En efecto, los intrépidos motoqueros, liderados por Patricio “Speedy
González” Evans y Martín “Correcaminos” Escudero, tuvieron que transitar
cientos de kilómetros -de ida y de vuelta-, entre caballos, vacas, burros,
chivos, ovejas y chanchos, de todos los tamaños. Las oportunas advertencias,
sumadas a la precaución de cada piloto hicieron que felizmente no hubiera
accidentes, ya que en numerosas ocasiones la fauna se les atravesó en el
camino. Y, como dijo Santiago Zamboni, alias “El abuelo de los hijos del
viento”, no es lo mismo agarrar un bicho de estos con el auto que con la
moto.
“Transitar esa carretera de noche es un peligro extremo que ningún
motoquero, por más loco, valiente o aventurero estuvo dispuesto a afrontar.
Por eso de regreso a Formosa se decidió parar de tardecita en Embarcación,
cuando la meta original era llegar hasta Ingeniero Juárez”, comentó el
representante de La Mañana, adhiriendo a las recomendaciones que en el mismo
sentido realizara ayer nuestra Gendarmería.
La imagen que proyecta la ruta 81 como corredor bioceánico y la alegría
generada por su completa pavimentación contrastan fuertemente con la
invasión de animales que, como seres irracionales que son, tienen
comportamientos sorpresivos.
Es evidente que quien está autorizado a transitar a 100, 110 o 130
kilómetros por hora tiene derecho no sólo a no encontrar deficiencias
constructivas o de mantenimiento que hagan riesgosa la circulación, sino
también a no toparse con animales sueltos que son mucho más peligrosos que
un bache, una mala señalización, una banquina “mordida” o un estrechamiento
sorpresivo de la calzada.
La Policía y la Gendarmería hacen lo que pueden, sobre todo previniendo
a los viajeros y tratando de sembrar conciencia entre tanta
irresponsabilidad repartida a lo largo de cientos de kilómetros. Si no se
hace algo más y el tránsito sigue creciendo, los accidentes viales no
tardarán en hacer de la ruta nacional 81 su principal escenario.