(IVÁN): PECADO

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IVAN VALAREZO

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Jan 12, 2008, 4:15:19 PM1/12/08
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Sábado, 12 de enero, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica

(Les damos gracias a las FARC de Colombia y sus lideres
principalmente por haber cumplido su palabra en conclusión de
liberar a sus secuestrados, cumpliendo así su promesa de
buena voluntad y de buena fe, no solo para con las familias
afectadas, sino también para con todas las familias de las
naciones de la tierra. Familias de la humanidad entera, como
las que aman la libertad, la paz y el amor a la vida de
nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado, ¡nuestro Señor
Jesucristo! Oramos, pues, que nuestro Padre Celestial les
ponga en su corazón más de su Espíritu de amor a la libertad
y a la vida, para que la misericordia y la gracia de su Hijo
amado entonces obre maravillas en sus vidas, con los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo, para bien de sus vidas y
la de muchos, también. Porque para nuestro Padre Celestial,
cuando un pecador se salva, recibiendo al Señor Jesucristo en
su corazón en cualquier lugar de toda la tierra, entonces hay
fiesta en el cielo para siempre, por aquel que ha escapado
las tinieblas para pasar por fin a la luz del Árbol de la
vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Pues así también se
gozan en el cielo nuestro Dios y sus huestes angelicales,
amantes de la paz, la libertad y el amor infinito, cuando ven
que seres creados por las manos de Dios, en su imagen y
conforme a su semejanza celestial, vuelven a gozar y a vivir
su libertad, la cual nuestro Dios fue quien se las dio para
vivirla siempre. Les damos, pues, encarecidamente las gracias
a las FARC de Colombia y a sus líderes por cumplir con Dios y
con la humanidad de muchos, también, por amor a nuestro Señor
Jesucristo y por amor a la santidad, la justicia divina del
cielo y de los hogares de muchas familias: familias como las
que oran y buscan continuamente por la paz y por la libertad
de todos los secuestrados. ¡Amén!)

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


PECADO:

Entonces Eva inicialmente vio que el árbol de la ciencia del
bien y del mal, seriamente, "era bueno para comer, a la vez,
atractivo a su vista y muy codiciable para alcanzar
sabiduría" en su corazón, de acuerdo a las palabras de la
serpiente antigua, su mejor amiga en aquel entonces. Pues sus
ojos "anhelaban perdidamente el fruto prohibido", como nada
más en todos los lugares del paraíso, por causa de las
palabras mentirosas y subversivas de Satanás, para saborearlo
en su espíritu y en su alma eterna, también, para la
eternidad.

Entonces tomó, seguidamente, del árbol prohibido sin pensarlo
más, y "comió de él", a pesar de lo que Dios personalmente
les había afirmado sobre él y sus males infinitos para la
eternidad: "satisfaciendo así Eva su gran curiosidad por vez
primera sentida en su vida celestial por lo extraño, por lo
extraordinario, por lo raro para el corazón sensible y
humano. Y cuando ella mordía el fruto prohibido en su boca y
con sus labios, entonces "la puerta del mundo mortal y de
tinieblas, en el cual vivimos, se abrió para posteriormente,
en el día del SEÑOR, ser cerrado con un fin feliz por el
Espíritu sobrenatural del fruto del Árbol de la vida eterna,
nuestro Salvador Jesucristo, en nuestros corazones infinitos.

Y, al momento, también Eva dio de su boca a Adán que estaba
con ella, y Él "comió hasta satisfacer su corazón muy
curioso", por cierto, como el de su esposa Eva, por el fruto
prohibido, prohibido terminantemente por Dios y, juntamente,
muy atractivo para sus ojos y para su mente investigadora e
insaciable por lo nuevo y por lo único. Y cuando ambos comían
del fruto prohibido por Dios, como algo grande por descubrir,
entonces "sus ojos cambiaron drásticamente para ver lo que
jamás habían visto" en sus cuerpos y en sus derredores: "el
pecado tocaba sus vidas sobrenaturalmente por vez primera
para mal eterno de muchos, sin saber lo que hacían con la
vida del linaje humano, al momento".

"Así comenzó el pecado en la vida del hombre y de cada uno de
sus descendientes", en sus millares, en el paraíso y así
también en todos los lugares de la vasta creación de Dios,
como la tierra de nuestros días, como contigo y conmigo, en
nuestras tierras, por ejemplo, mi estimado hermano y mi
estimada hermana. Por lo tanto, "el comienzo de la sabiduría
humana comenzaba, para posteriormente ser conquistada por
nuestro Árbol de vida eterna", ¡nuestro Señor Jesucristo!,
por medio del Espíritu de fe y por amor infinito de nuestro
Padre Celestial que está en los cielos, por ejemplo.

En verdad, "el pecado es mucho más antiguo que el hombre y de
su humanidad entera", quizás por siglos y siglos de la vida
antigua y normal del reino de los cielos. El pecado en su
esencia espiritual y material "es de sólo conocer las
tinieblas de Satanás y de su submundo, alejándose así el
ángel caído y el pecador y la pecadora del paraíso y de la
tierra, de toda la luz bendita de nuestro Dios y de nuestro
Señor Jesucristo", para no conocer ni menos vivir la vida
eterna jamás.

Ciertamente, el pecado nació primero que nosotros, en el
cielo y en la tierra, también, "para finalmente terminar su
vida y sus poderes terribles postrado ante el Árbol de la
vida", específicamente: en donde se derramo la sangre bendita
del sacrificio eterno, sobre la roca eterna, en las afueras
de Jerusalén, para bien de muchos fieles eternos a Dios. Es
más, "el pecado realmente nació en el cielo, en el corazón de
Lucifer y luego se regó a todos los corazones de los ángeles
caídos", en sus millares, de los cuales creyeron en él, que
si podía exaltar su nombre inicuo mucho más alto que el
nombre sagrado de nuestro Padre Celestial y de su Hijo
Mesías, ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Y desde aquel día en adelante, "el nombre inicuo de Satanás
reina en el corazón de los ángeles caídos", en vez de que el
nombre del Árbol de la vida eterna reine en su lugar por
siempre, para luz y para vida eterna, para cada uno de ellos,
como en sus millares, por ejemplo. Posteriormente, para mal
de muchos: Satanás comenzó a hacer lo mismo con el hombre y
con la mujer en el paraíso, para entonces tocar terriblemente
cada vida una a una sobre toda la faz de la tierra, con el
fin de destruirlos infinitamente y así deshonrar vilmente a
nuestro Padre Celestial y a su Hijo amado, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!

Porque "Satanás les hizo creer en sus mentiras a Adán y así a
cada uno de sus descendientes": palabras terribles, enemigas
eternas de Dios y de Jesucristo, por tanto, llenas del
espíritu de error de su nombre inicuo para que mueran, sin
comer jamás del fruto de su nueva vida infinita del Hijo de
Dios, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Para que de esta manera,
cada uno de ellos y así también sus descendientes, en sus
millares, en todas las naciones, vivan por siempre en las
profundas tinieblas de su pecado mortal, para que no conozcan
la luz ni la verdadera vida eterna jamás, como la vida
inmortal de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado, ¡
nuestro Señor Jesucristo!

Y nuestro Padre Celestial les comprobó a Satanás y a sus
ángeles caídos y así también a toda su vasta creación, que
"sólo el nombre bendito de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
perdura y puede ser exaltado sobre todo nombre en el cielo,
en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del
cielo", para fin del pecado. Porque el verdadero pecado de
cada ángel caído y así también de cada hombre, mujer, niño y
niña de la tierra, "es que el Espíritu del nombre de nuestro
Señor Jesucristo no reina supremo en sus corazones", sino las
tinieblas del espíritu de mentiras del nombre de Satanás para
mal continuo de sus vidas, en la tierra y en el infierno.

Y es, precisamente, éste pecado terrible, el primer pecado en
el corazón de Eva y luego en el corazón de Adán y de cada uno
de sus descendientes, "es que realmente hace, por sus poderes
sobrenaturales y disimulos, que nuestro corazón no tenga el
nombre sagrado de nuestro Salvador Eterno viviendo ya en
nosotros": para bendición y para salvación infinita. Porque
es el pecado del fruto prohibido del paraíso, "el cual hace
que nosotros seamos completamente ciegos a la verdad eterna
de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado", nuestro Señor
Jesucristo, en nuestros corazones y en nuestro diario vivir
en el paraíso y así también en toda la tierra, también, hoy
en día y por siempre.

Porque es el mismo nombre inicuo de Lucifer (Satanás) el cual
está escondido entre las profundas tinieblas del espíritu de
error y de cada mentira del primer pecado de Eva y de Adán en
nuestros corazones y, además, "el cual nos hace completamente
ciegos a la verdad y a la realidad infinita de nuestro fruto
de vida eterna", ¡nuestro Señor Jesucristo! Además, cuando
leemos a nuestro Señor Jesucristo a través de las Escrituras,
por ejemplo, entonces no podemos entender mucho, "pero si un
poco y hasta que poco a poco la luz del Espíritu de la verdad
y de la vida celestial se comienza a ser cada vez mayor en
nuestras vidas y hasta que todo queda claro en nuestros
corazones infinitos".

Y esto comienza a suceder así en cada uno de todos nosotros,
y hasta con los más viles de todos los pecadores y de todas
las pecadoras de la tierra, "porque comenzamos a ganar luz en
nuestros corazones, en nuestros espíritus, en nuestras almas
y cuerpos humanos", haciendo así desaparecer infinitamente
las tinieblas antiguas de nuestras cegueras espirituales y
mortales. Porque es el mismo Espíritu del fruto del Árbol de
la vida eterna, "el cual nos comienza a dar luz y cada vez
mucho más de su luz divina que antes, como las del cielo,
como las del paraíso, por ejemplo": para que las terribles
secuelas de las profundas tinieblas de Satanás dejen de ser
en nuestras vidas, para siempre.

Por ello, "la lectura de la palabra de Dios es de suma
importancia para nuestro crecimiento espiritual", en nuestros
corazones y en nuestras almas infinitas, para hacer que los
males de las profundas tinieblas del primer pecado de Adán
desaparezcan de nuestros corazones, de nuestros espíritus y
cuerpos humanos por completo, y hasta que quedemos libres de
sus males eternos. Porque este mal del paraíso, el cual
comenzó en el corazón de Adán "no quiere dejarnos libres",
por ninguna razón, ni por ningún poder humano del hombre, así
pues, únicamente por medio del Espíritu de fe, de creer en el
fruto de la vida eterna, nuestro Salvador Jesucristo, para
comenzar a servirle ya a nuestro Dios que está en los cielos.

Por lo tanto, los que no creen en sus corazones y en sus
espíritus humanos en la verdad infinita y mutua de nuestro
Padre Celestial y de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo,
entonces "no son libres" por los poderes de los dones del
Espíritu Santo de Dios, "de los males terribles del espíritu
de error del pecado de Satanás". Entonces muchos sufren todas
clases de males terribles en sus corazones y en sus vidas
cotidianas en la tierra, "porque no tienen el Espíritu del
nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo viviendo en sus
vidas, ni menos la ayuda idónea de ningún poder del cielo",
como de nuestro Dios, como de nuestro Espíritu Santo y sus
varios poderes sobrenaturales, por ejemplo.

Y todos estos poderes del cielo no son para Dios, ni para su
Árbol de vida, ni para ningún ángel del cielo ya que ellos
viven bien y libres de toda influencia del espíritu de error,
de mentiras y de maldad eterna del pecado de Satanás, por
ejemplo. Verdaderamente, todos estos poderes del cielo son,
como de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de vida eterna,
"para ser entregados a cada uno de nosotros en la tierra por
su Espíritu Santo, para vivir bien siempre y libres, en todo
lo posible, de las terribles influencias de las mentiras y de
su ángel de la muerte", por ejemplo.

Porque para vivir en el paraíso y así también en cualquier
lugar de la vasta creación de Dios, como la tierra de nuestro
nacimiento, por ejemplo, "se necesitan continuamente poderes
sobrenaturales para poder entonces vivir una vida sana y
normal", digna de la bendición de Dios y de su nombre
santísimo; de otra manera, estamos en tinieblas y muertos
como Satanás. Y es precisamente en contra de esta muerte y
ceguera espiritual del corazón del hombre, de la mujer, del
niño y de la niña de la humanidad entera, comenzando con
Israel, por ejemplo, "por la cual nuestro Dios siempre ha
luchado desde el cielo con la ayuda idónea de su Espíritu
Santo y de su Árbol de vida, para derrotarlas
simultáneamente".

Porque todo aquel que siga viviendo su vida terrenal y
espiritual en el espíritu de error del primer pecado de Adán
en su corazón y así también de su vida normal, entonces "no
vivirá jamás sino que seguirá muerto y ciego infinitamente",
sin conocer jamás a su Salvador Eterno, nuestro Señor
Jesucristo, ni mucho menos conocerá tampoco a su Creador
Celestial. Y nuestro Padre Celestial no es un Dios de ciegos
ni tampoco de muertos, sino todo lo contrario.

En verdad, nuestro Padre Celestial sólo es el Dios de los que
ven y viven desde ya: "en el Espíritu infinito de la nueva
vida celestial y eterna de su nuevo reino venidero", como La
Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, por ejemplo: "en
donde nadie es ciego ni menos pasa al olvido eterno", sino
todo lo contrario. Y en éste nuevo reino infinito de Dios,
sólo vivirán por siempre con su Dios y Creador de sus nuevas
vidas infinitas: "comiendo y bebiendo de su fruto de vida
eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!, tal como nuestro Dios
lo intento que fuese así con Adán y sus descendientes en sus
primeros días de vida en el paraíso", por ejemplo.

Y, hoy en día, no es diferente con Dios, con su Espíritu
Santo y con su Árbol de vida, por ejemplo, para que cada
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, así como
Adán y Eva en el paraíso, pues entonces: "coma y beba ya de
su fruto de vida eterna", ¡nuestro Señor Jesucristo!, para
seguir viviendo infinitamente. Y la promesa de nuestro Padre
Celestial es la misma de siempre: "Todo aquel que come y bebe
de su fruto de vida eterna, con tan sólo creer en su corazón
y confesar su nombre salvador con sus labios, entonces pasa
de las tinieblas de Adán a la luz del Árbol de la vida
eterna", ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Si, así es: "el que cree en Dios y en su Hijo amado,
realmente come y bebe del fruto de la nueva vida eterna del
cielo día y noche, para no morir jamás de hambre, ni tampoco
de sed, en la tierra, ni en el más allá", eternamente y para
siempre. Porque el que come y bebe del fruto del Pan del
cielo, "no sólo cumple con su Dios y Fundador de su nueva
vida infinita, sino que también le está dando gloria y honra
eterna a su nombre muy santo en su corazón, en su espíritu y
en toda su vida, también", repetidamente, asimismo como los
ángeles del cielo, por ejemplo.

Pues comer del Pan del cielo "es ser libre del pecado para
Dios, para su Espíritu Santo, para sus ángeles infinitos y
para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera",
hoy en día y para siempre en la nueva eternidad venidera. Y
nuestro Padre Celestial anhela nuestro bien eterno día y
noche y hasta que finalmente lo conseguimos en nuestros
corazones y en nuestras vidas: "con tan sólo invocar el
Espíritu de luz y de poderes sobrenaturales de la gracia y
del amor infinito de su Árbol de vida eterna", ¡nuestro Señor
Jesucristo!

INICIALMENTE TODOS PECARON Y NADIE ALCANZO LA GLORIA DEL
CIELO

En la medida en que, todos pecaron vilmente, como Adán y Eva
en el paraíso, por tanto, "no alcanzan la gloria de Dios en
sus corazones y en sus vidas, por más que lo intentaron así,
para bendición de sus espíritus y de sus cuerpos humanos", en
el paraíso y así también en todos los lugares de la tierra.
En verdad, la verdadera bendición del reino de Dios no llega
a la vida de Adán ni tampoco a ninguno de sus descendientes,
"hasta que Cristo sea la luz de su corazón, ya sea en el
cielo, en la tierra o en la nueva era venidera, por ejemplo,
del nuevo reino celestial".

Visto que, "sólo nuestro Señor Jesucristo es la verdadera luz
del corazón del hombre", en el paraíso y así también en
nuestra vasta creación celestial, desde los primeros días de
la antigüedad y hasta siempre en La Nueva Jerusalén del
cielo, por ejemplo; por tanto, el fruto prohibido del árbol
del paraíso es tinieblas constante para todo pecador. Por
ello, nuestro Padre Celestial nos llama día y noche "a
alcanzar su gloria infinita" a pesar de la presencia terrible
de los males de nuestros pecados en nuestros corazones y en
nuestras vidas, "para volver a nacer a la vida, no en el
espíritu de Adán, sino en el Espíritu de su Hijo amado", ¡
nuestro único Árbol de vida eterna!

Dado que, sólo por medio del fruto de la vida eterna, su
Espíritu Santo, por ejemplo, es cuando verdaderamente: "el
hombre, la mujer, el niño y la niña de todas las naciones,
pueden espiritualmente volver a nacer para vivir su verdadera
vida infinita del cielo, como Dios mismo, como el Árbol de la
vida y como los ángeles del cielo". Es por eso, que nuestro
Padre Celestial llevo de la mano a Adán a los pies de su
Árbol de la vida eterna, después de haberlo formado en sus
manos santas, "para que nazca de nuevo, pero únicamente en el
Espíritu y en la verdadera vida del cielo, su Hijo amado", ¡
nuestro Señor Jesucristo!

Porque todo aquel que nace del Espíritu del Árbol de la vida,
en el paraíso o en la tierra de nuestros días, por ejemplo,
entonces "realmente está naciendo para vivir la vida de Dios
y de sus millares de huestes angelicales del más allá, para
gloria y para honra infinita de su nombre muy santo". Y desde
el día que Adán comió del fruto prohibido, realmente "comió
de las profundas tinieblas del pecado de Satanás para
oscurecer su corazón y así hacerse a si mismo tinieblas y no
luz para siempre, en la eternidad venidera de Dios y de su
Árbol de vida eterna".

Y nuestro Dios no desea este terrible mal de tinieblas, para
ninguno de sus seres creados por sus manos santas, sino "sólo
la luz de su corazón sagrado, su Hijo amado", ¡nuestro Señor
Jesucristo! Porque sólo el Espíritu del nombre bendito de su
Hijo amado "es la única y verdadera luz del cielo, la cual
alumbra nuestros corazones, nuestros espíritus, almas y
cuerpos humanos diariamente, para que nuestros ojos siempre
vean la verdad, el derecho y la justicia infinita de la nueva
vida inmortal de Dios y de su Árbol de vida eterna". Entonces
el que no ve a Jesucristo en su corazón, entonces para Dios
peca terriblemente en contra de su misma alma infinita,
haciendo así triste el corazón de nuestro Dios y de su
Espíritu Santo.

Judicialmente, esto es muerte para cualquier ángel caído del
cielo y así también para cualquier ser viviente de la
humanidad entera, sin jamás hacer excepción de persona
alguna, de acuerdo a la letra de la Ley de nuestro Dios,
desde el comienzo de las cosas en el cielo y en la tierra, si
Jesucristo no es la luz de su corazón. Pero el amor de Dios
hacia el hombre ha sido de tamaño descomunal desde siempre,
"porque le ha dado de su Hijo amado sin límite alguno, para
que coma y beba de su Espíritu de vida y de salud infinita,
para que su corazón ya no sea tinieblas sino únicamente luz
en todos los días de su vida y para siempre".

En vista de que, "sólo nuestro Señor Jesucristo es luz y vida
infinita para el corazón del hombre y para su nueva eternidad
venidera del nuevo reino celestial, en la tierra y en el más
allá, también, como en La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta
del cielo, por ejemplo". Por lo tanto, "no hay otra receta
medicinal en el paraíso, ni menos en la tierra, para escapar
los males y los alcances terribles del pecado de Adán y de
Satanás en nuestros corazones, en nuestros espíritus y
cuerpos humanos, por ejemplo", para vivir siempre mejor que
antes delante de la presencia gloriosa de nuestro Padre
Celestial en la eternidad.

De modo que, "nuestro Padre Celestial nos creo para que
vivamos una vida gloriosa y sumamente santa, libre de toda
clase de influencias de Satanás" en nuestros corazones y en
nuestro diario vivir del cielo, de la tierra y así también de
su Nueva Jerusalén Santa y Perfecta de su nuevo reinado
angelical y sempiterno. Y lo único que nos saco del paraíso
y, a la vez, nos mantiene, hoy en día, totalmente ciegos y
lejos de la vida infinita de La Nueva Jerusalén Celestial "es
nuestro pecado heredado de Adán, viviendo aún en nuestros
corazones y hasta más allá de la muerte, también, por
ejemplo, como en el submundo de Satanás", ¡el infierno!

Entonces es muy importante que nuestros corazones sean
completamente libres de los males del espíritu de error de
Adán y de Satanás, "para entonces volver a nacer de la
justicia y así poder llegar a conocer la verdadera vida, por
la cual nuestro Padre Celestial nos creo en sus manos
santas", en el comienzo de todas las cosas del cielo. Porque
ésta es una vida que aún existe en nosotros mismos, "pero no
la vemos, ni menos la conocemos, por falta de justicia y por
la abundante presencia de las profundas tinieblas del pecado
de Adán y de Satanás en nuestras vidas".

Es decir, que tu verdadera vida aún no la conoces, ni tampoco
la has vivido jamás, por culpa del pecado de Adán: "porque
una vida con el pecado de Adán no es vida, sino muerte
eterna". Aparte de eso, también, una vida con pecado no es
vida alguna en ningún ser viviente sino "sólo injusticia tras
injusticia y hasta que el ángel de la muerte la lleva a su
día final, a su lugar eterno del mundo de los muertos, el
Abismo".

Y aunque digas que estas vivo aún en todo tu cuerpo y en tus
tierras también: "pues mentiras te dices a ti mismo, porque
no conoces el sabor divino, glorioso, jovial y de felicidad
extrema del alma entera del hombre, de la mujer, del niño y
de la niña de Dios, de vivir por siempre, sin el pecado de
Satanás". Porque es el pecado de Satanás, "el cual le da el
sabor amargo, malvado y hasta doloroso a tu corazón, a tu
alma y a toda tu vida y hasta que finalmente terminas en el
mundo de los enemigos eternos de Dios y de su Hijo amado,
nuestro Árbol de vida eterna, en el infierno".

Pero si Jesucristo es el que le da el sabor divino a tu
corazón, a tu alma, a tu mente y a todo tu cuerpo y vida
humana entonces no morirás jamás, sino que "seguirás gozoso
viviendo por siempre la vida perfecta del paraíso, por
ejemplo". Verdaderamente, es el Espíritu sagrado de vida de
nuestro Jesucristo "el que continuamente endulza tu corazón,
tu alma, tu espíritu y toda tu vida, también", únicamente
desde el momento que comienzas a creer en él en tu corazón y
confiesas con tus labios su nombre santo, delante de nuestro
Dios, de su Espíritu Santo y de sus huestes angelicales del
cielo.

Es por eso, que con Cristo Jesús, Señor nuestro, viviendo en
nuestros corazones, entonces el pecado deja de ser en
nosotros tinieblas, para empezar desde ya a vivir la
verdadera vida del paraíso, pero sin el pecado del fruto del
mal eterno. Y esto es sólo posible en el corazón de cada
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, si tan
sólo cree en su corazón y con sus labios confiesa al Señor
Jesucristo, como su único y suficiente salvador de su vida de
todos los males terribles (habidos y por haber) del pecado de
Satanás, por ejemplo.

Pero por otra parte, si invocamos a Jesucristo, creyendo
únicamente en Él en nuestros corazones y así confesamos su
nombre milagroso con nuestros labios, entonces "las tinieblas
del pasado del pecado de Adán y de Satanás, por ejemplo,
salen de nuestros corazones y de nuestras vidas, en este
mismo instante, para no volvernos a afectar terriblemente
jamás, como es normal". Es por eso, que el Espíritu de vida y
de salud infinita de nuestro Señor Jesucristo "es muy
importante en nuestros corazones y en nuestro diario vivir"
en la tierra y así también en La Nueva Jerusalén Santa y
Perfecta del cielo, hoy en día y para siempre en la nueva
eternidad vendiera.

Es decir, que cada hombre, mujer, niño y niña del linaje
humano, comenzando con Adán y Eva en el paraíso, "no ha
vivido jamás, ni menos ha conocido su verdadera vida eterna,
por la cual Dios mismo lo formo en sus manos santas para
vivirla en el cielo", desde el comienzo de todas las cosas y
hasta la eternidad venidera. Es por eso, que el hombre sufre
espiritualmente primero y luego físicamente día y noche,
"porque está sumergido, bañado, hundido, lleno en exceso,
repleto, inmerso, ocupado en las profundas tinieblas de las
primeras mentiras que Eva y luego Adán creyeron en sus
corazones de parte de la serpiente antigua y de Satanás, para
mal y enfermedades eternas de sus vidas".

Y nadie los podrá librar de todos estos terribles males
antiguos del pecado de Adán y de Satanás, "si no se acercan a
su Dios y Fundador de sus vidas ya, de ahora en adelante,
sólo por medio de su Árbol de vida eterna", ¡nuestro Salvador
Jesucristo! Porque sin el Árbol de la vida eterna, su Hijo
amado y gran rey Mesías de todos los tiempos, en el paraíso,
en la tierra y así también en la nueva vida infinita de La
Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, nuestro Padre
Celestial, ni su Espíritu Santo "no hacen nada de nada por
nadie jamás".

Porque la vida de su Árbol de vida vale mucho para Dios y
para su Espíritu Santo, para siempre, para contestar
cualquier llamado del hombre del paraíso y de toda la tierra,
también. Entonces sólo los que invocan a Dios por medio del
Espíritu de fe, del nombre salvador de su Árbol de vida
eterna, nuestro Señor Jesucristo, "son realmente oídos por
Dios, porque son libres del poder del pecado y de su ángel de
la muerte, también, desde aquel momento de oración y para
siempre en la eternidad venidera, por ejemplo".

Y esta es una vida gloriosa y sumamente sagrada en el corazón
y en el espíritu de cada ángel del cielo y así también de
cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, "la
cual no la conoce ningún ser viviente, ni aún Adán, sino sólo
nuestro Señor Jesucristo", ¡nuestro único Árbol de vida
eterna! Porque "nuestro Señor Jesucristo es la misma vida
infinita de su nuevo reino celestial", por la cual nuestro
Dios nos llamo de las tinieblas de la tierra para formarnos
en sus manos santas, "para alcanzarla en un día como hoy, por
ejemplo, para vivirla felizmente con él y con sus ángeles del
cielo, para siempre".

Y es el pecado de Adán y de Satanás, "el cual no nos deja
ver, ni vivir ya ésta verdadera vida gloriosa, la cual nos
pertenece conforme con la Ley de la vida eterna del paraíso a
cada uno de nosotros", en todos los lugares del cielo y así
también de la tierra, de nuestros días y de siempre. En
verdad, Satanás no ha podido tocar, ni menos destruir esta
vida nuestra, "la cual no conocemos aún, porque existe o vive
o está escondida en el Árbol de la vida eterna", así como el
nombre muy santo de nuestro Padre Celestial está escondido en
perfecta santidad del corazón del Árbol de la vida eterna, ¡
nuestro Señor Jesucristo!

Además, esta vida real no puede renacer en nuestro corazón,
ni en nuestro espíritu, cuerpo y alma humana, "si no primero
admitimos a Jesucristo en nuestras vidas terrenales primero,
por el poder sobrenatural de la invocación de su nombre
salvador con nuestros labios, por ejemplo", como en un
momento de fe y de oración hacia nuestro Padre Celestial en
el cielo. Por ello, desde el día que Adán peca en contra de
Dios y de su Hijo amado, su fruto de su nueva vida infinita,
entonces "Adán ni ninguno de sus descendientes conoce su
verdadera vida, ni menos la sabría vivir, para mal de su
corazón y de su alma infinita", en la tierra y en el más allá
también, para siempre.

Y nuestro Padre Celestial "no desea ver al hombre sufrir
siempre el mal de su pecado", en el cual nació no por
decisión propia sino por error, por rebelión y por
desobediencia de Eva y luego de Adán también, al comer del
fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal en
el paraíso. Es por eso, que desde que el hombre nace en la
tierra "entonces su verdadera búsqueda de Dios y de su fruto
de vida eterna comienza en su vida, para finalmente
encontrarla en su mismo corazón, en un instante de fe, si tan
sólo cree a su Dios y a la vida gloriosa de su Hijo amado", ¡
nuestro Señor Jesucristo!

Realmente, nuestro corazón y espíritu humano saben muy bien,
desde su primer día de vida en la tierra, por ejemplo, y por
intuición espiritual y humana, de que hemos abandonado la
gloria de Dios en algún lugar del pasado, "por lo tanto,
tenemos que regresar a ella, cuando antes mejor, para no
sufrir más nuestro mal eterno, como nuestra muerte eterna".
Porque el corazón y el alma viviente de cada hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera, sufre día y noche por el
error de Adán, "de haber abandonado la gloria de Dios por
injusticia, por desobediencia y por rebelión sin causa al
fruto del Árbol de la vida eterna de nuestro Señor
Jesucristo, en el paraíso celestial".

Es decir, también de que nuestro corazón y espíritu humano
piden (y hasta muchas veces claman) por la presencia del
Espíritu del Árbol de la vida "para poder ser felices y así
vivir siempre delante de Dios su misma vida eterna", por la
cual nos creo en sus manos santas para vivirla con Él, para
siempre en el cielo. Y éste buscar decidido de nuestro
corazón por el Espíritu del Árbol de la vida eterna no cesa
jamás, "hasta que finalmente lo encontramos con la misma
ayuda de Dios y de su Espíritu Santo, sólo en el Espíritu de
invocación de nuestros corazones y de nuestros labios del
nombre glorioso de nuestro Salvador del cielo", ¡nuestro
Señor Jesucristo!

Y "hasta que el Señor Jesucristo no sea admitido y reconocido
en nuestros corazones, entonces no podremos jamás conocer la
felicidad de nuestra alma eterna, de comer y de beber por
siempre de su fruto de vida", la cual nos bendice día y noche
en la tierra y así también en la nueva era venidera del nuevo
reino celestial. Realmente, desde el mismo día y hora en que
recibimos a nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones,
" sólo entonces podemos decir con toda seguridad, con toda
fe, de que hemos alcanzado la gloria infinita de Dios, por
tanto, la nueva vida eterna, por la cual fuimos creados en el
principio ha llegado a nuestras vidas para quedarse
infinitamente con nosotros".

Porque todo aquel que recibe a Jesucristo en su corazón, como
su único y suficiente salvador personal de su vida, entonces
"ya no pertenece su corazón, su espíritu, su alma y su misma
vida de siempre al poder del pecado, sino al poder infinito
de Dios y Fundador de su nueva vida eterna", ¡el Todopoderoso
de Israel y de las naciones! Por tanto, nuestros nombres ya
no están escritos en el libro del ángel de la muerte, como
antes, para condenación y para muerte eterna, como cuando
Adán peco en el paraíso, sino que "nuestros nombres están
escritos para perdón eterno, en el libro de la nueva vida
infinita y de la gloria celestial de nuestro Árbol de vida",
¡nuestro Salvador Jesucristo!


El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida,
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su
Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en
ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que
el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando
llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los
ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando
día y noche entre las llamas ardientes del fuego del
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios.
En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en
el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en
espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios.
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de
sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano,
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada
categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada
dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de
la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
sábado y lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
tu prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y
salvador de todas nuestras almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
éste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
como antes y como siempre, por la eternidad.


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