Justo L. Gonzlez naci en La Habana, Cuba el 9 de agosto de 1937. Su madre, Luisa Garca Acosta, fue profesora de literatura espaola y autora de libros sobre gramtica y ortografa. Su padre, Justo Gonzlez, fue el fundador de la organizacin Alfalit, especializada en la labor alfabetizadora y en la edicin de libros cristianos para apoyarla. De ellos ha heredado sus brillantes dotes de escritor.
Estudi en el Seminario Unido en Cuba, recibi su M.A. en Yale, y luego recibi el Ph.D. Ha sido la persona ms joven en obtener el doctorado en Teologa Histrica en dicha institucin. Fue profesor del Seminario Evanglico de Puerto Rico durante varios aos. Luego se agreg a la facultad de la Candler School of Theology de Atlanta (Georgia, EE. UU.). Actualmente se dedica a las labores literarias, en las que su produccin ha sido prolfica y de mucho valor.
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Entre 1984 y 1985 Gonzlez escribi el libro La Historia del Cristianismo, en dos tomos, donde presenta la historia eclesistica desde los tiempos de la iglesia primitiva hasta el presente. Esta obra haba sido editada en 1978 por Editorial Caribe bajo el ttulo: "Y hasta lo ltimo de la tierra: Una historia ilustrada del Cristianismo" en 10 tomos. Ha sido el autor de un libro de tres tomos llamado Historia del pensamiento Cristiano. Esta obra fue editada por primera vez en Buenos Aires, en 1965, por Methopress, en 3 tomos, pero fueron editados solamente 2 tomos. La actual edicin de Historia del Pensamiento Cristiano est en un solo tomo, edicin de 1992 por Editorial Caribe. Sus obras son utilizadas con frecuencia como libros de texto en instituciones educativas y seminarios teolgicos.
El cristianismo naci en un pesebre que a veces gustamos de pintar en tonos de apacible quietud. Pero aquel pesebre era indicio no de tranquilidad y de separacin de las vicisitudes del mundo, sino, por el contrario, de participacin en ellas. Fueron rdenes llegadas desde muy lejos y condiciones econmicas que posiblemente ellos mismos no alcanzaban a comprender las que, segn el tercer Evangelio, llevaron a Jos y Mara a la ciudad de David cuando sali edicto por parte de Augusto Csar de que toda la tierra fuese empadronada. Alrededor del pesebre no todo era paz y sosiego, sino que las gentes venidas de muchas partes comentaban, a menudo amargamente, acerca de las razones y las consecuencias que tendra aquel censo.
Sin el mundo, el cristianismo resulta inconcebible. Por tanto, en un estudio como este debemos comenzar describiendo, siquiera brevemente, el mundo en el que la fe cristiana naci y dio sus primeros pasos.
Fue en Palestina, entre judos, que el cristianismo naci. Entre judos y como judo Jess vivi y muri. Sus enseanzas se relacionaban con la situacin y el pensamiento judos, y sus discpulos las recibieron como judos. Ms tarde, cuando Pablo andaba por el mundo predicando el evangelio a los gentiles, siempre comenzaba su tarea entre los judos de la sinagoga. Por tanto, debemos comenzar nuestra historia del pensamiento cristiano con un esfuerzo por comprender la situacin y el pensamiento de los judos entre quienes nuestra fe naci.
La envidiable situacin geogrfica de Palestina fue causa de muchas desgracias para el pueblo que la tena por Tierra Prometida. Palestina, por donde pasaban los caminos que llevaban de Egipto a Asiria y de Arabia a Asia Menor, fue siempre objeto de la codicia imperialista de los grandes estados que surgan en el Cercano Oriente. Durante siglos, Egipto y Asiria se disputaron aquella estrecha faja de terreno. Cuando Babilonia sucedi a Asiria, la sucedi tambin en su dominio sobre Palestina, que complet destruyendo a Jerusaln y llevando consigo al exilio a una buena parte del pueblo. Tras conquistar Babilonia, Ciro permiti el regreso de los exiliados e hizo de Palestina parte de su imperio. Al derrotar a los persas en Iso, Alejandro se hizo dueo de su imperio y con l de Palestina, que qued bajo la direccin de gobernadores macedonios. En el ao 323, Alejandro muri y comenz un perodo de desrdenes que dur ms de veinte aos. Tras ese perodo, los sucesores de Alejandro haban consolidado su poder, aunque la lucha entre los Tolomeos y los Seleucos por el dominio de Palestina y las regiones circundantes se prolong por ms de cien aos. Finalmente, los Seleucos lograron hacerse dueos de Palestina, pero poco despus los judos se rebelaron cuando Antoco Epfanes trat de obligarlos a adorar otros dioses junto a Yahveh, y lograron conquistar la libertad religiosa y ms tarde la independencia poltica. Sin embargo, tal independencia era posible solo por las divisiones internas de Siria, y desapareci tan pronto como entr en escena otro estado poderoso y pujante: Roma. En el ao 63, Pompeyo tom Jerusaln y profan el templo, penetrando al lugar santsimo. Desde entonces, Palestina qued supeditada al poder romano, y tal era su condicin poltica cuando tuvo lugar en ella el advenimiento de nuestro Seor.
Como ejemplo del modo en que sus presuposiciones teolgicas llevan al historiador del pensamiento cristiano a escribir su historia de un modo particular, podemos tomar a Harnack y Nygren, historiadores a quienes separan, adems de varias dcadas, sus diversas posiciones teolgicas.
Adolph von Harnack, quien es quiz el ms famoso de los historiadores del dogma, public su obra magna, Lehrbuch der Dogmengeschichte, en los aos que van del 1886 al 1890. Su posicin teolgica se deriva del pensamiento de Ritschl, a quien llega a llamar el ltimo de los Padres de la Iglesia. Ritschl se esforz siempre por limitar la injerencia de la filosofa en el campo de la religin, mostrando las tergiversaciones a que la metafsica puede dar lugar en lo que a la religin se refiere. Para l, la religin es eminentemente prctica y no especulativa. Esto no quiere decir que la religin deba disolverse en un mero subjetivismo. Al contrario, la religin establece los valores morales que son el nico medio que tiene el ser humano para librarse de la condicin de esclavitud que es la vida natural. Ni los dogmas ni el sentimiento mstico constituyen la fe cristiana, sino que sta consiste ms bien en los valores morales que nos capacitan para elevarnos por encima de la miseria actual.
Partiendo de tales presuposiciones teolgicas, Harnack no poda sino llegar a las conclusiones a las que lleg. Para l, la historia del dogma cristiano no era ms que la historia de la negacin progresiva de los verdaderos fundamentos del cristianismo. Tales fundamentos han de encontrarse en las enseanzas morales de Jess. El punto de partida de Harnack, debido precisamente a sus presuposiciones teolgicas, no era tanto la persona como la enseanza de Jess.
Sin embargo, no se trata de escribir aqu toda una obra de teologa dogmtica, ni tampoco de resumir en un credo todo cuanto el autor cree; se trata ms bien de exponer la opinin de ste en cuanto al desarrollo de los dogmas y su relacin con lo que al pensamiento cristiano se refiere. Puede descubrirse un desarrollo dogmtico a travs de los veinte siglos de historia del cristianismo? Cmo se relaciona ese desarrollo de los dogmas con el del pensamiento cristiano? Por qu prefiere el autor escribir una Historia del pensamiento cristiano antes que una Historia de los dogmas? Si los dogmas se transforman, en qu consiste su veracidad? He aqu las cuestiones fundamentales a que debemos enfrentarnos en los prrafos que siguen.
La cuestin del desarrollo de los dogmas es de carcter tanto teolgico como histrico. Si el estudio comparativo de los dogmas pertenece al campo de la historia, la definicin misma de lo que es un dogma cae dentro del campo de la teologa. Si la confirmacin del desarrollo de los dogmas pertenece a la historia, la evaluacin de ese desarrollo pertenece a la teologa. Esto no quiere decir que se pueda separar lo uno de lo otro, puesto que una posicin teolgica que niegue la posibilidad del desarrollo dogmtico llevar al historiador a hacer caso omiso de todo cuanto pueda servir para probar tal desarrollo, de igual modo que una posicin histrica que no vea en los dogmas ms que afirmaciones totalmente relativas ser incapaz de descubrir en ellos valor teolgico alguno.
A fin de aclarar este concepto de la verdad, podemos compararlo con otros dos conceptos que le son incompatibles, y que llevan por tanto a otras tantas interpretaciones de la persona de Jesucristo que niegan la doctrina de la encarnacin.
Frente a estas dos posiciones, el cristianismo afirma que la verdad se da en lo concreto, histrico y particular, envuelta y escondida siempre en ello, pero no de tal modo que pierda su veracidad en relacin a los dems momentos histricos. En la humanidad histrica de Jesucristo llega a nosotros la Palabra o Verbo eterno de Dios, pero de tal modo que nos confronta a quienes no le vimos segn la carne con la misma urgencia con que confront a los primeros discpulos. Slo en su encarnacin histrica conocemos esa Palabra, y sin embargo sabemos que es Palabra eterna, que nos ha sido y ser refugio de generacin en generacin, y que llega a nosotros cada vez que se proclama al Seor encarnado.
Los dogmas de la Iglesia han evolucionado y variado con el correr de los siglos, pero esto nada tiene que ver con su veracidad o carencia de ella, porque la verdad no consiste en una serie de proposiciones invariables, sino que consiste en la presencia subyugante de la Palabra o Verbo de Dios ante una persona o una Iglesia en una situacin histrica y concreta.
Sin embargo, esto no debe llevarnos a un simple relativismo histrico. No se trata de que la verdad vare segn las diversas circunstancias de cada poca, de tal modo que lo que ayer fue cierto hoy resulte falso slo por razn del paso de los aos.
Tal cosa nos llevara a abandonar la doctrina cristiana segn la cual el Dios eterno nos confronta en el hombre histrico Jesucristo. Se trata simplemente de que la verdad eterna se da siempre revestida de lo histrico, y que esta unin es de tal modo indisoluble que si nos deshacemos de lo histrico perdemos tambin la verdad eterna. Luego, su evolucin o variacin no invalida los dogmas, de igual modo que las variaciones en las costumbres, el idioma, y todo cuanto caracteriza al ser humano, no invalidan ni desvirtan en modo alguno la revelacin de Dios en Jesucristo.
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