Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de Junio de 2008

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Jun 29, 2008, 7:45:17 AM6/29/08
to Movimiento de las Familias de Nazareth
¡Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de Junio de
2008
en el 27° Aniversario de las Apariciones!

¡Queridos hijos! También hoy con gran alegría en mi corazón los invito
a seguirme y a escuchar mis mensajes. Sean portadores alegres de paz y
de amor en este mundo sin paz. Estoy con ustedes y los bendigo a todos
con mi Hijo Jesús, el Rey de la Paz. ¡Gracias por haber respondido a
mi llamado!



Comentario del P. Justo Antonio Lofeudo mss:



En este mensaje desbordante de alegría, la Santísima Virgen expresa
con palabras lo que para los videntes ha sido una experiencia
inmensamente más rica: la de poder percibir la inefable dicha de la
Madre que está con sus hijos a quienes tanto ama. Nuestra Madre
Santísima está feliz porque puede estar con nosotros de este modo
único. Para nosotros es la alegría con que festejamos 27 años de su
presencia ininterrumpida, y festejándolos damos gracias al Señor que
nos envía a su Madre. Todos debemos sentirnos felices de gozar de
tanta gracia en este tiempo de misericordia divina.

La Reina de la Paz nos invita –con gran alegría en su corazón- a
escuchar sus mensajes y a seguirla.

Escuchar el mensaje significa más que simplemente leerlo u oírlo,
porque escuchar supone poner atención a lo que se lee u oye para luego
conformar la vida a esa escucha.

A su pueblo Yahvé le da como primer mandato el de escuchar cuando, por
medio de Moisés, le dice: “Escucha, Israel: el Señor es uno, uno solo
es nuestro Dios”. Y luego agrega: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Los mandamientos que
hoy te doy quedarán grabados en tu corazón…” (Dt 6:4-6). Le manda Dios
prestar mucha atención y, para no olvidar su mandamiento, grabarlo en
el corazón. Es decir que no le exige una simple rememoración sino que
le manda “recordar”, o sea repasar lo acontecido que fue grabado en el
corazón, para que cada mandamiento sea parte de la vida misma de cada
miembro del pueblo de Dios.

Así como Yahvé manda a Israel a amarlo con todo su ser y a grabar los
mandamientos en el corazón, así también ahora para verdaderamente
satisfacer el llamado de la Madre de Dios hay que poner todo el
corazón en lo que se escuche, haga y recuerde.

El corazón es lo más íntimo, secreto y sagrado de cada uno y de allí
debe partir cada oración, cada sacrificio, cada ofrenda a Dios. Por
eso, también el corazón debe ser purificado de toda mala intención, de
todo mal pensamiento y de todo mal sentimiento renunciando al odio, al
ánimo de venganza, al resentimiento, a la envidia, al egoísmo que hace
del otro un objeto de pertenencia o que lo ignora y desprecia. Debe
ser el corazón purificado con el perdón que se da y con el perdón que
se pide a Dios por la ofensa cometida y a quienes hemos herido.

Debemos, como nos enseña la Santísima Virgen, purificarnos acudiendo
asiduamente al sacramento penitencial y de reconciliación, es decir a
la confesión sacramental porque allí nos reconciliamos con Dios
recibiendo su perdón y al mismo tiempo las gracias, las fuerzas y la
bendición para seguir en el camino de fe y de amor.

Nuestra Madre reclama nuestra atención a sus mensajes para que tomemos
muy seriamente sus llamados y poder así seguirla. Por eso dice “los
invito a seguirme y a escuchar mis mensajes”. En realidad el orden es
el inverso, puesto que lo primero que debemos hacer es escucharla para
después poder seguirla. Seguirla significa poner en práctica lo que
nos pide y que hemos escuchado con atención y grabado en nuestros
corazones, y luego ponerla a Ella como modelo y como guía que conduce
a Cristo, que lleva a Dios.

No hay dudas, la Santísima Virgen nos está conduciendo por el camino
que asciende a Dios, llevándonos a su Hijo, enseñándonos a ser
Iglesia, viviendo devota y comprometidamente la fe, escuchando y
meditando la Palabra, orando y adorando con el corazón, acercándonos a
los sacramentos con unción y con la confianza que en ellos están los
medios que el Señor dejó a su Iglesia para la salvación del mundo.

María Reina de la Paz nos guía, pero lo hace no a la distancia sino
acompañándonos, estando siempre muy cerca. Fijémonos cómo en este
mensaje una vez más nos dice: “estoy con ustedes”. Quiere decirnos
estoy cerca de ustedes, no en el infinito celestial sino que desciendo
a la tierra, a la vida de cada uno para estarles muy cerca. Lo hemos
comprobado en todos estos años: si la Santísima Madre reitera sus
pedidos es porque no se ha puesto delante de nosotros para que la
sigan los que puedan, sino que va acompañando a cada uno, sobre todo
al rezagado, y se detiene para que puedan avanzar los que se han
quedado en el camino y los que acaban de llegar. Y lo hace así,
repitiendo mensajes ya dados, porque Ella es Madre y como Madre ve
todo y sabe que no cumplimos cabalmente sus pedidos y que no siempre
nos empeñamos a fondo en vivir los mensajes.

El que verdaderamente escucha a la Madre de Dios y pone en práctica
sus palabras edifica su vida sobre la roca, que es Cristo, y queda al
abrigo de las tempestades y de los ataques a la vida que vienen del
mundo (cf Mt 7:25).

El mensaje de hoy es también el de ser portadores de paz y de amor
hacia el mundo descreído, triste, violento, oscuro. Para ser
portadores de paz y de amor hay que primero escuchar para aprender a
seguir a María, Reina de la Paz.

No nos dice ser meros transmisores sino portadores, esto es personas
que viven aquello que llevan al mundo y lo dan con alegría.

Porque Ella nos exhorta a ser portadores alegres de la paz, aludiendo
seguramente a la alegría de las bienaventuranzas, cuando el Señor
declara dichosos, felices, verdaderamente alegres por ser
bienaventurados, a aquellos que crean la paz en su alrededor porque
serán llamados hijos de Dios (cf Mt 5:9).

Ser llamados hijos de Dios, en el sentido bíblico no es un simple
apelativo sino que implica serlo verdaderamente. En un sentido
espiritual pero profundo, se es hijo de Dios porque Dios se hizo hijo
del hombre.

Si unimos a tal dignidad, la de ser hijos de Dios, lo que nos fue
revelado en Jesucristo, que Dios es amor (cf 1Jn 4:8), como hijos del
Amor participaremos del amor y de la paz que vienen de Dios y seremos
sus portadores y propagadores, y los reflejaremos en el mundo que es
ciego y oscuro porque no conoce a Dios, porque lo niega y huye de Él.

Este mundo niega a Dios y lo rechaza en cada acto, en cada opción, en
cada manifestación y en cada decisión política.

Quien siembra divisiones, quien no tiende puentes de entendimiento,
quien no actúa con grandeza, quien no es capaz de perdón y es animado
por deseos de revancha, niega a Cristo, niega a Dios, niega la paz y
el amor.

Los hijos de Dios son los que nacen de lo alto, del Espíritu, llevando
consigo la impronta divina del amor y el sello de la paz de Cristo en
el corazón.

Qué gran alegría y qué consuelo saber que el Señor y su Madre están
tan cerca de nosotros, que Jesucristo, Rey de la Paz, y su Madre,
Reina de la Paz, nos bendicen. Ella con su bendición maternal y real,
Él con su bendición divina.



¡Muy feliz 27mo. aniversario a todos con nuestra Madre del Cielo!

P. Justo Antonio Lofeudo mss
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