como el Mesías, para que los que están en las
tinieblas, entonces vean la luz hacia las riquezas eternas".
Porque todo aquel que camina en las sombras de las tinieblas
de su pecado por toda la tierra, en verdad vive de pobreza en
pobreza, porque su corazón es ciego y así también sus ojos,
"para no ver los frutos del Árbol de la vida y alcanzarlos,
para saborearlos con su boca y con su alma infinita también,
como Dios manda". Pero por otra parte, los que caminan en la
luz del Señor Jesucristo, entonces siempre están satisfechos
sus corazones y sus almas infinitas también, porque ven lo
que Dios les da continuamente y, por tanto "son suplidos
abundantemente día y noche de los frutos de la vida eterna
del Árbol de Dios, su unigénito" ¡nuestro Señor Jesucristo!
Entonces sólo nuestro Señor Jesucristo es la luz de nuestra
vida, de nuestra alegría, de nuestra paz, de nuestra
sabiduría, entender e inteligencia de las cosas de nuestro
Dios, por lo tanto "él mismo nos guiara diariamente en su luz
hacia las riquezas infinitas de la tierra y del cielo", para
no volver a conocer la escasez de nada jamás. Hoy, los que
tienen al Señor Jesucristo en sus corazones, "no carecen
jamás de ninguna riqueza de Dios"; pero los que tienen a
Satanás en sus vidas, aunque no lo vean así, "pues carecen de
todas las cosas para pronto morir de sed y de hambre en el
infierno"; por ello sólo Dios es rico con Jesucristo en
nuestras vidas cotidianas.
Pero para esto tienes que creer en tu Creador Celestial,
únicamente por medio del Espíritu Santo de la fe eterna, en
su Hijo amado, "como su Cordero Inmolado, como su Árbol de la
vida y de la salud de tu corazón y de tu alma viviente, en la
tierra y así también en el paraíso, eternamente y para
siempre". Y sólo entonces nuestro Creador y la luz infinita
de su Árbol de la vida será la luz de la felicidad y del gozo
de tu corazón, en esta vida y en la venidera también, "para
jamás volver a conocer a Satanás ni sus pobrezas eternas,
sino sólo a tu Dios y a sus riquezas insondables con
Jesucristo en tu vida".
Y si hoy puedes hacer al Señor Jesucristo la luz de tu vida,
pues entonces, por lo que más ames en el mundo, "pues hazlo
sin esperar ni un sólo momento más lejos de Él y de su gloria
saludable", para tu corazón y para cada día de tu nueva vida
en la tierra y en el nuevo reino angelical. Porque todos
sufren y mueren a todas horas del día, "visto que Dios no
está en sus vidas, por falta de la presencia del Espíritu de
la sangre expiatoria de sus pecados y de la vida gloriosa de
su Hijo amado", ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque es el Espíritu sempiterno de la sangre y de la vida
gloriosa, como el Cordero de Dios, como el sumo sacerdote,
"el cual realmente expía por nuestros pecados, cada paso que
damos en nuestras vidas, para no morir por nuestras faltas y
culpas, ni mucho menos perder jamás ninguna de nuestras
bendiciones eternas del cielo ni de la tierra tampoco". Y así
ya no sufran más los males del enemigo en sus vidas, todos
ustedes, sino que vivan por siempre gozosos y felices y, por
tanto "llenos de la vida eterna del cielo, en sus corazones y
en cada día de sus vidas por toda la tierra y del más allá,
también, como de regreso al paraíso una vez más".
Porque nuestro Creador desea que cada uno de nosotros regrese
al paraíso, pero sin el pecado de Adán ni las tinieblas de la
tierra en donde nacimos, "dado que en la nueva vida infinita
de su nuevo reino celestial ya no tendremos memoria del
pecado, ni de los malos recuerdos de nuestra vana manera de
vivir del mundo pecador, por ejemplo". Pues habremos nacido
de nuevo desde ahora para caminar recto, y no de la carne ni
del espíritu de nuestros padres o de nuestros antepasados del
paraíso, "y únicamente, milagrosamente, del caminar de la
carne santa y del Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa
y sagrada del Árbol de la vida del nuevo reino celestial", ¡
nuestro Señor Jesucristo!
Para que así nuestros pasos en la eternidad "sean siempre de
bendición en bendición, para conocer sólo el bien de todas
las cosas (y hasta de las cosas que aún no conocemos, porque
no hemos llegado a esos días largos y eternos de la eternidad
todavía)". Pero cuando entremos a estos nuevos días de vida y
de salud eterna, entonces "lo haremos caminando con nuestros
cuerpos glorificados y santificados en la sangre del Cordero
Escogido de Dios y de su Espíritu Santo": para sólo conocer
la verdad, la justicia y la santidad infinita de nuestra
nueva vida eterna, sólo posible en Dios y en su Árbol
Milagroso.
Prácticamente, la vida sin Satanás es dulce al corazón y alma
de nuestros cuerpos y de nuestros espíritus humanos; con toda
seguridad, caminar con Jesucristo en nuestros corazones
endulza nuestras vidas a todas horas del día y sin cesar
jamás, como ya viviendo en el paraíso o en La Nueva Jerusalén
del cielo, por ejemplo. Es decir, que "viviremos libres de
Satanás por vez primera", como desde el día que fuimos
creados, ya sea en el reino de los cielos o en el paraíso;
ciertamente "seremos como el Señor Jesucristo, hijos e hijas
de Dios", cada uno de nosotros, de todas las familias, razas,
pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra.
Sí, así es, como lo lees, desde lo muy profundo del corazón
de nuestro Creador: porque nuestro Padre Celestial nos creo
en sus manos santas, como su obra muy gloriosa, "pensando
siempre en la imagen y en la semejanza celestial de su Hijo
amado, nuestro Árbol de la vida, el gran rey Mesías de todos
los tiempos", ¡nuestro Salvador Jesucristo! Es por eso que
cuando el Señor Jesucristo nació y camino por todo Israel,
nadie se asusto de su imagen ni de su apariencia, porque es
como cada uno de nosotros, en la humanidad entera; y somos
como Él, porque salimos de su cuerpo, de sus huesos y de su
misma sangre santa e infinitamente llena de vida eterna.
Por eso nos dijo: coman de mi carne y beban de mi sangre de
vida eterna, es decir, comer de la mesa del SEÑOR, del maná
del cielo, como su pan celestial y con su copa de vino, para
vida y salud eterna de nuestras almas y de nuestros cuerpos
vivientes. Y, por tanto el que camina con el Señor Jesucristo
cada día de su vida, entonces come de su maná y bebe de la
fuente de agua de vida de la roca eterna, "para jamás volver
a tener sed ni hambre en el paraíso, ni la tierra ni en La
Nueva Jerusalén Gloriosa y Sumamente Honrada por el Árbol de
Dios".
Porque sólo nuestro Señor Jesucristo es realmente nuestra
nueva carne y nuestro nuevo Espíritu de la sangre y de la
nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa
del cielo, "en donde viviremos para siempre junto con nuestro
Dios y con sus huestes angelicales, para jamás volver a
caminar los pasos de Satanás en nuestras nuevas vidas
celestiales". Pues hemos de caminar perfectamente día tras
día "sólo en la carne, en el Espíritu de la sangre y de la
vida santa e infinitamente perfecta del Árbol de la vida, su
Hijo amado y nuestro único Salvador Celestial de nuestras
almas eternas", ¡nuestro Señor Jesucristo!
Y esto era precisamente lo que nuestro Padre Celestial le
quiso hacer entender en el corazón de Adán, "pero no lo logro
en el paraíso, cuando lo llevo a los pies de su Árbol de la
vida: para que coma de su cuerpo, como el pan del cielo, y
beba de su sangre, como el agua de la vida eterna". (No se
altere su mente ni su corazón de ninguna manera, por estas
palabras; sólo créale a su Dios, con su mismo corazón creado
por las manos de Dios, para obedecer siempre todo lo que él
desee que usted haga con su vida delante de su presencia
santa, "para cumplir toda verdad, justicia y santidad
infinita en su alma eterna".)
Es decir, para que de tal manera la carne de Adán ya no sea
su carne, sino la de Jesucristo, y así también la sangre de
Adán ya no sea su sangre, sino la de Jesucristo; "porque ésta
es la única manera en la cual Adán con su linaje humano iba a
vivir feliz con Dios, en el nuevo reino celestial". De otra
manera, nadie podrá vivir en el paraíso, en la tierra, ni
mucho menos en la nueva vida infinita del nuevo reino de los
cielos de Dios y de su Árbol de la vida, "sin la carne
inmolada y sin la sangre expiatoria del Salvador del mundo
entero y gran rey Mesías de Israel", ¡nuestro Señor
Jesucristo!
Y, hoy en día camina con cada uno de nosotros Jesucristo,
para no sólo cuidar de nuestros pasos, por donde sea que
vayamos por toda la tierra, "sino también para bendecirnos
constantemente con sus maravillas, milagros y hasta prodigios
sobrenaturales, como de los que se ven y los que no, para
honrar siempre el nombre de Dios en nuestras vidas". Pero el
pecador, como el que no ama a Dios ni a su Hijo amado, "no
podrá jamás caminar en el Espíritu de la verdad ni de la vida
santísima del Árbol de la vida de nuestro Dios y de su
Espíritu Santo", sino que su fin es otro y terrible también a
la vez.
Ciertamente, el pecador caminara de mal en peor por el camino
sombrío del pecado y de la muerte eterna también, "el cual
lleva al hombre perdido y a la mujer perdida hacia su muerte
final", el árbol de la ciencia del bien y del mal, por
ejemplo, en el infierno o al lago de fuego. Es por eso que
nuestro Padre Celestial te habla constantemente y sin cesar a
tu corazón y a toda tu alma también, para que no vayas más
por el camino del mal eterno de Satanás, "sino que cambies tu
manera de caminar en la tierra y sólo con su Jesucristo
instalado en tu corazón, como debe de ser siempre".
Y esto es algo muy fácil de hacer (aunque no lo veas así, por
causa de las tinieblas en tu corazón), "porque será nuestro
Señor Jesucristo quien caminara por ti, cada vez que vayas de
un lugar a otro para hacer prosperar cada una de las cosas
que hagas en tu vida y en la vida de los demás, también". Y,
además nuestro Dios bendecirá constantemente cada paso de tu
andar por toda la tierra, por amor al nombre sagrado de su
Hijo amado, "el cual vive en tu corazón desde el día que lo
aceptaste como tu único y suficiente Salvador de tu alma
infinita, para que tu nombre sea escrito en el Libro de la
Vida Eterna del cielo".
Porque sólo los que creen en sus corazones y así confiesan en
sus oraciones de fe, ante nuestro Padre Celestial, en el
nombre sagrado de su Hijo amado, "pues sus nombres son
escritos inmediatamente en el Libro del Cordero Inmolado de
Dios", para vivir desde ya la nueva vida infinita del nuevo
reino celestial del más allá. Ciertamente, que con el Señor
Jesucristo jamás volverás a pisar ni una sola vez los pasos
de las penumbras de Adán, sino que caminaras firme en cada
paso que des en tu vida, "porque Él mismo ha de estar a tu
lado"; aunque no lo veas, pero el Mesías ha de estar contigo
caminando, "porque él es fiel a su nombre honrado".
Sí así es, nuestro Señor Jesucristo es fiel a su nombre
santo, cuando está en el corazón del hombre, de la mujer, del
niño y de la niña, para hacer prosperar al que lo ama a él,
como al que lo honra día y noche hablándole a su Creador,
"por medio de la oración y en la privacidad de su alma
eterna". Sí, nuestro Señor Jesucristo es tu nuevo caminar por
toda la tierra desde los días del paraíso y en La Nueva
Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, también, tal cual como
Dios lo soñó, "para que jamás te vuelvas a perder en las
tinieblas de las mentiras de Satanás, como les sucedió a Adán
y a Eva en el paraíso".
¡Vamos todos, denle gracias a nuestro Padre Celestial por su
Jesucristo que vive en sus corazones eternos, para conocer
sólo el camino milagroso de la verdad, la justicia y la
santidad eterna de todas las riquezas de sus corazones y de
sus almas infinitas, en esta vida y en la venidera también,
como en La Nueva Jerusalén del cielo! Camina con el Señor
Jesucristo en tu corazón "y serás integro para nuestro Padre
Celestial, para su Espíritu Santo y para sus huestes
angelicales en la tierra y en el cielo, hoy en día y para
siempre en la nueva era venidera".
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su
Jesucristo es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y
noche, (Deuteronomio 27: 15-26):
"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen
de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es
transgresión a la Ley Perfecta de nuestro Padre Celestial), y
la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡
Amén!'
"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su
madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad
de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el
pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del
huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre,
porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier
animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su
padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el
pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte
a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡
Amén!'
"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente,
sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley,
poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida,
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su
Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en
ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que
el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando
llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los
ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando
día y noche entre las llamas ardientes del fuego del
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios.
En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en
el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en
espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios.
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de
sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano,
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada
categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada
dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de
la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!
SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
los que me aman y guardan mis mandamientos".
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
en vano".
CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
sábado y lo santificó".
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
da".
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
tu prójimo".
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo".
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y
salvador de todas nuestras almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
sino es POR MÍ". Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
éste MUNDO y su MUERTE.
Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No
_____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
como antes y como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
playertype=wm%20%20///
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx